lunes, 10 de junio de 2019

CAPÍTULO XI NOVELA: EL ÚLTIMO RITUAL






El machismo no es algo que hayamos inventado nosotros los hombres. Esta es una generación donde las mujeres hace rato dejaron de luchar, optaron por lo más práctico: abrir las piernas y recibir dinero y tener de paso orgasmos. Total, los cartones universitarios se pueden comprar o, un mejor puesto de trabajo o ascender en él puede ser solucionado con sexo.
Las redes sociales como el whatsapp sinceró a las personas, mejor dicho, a las mujeres, porque las infidelidades están a la orden del día y, las muchachitas universitarias, entre ser bisexuales o leer libros, prefieren ganar dinero trabajando como servidoras sexuales, cuando todos sabemos que en el colegio nada aprendemos y no existe un método de estudio que nos permita aprobar las materias en la universidad, mucho más aún cuando la corrupción termina por consolidarse en ésta y a la venta de exámenes, las muchachas prefieran comprar y estudiar los exámenes comprados, mientras pasan sus horas en los hoteles, esperando a su “punto”, para hacer el amor, tener placer u orgasmos, así sean madres solteras y, pasar así el resto del día, echadas en una cama, sin conversar con nadie, esperando solo dinero fácil y placer.
Las luchonas, las muchachas de principios y valores ya no existen, ¿le duele estimado lector que les escriba esto? Alguien debe hacerlo, porque las hipocresías son cosa de todos los días y hay que tener coraje para cantar las verdades que los dominados callan.
Y tampoco es misoginia, es aprendizaje. De las vivencias los hombres nos hacemos sabios y de sus miserias acusamos cuando nos damos cuenta que las personas prefieren vivir de la corrupción así se rasguen las vestiduras y se sientan afectados en su doble moral.
Cuántas veces he hecho el amor con mujeres casadas que van a esos hoteles donde ellas mismas me han dicho que no son putas sino mujeres aburridas en busca de una aventura que les saque del tedio o aburrimiento en el que están sumidas.
Hace unas semanas atrás y, esto debe dolerles mucho a los varones que no trabajan en la ciudad donde viven sus esposas y termine por desquiciarlos en esa enfermedad llamada celos, conocí en un night club a una pelirroja natural, de buen cuerpo y de rostro muy agraciado, vestida como puta, quien de pronto se me acercó y me brindó sus servicios. Era una mujer muy amable, de muy buena educación o trato, lo cual de inmediato me hizo entender que no era una bandolera o foraja. Ella tuvo la paciencia de decirme que su esposo trabajaba en una mina, lo cual inmediatamente me hizo meditar en qué habría sido de mí si hubiera acabado Ingeniería Industrial y ahora trabajara en una mina donde conviviendo con  hombres y homosexuales, no percatara que la que fuera mi esposa, hiciera eso, pasar los noches en night clubs porque se sentía sola, aburrida, llena de estrés y monotonía.
“Lo hago porque me aburro mucho en casa y las labores del hogar me han cansado”. Vaya mi sorpresa cuando en mis tratos frecuentes con  mujeres que sin ser putas, se dedicaban a pasar las noches de esa manera sin que sus esposos se enteraran.
Y es que esta generación donde el Perú tiene dinero y, donde hay dinero las mujeres están a la orden del día, entendí que las mujeres trabajadoras, las que dicen ser explotadas y que ya no aguantan más sus pesadas labores, se habían rendido, no solo ante sus jefes con quienes tienen sus escapadas, sino desde hoteles o clubes nocturnos, de cualquier edad, para satisfacer lo que ellas llaman, una necesidad en medio del tedio y el ya no saber qué hacer con sus horas de nostalgia o apremios.
Porque hablo de las mujeres que conozco de diferentes estratos sociales y, sé que te duele porque sé que te sientes aludido y sé que hay temas tabú que no deben ser escritos ni recordados, que al fin y al cabo, no tienes el coraje para botar a la mujer que te ha sido infiel ya que le temes más a tu triste soledad o a ser un hombre solitario que ante la opinión pública, serías un cornudo más de los cientos de miles que hay, cuando por las noches, muchas mujeres chascosas regresan a sus casas, porque seamos bien francos, con el trabajo que tienen no les alcanza para los gastos del hogar o su universidad, donde nadie sabe con quién tratas, hasta que las encuentras en esos hoteles, donde de manera desembarazada te darán sus tarifas y pedirán que no lo comentes con nadie, si es que a mi estimado lector le ha pasado alguna vez que al entrar a uno de esos hoteles, las puertas se hallan cerrado de golpe y con miedo, por temor a ser reconocidas, antes de que te enteres qué mujeres estaban allí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco



No hay comentarios:

MANIFIESTO EN CONTRA DE LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO Y XI JINPING, PERPETRADOS CONTRA PERÚ Y EL MUNDO

Cuando hubo el huayco aquí en Arequipa, un fenómeno inusual, empecé a gritar, porque lo vi frente a mis ojos, acusé a China y al HAARP. Er...