sábado, 16 de marzo de 2019

EL ESCRITOR QUE NO PODÍA PARAR DE ESCRIBIR








Ya me habían dicho que era un Escritor compulsivo que atolondraba durante cualquier hora del día o la noche con mis poemas o relatos o novelas, que en mi afán indesmayable, lo mío era solamente hacer el amor, dormir, comer y por cierto, escribir, que ello generó una ola de frustraciones y odios mundial desde los demás escritores, creedores en la disciplina para escribir al menos una página diaria, llegaban al ridículo o los excesos de escribir cualquier estupidez, así se repitieran una y otra vez en temas redundantes, agotados y sin revelación alguna, como el caso de muchos pintores que sin tener técnica para el dibujo y la creación, pensaron que tener dinero daba libertad para ser un artista, ya que al fin y al cabo, cualquiera puede ser un eximio lector, un erudito o lector apasionado, que llegado el momento, se le ocurrirá un disparate y terminará frente a un auditorio contando chistes y creyéndose el cuento que es Escritor, cuando a lo mucho ha llenado 50 páginas de un libro inservible que arrancará bostezos pasando al olvido desde los chistes del escritor en mención hasta ceder a la decisión de usarlo como papel higiénico si es que tuviera pereza para ir al supermercado a comprar los rollos para la semana. Arte, cualquier cosa era arte desde largas borracheras de las cuales nada se recordaba, hasta los dibujos sin conocimiento de la anatomía humana y los ángulos de las sombras y la luz, si es que los hicieran con lápiz si yo era el niño que a sus 5 años ganó en el Puerto Bravo de Mollendo, el concurso de dibujo, por poseer una idea precisa del punto de fuga y estar a esa edad acostumbrado a dibujar con lapiceros o plumones. No, es que esos odios eran propios de algunos que ahora me leen y no soportan que siga escribiendo como lo hiciera desde que estaba en el colegio, con la salvedad que a mis 47 años, hay sabiduría en mí, no escritos densos, aburridos, tediosos e incomprensibles, carentes de experiencias dignas de ser convertidas en Literatura, porque podían sentarse frente al ordenador para intentar digamos ya, un poema, y no salían del primer verso, al cual aumentaban y disminuían, corregían una y otra vez, como la única novela de muchos autores que fue presentada más de 15 veces a esos concursos de literatura, con las correcciones de por medio, por creer que lo escrito era un libro excepcional que debía ser trabajado de por vida, no, ni pensar en los relatos, porque allí se fijaban no solo en los pleonasmos o los dequeísmos, allí se fijaban hasta en la primera palabra a digitar y, bueno, así en su frustración, mandaban todo al carajo, cogían un texto mientras contemplaban que en mi Blogger aparecían 3, 4, 5 relatos nuevos o poemas si fueran 6 ,7, 8, en menos de una tarde. ¿Es que la disciplina va de la mano con la obligación? Es decir, ¿uno debe verse forzado a escribir diariamente así sea un mamarracho para decir que está produciendo? Desentendido de vocaciones equivocadas y entusiasmado en lo que me llena tanto como los cientos de miles de orgasmos que he provocado en mis mujeres, entiendo que hay personas que yerran al pensar que además de escribir diariamente como lo hago yo, sin esfuerzo algo, sino como si fuera uorgasmo o un clímax, si es que no plagien esta expresión como es ya costumbre con mi Literatura, el ser plagiado desde mi discurso hasta en las frases que utilizo, entienda bien que se puede tener todo el dinero del mundo, amigos en los mejores sellos editoriales y la posibilidad de pagar los escritos con la publicidad requerida, incluyendo pagar los viajes y estadía en otras ciudades para estar en Ferias de Libros donde a lo mucho los libros ocuparán un espacio en los estantes por unos 4 o 5 años para luego ser rechazados, porque no solo la gente no los lee, sino que en la actualidad hay pocos escritores que además de entender a la Literatura como un orgasmo de larga duración, que si bien, en mi experiencia, los más largos han llegado a los casi 25 segundos, tener más de 5,000 escritos me hace dueño de un clímax que debe ser como una penetración profunda en aquellos que se sientan frente al ordenador y no saben cómo empezar a escribir, claro está, si es que saben sobre qué van a escribir, si es que tienen bien en claro el tema que van a abordar o si es que siguen pensando que uno no debe escribir como habla.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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