Entonces me di cuenta que solo
les interesaba mi dinero, ¿diálogo?, eso no importaba, así fuera un Escritor
con cierta fama en la ciudad. El trato era ese, creo que siempre lo fue: sexo y
nada más. Complacido entonces, acepté el sexo y guardar silencio, sin tener con
quién conversar, refugiándome en la Literatura, en mis escritos, en una soledad
apacible y sin respuesta, con contados amigos, cada quien en lo suyo, sin
tertulias propias de los escritores o poetas, ¿la razón?, me negué la licencia
de beber o drogarme, ya años atrás, me habían dado la droga de la voluntad en
unos cigarros y desde entonces desconfío de todo aquel que quiera darme un
tabaco o una bebida alcohólica, eso es algo que hasta ahora no perdono,
sobretodo a los gays o esos llamados en la universidad como: sobrevivientes.
De los apuros con los deseos
sexuales puedo entender la desesperación de los solitarios caminándose calles
enteras, de sus fracasos en las discotecas o bares, de los diálogos donde no
hay mujeres para amar.
¿Amar?, si desde ya no se puede
seducir a ninguna mujer, hacerlo implicaría acosarla y ser denunciado desde las
redes sociales hasta los juzgados. El amor ha muerto en esta generación, hasta
un piropo es razón de cárcel. Las mujeres pues habían delimitado su territorio
y con esto: matado al amor. ¿Los hombres?, pues nos quedaron las trabajadoras
sexuales, las freelance, fuera de todo discurso religioso o moralista. La Ética
cobró otro sentido desde entonces para mí: tener sexo con ellas, verificar y
tener cuidado con los contagios de enfermedades de transmisión sexual y,
guardar silencio vigilante. Esas relaciones tóxicas y complicadas basadas en
los celos y torturas psicológicas con daño moral incluido estaban dejadas para
los inexpertos en el amor.
La muchacha entonces me contestó
así cuando le dijera que si quería tener sexo, pues que se buscara un hombre
para pagarle por el favor. Ella sin vergüenza alguna contestó: no necesito
pagarle a un hombre para tener sexo, puedo meterme de prostituta, tener placer
y además dinero. Me lo dejó claro, no se trataba de trata de blancas, se trató
siempre de una lucha enferma de dominar en las relaciones, porque ella le había
sido infiel a su pareja con todos sus mejores amigos a quienes los ponía en
contra con su pareja, victimizándose, respaldando su defensa en una seducción
inesperada. No quiero tener sexo contigo, solo quería saber qué se siente ser
el otro, lo que alguna vez me hicieron a mí, puedes retirarte de mi apartamento,
me has revelado lo que por derecho debía saber, porque has hablado pestes de tu
pareja a quien no te ha importado poder ser infiel conmigo y sé que volverás
con él y, él aceptará tu forma enferma de entender al amor.
¿Qué es pues el amor?, creo, es
algo que nadie conocerá nunca, porque suponiendo fuera publicado por un sello
editorial importante, poco les importaría a las muchachas el tamaño de mi
miembro viril o mis habilidades en la cama o duración, sería la fama y el dinero
de alguien importante, alguien que fue importante a sus 27 cuando solo, en
defensa de sus derechos y sin elegir sus circunstancias, se enfrentó contra la
Dictadura de Alberto Fujimori Fujimori y, fuera sometido a torturas constantes
para convencerme que estaba loco. Las juventudes universitarias en ese entonces
estaban en contra del régimen dictatorial. Yo había pasado a los archivos como
uno de los perros más rabiosos, agitador, dirigente y mártir de las juventudes
universitarias, información por cierto accesible al Alcalde, Gobernador y La Comisaría de donde
fuera siempre yo a vivir.
Se me publicaron varios libros,
pero vieron que no vivía de la Literatura, pues los vendía mano por mano en las
calles. No era pues un buen partido, solo un romántico, en medio de hombres con
auto y casa propia, hombres mejor dicho elegidos a los 21 o 27 años para el
matrimonio, desde rituales donde el negarse era pasar a la fila de los
sindicados como homosexuales.
Yo soy ese que hace el amor con
las muchachas que brindan servicios sexuales y sabe qué es el amor y por ello,
no quiere volver a amar. El Escritor mejor dicho.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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