sábado, 25 de agosto de 2018

EXTREMO AL AMANECER






¿Crees saberlo todo del placer?, porque llegado el momento habrás perdido la razón. El hombre hipotecó su casa y luego de recibir del cajero el dinero, sus ojos brillaron con intensidad, eran unos ojos celestes de tanta lujuria; había perdido 25 kilos para sus 100 que pesó alguna vez. Endeudado con todos los bancos que hacen préstamos on line al momento, ya nada le importaba más que ser feliz con todas las muchachas que le esperaban. Él era una erección constante y, ni los mejores amantes podían superar su lascivia. No estoy hablando de amor, estoy hablando de placer, de hacer el amor con 20 muchachas a la vez y ser feliz.
Él sabía que ya no tenía marcha atrás, solo sabía que necesitaba de ellas todo el día. Era normal que tuviera intimidad las 24 horas del día, cada vez más débil, sin deseos de comer, abocado solo a hacer el amor.
Era una muerte lenta, pero, ¿una muerte diferente, no?
Se sabe que ese amanecer, ya sin dinero y con su miembro viril demasiado crecido, fue encontrado somnoliento, apenas en pie, caminando en calles prohibidas, buscando lo más abyecto, solo quería seguir penetrando, ya no le importaba a quien fuera. Era testosterona pura, locura aterradora para quienes le vieron entrar a un lugar de mala reputación donde salió dos noches después vestido de mujer sin que nadie pudiera entender qué ocurrió.
Minutos después, al llegar al puente más alto de la ciudad, una lágrima de dolor y ansias de seguir teniendo sexo le alcanzaron en plena caída para preguntarse cómo empezó todo. Fue una muchacha de 14 abriles, escultural y precisa para saber qué es la vida, una muchacha que sabía más del mundo que un  hombre experimentado. Alguien que había crecido en las calles y sabía de su poder. Él apenas un hombre de camisa y corbata, circunspecto, asiduo concurrente de las misas de domingo, alejado del alcohol y las drogas, buena persona, confiable y dicen: inexperto en el amor, en los placeres de la carne.
No es necesario ahondar en detalles de cómo lo que es dulce y bello, desencadena en la perdición no solo de los hombres sino también de las mujeres. Él había escrito en sus memorias las confesiones de las muchachas que atrapadas en esos apetitos hasta el exceso, dejaron todo, escapando de sus casas, borrando todo rastro para ser ubicadas, para terminar trabajando en night clubs en los que se entregaban a delirios en los que siempre se terminaba en orgías sin importar con quiénes fuera.
Los caminos sin retorno, los caminos sin retorno le hallaron en lechos donde eran una tras de otra sin detenerse, sin reparar en las enfermedades de transmisión sexual, solo ávido de saciarse con todas las que pudiera. De cómo empezó todo esto, pues hace casi un año, encerrado en habitaciones de hoteles donde perdió sus ahorros, la cordura, el control.
Nada podía saciarlo: deseaba hacer el amor con todas las mujeres. Y así fue, hizo el amor con 10,000 muchachas que alegres, compartieron una dicha genuina donde él se entregó a cada una de ellas entre ofrecimientos de matrimonio y declaraciones de amor que fueron sinceras.
Había descubierto el amor y no precisamente en el paraíso.
La lujuria es eso, si es que pocos pueden entenderlo o han vivido el extremo del personaje de quien relato, quien sin ya nada de dinero para seguir teniendo placer, buscó donde los hombres mueren, otras formas de penetrar.
Lo vieron lanzarse del puente vestido de mujer y, no es una historia para tomarla a la ligera. En otras noches, miles de brazos de muchachas lo amaron y le mostraron el camino de la felicidad, de la eternidad en la cópula. 25 años de edad para saber todo del amor de manera fulminante.
Ninguna de ellas comentó nada al momento de enterarse por las noticias la tragedia del mejor amante que hubo en esta parte del planeta, apenas calaron un tabaco mientras esperaban con ansiedad hacer el amor con quien fuera, ellas sabían que ese destino les esperaba, que la fortaleza mental en nosotros los hombres es más fuerte que en ellas, pero que eso no es óbice para rendirse ante las delicias de los que vivieron al máximo.
Era un amanecer como todos, al extremo mismo, para los que no conocen aún.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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