WÜDÚ, TAOLU, SHAOLIN WUSHU, YI Y QI EN MI ASÍ SOY YO
JULIO MAURICIO
PACHECO POLANCO
AREQUIPA, PERÚ
30 de junio de 2026
He contemplado tanta muerte, tanta corrupción, he sentido tanta
impotencia, no sirven los discursos de un poeta o intelectual marginal que, desde
las periferias, sólo es leído por un nicho reducido de persona. Las Ferias de
Libros Internacionales están silenciadas, los sellos editoriales, con sus
negros literarios, venden libros a sus amistades y familiares, luego todo queda
en un grato recuerdo, una anécdota que se comentó en algún café, para luego
pasar de tema y ver el vacío que dice mucho.
Ese vacío lo veo hace tiempo, y hallé el Tao, lo que representa: la
lucha milenaria entre el bien y el mal, un girar constante de estas dos fuerzas
de las que me adueñé, para en una cinética propia, abrazar lo infinito y
perdurable que hay en ellas y, hacer algo ingrávido ante tanto peso que las
palabras no pueden pronunciar.
Desde el 2020 llevo una vida monacal, en mi apartamento, cuidando de mi
padre, porque no creo en la muerte ni en las enfermedades; me siento con él en
la frentera del apartamento que limpio prolijamente mientras hago
introspección, medito sobre la historia del homo sapiens, de estos largos años
de estudio, a la fecha, 30 de junio de 2026.
Es mucho tiempo de encierro y estudio, compartido con la escritura,
mucha energía contenida, el QI, eso que está dentro de uno y tarde o temprano
se termina por manifestar, como ocurrió en los primeros venerables que, en
encierros involuntarios en cuevas, guardaron posturas primordiales, únicas, en busca
de su propia paz y equilibrio: habían llegado al saber e identificación de los
simbolismos de los Dragones de Eurasia: los de Occidente y Oriente.
Así nació el Shaolin, en silencio, en contemplación, desde tanta acción
hasta la quietud y luego, la energía que brotó como manantial para ser QI:
Alma, fuerza vital interior, longevidad, secreto de la vida, más allá de los
placeres de la carne agotados, algo que precede a lo que está más cercano a la
justicia, la resistencia, la visión óptima de la ética, una simbología del
presente, del ahora, con conciencia que no hay ya más palabras para dar
enseñanzas como predicador de sabidurías necesarias manifestadas a través de
otro lenguaje: el cuerpo, la propiocepción, lo inmanente, la esencia que se
adueña de la biomecánica, saber último cuando integramos intelecto y cuerpo, en
la consumación del ser como unidad total que se conecta directamente con el
Cosmos para retroalimentarse en energía: El Tao, lo que perdura, lo que ha de
redescubrirse, el QI en un golpe al vacío, la fuerza furiosa dada para sentirse
en elemento vivo, para asestarlo con toda potencia hasta el último músculo que
no se sintió vivo y, sentir desde dentro del cuerpo, la permanencia del ser
humano, los ahoras donde los dedos apretados o la palma de la mano firme, ha
despertado los instintos llamados, para que vuelva hacia uno la vida y, la
existencia sea placentera, no como una disciplina, como una adicción al
sentirse vivo, Tao, así es el girar del bien y el mal, el Yin y el Yang, Tao en
movimiento, dando giros veloces con los talones y la punta de los pies sobre el
espacio al Tao, dominando dentro de uno, lo que no se puede alterar en lo
externo, escritura del cuerpo, palabras que asemejan conocimientos en el tiempo
a los cuales se ha de volver siempre.
