Por qué Poeta
desprecia los ángeles que le quieren hacer feliz
-vi un hombre salir sin rumbo alguno de un bar de mala
muerte-
Por qué Poeta es esquivo a los besos de las muchachas bellas
-la muchacha dijo que el amor era lujuria y juego-
Qué le ha hecho cambiar de parecer para que ahora tenga que
escribir así
-yo vi a los perdidos de brazo en brazo sin que pudieran
recordar algún nombre-
¿Acaso usted que sacia sus apetitos sin piedad alguna
encontró alguien superior?
-no hallé la mujer que estuviera elevaba sobre mis
pensamientos,
He escrito para mi soledad y, no hallé mujer que entendiera
de qué he escrito-
¡Ah, Poeta que cantó magnífico al amor!
¿Será que a esta hora ya no hay muchacha que logre
conmoverle?
-el hombre del bar gritaba el nombre de una muchacha y
estaba loco-
¿Por qué insiste en ser superior y no ceder a nuestros
primitivos sentimientos?
Al voltear vi el rostro de una mujer muy anciana de ojos muy
plateados,
Su mano arrugada apenas hacía intentos vanos de querer
alcanzarme,
-el hombre estaba realmente loco, no dejaba de gritar-
¿Llegará la noche, Poeta, en que ceda a nuestra maldición y
beba del vino de los perdidos?
Pensé que tal vez ella creía seguir siendo joven y que aún
podía ser amada
Yo tengo casi 47 años y no tengo tiempo para pensar en ello, en
el amor.
¿No fui testigo de los enloquecidos que hasta ahora ya no
saben quiénes son?
¿Qué puede Poeta llegar a tu duro corazón para que nuestros
labios rompan ese hechizo?
-la muchacha no dejaba de sonreírme y supe que ella era la
felicidad,
Prendí un tabaco y pensé en la calle de los que no volvemos,
Su rostro era como el rostro de otras muchachas que amé
Y en fracciones de segundo vi el amor como unas 200 veces,
Algo más de 200 muchachas cuyas almas son hasta ahora mías-
Poeta, ¿es que no le teme a la soledad de los que erramos
sin amor?
La vi bien a los ojos y percaté que llevaba una rosa sobre
una oreja
Era alguien que hacía tiempo y sin embargo aún recordaba,
Qué puedo decirte pobre mujer, te hallo en la puerta de este
bar
Y al parecer solo quieres unas copas de vino para olvidar,
¿Ése es el saber que llena tu alma?
Y sin decir más nada, mis pasos fueron al encuentro de la
bella muchacha,
El amor no fue entendido en este mundo, quizá nadie lo halló
¿Por qué tendría entonces que inventarlo?
La intimidad en el lecho me diría otras cosas
Mientras el hombre ebrio retornó para volver a beber con la
pobre mujer
Y así me dije, unos se aman de una forma y, yo de otra.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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