Por dónde está la calle que no tiene final
-parecen preguntarse todos después de haber contemplado el
firmamento desde un telescopio-
¿Y ahora qué más nos queda hacer?, toda pregunta está demás
El hombre sabio pedía no ser interrumpido mientras hacía el
amor
-nunca por ello se le podía encontrar para pedir consejo-
Alguien dice que ha escrito sobre sus derroteros hace tiempo
Que los aspirantes a maestros leen con atención sus poemas
-las muchachas preguntan por él, pero él está prohibido,
dice que es la cura para el amor-
-mejor dicho: es el asesino del amor-
Y por supuesto, por mayoría en consenso, el amor debe
existir, así sea en teoría.
La calle que no tiene final está llena de auténticos músicos
Y mujeres muy bellas que anhelosas desean ser amadas
-dicen que tengo la mala costumbre de escribir sobre cada
una de ellas,
Lo cierto es que temen defraudarme al momento de hacer el
amor-
Mi sabiduría es precisa y solo las más aguerridas están en
un escrito u otro
-¿preguntas por la felicidad?-
Un helado de crema de vainilla, una buena historia y los
ojos contemplando lo que ya no es misterio
-el mundo puede ser inmenso, pero el universo cabe en mi
lecho-
-¿me interesa Paris o New York, o las Pirámides de Egipto?-
Buscadoras afanosas del saber milenario ahora yerran entre
hombres que ya no pueden vivir
Después de todo, un
buen conversador siempre tuvo éxito entre las frígidas
-¿puedes cantar conmigo la canción que he puesto para sentir
más placer?-
No ha llegado aún la muchacha que cante a la par conmigo
mientras haga el amor
-la calle que no tiene final se llama mundo si es que aún no
lo entienden mis lectores-
-y el mundo no son ciudades llenas de escaparates o luces o
nieve-
El fuego está en la piel de dos amantes que no necesitan de
una ventana para ver los astros
-después de haber contemplado el firmamento desde el
telescopio, no hay más preguntas por hacer-
¿Prendemos un tabaco para escribir nuestra propia historia?
Quizás a alguien le parezca interesante
De aquí a 1,000 años.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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