La muchacha caminó hasta detenerse en el balaustre
Contempló el abismo, era una buena caída
-llevaba el dinero ganado del día y sin embargo ya no lo quería-
Su cuerpo tenía el olor de 25 hombres de ese día
-llevaba una botella de ron en la mano-
-¿algo podía ser más amargo?-
Lo que pudo ser diferente, pensó
Y recordó desde que tuvo razón de ser
Sus ojos eran claros como el agua del río abajo
-¿no era el placer solo para el amor?-
Llegaba la tarde vencida entre sus botas negras
-¿dónde estaría el hombre que alguna vez amó?-
Hay horas en las que nadie tiene las respuestas
Esas respuestas que lo expliquen y sanen todo
-el esperma se estrelló sobre su piel 25 veces-
-no había memoria para recodarlos a todos-
-era ahora o los demás días-
Prendió un tabaco como si fuera el último
Pensó en las demás muchachas y en las más veteranas
En todos los desconocidos que la harían suya
-tenía 18 años y alguna vez creyó ser una princesa-
Caló del tabaco mientras se preguntaba qué pasaría si
gritaba con todas sus fuerzas
El puente estaba solitario como ella
-¿las lágrimas dónde estaban?-
Alguna vez comulgó de blanco
Y alguna vez pensó que merecía casarse virgen
Su mirada estaba perdida
Ya no había nadie allí por ella en ese momento
Tampoco nadie esperándola
Probó del ron amargo y lo sintió muy suave.
Desde entonces todas las noches hace lo mismo
Con el olor de hombres extraños en su piel
Y el esperma estrellado en su rostro
-un día tendré valor, pensaba-
Y recordó a las veteranas del amor
Las que llevan decenas de miles de hombres en su piel
-nadie sabe dónde está por las noches-
Sabe que ya no merece ser amada
Que es una puta
Que todo será siempre igual
Y que el dinero que tiene le da asco.
Es el puente y ella, todas las noches
Antes de decir adiós.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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