sábado, 16 de marzo de 2019

LA FILOSOFÍA DE LO TEDIOSO EN EL AMOR






Abrían y cerraban la puerta a todo momento solo para ver cómo le hacía el amor a ella; sus gemidos eran intensos, fuertes y estridentes, había alcanzado varios orgasmos en menos de 5 minutos. ¡Vamos, si gustan pueden pasar todas para hacerles el amor a la vez! Ellas solo se rieron mientras la muchacha a quien le hacía el amor me decía: hazme el amor solo a mí, haz de cuenta que te las estás tirando a todas. Las muchachas alborotadas entonces empezaron a reírse con más intensidad. Me reí de igual manera mientras les decía: parece que les falta una buena chancada de un hombre de verdad, a ver les voy a preguntar: ¿cuál es el colmo de un bulinero? Entonces ellas guardaron silencio y sobre la marcha a la vez preguntaron: ¿cuál? Pues que se tire a todas las muchachas del bulín durante todo un día y no alcance su orgasmo. ¡Bah, estás hablando de ti!, reaccionaron con mofa y fastidio.
La noche anterior había conversado brevemente a eso de las 2 de la mañana con otra de mis mujeres, le comentaba que tenía un gran proyecto que probablemente me haría ganar una fuerte suma de dinero y que ello me permitiría hacer el amor 3 veces por día, todos los días, con diferentes muchachas. Ella ni se inmutó cuando afirmó: pero si eso es normal en ti, Mauricio, nunca repites de muchacha, no me dices nada nuevo. Bueno, es cierto, pero a veces tengo mis remember’s ¿no? Sí, por eso me llamas a las 2 de la mañana para calentarme al instante.
Naturalmente había elegido ese estilo de vida porque sé que ellas no se enamoran nunca y eso me brinda la garantía de no ser molestado por ellas o mucho menos caer en el acoso o los celos enfermizos donde solo hay reclamos en medio de relaciones tóxicas y complicadas. No, Mauricio, es imposible que tú puedas caer en algo tan bajo, mira que hay millones de hombres en el mundo que darían cualquier cosa para tener los afectos y placeres que te brindamos, pero a esta hora prefieren beber o drogarse y, no es precisamente porque no les gustemos nosotras las mujeres, pero no todos los hombres tienen tu don: el poder hacerle el amor a todas, lo impresionante en este caso no es que no te enamores de nosotras sino que estés erecto al segundo de empezar a desnudarnos, eso no lo pueden todos, ¿eh?, son pocos los hombres de las 1,000 putas. ¿Y quién te dijo que solo quiero 1,000? Ya, serás un viejo nonagenario que seguirá beneficiándose de los favores de las muchachas veinteañeras que querrán saber de tus técnicas para el amor y hacernos alcanzar los orgasmos que los demás bulineros nunca logran con nosotras.
Las muchachas seguían desde las demás habitaciones riéndose, era un loquerío, podía sentirse en todos los ambientes el olor a vaginas excitadas, pero no lograba concentrarme. Me tienes que dar una hora más de sexo, ella entonces abrió los ojos mientras hizo una pausa en sus gemidos de placer a la vez que sentía todo mi vientre lleno de la humedad de su sexo, ¿por qué, Mauricio? Porque no lo vas a lograr, es inútil, dejémoslo así, fue un error volver a hacer el amor los dos, eso me pasa siempre, cuando boto la leche con una, ya no siento la misma pasión, anda, vístete, no es personal, la he pasado bien, en serio, pero necesito de una nueva muchacha para llegar al orgasmo. Pero, Mauricio, ya te has tirado a las más de 10 muchachas el hotel. Sí, y entraban y salían como locas de esta habitación solo para disfrutar viendo cómo te penetré con furia, nada, es una manía mía nada más. Eres indescifrable, dudo mucho que te quedes alguna vez con una sola mujer, aquí todas sabemos hacer el amor hasta llevar a la bancarrota a los hombres de mucho mundo, pero para ti solo somos muchachas de un solo orgasmo y, sí, sabemos que lo disfrutas al máximo porque tus reacciones son efusivas, no te reprimes nada al festejar un orgasmo y te vemos feliz saltar de alegría y abrazarnos a todas y no saber qué hacer para calmar tu dicha, pero, ¿habrá hombre que sea igual que tú? Encendí un tabaco mientras ella se recostó sobre la cama, tenía un cuerpo tan escultural como el de las demás muchachas. Éramos iguales, es decir, ellas y yo, expertos para hacer el amor, incapaces de enamorarnos con largas e inolvidables horas de buen sexo que para el hombre común y corriente serían su perdición, pero gozadores al máximo del placer, mas con la misma mentalidad: el no querer repetir de amante nunca, eso era tedioso, aburrido, inconcebible para los que nos llenamos de sensaciones vitales y hemos superado todos los rituales para llegar al amor y saber que el disfrute era la única filosofía a creer. ¿Y Dios, Mauricio, crees en Dios? Pensé en las revelaciones que tuve, pero descarté todo tipo de diálogo filosófico con ella, ellas eran maestras en el arte de amar, no intelectuales, de ello me había percatado hacía muchos años atrás, no quería frases perogrulladas ni el desencanto de no ser entendido en mi discurso como Escritor. ¿Dios?, no sé, ¿viene al caso?, debo irme a escribir, hay temas pendientes que he dejado para esta tarde, ya nos volveremos a ver, tal vez, no sé, todo siempre se resume en un quizá, ¿no?

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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