lunes, 4 de marzo de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE XXVIII






“No se puede cambiar el mundo, pero podemos intentarlo”, conocía bien el infierno de ser un rebelde con causa y, sabía bien que el infierno está lleno de buenas intenciones. Soy ese Escritor que prefiere irse otra vez al infierno a ser indiferente. A esto le llamo Literatura.
Porque me parecía algo increíble, después de muchos años había hecho algo repudiable, algo condenable y lleno de mofa para mí, encendí la computadora y puse un video porno, me masturbé, mi cabeza parecía vibrar por la intensidad del apuro en pleno clímax. No había dinero para contratar a una trabajadora sexual y en la web había centenas de anuncios de gays rogando ser penetrados. Eso era algo asqueroso y repugnante para mí. Masturbado me recosté sobre la cama y pensé en todos los pobres diablos sin mujer y, ¿por qué no habían mensajes de mujeres solitarias buscando amor? ¿Es que en realidad pueden vivir sin nosotros? La respuesta es afirmativa, pueden vivir sin nosotros, pero mientras dure la juventud, luego, le entran a todo, por soledad, miedo a la vejez, pérdida de la vergüenza o simplemente porque el cuerpo lo pide a gritos, ya que no es cierto eso que el terremoto hormonal de la pubertad pasa con ésta, me lo habían confesado, ellas se masturban, se autocomplacen, conocen bien el Punto G desde el clítoris y la parte interior de la vagina, acto sexual practicado y enseñado por una mujer colombiana, de piel de ébano, quien me dijo: debes saber dónde está el Punto G y conocer uno de los orgasmos de nosotras las mujeres, porque luego de ver la salida de su sexo de un torrente transparente de un líquido como el agua, con espuma, me quedó esa certeza, ellas no necesitan de un hombre con pene en la intimidad, necesitan de un hombre con dinero fácil de manipular con los celos.
Pues no hacía nada del otro mundo, me masturbé como lo hacen de igual manera las mujeres, como cuando se excitan y cruzan las piernas porque les pica su sexo y necesitan ir al baño para tocarse, porque las golosas antes de elegir varón, se masturban seguidamente, si acaso así tienen la imaginación más desarrollada, dentro de todas sus fantasías.
Cambiar el mundo, perseverando desde mis escritos en la voz callada que nadie se atreve a enunciar, en medio de contextos donde la mujer nos ha declarado la guerra y nos hemos deshumanizado totalmente, por estar pegados a un celular, negándonos el diálogo, la comunicación. Escribía como lo hago ahora, así llegase a 10,000 o 100,000 páginas en formato A4, ésta es mi forma de resistir, una forma plácida y feliz desde donde soy yo mismo, por tener bien en claro qué es lo que me gusta hacer, sin tener que detenerme en este momento al digitar las palabras para pedir permiso a alguien sobre lo que deba escribir o pensar. ¿No es eso ser un  Librepensador?
Reitero, no le tengo miedo al infierno de los intentos, prometí volver cuando el alcohol no fuera una debilidad para mi discurso. He vuelto 20 años después y aquí estoy, enterado de todo lo que debía estar enterado, para señalar con mi dedo lo bueno y lo malo de esta sociedad que conozco, donde el hombre no sabe si es hombre o un zapato y la mujer, no sabe qué cosa es.
Así de destruida está la mente del ser humano. Alguien debe dar el punto de quiebre a esta deshumanización donde todos estamos contra todos, alguien debe ser la punta de lanza que dá el quiebre a la historia. Yo hago lo propio, porque eso es lo que pienso constantemente, no en ser la punta de lanza, sino, lo que está ocurriendo con el ser humano ahora mismo, en medio de todos los silencios impuestos, o eso que yo no conozco: La Censura.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco


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