miércoles, 27 de febrero de 2019

UN TABACO PARA EL ESCRITOR






Nunca fui un amor tan perfecto
Todo lo que se tuvo que gritar, se gritó
Y así, desde el reino de la noche
Hasta el aroma del amor en las madrugadas
Mi piel se hizo un universo como mi olor
Y ninguna calle fue desde entonces extraña
Si en cada una está la historia del feliz.
El abrazo que derrotó al tiempo
Lo que se dio por perdido
La esperanza muerta fue violentada para esos días
Y sin embargo ya no estoy aquí ni allí
Mis labios se llenaron de besos
Y en los lechos el misterio fue resuelto
Como la canción que aún no fue cantada
Seguramente era una nueva verdad
Para las muchachas inquietas
Las que serenamente me esperan con ansiedad
Tejiendo o cociendo ruborizadas
Echándose las suertes con navajas
Hasta donde lleguen mis ojos.
Porque si preguntas por el amor
Debes con cuidado saber que yo existo
Que no soy fácil detrás de mis buenos modales
Y hay una advertencia delante de mis rápidos pasos
¿Temerás los días donde otras muchachas me amen?
Porque la melancolía sería dulce y abanderada
¿Comentarás todo lo que te revelé de mí?
¿Seré la historia de este momento que se anhela conocer?
¿Y si fuera solo silencio en intenso amar?
¿Y si nunca me llegaras a conocer?
¿No dirás entonces?:
Nunca hubo un amor tan perfecto
¿Y ese no soy yo?

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco




lunes, 25 de febrero de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE XXV





Que los escritores y poetas fuéramos personas atormentadas y desdichadas, vaya novedad para mí, más aún por ser coincidente desde mis compromisos asumidos y la falta de límites que jamás la sociedad pudo imponerme cuando quise salvar al mundo, salvo los internamientos psiquiátricos desde donde comprendí, más puede el poder que la libertad. Formaba parte de una sociedad donde todos obedecen a alguien y donde el autor es un ser extremadamente solitario de voz propia, enfrentado contra todo, sin estrella protectora, desde una integridad apaciguada desde las noches bohemias donde los poetas beben para no quitarse la vida y los escritores hacen pausas constantes al momento de escribir, pensando en las querellas, demandas o juicios a ganarse por hacer uso de su libertad de expresión. Había condenado a pesar de conocerlos bien, pero sin haber llegado a lo más recóndito de su psicología. Así, cada quien resistía a su manera, yo con mis mates o zumos de frutas o aguas de soda y mis tabacos mentolados y, en los bares, los soñadores del saber equivocado que a pesar de sentirse totalmente abatidos, aún quedaba dentro de ellos la revancha, el hambre de ser oídos, de seguir en pie esas luchas abrazadas a las cuales jamás renunciarían. Si mis privilegios para ser libre a pesar de todo lo ocurrido a mi persona, me daban la libertad para escribir evadiéndome con el placer entregado por cientos de muchachas felices de ser retratadas para la inmortalidad en mis escritos, me hablaba de luchas comunes, de escritos quemados antes de darse a conocer, de miedos donde la voz era temerosa en plenas calles o auditorios, donde las penas son de todos y yo era el Escritor del miembro viril erecto en el que lo masculino se había manifestado de manera vital e inspiradora. Mientras siguiera escribiendo, alguien más lo seguiría haciendo, así fuera con una botella de ron o whisky, así fuera en una soledad mayor a la mía bajo circunstancias muy diferentes, con apenas el dinero suficiente para el almuerzo, con trabajos miserables impropios para ávidos lectores de amplio bagaje cultural y con una visión revolucionaria desde donde estaba siempre atento el pie de guerra como en los primeros años cuando se visualizó no el querer ser un famoso escritor o poeta, sino alguien con mucha voz para gritarla en medio de la ciudad por todas las cosas ocurridas donde La Ley no llega o el desamparo del Estado de Derecho hablaba de causas no oídas, más allá de ideologías o rabias donde rayan las injusticias o el sueño de ser un triunfador en contextos donde los escritores llevaban la peor parte, esos poetas que contemplaban sus brazos antes de darse el corte final por no poder seguir aguantando la vida de mierda donde llorar era de hombres, incompletos o no, con o sin mujer amante, sin dinero para invitarles algo para alegrarles el alma, si el sexo fuera para ellos un alivio desde donde el futuro era una herida constante marcada en sus vidas como algo inaccesible o no permitido. Entonces recordé de mis desencuentros con la vida desde las fábricas, desde las minas, desde los trabajos pocos remunerados donde la vida era robada para los grandes, los dueños de una economía que escoge a sus escritores y poetas y deja de lado a miles de intelectuales cuya tristeza radica en solo contemplar cómo la vida se pasa sin sentir un caso de nadie, errando el paso con sus botellas de licor barato por las largas avenidas, señalados como las promesas perdidas y el genio de los maldecidos por sus propias obras, los libros que se fueron contra ellos, contra sí mismos,  cuando al escribirlos, se soñó otro mundo, la realidad esperada por los idealistas o los hombres de la calle, los felices por tener un libro a un precio barato y en su alborozo gritar: ¡yo también leo a autores referentes!
Era como una balada triste, así sonaba, entre escritos no incomprensibles sino castrados desde el inicio, por temer decir lo sentido desde las vísceras, entre versos incompresibles a cuyos poetas no se les permitía escribir lo realmente sentido desde donde las llagas siguen vivas , cuando La Palabra fluia con lucidez desde estados de ebriedad para no ser sancionadas, porque solo de esa manera podían ser inimputables ante un orden donde todos obedecen y los pocos contestatarios sintieron el tiempo en contra, con la felicidad muy lejana y, con los ojos llenos de iras genuinas visualizando el irse la vida, sin elección alguna, tomando sobre la marcha decisiones obligadas donde había que sobrevivir cuando el sueño estuvo latente y terminó muerto en medio de todas las imposibilidades comunes a todas las personas que saben que escribir es una acto hecho en silencio y, el discurso, una bomba capaz de desatar una revolución que terminó en chácharas llenas de ebriedad y otros sucedáneos entre tantos inocentes sinceros.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

domingo, 24 de febrero de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE XXIV






