Cómo romper con el pasado. Medité
mucho en su momento sobre ello. El sexo terminó por convertirse en mi evasión. Quizá
lo mismo le pasa a mis lectores cuando me leen: evadirse con el sexo, el
despertar los deseos y querer solo hacer el amor. ¿No me leen personas
satisfechas con el placer? En mi juventud rebelde había sido privado de mi
libertad y por defender causas justas, injustamente fui internado 5 veces en
psiquiátricos donde entendí, La Palabra no tiene validez cuando el poder
ejercido viene desde La Presidencia y, en ese entonces, el Presidente era
Alberto Fujimori Fujimori, un Dictador que ahora está preso y pide piedad para
pasar sus últimos años en su residencia, muy lujosa por cierto, alguien que se
vincula con acciones de las minas más poderosas del país. Fueron muchos años en
los que estuve enfrentado contra mi mente, el conflicto era ese: ¿estoy loco,
tengo esquizofrenia paranoide crónica? No me quedó otra opción, escribir con
más recalcitrancia, escribir luego de tener una voz definida, una voz clara desde
donde mi bandera se convirtió en La Libertad. Pero son años irrecuperables,
como la condena desde algunos medios de comunicación a ser señalado un Poeta
solitario, sin derecho a ser amado, a tener a mi alcance los goces de la carne
y de las muchachas disfrutadas por otros. La discriminación recibida fue mayor
cuando empecé a ser sindicado por “loco”, marginado a una soledad donde fui
inducido al suicidio y al desamparo de La Ley. Hay un sueño recurrente en mi
memoria: es una mujer dándome afecto, enseñándome a amar, repitiéndome una y
otra vez: “no estás loco, Mauricio, no lo estás”, pero es un sueño iluso, esa
acusación de estar loco es algo muy marcado en mi consciencia, algo imposible
de ser borrado, si fueron muchos años donde estuve como un demente, sin poder articular
palabra alguna, enervado hasta el embrutecimiento, atrapado en las calles
solitarias donde era rechazado por las muchachas donde el amor no tenía por qué
ser comprado. Un día, cansado de mis búsquedas erradas del amor, toqué el
timbre de un hotel donde decía Casanova y, empecé a hacerle el amor a todas las
muchachas a las cuales se les llama: Trabajadoras Sexuales. Desde entonces no
paré de hacerles el amor, pero, ¿no era mejor escuchar esas palabras: Mauricio,
no estás loco, de una muchacha que me amara de verdad? Supongo muchas cosas,
entre todos los desatinos impuestos por el destino y la realidad donde pocos
escritores en el momento crucial y supremo, supieron de los llamados, las citas
con la historia. Solo tengo a mi alcance dos opciones para evadirme de mi
pasado, hacer el amor y, escribir.
Calo mi tabaco mentolado mientras
veo a todas mis renuncias obligadas. ¿No debí tener una carrera profesional
como todos?, ¿no debí estar casado y a mis 47 años ser ya un abuelo?, ¿cuál es
el destino de los rebeldes?, ¿éste es el destino de un rebelde contrario al sistema
y al antisistema? Alguna vez alguien me advirtió sobre la vida de los
escritores, más allá de su fama y trágicas existencias. El Escritor lleva la
existencia desde el margen, quizá sea porque pocos soportan vivir en el margen.
¿Mi discurso contra la corrupción, el alcohol y las drogas?, ¿mis noches de soledad
donde debí estar acompañado por esa mujer repitiéndome una y otra vez: Mauricio,
no estás loco?
¿Se puede poner límites
oprimiendo al máximo al joven rebelde alzado en una ciudad donde todos estaban
silenciados por un Dictador cuya orden era eliminar o matar a todo aquel que
estuviera contra su régimen corrupto?
Han pasado 20 años desde cuando
me alzara en esta ciudad, desde cuando se me metiera el miedo a más no poder y
supiera de las torturas psicológicas a las que fui sometido para luego, en la
negación de mi defensa, fuera diagnosticado con esquizofrenia paranoide
crónica? ¿Cuántos años deben pasar para sanar mis heridas?, ¿cuántos? El placer
es algo efímero más allá de sus eternidades sentidas, pero si hay una razón del
porqué no tenga hijos, es ésa justamente, hay una maldición sobre mi persona y si tuviera hijos, ellos la
heredarían. Entre todas mis negaciones, soy un hombre que solo puede ser
acompañado por la soledad y, por las trabajadoras sexuales y, ese sueño donde
una mujer llena de amor donde me dice que no estoy loco, es solo un sueño, algo
imposible de ser real.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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