No puedes resistirte a la vida, no puedes resistirte a la sanación, has
conmigo Chan, has conmigo Shaolin y conozcamos el Budismo Zen, no niegues la
victoria sobre los dragones de oriente y occidente, vence la gravedad con la
fuerza cinética que es remota: esos movimientos que desconocías, hay en ti y,
sé en el vigor, sabio en el despliegue de las danzas de la noche o del día,
para controlar las furias del espíritu, cierra los ojos, has un poema con el Chan, apaga el fuego que
devora todo con un Qi y hazlo tuyo, sonríe, sé feliz, estira las piernas hasta
girar por completo muchas veces, hasta hallar velocidad y fuerza entre los
codos, las rodillas, los talones, las puntas de los pies, el cuello que
sostienen los pensamientos, las fuerzas que contienes, uno es el Tao, el bien y
el mal, uno es el Qi, la fuerza que los contiene y domina, uno es el Wu en el
desarrollo de la fuerza y la pureza del arte que termina por convertirse en la
disciplina del disfrute, del despertar a medianoche, del llamado de la luna,
para hacer Wu, para no sentir miedo alguno, para estar seguro, así es el Wu,
así te llena el Tao conquistado, así el Yin y el Yang están en tus rigores
plácidos del cuerpo que doblega en templanza al espíritu con un Qi que devuelve
vida, sana, medita en veloces patadas lo que se procesó por décadas de estudio,
del sedentarismo de las bibliotecas, a la danza más allá de los Dragones, dentro de la vida,
entre el bien y el mal que son perdurables para la paz, para los que han hecho
un Wu en venerable Shaolin y vibrar cada músculo para entender el misterio de
la melodía, del sonido de la noche, del viento y el silencio, del golpe de los tambores
y el corazón, de los Yi o energía vital, pisando firme sobre la tierra cuya
gravedad es derrotada, has llegado al Tao, en el cielo, medicina tradicional que sana, así tenga casi
55 años, así es el Wu, el Yi, Qi que transmite armonía para uno y el entorno,
vibraciones de templanza, cuando alguien unió la mente y el cuerpo, cuando un
polímata llevó sus ciencias estudiadas a su propio ser y entendió la paz y, la
maestría física, lo que significa física y hace andar al mundo moderno, dentro
del Wushu: arte militar original, aplicado a los dragones interiores, los de
oriente y occidente, lo que relaciona los contrarios: bendición y fertilidad,
destrucción y fin del mundo. Shu para los pensamientos calmos, Shu, arte, para
calmar guerras de décadas donde hay respuestas que existieron hace milenios,
rutinas placenteras que evolucionan constantemente, así es el ser humano, así
es el desarrollo cognitivo, la psicología evolutiva, la que responde, la que
motiva a uno y es Yi y Qi.
Buscando las formas propias de movimientos o Taolu, danzas acrobáticas
desplegadas hacia lo que no existe pero es, lo que está, en la reprogramación
mental de lo que es inmortal: el miedo, las enfermedades, la soledad, la
muerte, el dolor. Taolu y búsqueda de expresiones propias, golpes dados hacia
la tensión del espacio o presiones atmosféricas, fuerzas isométricas, lucha
entre lo que uno piensa que creyó invencible y, triunfo para el Taolu propio,
para las patadas, la fuerza de los puños o palmas abiertas, la coreografía en
velocidad mayor hacia los pensamientos vencidos cada vez más, hasta hacer el
ritual de las danzas de la paz, de los guerreros que han templado con sus
saltos hacia el vacío o el Changquan: el puño largo liberado con toda la fuerza
que destruye lo contrario a uno, hasta descifrar el instinto del tigre, la
serpiente o la grulla: el Nanquan y, no teoría, sino vitalidad, enfrentamiento
a creencias ancestrales, victoria atemporal en tiempos presentes, en ahoras
donde uno erguido elevada los brazos ante el sol o las estrellas y entiende al
Tao para retorno hacia sí mismo.
Energía vital o Qi para la concentración, Yi para la sanación,
pensamientos serenos, dulces amaneceres donde reina lo oscuro y solitario de la
noche donde habitaron los fantasmas que fueron espantados, así es el Wushu, así
es el saber del erudito de la hipergrafía, el que no cesa de escribir, el que
cuestiona y resiste, el que se rebela de otra forma: el mundo es Yin y Yang, el
Cosmos es Tao, la totalidad está en uno, los ojos que contemplan el infinito
pueden equilibrar el bien y el mal, dominarlo, los pasos van en armonía con el
mundo, aquí hay sabiduría, poesía que no se encontró tempranamente en occidente,
donde estoy yo, de tantas décadas de estudio, Tao para la paz y comprensión,
para la rebelión a las inmortales presencias en la mente que fueron destruidas
para ser libre. Wushu es así.
