No, creo que no estaba
loca
Creo que estaba muy confundida
O al menos eso me hizo saber cuando me escribió
Y me dijo que en esos años no sabía qué quería de la vida.
He pensado en todos los que siempre tuvimos en claro qué
queríamos de nosotros
En mis primeros escritos frente al mar
En mis gritos que eran preguntas elementales
Mis reclamos al incesante océano que nunca se detiene
A las mañanas de invierno cuando entre los roquedales
Dejaba que las olas se estrellaran sobre mí
Para terminar mojado y oliendo a agua salada
Para sentirme mínimo y a la vez gigante
De esas noches de niño cuando no podía dormir porque el mar
bramaba
Y se sentía en todo el Puerto Bravo de Mollendo
Y el hechizo estaba allí entre la orilla y las largas
caminatas
En el morir del sol cuando regresé una tarde trotando desde
otra playa muy lejana
Y supe que un día muy lejano ello me pasaría a mí
Cuando en el ocaso más bello de mi vida
Los arreboles y el mar que hendía hacia donde no conozco
Me hicieron sentir inmortal
Y entonces quise seguir bebiendo de ese encantamiento
Sin darme cuenta que en la visita constante
Las olas parecían querer decirme algo
Y sin saber cómo contestarles
Empecé a escribir, dejándome atrapar en las vibraciones
fuertes, intensas
Antes de partir, antes de saberme fuera de mi elemento
Antes de comprender que ya no tendría las playas inacabables
para poder gritar
Como lo solía hacer a placer y voluntad
Luego de trotar por horas
Y saber que allí estaba siempre ella, la mujer, esa mujer
que es el mar
Y que enamoró a mis antepasados
Solo para recordarme que lo inconmensurable existe
Y ante mis ojos se reveló
Para que yo pudiera escribir.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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