Quizás el gran culpable de cómo
va el mundo sea el dinero y lo que la gente pueda hacer por tenerlo. Nunca se llegará
a comprender el móvil para obtenerlo: ¿mujeres, alcohol, drogas?, o cualquier
otro móvil, ¿la ambición, el deseo de poder, los apellidos que intimidan?,
porque he visto a los pudientes ser infelices, cayendo en vicios mayores donde
la vida es vacía, sin sentido, recorriendo el mundo sin saber aún qué es la felicidad.
¿No soy un intelectual que solo
consume litros diarios de agua y no conoce ni la capital de su país y es leído
en todo el mundo, no soy ese hombre quien no tiene con quién conversar y no
ambiciona lo que tienen otras personas, que a sus 47 años no sabe manejar un
auto o una moto?, ¿no soy ese Escritor que se sienta en la puerta de su
apartamento todos los días para calar sus tabacos mentolados y desprecia la corrupción
como las drogas y el alcohol y tiene contados amigos que no llegan ni a los 5
dedos de una mano?, ¿no soy el Poeta que resiste desde una soledad donde
precariamente es feliz?
No, el dinero no puede ser el
problema en este mundo, la prueba mayor soy yo, porque si bien es cierto, he
visto en las fábricas y donde haya estado, el cómo nos hacemos la vida
imposible entre unos y otros, desde las universidades hasta los lugares donde
viví, ¿deba pensar entonces que más allá del dinero y lo otorgado por éste, sea
el rechazo a la sabiduría y la reflexión de nuestros errores lo que nos impide
madurar como civilización?
Porque entiendo al amor de otra
forma, esa energía que transmito donde El Bien debe vencer por sobre todas las
cosas, sin pedir nada a cambio, teniendo consciencia de lo que es capaz el ser
humano, de lo duro que son los días para todas las personas sin exclusión
alguna, que el alma de los llenos de esperanza es mucho más fuerte en un
contexto donde no hay fe, donde hay constantes traiciones y cada persona sufre
por un pasado al cual no se ha aprendido a olvidar y perdonar.
Nos ha pasado a todos, no creo
ser ese Escritor al cual le ha pasado todo lo peor. Cada quien sabe de sus
lágrimas al despertar sea en soledad o en compañía de alguien. Todos pasamos y
estamos destinados a pasar por lo mismo, no hay aprendizaje en esta vida que
solo sea atribuido al Escritor, porque al leerlo recordamos lo que hemos vivido
y entendemos que no estamos solos, que
la claridad en lo escrito nos retrata y, si la voluntad del autor es la de
mejorar este mundo, el lector volverá tras los pasos de las postas perdidas,
los caminos hacia donde debemos llegar.
Y así somos, como la muchacha que
a sus 18 años me revelara aspirar ganar ese año el Premio Nobel de Literatura,
cosa que me hiciera recordar a otra muchacha quien me confesara antes de sus 20
años que quería ser aún astronauta, es decir, llegar lo más lejos posible, ser
una muchacha que a sus cortos años pudiera vernos desde el espacio del cual
retornaría para decirnos: llegué bien lejos.
¿Puede por ello las personas
poder tolerar las frustraciones?, porque todos tuvimos sueños similares, dentro
de un mundo donde la competencia es diaria y estamos todos contra todos, a la
defensiva, en medio de sueños rotos, vidas destruidas o esperanzas perdidas
desde las que la razón de ser es asimilada como un gran castigo. No solo hemos
dejado de creer en las demás personas, hemos dejado de creer en nosotros mismos
mientras la vida transcurre y lloramos por lo que alguna vez quisimos ser,
mientras vemos a otros triunfar, sin entender que esos momentos de gloria son
efímeros, así se hayan ganado por méritos o talentos extraordinarios. Yo he
sentido los clamores de estos silencios donde me siento amado y feliz, ¿no es
por ello necesario llevar una vida digna para tener silencios donde uno se
sienta orgulloso de sí mismo?
Creo que eso nos pasa a todos,
pero estamos tan solos entre tantos miles de millones de habitantes, son tantas
voces silenciadas y tantas luchas anónimas. Recordé a los pacientes psiquiátricos
de cuando fuera internado 5 veces por ser muy rebelde. Ellos tenían historias
muy profundas, desde sus mutismos y actitudes incomprensibles para la ciencia. En
sus ojos solo había una frase: quiero volver a empezar, habían entendido desde
los manicomios que tenían derecho a ser felices, a pesar de saber que ya nunca
serían astronautas o Premios Nobel.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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