¿Crees saberlo todo del placer?,
porque llegado el momento habrás perdido la razón. El hombre hipotecó su casa y
luego de recibir del cajero el dinero, sus ojos brillaron con intensidad, eran
unos ojos celestes de tanta lujuria; había perdido 25 kilos para sus 100 que
pesó alguna vez. Endeudado con todos los bancos que hacen préstamos on line al
momento, ya nada le importaba más que ser feliz con todas las muchachas que le
esperaban. Él era una erección constante y, ni los mejores amantes podían
superar su lascivia. No estoy hablando de amor, estoy hablando de placer, de
hacer el amor con 20 muchachas a la vez y ser feliz.
Él sabía que ya no tenía marcha
atrás, solo sabía que necesitaba de ellas todo el día. Era normal que tuviera
intimidad las 24 horas del día, cada vez más débil, sin deseos de comer,
abocado solo a hacer el amor.
Era una muerte lenta, pero, ¿una
muerte diferente, no?
Se sabe que ese amanecer, ya sin
dinero y con su miembro viril demasiado crecido, fue encontrado somnoliento,
apenas en pie, caminando en calles prohibidas, buscando lo más abyecto, solo
quería seguir penetrando, ya no le importaba a quien fuera. Era testosterona
pura, locura aterradora para quienes le vieron entrar a un lugar de mala
reputación donde salió dos noches después vestido de mujer sin que nadie
pudiera entender qué ocurrió.
Minutos después, al llegar al
puente más alto de la ciudad, una lágrima de dolor y ansias de seguir teniendo
sexo le alcanzaron en plena caída para preguntarse cómo empezó todo. Fue una
muchacha de 14 abriles, escultural y precisa para saber qué es la vida, una
muchacha que sabía más del mundo que un
hombre experimentado. Alguien que había crecido en las calles y sabía de
su poder. Él apenas un hombre de camisa y corbata, circunspecto, asiduo
concurrente de las misas de domingo, alejado del alcohol y las drogas, buena
persona, confiable y dicen: inexperto en el amor, en los placeres de la carne.
No es necesario ahondar en
detalles de cómo lo que es dulce y bello, desencadena en la perdición no solo
de los hombres sino también de las mujeres. Él había escrito en sus memorias las
confesiones de las muchachas que atrapadas en esos apetitos hasta el exceso,
dejaron todo, escapando de sus casas, borrando todo rastro para ser ubicadas,
para terminar trabajando en night clubs en los que se entregaban a delirios en
los que siempre se terminaba en orgías sin importar con quiénes fuera.
Los caminos sin retorno, los
caminos sin retorno le hallaron en lechos donde eran una tras de otra sin
detenerse, sin reparar en las enfermedades de transmisión sexual, solo ávido de
saciarse con todas las que pudiera. De cómo empezó todo esto, pues hace casi un
año, encerrado en habitaciones de hoteles donde perdió sus ahorros, la cordura,
el control.
Nada podía saciarlo: deseaba
hacer el amor con todas las mujeres. Y así fue, hizo el amor con 10,000
muchachas que alegres, compartieron una dicha genuina donde él se entregó a
cada una de ellas entre ofrecimientos de matrimonio y declaraciones de amor que
fueron sinceras.
Había descubierto el amor y no
precisamente en el paraíso.
La lujuria es eso, si es que
pocos pueden entenderlo o han vivido el extremo del personaje de quien relato, quien
sin ya nada de dinero para seguir teniendo placer, buscó donde los hombres
mueren, otras formas de penetrar.
Lo vieron lanzarse del puente
vestido de mujer y, no es una historia para tomarla a la ligera. En otras
noches, miles de brazos de muchachas lo amaron y le mostraron el camino de la
felicidad, de la eternidad en la cópula. 25 años de edad para saber todo del amor de manera fulminante.
Ninguna de ellas comentó nada al
momento de enterarse por las noticias la tragedia del mejor amante que hubo en
esta parte del planeta, apenas calaron un tabaco mientras esperaban con
ansiedad hacer el amor con quien fuera, ellas sabían que ese destino les
esperaba, que la fortaleza mental en nosotros los hombres es más fuerte
que en ellas, pero que eso no es óbice para rendirse ante las delicias de los
que vivieron al máximo.
Era un amanecer como todos, al
extremo mismo, para los que no conocen aún.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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