miércoles, 20 de febrero de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE XII






Cómo romper con el pasado. Medité mucho en su momento sobre ello. El sexo terminó por convertirse en mi evasión. Quizá lo mismo le pasa a mis lectores cuando me leen: evadirse con el sexo, el despertar los deseos y querer solo hacer el amor. ¿No me leen personas satisfechas con el placer? En mi juventud rebelde había sido privado de mi libertad y por defender causas justas, injustamente fui internado 5 veces en psiquiátricos donde entendí, La Palabra no tiene validez cuando el poder ejercido viene desde La Presidencia y, en ese entonces, el Presidente era Alberto Fujimori Fujimori, un Dictador que ahora está preso y pide piedad para pasar sus últimos años en su residencia, muy lujosa por cierto, alguien que se vincula con acciones de las minas más poderosas del país. Fueron muchos años en los que estuve enfrentado contra mi mente, el conflicto era ese: ¿estoy loco, tengo esquizofrenia paranoide crónica? No me quedó otra opción, escribir con más recalcitrancia, escribir luego de tener una voz definida, una voz clara desde donde mi bandera se convirtió en La Libertad. Pero son años irrecuperables, como la condena desde algunos medios de comunicación a ser señalado un Poeta solitario, sin derecho a ser amado, a tener a mi alcance los goces de la carne y de las muchachas disfrutadas por otros. La discriminación recibida fue mayor cuando empecé a ser sindicado por “loco”, marginado a una soledad donde fui inducido al suicidio y al desamparo de La Ley. Hay un sueño recurrente en mi memoria: es una mujer dándome afecto, enseñándome a amar, repitiéndome una y otra vez: “no estás loco, Mauricio, no lo estás”, pero es un sueño iluso, esa acusación de estar loco es algo muy marcado en mi consciencia, algo imposible de ser borrado, si fueron muchos años donde estuve como un demente, sin poder articular palabra alguna, enervado hasta el embrutecimiento, atrapado en las calles solitarias donde era rechazado por las muchachas donde el amor no tenía por qué ser comprado. Un día, cansado de mis búsquedas erradas del amor, toqué el timbre de un hotel donde decía Casanova y, empecé a hacerle el amor a todas las muchachas a las cuales se les llama: Trabajadoras Sexuales. Desde entonces no paré de hacerles el amor, pero, ¿no era mejor escuchar esas palabras: Mauricio, no estás loco, de una muchacha que me amara de verdad? Supongo muchas cosas, entre todos los desatinos impuestos por el destino y la realidad donde pocos escritores en el momento crucial y supremo, supieron de los llamados, las citas con la historia. Solo tengo a mi alcance dos opciones para evadirme de mi pasado, hacer el amor y, escribir.
Calo mi tabaco mentolado mientras veo a todas mis renuncias obligadas. ¿No debí tener una carrera profesional como todos?, ¿no debí estar casado y a mis 47 años ser ya un abuelo?, ¿cuál es el destino de los rebeldes?, ¿éste es el destino de un rebelde contrario al sistema y al antisistema? Alguna vez alguien me advirtió sobre la vida de los escritores, más allá de su fama y trágicas existencias. El Escritor lleva la existencia desde el margen, quizá sea porque pocos soportan vivir en el margen. ¿Mi discurso contra la corrupción, el alcohol y las drogas?, ¿mis noches de soledad donde debí estar acompañado por esa mujer repitiéndome una y otra vez: Mauricio, no estás loco?
¿Se puede poner límites oprimiendo al máximo al joven rebelde alzado en una ciudad donde todos estaban silenciados por un Dictador cuya orden era eliminar o matar a todo aquel que estuviera contra su régimen corrupto?
Han pasado 20 años desde cuando me alzara en esta ciudad, desde cuando se me metiera el miedo a más no poder y supiera de las torturas psicológicas a las que fui sometido para luego, en la negación de mi defensa, fuera diagnosticado con esquizofrenia paranoide crónica? ¿Cuántos años deben pasar para sanar mis heridas?, ¿cuántos? El placer es algo efímero más allá de sus eternidades sentidas, pero si hay una razón del porqué no tenga hijos, es ésa justamente, hay una maldición  sobre mi persona y si tuviera hijos, ellos la heredarían. Entre todas mis negaciones, soy un hombre que solo puede ser acompañado por la soledad y, por las trabajadoras sexuales y, ese sueño donde una mujer llena de amor donde me dice que no estoy loco, es solo un sueño, algo imposible de ser real.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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