Ser un monje en Arequipa, Perú, bajo condiciones de aislamiento e
incomunicación, en renuncia a los placeres de la carne acostumbrados con las
muchachas, hallé el Shaolín Wushu y nada necesito, niego más las enfermedades,
niego más la muerte, soy autosuficiente en mí, niego lo corrupto y domino el
bien y el mal, domino los principios femeninos del Tao o Cosmos: Yin y lo
femenino, lo pasivo, la oscuridad, la tierra, el frío derrotado por el saber tibetano,
la absorción de lo negativo hasta hacerlo benéfico para mí y, el Tao o Cosmos
me dice, hay también Yang: principio masculino, lo que soy yo, la luz, el
cielo, la actividad que siendo longeva se hace fenómeno y multiplicada, así es
el Wushu cuando meditas por años, cuando tu espíritu es la bravura y contención
en meditación que cuestiona con Qi que necesita Yi, sea Wushu medicina para el
alma, el cuerpo, la mente, los pensamientos que sanan, para ser lo cálido, lo
agradable, lo que se expande, lo que se hace infinito hasta ser otra vez lo que
debió ser, un Tao a integrarse dentro del Tao, con su Taolu o propio Wushu.
Todo se genera en el Tao, el Tao es el principio de vida, así sea
siempre y no deje de serlo, de allí fluye el manantial de lo existente, Tao es el
manantial, es Taoísmo como práctica en fuerza y equilibrio, es furia y mansas
aguas, vientos frescos a las mejillas, temperaturas agradables al descanso
cuando el cuerpo en reposo halla el saber que precede al Nirvana y es perfecto,
no hay muerte, todo prosigue, todo continúa y, uno en afirmación de sí mismo, quiere
liberar más Qi en Shaolin Wushu para estar más vivo, en el centro mismo del
origen de lo que genera todo, el Tao.
El Yin y el Yang son inseparables, opuestos pero no absolutos, uno
domina ambas fuerzas en su girar constante y hace un Taolu y hace un Tao como
principio creador del ascetismo feliz, la soledad de los sabios, de los monjes
Chan, el Budismo Zen, el saber del I Ching, el hacer de la fuerza opuesta una
fuerza ganada para ser uno más fuerte, para estudiar en las horas del reposo,
los movimientos originales de: “Las cien escuelas del pensamiento” y, hacer
Wushu, llenarse del propio Taolu y ser Wushu para la propia paz, mental,
espiritual, del cuerpo, del alma, de los pensamientos que unen ciencia y
conocimiento del organismo humano, el anti-monumento, la ciencia de la
biomecánica, el retardo de la gravedad de los años, el detener al tiempo, el
hacer Qi y Yi para sanar, ser Nanquan y Changquan: guerreros que poseen almas
de tigres, grullas, serpientes, Almas que han unido el saber de Dragones de
Oriente y Occidente y existir sin estar dentro del “ser” mitológico, en la
destrucción religiosa dada, “ser” por
afirmación de vida, destruyendo narrativas impuestas, dando otros
significados, personales, más profundo hacia el mismo Tao en el Taolu y en lo
genuino, en lo anterior al Yo occidental.
Así es la transformación en medio de respuestas que liberan de lo oscuro
para inundar con la sabiduría de la luz: haberse saciado del Yin, lo femenino o
miles de mujeres, para ser el Yang: lo masculino que es autosuficiente y es
Shaolin Wushu y guarda silencio, y está en equilibrio dentro de sí mismo y así
sólo se necesita.
Wüdé para el mundo desde uno: respeto, humildad, rectitud, confianza,
lealtad y silencio ante lo que no se puede decir, “virtud marcial” para
creencias a reprogramar: claridad y lucidez, pérdida del miedo, unión de la
noche con el día, el mundo con la unidad, uno solo, Shaolin Wushu, así soy,
aquí estoy, en rebeldía contra la corrupción, desde lo más austero, confrontado
contra lo injusto desde el Taolu en mi Qi: palabras que en almas de Changquan y
Nanquan, transformo lo que sólo fue silencio aterrador y ahora es silencio que
protege, acogedor en la negación absoluta de las enfermedades y la muerte, no,
no es leyenda, es Tao desde el Wüdé con mi Qi después de mi propio Yi que dá un
Taolu donde estoy más allá del ser y existo, entre Oriente y Occidente, en el
suave desplazamiento de las palmas que mueven al viento, sin resistir en el
manantial de fuerzas desde donde aprendí a ser resistencia y fluidez, fuerza
que se une a las fuerzas y está en paz. Wüdú, Taolu, Shaolín Wushu, Yi y Qi en
mi así soy yo.

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