El machismo no es algo que
hayamos inventado nosotros los hombres. Esta es una generación donde las
mujeres hace rato dejaron de luchar, optaron por lo más práctico: abrir las
piernas y recibir dinero y tener de paso orgasmos. Total, los cartones
universitarios se pueden comprar o, un mejor puesto de trabajo o ascender en él
puede ser solucionado con sexo.
Las redes sociales como el
whatsapp sinceró a las personas, mejor dicho, a las mujeres, porque las
infidelidades están a la orden del día y, las muchachitas universitarias, entre
ser bisexuales o leer libros, prefieren ganar dinero trabajando como servidoras
sexuales, cuando todos sabemos que en el colegio nada aprendemos y no existe un
método de estudio que nos permita aprobar las materias en la universidad, mucho
más aún cuando la corrupción termina por consolidarse en ésta y a la venta de
exámenes, las muchachas prefieran comprar y estudiar los exámenes comprados,
mientras pasan sus horas en los hoteles, esperando a su “punto”, para hacer el
amor, tener placer u orgasmos, así sean madres solteras y, pasar así el resto
del día, echadas en una cama, sin conversar con nadie, esperando solo dinero
fácil y placer.
Las luchonas, las muchachas de
principios y valores ya no existen, ¿le duele estimado lector que les escriba
esto? Alguien debe hacerlo, porque las hipocresías son cosa de todos los días y
hay que tener coraje para cantar las verdades que los dominados callan.
Y tampoco es misoginia, es
aprendizaje. De las vivencias los hombres nos hacemos sabios y de sus miserias
acusamos cuando nos damos cuenta que las personas prefieren vivir de la
corrupción así se rasguen las vestiduras y se sientan afectados en su doble
moral.
Cuántas veces he hecho el amor
con mujeres casadas que van a esos hoteles donde ellas mismas me han dicho que
no son putas sino mujeres aburridas en busca de una aventura que les saque del
tedio o aburrimiento en el que están sumidas.
Hace unas semanas atrás y, esto
debe dolerles mucho a los varones que no trabajan en la ciudad donde viven sus
esposas y termine por desquiciarlos en esa enfermedad llamada celos, conocí en
un night club a una pelirroja natural, de buen cuerpo y de rostro muy
agraciado, vestida como puta, quien de pronto se me acercó y me brindó sus
servicios. Era una mujer muy amable, de muy buena educación o trato, lo cual de
inmediato me hizo entender que no era una bandolera o foraja. Ella tuvo la
paciencia de decirme que su esposo trabajaba en una mina, lo cual inmediatamente
me hizo meditar en qué habría sido de mí si hubiera acabado Ingeniería
Industrial y ahora trabajara en una mina donde conviviendo con hombres y homosexuales, no percatara que la
que fuera mi esposa, hiciera eso, pasar los noches en night clubs porque se
sentía sola, aburrida, llena de estrés y monotonía.
“Lo hago porque me aburro mucho
en casa y las labores del hogar me han cansado”. Vaya mi sorpresa cuando en mis
tratos frecuentes con mujeres que sin
ser putas, se dedicaban a pasar las noches de esa manera sin que sus esposos se
enteraran.
Y es que esta generación donde el
Perú tiene dinero y, donde hay dinero las mujeres están a la orden del día,
entendí que las mujeres trabajadoras, las que dicen ser explotadas y que ya no
aguantan más sus pesadas labores, se habían rendido, no solo ante sus jefes con
quienes tienen sus escapadas, sino desde hoteles o clubes nocturnos, de
cualquier edad, para satisfacer lo que ellas llaman, una necesidad en medio del
tedio y el ya no saber qué hacer con sus horas de nostalgia o apremios.
Porque hablo de las mujeres que
conozco de diferentes estratos sociales y, sé que te duele porque sé que te
sientes aludido y sé que hay temas tabú que no deben ser escritos ni
recordados, que al fin y al cabo, no tienes el coraje para botar a la mujer
que te ha sido infiel ya que le temes más a tu triste soledad o a ser un hombre
solitario que ante la opinión pública, serías un cornudo más de los cientos de
miles que hay, cuando por las noches, muchas mujeres chascosas regresan a sus
casas, porque seamos bien francos, con el trabajo que tienen no les alcanza para
los gastos del hogar o su universidad, donde nadie sabe con quién tratas, hasta
que las encuentras en esos hoteles, donde de manera desembarazada te darán sus
tarifas y pedirán que no lo comentes con nadie, si es que a mi estimado lector
le ha pasado alguna vez que al entrar a uno de esos hoteles, las puertas se
hallan cerrado de golpe y con miedo, por temor a ser reconocidas, antes de que
te enteres qué mujeres estaban allí.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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