miércoles, 6 de marzo de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE XXXIV






Quizás el gran culpable de cómo va el mundo sea el dinero y lo que la gente pueda hacer por tenerlo. Nunca se llegará a comprender el móvil para obtenerlo: ¿mujeres, alcohol, drogas?, o cualquier otro móvil, ¿la ambición, el deseo de poder, los apellidos que intimidan?, porque he visto a los pudientes ser infelices, cayendo en vicios mayores donde la vida es vacía, sin sentido, recorriendo el mundo sin saber aún qué es la felicidad.
¿No soy un intelectual que solo consume litros diarios de agua y no conoce ni la capital de su país y es leído en todo el mundo, no soy ese hombre quien no tiene con quién conversar y no ambiciona lo que tienen otras personas, que a sus 47 años no sabe manejar un auto o una moto?, ¿no soy ese Escritor que se sienta en la puerta de su apartamento todos los días para calar sus tabacos mentolados y desprecia la corrupción como las drogas y el alcohol y tiene contados amigos que no llegan ni a los 5 dedos de una mano?, ¿no soy el Poeta que resiste desde una soledad donde precariamente es feliz?
No, el dinero no puede ser el problema en este mundo, la prueba mayor soy yo, porque si bien es cierto, he visto en las fábricas y donde haya estado, el cómo nos hacemos la vida imposible entre unos y otros, desde las universidades hasta los lugares donde viví, ¿deba pensar entonces que más allá del dinero y lo otorgado por éste, sea el rechazo a la sabiduría y la reflexión de nuestros errores lo que nos impide madurar como civilización?
Porque entiendo al amor de otra forma, esa energía que transmito donde El Bien debe vencer por sobre todas las cosas, sin pedir nada a cambio, teniendo consciencia de lo que es capaz el ser humano, de lo duro que son los días para todas las personas sin exclusión alguna, que el alma de los llenos de esperanza es mucho más fuerte en un contexto donde no hay fe, donde hay constantes traiciones y cada persona sufre por un pasado al cual no se ha aprendido a olvidar y perdonar.
Nos ha pasado a todos, no creo ser ese Escritor al cual le ha pasado todo lo peor. Cada quien sabe de sus lágrimas al despertar sea en soledad o en compañía de alguien. Todos pasamos y estamos destinados a pasar por lo mismo, no hay aprendizaje en esta vida que solo sea atribuido al Escritor, porque al leerlo recordamos lo que hemos vivido y entendemos que no estamos solos,  que la claridad en lo escrito nos retrata y, si la voluntad del autor es la de mejorar este mundo, el lector volverá tras los pasos de las postas perdidas, los caminos hacia donde debemos llegar.
Y así somos, como la muchacha que a sus 18 años me revelara aspirar ganar ese año el Premio Nobel de Literatura, cosa que me hiciera recordar a otra muchacha quien me confesara antes de sus 20 años que quería ser aún astronauta, es decir, llegar lo más lejos posible, ser una muchacha que a sus cortos años pudiera vernos desde el espacio del cual retornaría para decirnos: llegué bien lejos.
¿Puede por ello las personas poder tolerar las frustraciones?, porque todos tuvimos sueños similares, dentro de un mundo donde la competencia es diaria y estamos todos contra todos, a la defensiva, en medio de sueños rotos, vidas destruidas o esperanzas perdidas desde las que la razón de ser es asimilada como un gran castigo. No solo hemos dejado de creer en las demás personas, hemos dejado de creer en nosotros mismos mientras la vida transcurre y lloramos por lo que alguna vez quisimos ser, mientras vemos a otros triunfar, sin entender que esos momentos de gloria son efímeros, así se hayan ganado por méritos o talentos extraordinarios. Yo he sentido los clamores de estos silencios donde me siento amado y feliz, ¿no es por ello necesario llevar una vida digna para tener silencios donde uno se sienta orgulloso de sí mismo?
Creo que eso nos pasa a todos, pero estamos tan solos entre tantos miles de millones de habitantes, son tantas voces silenciadas y tantas luchas anónimas. Recordé a los pacientes psiquiátricos de cuando fuera internado 5 veces por ser muy rebelde. Ellos tenían historias muy profundas, desde sus mutismos y actitudes incomprensibles para la ciencia. En sus ojos solo había una frase: quiero volver a empezar, habían entendido desde los manicomios que tenían derecho a ser felices, a pesar de saber que ya nunca serían astronautas o Premios Nobel.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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