Fue por el 2010 más o menos
cuando una comando chilena me comentó sobre las orgías que se realizaban en ese
pueblo alejado, de pocos miles de habitantes, en donde las parejas de esposos
le invitaban constantemente para que ella formara parte de sus desviaciones,
sí, parejas de esposos que ante los ignorantes, resultaban ser gente de bien,
gente decente, gente de la cual nadie se atrevería a poner en duda su honra o
costumbres propias de los heterosexuales. Porque esto fue hace 9 años atrás y
ahora la cosa es más descarada en esta ciudad, porque los muchachos piden su
unicornio a la vez que las muchachas piden una unicornio para ellas para ser
felices “los cuatro”.
Pero qué vendría a ser un
unicornio para el varón o la mujer. Pues lo mismo que está pensando ahora: una
pareja de su mismo sexo, consentido por la otra parte. Es decir que, las
parejas aparentemente heterosexuales tienen su pareja homosexual o lesbiana
según sea el caso.
Era 1997 y esto ocurría en la
universidad. Pasé a visitar a un conocido cuando yo aún era un joven inexperto
en el sexo que se le caracterizaba por enamorar a las muchachas sin estar
enterado de lo que ocurría en mis narices. Él me comentaba que su pareja, es
decir, su mujer, era compartida con otra muchacha de la misma edad, unos 19
años, haciendo tríos donde ella le hacía el amor a esta muchacha. Yo tenía 25
años en esos entonces, ellos la edad que les he mencionado.
Hay una costumbre en las
universidades: dar drogas para sedar a los inocentes para luego hacerles el
amor sin importar que les desagracien las vidas. Así se les reconoce a los
X-Men o “sobrevivientes”, a vista y paciencia de La Cátedra que no hace nada al
respecto. Sea con muchachas o muchachos, la homosexualidad o el lesbianismo
está instaurado en sus escuelas, fuera de la libre circulación de drogas y la
venta de exámenes, cosa que se hace evidente al momento de tener que hacer sus
tesis, porque he visto esos borradores de muchos estudiantes de letras que
supuestamente habían estudiado 5 años y leído bastante, pero la ortografía era
propia de analfabetos, de 5 años de estudios donde no saben dónde va una tilde
o una “c” en vez de una “z” y, esto, a vista y paciencia de los catedráticos
que les toman exámenes y saben que las redacciones de sus alumnos de 5to año es
pésima, si es que acaso así los evaluaron hasta el 5to año propio de los que
deben hacer una tesis.
Vaya estafa con las
universidades, ¿no? Porque inclusive estos egresados sin tesis, dictan talleres
de redacción para aprender a escribir sin saberlo.
Los diplomas se compran mi
estimado y estimada lectora, ¿lo sabía ya? Pero de eso no escribo, escribo del
cómo desde las universidades vienen estas prácticas donde los varones piden a
su pareja tener una pareja homosexual bajo su consentimiento, como lo hacen
ellas para tener su pareja lesbiana, si es que a eso se le llama: el unicornio.
Quizá deba ahora entender otra
cosa cuando dicen “ser felices los cuatro”, ya que entre todos los “sobrevivientes”,
sean varones o mujeres, la comunidad gay ganó territorio a la fuerza, dándoles
drogas sin su consentimiento para “iniciarlos o iniciarlas” en estas prácticas
que nadie denuncia.
¿Te vas a quedar callado o
callada ahora? Hasta aquí llegaron, si es que esto deba ser más leído por
padres de familia que por los mismos muchachos o muchachas de 15 o 16 años que
estando dentro de las universidades, no saben a lo que están expuestos estos y
estas menores de edad, sin que los Decanatos hagan algo.
Un saludo cordial.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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