Porque para decir que uno en su
juventud hizo muchas cosas, hay que primero aceptar que se ha dejado de ser
joven y ése, es el ritual que más nos cuesta aceptar a las personas, el saber
por ejemplo que las muchachas de 17 años ya no pueden ser de uno, a pesar de
seguir sintiendo deseos hacia ellas o el perder por momentos la noción de la
realidad y creer que algo podría ocurrir entre un hombre de digamos, 50 años y,
una muchacha de 17 años. Porque las emociones nunca se van, los deseos
permanecen para nosotros, pero la manera en cómo ellas nos visualizan es
diferente, porque tener por ejemplo 24 años de edad para ellas, es una edad
clave donde el varón ya se ha consolidado económicamente y tiene auto como casa
propia y, sabe que está a un año de sentirse el rey del mundo, la edad cuando
el apogeo no solo se rige en el vigor sexual sino en el éxito en las relaciones
sociales, la buena fama o el nombre que inspire respeto y temor al ser
pronunciado si es que a esto debemos añadirle viajes, idiomas dominados,
doctorados y mucho mundo para cautivar a esas muchachas universitarias de 17
años que los contemplan como hombres elegibles para sus vientres y otros
rituales como lo son el matrimonio y el esfuerzo de haber llegado a lo
propuesto si es que, a los 16 años, cuando se acaba el colegio, hay metas en
base a años, donde tener 25 es la meta, digamos, para los más competitivos,
para los que lograron todos sus objetivos y tienen una sabiduría más
interesante que la propuesta por un pensador universitario que estará destinado
al discurso revolucionario de por vida, si es que a sus 25 años no ha alcanzado
todas sus metas. Pero esto es en el caso de los que aún están en la base de los
20 años, no de los hombres que tiene más
de 50 años y saben de sus debilidades por esas muchachas que les prestan
interés cuando se tiene que dar un discurso, no cuando se tiene que pensar en
el amor, porque dentro de todas las desdichas que le pueda pasar a un hombre es
la de tener 50 años y no tener nada qué decir o, su nombre no sea conocido por
su poder económico más allá de dos cuadras a la redonda de donde viva, cuando
hay otros nombres de hombres de esa misma edad que suenan en diferentes partes
del mundo como una referencia para saber qué está ocurriendo en cada ciudad del
país o del planeta. Por ejemplo, en el caso de los que se dedican al arte, hay
una necesidad de apostar por el discurso revolucionario y, la mayoría de veces
lo es porque solo de esa manera se puede atraer la mirada del reconocimiento. Nunca
el arte se desvinculó de los grandes cambios sociales, desde los lazos
estrechos con el mundo obrero hasta el de los intelectuales que leen
diariamente para tener algo qué decir cuando se sientan frente a frente y han
terminado por darse cuenta que el sueño se ha acabado y ya no queda más nada
por hacer, que a este mundo nadie lo va a poder cambiar. Y así, estos hombres
de 50 años, se ven rodeados normalmente por muchachitas que sabrán esperar el
efecto del viagra en ellos para el momento de la intimidad o, el volver a
escuchar esas anécdotas que son reconocidas como experiencias vitales donde la
historia es relatada de diferentes formas a como se dieron los acontecimientos,
porque siempre habrá otra versión que no se dio a conocer por los que escriben
los libros o, los hechos no son tal cual como se nos relató. Y dentro de todo
este tipo de nostalgias, queda la mirada entre unos y otros, entre los que
recién empiezan a vivir y los que están leyendo porque ya no tienen tanto vigor
sexual como para retener a esas muchachas que además de placer, piden jóvenes
exitosos con quienes formar sus hogares.
Sin embargo dentro de aquellos
que superaron estos rituales, quedan los hombres comunes y corrientes, los que
tienen historias tristes y poco deseables para ser oídas, los que no acabaron
la universidad y tiene empleos poco remunerados y con un poco de suerte, una
mujer que les acompañe si acaso eso es pedir mucho dentro del respeto necesario
que debe haber en las relaciones de pareja, ya que hay además hombres y mujeres
en soledad por el mundo, padeciendo enfermedades o miedos donde solo les queda
el silencio y los recuerdos cada vez más distintos a como fuera la realidad si
es que tienen oportunidad de conversar alguna tarde con alguien que pueda
perder su tiempo y percate en ellos las mentiras propias de los que perdieron,
los que al momento de hablar se dan cuenta que no existen y que su vidas son
expresiones del fracaso para su tristeza y resignación.
Porque si bien, mienten unos y
otros, la peor de las mentiras es las que nos hacemos a nosotros mismos cuando
queremos inventar pasados desde los que se pretende ser algo que nunca fue y,
en esto, quizá los que tengan más fortuna seamos los escritores, porque cada
ciudad tiene sus hijos predilectos para que se encarguen de ser la consciencia
que escriba historias que refieran qué ocurrió en las generaciones que les tocó
vivir, muy al hecho de haber sido solo espectadores y con un poco de suerte,
protagonistas en hechos importantes donde alguien debió ser un líder, si es que
todo quede siempre dentro de lo anecdótico y lo que el poeta escriba si es que
es sincero, sea el clamor de los que estando desde ambos lados del éxito al
fracaso, al leer al escritor, concuerden en que todo estuvo lleno de
falsedades, si es que la palabra escrita es puntual, concreta y objetiva,
cuando hablamos de metas, sueños y del cómo se pasó la vida.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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