Ya me habían dicho que era un
Escritor compulsivo que atolondraba durante cualquier hora del día o la noche
con mis poemas o relatos o novelas, que en mi afán indesmayable, lo mío era
solamente hacer el amor, dormir, comer y por cierto, escribir, que ello generó
una ola de frustraciones y odios mundial desde los demás escritores, creedores
en la disciplina para escribir al menos una página diaria, llegaban al ridículo
o los excesos de escribir cualquier estupidez, así se repitieran una y otra vez
en temas redundantes, agotados y sin revelación alguna, como el caso de muchos
pintores que sin tener técnica para el dibujo y la creación, pensaron que tener
dinero daba libertad para ser un artista, ya que al fin y al cabo, cualquiera puede
ser un eximio lector, un erudito o lector apasionado, que llegado el momento,
se le ocurrirá un disparate y terminará frente a un auditorio contando chistes
y creyéndose el cuento que es Escritor, cuando a lo mucho ha llenado 50 páginas
de un libro inservible que arrancará bostezos pasando al olvido desde los
chistes del escritor en mención hasta ceder a la decisión de usarlo como papel
higiénico si es que tuviera pereza para ir al supermercado a comprar los rollos
para la semana. Arte, cualquier cosa era arte desde largas borracheras de las
cuales nada se recordaba, hasta los dibujos sin conocimiento de la anatomía humana
y los ángulos de las sombras y la luz, si es que los hicieran con lápiz si yo era
el niño que a sus 5 años ganó en el Puerto Bravo de Mollendo, el concurso de
dibujo, por poseer una idea precisa del punto de fuga y estar a esa edad
acostumbrado a dibujar con lapiceros o plumones. No, es que esos odios eran
propios de algunos que ahora me leen y no soportan que siga escribiendo como lo
hiciera desde que estaba en el colegio, con la salvedad que a mis 47 años, hay sabiduría
en mí, no escritos densos, aburridos, tediosos e incomprensibles, carentes de experiencias
dignas de ser convertidas en Literatura, porque podían sentarse frente al
ordenador para intentar digamos ya, un poema, y no salían del primer verso, al
cual aumentaban y disminuían, corregían una y otra vez, como la única novela de
muchos autores que fue presentada más de 15 veces a esos concursos de literatura,
con las correcciones de por medio, por creer que lo escrito era un libro
excepcional que debía ser trabajado de por vida, no, ni pensar en los relatos,
porque allí se fijaban no solo en los pleonasmos o los dequeísmos, allí se
fijaban hasta en la primera palabra a digitar y, bueno, así en su frustración,
mandaban todo al carajo, cogían un texto mientras contemplaban que en mi
Blogger aparecían 3, 4, 5 relatos nuevos o poemas si fueran 6 ,7, 8, en menos
de una tarde. ¿Es que la disciplina va de la mano con la obligación? Es decir,
¿uno debe verse forzado a escribir diariamente así sea un mamarracho para decir
que está produciendo? Desentendido de vocaciones equivocadas y entusiasmado en
lo que me llena tanto como los cientos de miles de orgasmos que he provocado en
mis mujeres, entiendo que hay personas que yerran al pensar que además de
escribir diariamente como lo hago yo, sin esfuerzo algo, sino como si fuera
un orgasmo o un clímax, si es que no
plagien esta expresión como es ya costumbre con mi Literatura, el ser plagiado
desde mi discurso hasta en las frases que utilizo, entienda bien que se puede
tener todo el dinero del mundo, amigos en los mejores sellos editoriales y la
posibilidad de pagar los escritos con la publicidad requerida, incluyendo pagar
los viajes y estadía en otras ciudades para estar en Ferias de Libros donde a
lo mucho los libros ocuparán un espacio en los estantes por unos 4 o 5 años
para luego ser rechazados, porque no solo la gente no los lee, sino que en la
actualidad hay pocos escritores que además de entender a la Literatura como un
orgasmo de larga duración, que si bien, en mi experiencia, los más largos han
llegado a los casi 25 segundos, tener más de 5,000 escritos me hace dueño de un
clímax que debe ser como una penetración profunda en aquellos que se sientan
frente al ordenador y no saben cómo empezar a escribir, claro está, si es que
saben sobre qué van a escribir, si es que tienen bien en claro el tema que van
a abordar o si es que siguen pensando que uno no debe escribir como habla.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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