Descarté por ello la posibilidad de volver a visitar a la psicóloga que hacía cerca de casi 10 años no veía, tenía un recuerdo de ella bastante infantil, si bien, sus alcances esclarecieron parte de mis dudas, su ayuda no fue sincera o al menos, el apoyo brindado se supeditaba a ser el paciente de por vida, alguien dependiente de un diálogo monotemático que no me permitía crecer como persona, pero las cosas inesperadas son sorpresas, la mayoría de veces curiosas o, en todo caso, dignas de ser atendidas, era la llamada de una psicóloga quien decía iba a estar un par de meses en la ciudad y estaba interesada en mi obra y, según ella, tenía un método infalible para ayudarme a salir de mi trance o exacerbado apetito sexual con la garantía de no hacer transferencia conmigo. Rechacé de inmediato tal propuesta, a pesar de su insistencia, lo cual no significó tener una entrevista con ella antes de darle las buenas gracias y embarcarla en su avión de retorno a Buenos Aires.
Conversar sobre mis apuros sexuales con una mujer de profesión psicóloga quien me verá como un paciente a quien orientar en la vida, pero si la vida no se enseña a vivir o nadie tiene una fórmula para aplicarla, ¿quería acaso debatir sobre ello conmigo?, ¿y por qué precisamente sobre mis necesidades sexuales?, ¿había una fascinación por mis escritos y mi libido?
Ella negó la entrevista y me habló sobre un método exitoso en Inglaterra: tratar a las personas con lecturas de poesía y novelas. Ya me había enterado sobre ese método y pensé en los beneficios de leer a autores pesimistas cuyo destino final fue el suicidio. No, definitivamente, eso no era lo necesitado, porque no podía creerle a un autor sobre el cómo veía a la vida si terminó suicidándose, eso era incubar dentro de mí el germen de una fatalidad. El otro hallazgo fue el enterarme de las desdichas propias del oficio del ser Escritor o Poeta, de haber sido de conocimiento público el destino trágico de estos intelectuales, luchadores en medio de un mundo donde prima la indiferencia y carencia de compromiso con la realidad sin querer tomar partido por ninguna causa.
A mi apartamento llegaron por servicio postal una caja con una decena de libros de títulos extravagantes como autores totalmente desconocidos para mí, sin ninguna garantía de saber si fueron escritos por psicópatas o aficionados a drogas para poder escribir si reparara en alguna otra observación renuente a mis gustos literarios. Tomé el del título más interesante y lo único que conseguí fue dormir por unas cuantas horas para despertarme y decirme: ¡qué autor para más aburrido! En ese momento ella volvió a llamarme para decirme: Mauricio, ahora entiendes por qué tu Literatura despierta intensas pasiones en tus lectoras y lectores, eres un afrodisiaco motivador para las personas solitarias poseedoras de un concepto erróneo del amor, les has dado una nueva visión a los placeres, puedes botar a la basura los demás libros y dejar de perder el tiempo con el libro leído y aburrido del cual apenas has leído unas páginas y te ha aburrido. Ése es el problema con los autores actuales, no se entienden así mismos y sus escritos no parten precisamente de hechos reales como no es tu caso, ellos no supieron encaminar lo poco de lucidez desde su aburrimiento para crear una Literatura que generara placer. Te leen y se sienten reconfortados y con ganas de tener sexo, ¿eso no es magnífico? Los comentarios recibidos desde diferentes partes del mundo sobre tus escritos han despertado un interés poco usual en estos tiempos donde nadie cree a los escritores y, todo parte de tu biografía, tus experiencias vitales, tus luchas desiguales y el cómo lo masculino se ha manifestado en ti contra todo pronóstico. Eras el muchacho al cual se le aplicaron electrochoques porque le tenía miedo a la vida y recibía como tratamiento neurolépticos cuyos efectos extrapiramidales te atormentaron durante toda tu juventud y no por ello te rendiste. Debo volver a Buenos Aires, mi objetivo ha sido cumplido, recibe saludos de tu editor quien está ansioso de recibir tus escritos.
Una vez más todo ocurría sin enterarme de quiénes estaban detrás de los acontecimientos en mi vida. Al menos no mencionó a mi Literatura como si fuera de autoayuda sino como a una Literatura vital desde donde era reconocido como un vencedor. Eso me estimuló bastante, vi mis ahorros y me animé a llamar a una de esas trabajadoras sexuales de la web luego de un minucioso diálogo donde las garantías brindadas por ella, no significaran algún contagio. Me rasuré entonces, llevaba un día sin hacerlo, eso era una buena señal, al menos para ese día, porque sabía de los días siguientes, cuando con el miembro viril erecto, quisiera penetrar a la paredes de mi dormitorio.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL HOMO SAPIENS

  ©Julio Mauricio Pacheco Polanco Todos los Derechos Reservados 2602034443907 SafeCreative Escritor y Pensador Libre Arequipa, Perú 02 de fe...