¿3 horas y media? Sí, yo quería
más, pero me tocaron la puerta, era la primera vez que me tocaban la puerta
pero no a mí, sino a otra persona, mira que estaba tan acostumbrado a que me
tocaran la puerta cuando normalmente me paso de la hora con las muchachas, pero
ahora era a ella a la cual le tocaban la puerta, le estaban diciendo que mi
tiempo de placer por el cual había pagado se le había acabado. No, Mauricio, no
has entendido mi pregunta, ¿aguantaste las 3 horas y media?, claro, sabes que
puedo hacer el amor toda una noche y nunca eyaculo, que necesito por lo menos
dos o tres muchachas veinteañeras para botar la leche. ¡Carajo, Mauricio!, yo
no te pregunto por tu célebre eyaculación tardía sino porque, conociéndote cómo
haces el amor, te pregunté si aguantaste la exigencia de hacer el amor por
tanto tiempo. Me reí un momento mientras le dije, ¿olvidas que he ganado en mi
juventud maratones? Ya, eso no tiene nada que ver, conozco a maratonistas que
son eyaculadores mediocres que a lo mucho pasan de los 15 minutos y creen haber
hecho el amor por horas de horas, cuando en realidad, solo nos han llevado a un
solo orgasmo si es que acaso inspiren la brutalidad que tú nos haces sentir
cuando nos posees. Ah, bueno, no sé. ¿Y ella, quién es? Le di su nombre, ella
pensó un momento y me dijo, ¡la puta de todos!, es otra muchacha más que se
cambia de nombre, ¡no doy con ella! Bueno, ¿todas se cambian de nombre, no? ¿Y nunca
más supiste de ella? No, solo recuerdo que me alcanzó unos billetes y que me
iba a llamar en unos días, pero no lo hizo, al parecer no superó nuestro
encuentro y, al preguntarle a nuestro amigo en común, él subió la tarifa a un
precio que ella ya no podía pagar, je, recuerdo que había puesto el colchón
sobre el piso para hacerlo con más soltura en todas las poses que inventé para
hacerle el amor y que al momento de levantarse, casi se cae. ¿Y tú no estabas
cansado? No, yo quería seguir haciendo el amor hasta la media noche, pero como
te reitero, le tocaron la puerta y le dijeron que su tiempo se había acabado,
ella estaba de lo más contrariada, me dijo que nunca había conocido un hombre
como yo, que era alguien a quien difícilmente superaría y, al parecer así fue
porque mi tarifa subió y solo le quedó renunciar al placer que le enseñé, mi
forma de amar donde los límites nunca existen. Es que hay algo que debes saber
Mauricio, si bien, cuando hacemos el amor, sea en una hora o más de dos, para
ti el tiempo se desvanece y terminas por creer que es lo mismo una a tres
horas, es como si entraras a otra dimensión, que lo he notado, la posesión para
ti destruye las leyes de la relatividad en el sexo, una hora o más de tres
horas duran lo mismo para ti al momento de volverte intenso y crees que todo
fue un momento breve desde donde sientes que todo se detiene y que a la vez
dura poco para ti, las mujeres que hacemos el amor contigo sin embargo,
sentimos más placer del que puedas imaginar y, eso lo debes haber sentido en
nuestros sexos húmedos con el cual nos desvistes para cerciorarte que desde
antes de hacernos el amor, ya hemos alcanzado varios orgasmos, ¿puedes tratar
de imaginar a una mujer que sabe que tendrá intensos orgasmos y no uno ni 10
sino más de 100 en lo que duré el hacer el amor contigo?, ¿por qué crees que
ninguna de nosotras te reclama nunca nada?, contigo es difícil desconcentrarse
al momento del placer, lo que tú sientes y, esto lo hemos conversado y
analizado bien entre todas nosotras, lo sentimos 100 veces más, dime entonces
Mauricio, ¿cómo quieres que nos resistamos a ser sumisas, esclavas,
complacientes en todo lo que nos pides, si cuando nos posees volvemos a creer
en el sexo?, el orgasmo Mauricio, el orgasmo es una entrega del alma, ahora
trata de entender tu entrega en nosotras, pero multiplicada por 100 y, lo peor
de todo es que sabemos que tú te quedas con las ganas, que quieres seguir
haciendo el amor sin parar como lo haces cuando tomas a una de tras de otra y
empezamos a enloquecer y nuestros úteros arden como el mismo infierno y es
cuando sientes que nos reímos mientras nos tocamos desde la habitación de al
lado y queremos al igual que tú que el tiempo se detenga. Bueno, me he excitado
y necesito una ducha de agua caliente porque sé que esta noche no vendrás por
mí y deberé sentir esta erección bajo aguas muy calientes para así calmar mi lujuria.
¿Te masturbas Mauricio? No, solo quiero relajarme y tener el cuerpo más
caliente como el que ahora lo siento, porque vienen a mi mente muchas mujeres y
estoy a punto de meter mi miembro viril en la pared, solo quiero recostarme y
soñar con todas ustedes. ¡Cómo será! ¿Cómo será, qué? Nada Mauricio, me
pregunto solamente cómo será cuando se cruce en tu camino la muchacha que no
sabe del amor y sea tuya. Sabes bien que eso no pasará, que no hago el amor con
muchachas inocentes, que solo hago el amor con las más valientes, las que nunca
se enamoran. Las que son como tú. Sí. ¿Y si te digo que somos pocas, que no
todas son como nosotras? Que Dios la proteja entonces, porque sabes que me
marcharé y buscaré luego de un tiempo a otra muchacha para que me dé más
placer.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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