Seguía sintiendo deseos de hacer
el amor, atrapado en la lujuria y los apetitos desmedidos de la carne,
recordaba a esos viejos fracasados quienes se las daban de sabiondos y quienes
decían: a mucho sexo, puede haber desviaciones sexuales, sobre todo cuando se
ha salido de una intensa relación de pareja. Me permití dar un sonoro cuesco en
nombre de su deleznable sabiduría, conocimiento o aprendizaje de hombres
desgraciados de quienes me alejé por carecer de la hombría propia de los
verdaderos hombres. Los errores, todos hemos tenido errores en nuestra vida y
si acaso el haber reparado en ellos, nos haya hecho meditar en lo que nos gusta
y no nos gusta, conocimiento básico para saber qué es ser heterosexual y qué es
ser gay, no, lo mío son las mujeres, otra desviación se las dejaba a los que
disfrutaban con conductas muy lejanas a mis preferencias. Puse entonces unos
videos de muchachas haciendo el amor con otros hombres desde la computadora,
eran muchachas demasiado bellas, más hermosas inclusive a las modelos de la
televisión, sus cuerpos eran una oda a la perfección, en ese momento me jacté
de haber hecho el amor con mujeres de muy parecida belleza. ¿Qué es el sexo entonces?,
ah, reí como solo reímos los vencedores, erectos y felices, llamaría a una
vieja conocida, blanca, de cabello teñido a negro pero de sexo rubio, siempre
presta a entenderme en mis solicitudes cada vez más exigentes en la cama: ella
era una mujer de verdad, una mujer que solo podía hacer el amor con varones de
verdad, fáciles de aburrir ante los movimientos torpes y temblorosos de esos
niñatos intimidados ante tanta belleza y demanda sexual, propio de una leona,
como ella misma se hacía definir en la cama. Y no es que la mujer fuera para mí
un objeto sexual, pues veía en los videos pornográficos propio para mujeres,
donde las exigencias eran mucho más bizarras a las pedidas en las relaciones
heterosexuales: se metían el puño por el orto o por la vagina, llegando hasta
las entrañas, era curioso, pero dentro de las preferencias de videos porno para
las mujeres, estaban no precisamente hacer el amor con hombres muy aventajados
y musculosos, sino, con otras mujeres, las fantasías en los videos para mujeres
estaban basadas en el lesbianismo, donde el cuerpo de la dominada, no solo por
el hecho de meterle cosas por sus partes sexuales era impresionante, sino, eran
ellas mismas objetos sexuales ante sus deseos lésbicos: todo discurso machista
argumentado en que la mujer fuera un objeto sexual quedaba por los suelos, las
lesbianas se usaban así mismas como objeto sexuales, si acaso entendía con
mayor claridad a las feministas, esas mujeres que nos odian, sea porque son
lesbianas o, porque ya están entradas en años y no son mirada para el placer de
nosotros los varones que podemos elegir a las muchachas para el amor, ese amor
donde solo pedíamos mujeres de verdad, libres de todo tabú y, dispuestas a ser
bien femeninas en el momento del sexo.
Vanamente quise masturbarme con
los videos observados, eso era algo muy doloroso por tener un miembro viril muy
duro, algo doloroso e inútil, no se sentía igual. Entonces la llamé. Su voz
feliz me resultó algo muy grato. Me pidió una hora para visitarme en luego
mientras ordenaba a su chofer para cruzar la ciudad con mucho tráfico a esa
hora.
Yo soy un hombre feliz, no puedo
agregar más nada.
Entonces aproveché la hora antes
de hacer el amor con ella para ver en la alacena algo para preparar, encontré
pastas en toda su variedad. Traté de recordar sus gustos culinarios para
después de hacer el amor. Observé en el refrigerador unos trozos de lomo fino,
salsa de tomate, salchichas para hervirlas y queso descremado como mayonesa. Saqué
además de los estantes hongos y laurel, tomillo, orégano y romero como comino. Preferí
los tallarines por ser muy gruesos para tenerlos al dente. Puse una olla con
dos litros de agua hirviendo a los cuales agregué inmediatamente los tallarines
para coger el dente. El lomo fino fue trozado y pasado en aceite vegetal por el
sartén aderezado con ají colorado, ajo picado y kion, le eché las especies para
que tomaran el aroma necesario para calmar el apetito del amor. Al dente los
tallarines, los pasé por un colador y secos, escurridos, los eché a la sartén
con los trozos de lomo fino ya cocidos junto con las salchicas hervidas aparte y el queso descremado en cubos derretido con los tallarines calientes y los puse en una vianda para ser
servidos. Me di otro duchazo y me rocié NITRO mientras hacía lo propio con el
apartamento. Ella es una mujer muy limpia, pensé, merece ser tratada como a una
reina. Entonces me recosté sobre mi cama a esperarla.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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