domingo, 28 de abril de 2019

LA GENERACIÓN QUE DEBIÓ SALVAR EL MUNDO






Sentado en la sala de estar del psiquiátrico no recordaba nada. Solo meditaba si se podía aún salvar al mundo o si uno debía optar por la paz mental. Las drogas enervantes me impedían hablar, estuve 2 semanas en estado vegetal y tardaría 3 meses en recuperar la memoria. ¿Alguna vez un Poeta estuvo tan cerca de lo que se esperó de nuestra generación de este lado del mundo?
Semanas antes alguien proyectó un holograma de La Estrella de David en el cielo nocturno de la ciudad de Arequipa esperando que alguien respondiera al llamado. USA estaba declarándole la guerra a Irak por razones vinculadas al petro-dólar y era el verano del 2003, ese año se habló mucho de la Virgen de Fátima, de su aparición y sus profecías.
Qué podía hacer un hombre de 31 años que al ver La Estrella de David en el cielo de la ciudad sabía que no había nada qué temer, que Dios existe y que la profecía de un fin del mundo tenía sentido.
Empecé a trotar de 2 a 3 horas diarias. Alguien debía hacer algo, alguien debía salvar al mundo. Esto ya no era poesía, era el compromiso de querer un mundo mejor.
Había declarado a los medios de comunicación que crecimos con la certeza que Jesús volvería a este mundo para darnos 1,000 años de paz y felicidad. Al menos esos videos los pasaban constantemente por la televisión, videos que irónicamente los volví a ver pero esta vez relacionándoles con los anunakis y los reptilianos.
Hay una edad a partir de la cual ya no pueden seguir mintiéndote, pero hay otra edad donde sabes que hay deberes que van más allá de tu propia vida, porque eso declaré, que estaba en correspondencia con Su Santidad Juan Pablo II, diciendo al periodista que me entrevistaba en vivo para la radio que, iría con él hasta Bagdad para proclamar la Paz Mundial sin importarme morir en el intento. Lo temerario de todo esto es que declaré que peregrinaría a pie hasta Roma y de allí hasta Bagdad.
Y peregriné por el desierto.
¿Era Fe?, no, no era Fe porque había visto La Estrella de David, era la certeza de que Dios existe y que sus promesas serían cumplidas, que tendríamos 1,000 años de paz y felicidad. No sentí miedo alguno.
Que si hay una comunidad judía discreta en la ciudad de Arequipa, pues no lo sé, pero ahora en mis reflexiones entiendo que fue un holograma que ellos autorizaron para que sea viera en el cielo nocturno de la ciudad. Que si todos la vieron, creo que sí, que si pocos tuvieron más bien temor a la ira de Dios, no lo sé tampoco.
Era el día de alta y apenas podía reconocer a las personas, las inyecciones que me aplicaban por las noches me dejaban una sensación de muerte siempre, porque les decía a las enfermeras: “no me pongan esas inyecciones porque cada vez que lo hacen siento que me muero”.
Al volver a la ciudad el mundo seguía siendo el mismo de siempre o al menos el mundo que conozco. Y así es mi generación, la que recibió como consigna salvar al mundo. Y así es mi testimonio.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco






No hay comentarios:

MANIFIESTO EN CONTRA DE LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO Y XI JINPING, PERPETRADOS CONTRA PERÚ Y EL MUNDO

Cuando hubo el huayco aquí en Arequipa, un fenómeno inusual, empecé a gritar, porque lo vi frente a mis ojos, acusé a China y al HAARP. Er...