Abrían y cerraban la puerta a
todo momento solo para ver cómo le hacía el amor a ella; sus gemidos eran
intensos, fuertes y estridentes, había alcanzado varios orgasmos en menos de 5
minutos. ¡Vamos, si gustan pueden pasar todas para hacerles el amor a la vez! Ellas
solo se rieron mientras la muchacha a quien le hacía el amor me decía: hazme el
amor solo a mí, haz de cuenta que te las estás tirando a todas. Las muchachas
alborotadas entonces empezaron a reírse con más intensidad. Me reí de igual manera
mientras les decía: parece que les falta una buena chancada de un hombre de
verdad, a ver les voy a preguntar: ¿cuál es el colmo de un bulinero? Entonces ellas
guardaron silencio y sobre la marcha a la vez preguntaron: ¿cuál? Pues que se
tire a todas las muchachas del bulín durante todo un día y no alcance su
orgasmo. ¡Bah, estás hablando de ti!, reaccionaron con mofa y fastidio.
La noche anterior había
conversado brevemente a eso de las 2 de la mañana con otra de mis mujeres, le
comentaba que tenía un gran proyecto que probablemente me haría ganar una
fuerte suma de dinero y que ello me permitiría hacer el amor 3 veces por día, todos
los días, con diferentes muchachas. Ella ni se inmutó cuando afirmó: pero si
eso es normal en ti, Mauricio, nunca repites de muchacha, no me dices nada
nuevo. Bueno, es cierto, pero a veces tengo mis remember’s ¿no? Sí, por eso me
llamas a las 2 de la mañana para calentarme al instante.
Naturalmente había elegido ese
estilo de vida porque sé que ellas no se enamoran nunca y eso me brinda la
garantía de no ser molestado por ellas o mucho menos caer en el acoso o los
celos enfermizos donde solo hay reclamos en medio de relaciones tóxicas y
complicadas. No, Mauricio, es imposible que tú puedas caer en algo tan bajo,
mira que hay millones de hombres en el mundo que darían cualquier cosa para
tener los afectos y placeres que te brindamos, pero a esta hora prefieren beber
o drogarse y, no es precisamente porque no les gustemos nosotras las mujeres,
pero no todos los hombres tienen tu don: el poder hacerle el amor a todas, lo
impresionante en este caso no es que no te enamores de nosotras sino que estés
erecto al segundo de empezar a desnudarnos, eso no lo pueden todos, ¿eh?, son
pocos los hombres de las 1,000 putas. ¿Y quién te dijo que solo quiero 1,000? Ya,
serás un viejo nonagenario que seguirá beneficiándose de los favores de las
muchachas veinteañeras que querrán saber de tus técnicas para el amor y
hacernos alcanzar los orgasmos que los demás bulineros nunca logran con
nosotras.
Las muchachas seguían desde las
demás habitaciones riéndose, era un loquerío, podía sentirse en todos los
ambientes el olor a vaginas excitadas, pero no lograba concentrarme. Me tienes
que dar una hora más de sexo, ella entonces abrió los ojos mientras hizo una
pausa en sus gemidos de placer a la vez que sentía todo mi vientre lleno de la
humedad de su sexo, ¿por qué, Mauricio? Porque no lo vas a lograr, es inútil,
dejémoslo así, fue un error volver a hacer el amor los dos, eso me pasa
siempre, cuando boto la leche con una, ya no siento la misma pasión, anda,
vístete, no es personal, la he pasado bien, en serio, pero necesito de una
nueva muchacha para llegar al orgasmo. Pero, Mauricio, ya te has tirado a las
más de 10 muchachas el hotel. Sí, y entraban y salían como locas de esta
habitación solo para disfrutar viendo cómo te penetré con furia, nada, es una manía
mía nada más. Eres indescifrable, dudo mucho que te quedes alguna vez con una
sola mujer, aquí todas sabemos hacer el amor hasta llevar a la bancarrota a los
hombres de mucho mundo, pero para ti solo somos muchachas de un solo orgasmo y,
sí, sabemos que lo disfrutas al máximo porque tus reacciones son efusivas, no
te reprimes nada al festejar un orgasmo y te vemos feliz saltar de alegría y
abrazarnos a todas y no saber qué hacer para calmar tu dicha, pero, ¿habrá
hombre que sea igual que tú? Encendí un tabaco mientras ella se recostó sobre
la cama, tenía un cuerpo tan escultural como el de las demás muchachas. Éramos iguales,
es decir, ellas y yo, expertos para hacer el amor, incapaces de enamorarnos con
largas e inolvidables horas de buen sexo que para el hombre común y corriente serían su perdición, pero gozadores al máximo del placer, mas con la
misma mentalidad: el no querer repetir de amante nunca, eso era tedioso,
aburrido, inconcebible para los que nos llenamos de sensaciones vitales y hemos
superado todos los rituales para llegar al amor y saber que el disfrute era la
única filosofía a creer. ¿Y Dios, Mauricio, crees en Dios? Pensé en las
revelaciones que tuve, pero descarté todo tipo de diálogo filosófico con ella,
ellas eran maestras en el arte de amar, no intelectuales, de ello me había
percatado hacía muchos años atrás, no quería frases perogrulladas ni el
desencanto de no ser entendido en mi discurso como Escritor. ¿Dios?, no sé,
¿viene al caso?, debo irme a escribir, hay temas pendientes que he dejado para
esta tarde, ya nos volveremos a ver, tal vez, no sé, todo siempre se resume en
un quizá, ¿no?
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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