martes, 11 de junio de 2019

CAPÍTULO XVII NOVELA: EL ÚLTIMO RITUAL






Porque para decir que uno en su juventud hizo muchas cosas, hay que primero aceptar que se ha dejado de ser joven y ése, es el ritual que más nos cuesta aceptar a las personas, el saber por ejemplo que las muchachas de 17 años ya no pueden ser de uno, a pesar de seguir sintiendo deseos hacia ellas o el perder por momentos la noción de la realidad y creer que algo podría ocurrir entre un hombre de digamos, 50 años y, una muchacha de 17 años. Porque las emociones nunca se van, los deseos permanecen para nosotros, pero la manera en cómo ellas nos visualizan es diferente, porque tener por ejemplo 24 años de edad para ellas, es una edad clave donde el varón ya se ha consolidado económicamente y tiene auto como casa propia y, sabe que está a un año de sentirse el rey del mundo, la edad cuando el apogeo no solo se rige en el vigor sexual sino en el éxito en las relaciones sociales, la buena fama o el nombre que inspire respeto y temor al ser pronunciado si es que a esto debemos añadirle viajes, idiomas dominados, doctorados y mucho mundo para cautivar a esas muchachas universitarias de 17 años que los contemplan como hombres elegibles para sus vientres y otros rituales como lo son el matrimonio y el esfuerzo de haber llegado a lo propuesto si es que, a los 16 años, cuando se acaba el colegio, hay metas en base a años, donde tener 25 es la meta, digamos, para los más competitivos, para los que lograron todos sus objetivos y tienen una sabiduría más interesante que la propuesta por un pensador universitario que estará destinado al discurso revolucionario de por vida, si es que a sus 25 años no ha alcanzado todas sus metas. Pero esto es en el caso de los que aún están en la base de los 20 años, no de los hombres que tiene  más de 50 años y saben de sus debilidades por esas muchachas que les prestan interés cuando se tiene que dar un discurso, no cuando se tiene que pensar en el amor, porque dentro de todas las desdichas que le pueda pasar a un hombre es la de tener 50 años y no tener nada qué decir o, su nombre no sea conocido por su poder económico más allá de dos cuadras a la redonda de donde viva, cuando hay otros nombres de hombres de esa misma edad que suenan en diferentes partes del mundo como una referencia para saber qué está ocurriendo en cada ciudad del país o del planeta. Por ejemplo, en el caso de los que se dedican al arte, hay una necesidad de apostar por el discurso revolucionario y, la mayoría de veces lo es porque solo de esa manera se puede atraer la mirada del reconocimiento. Nunca el arte se desvinculó de los grandes cambios sociales, desde los lazos estrechos con el mundo obrero hasta el de los intelectuales que leen diariamente para tener algo qué decir cuando se sientan frente a frente y han terminado por darse cuenta que el sueño se ha acabado y ya no queda más nada por hacer, que a este mundo nadie lo va a poder cambiar. Y así, estos hombres de 50 años, se ven rodeados normalmente por muchachitas que sabrán esperar el efecto del viagra en ellos para el momento de la intimidad o, el volver a escuchar esas anécdotas que son reconocidas como experiencias vitales donde la historia es relatada de diferentes formas a como se dieron los acontecimientos, porque siempre habrá otra versión que no se dio a conocer por los que escriben los libros o, los hechos no son tal cual como se nos relató. Y dentro de todo este tipo de nostalgias, queda la mirada entre unos y otros, entre los que recién empiezan a vivir y los que están leyendo porque ya no tienen tanto vigor sexual como para retener a esas muchachas que además de placer, piden jóvenes exitosos con quienes formar sus hogares.
Sin embargo dentro de aquellos que superaron estos rituales, quedan los hombres comunes y corrientes, los que tienen historias tristes y poco deseables para ser oídas, los que no acabaron la universidad y tiene empleos poco remunerados y con un poco de suerte, una mujer que les acompañe si acaso eso es pedir mucho dentro del respeto necesario que debe haber en las relaciones de pareja, ya que hay además hombres y mujeres en soledad por el mundo, padeciendo enfermedades o miedos donde solo les queda el silencio y los recuerdos cada vez más distintos a como fuera la realidad si es que tienen oportunidad de conversar alguna tarde con alguien que pueda perder su tiempo y percate en ellos las mentiras propias de los que perdieron, los que al momento de hablar se dan cuenta que no existen y que su vidas son expresiones del fracaso para su tristeza y resignación.
Porque si bien, mienten unos y otros, la peor de las mentiras es las que nos hacemos a nosotros mismos cuando queremos inventar pasados desde los que se pretende ser algo que nunca fue y, en esto, quizá los que tengan más fortuna seamos los escritores, porque cada ciudad tiene sus hijos predilectos para que se encarguen de ser la consciencia que escriba historias que refieran qué ocurrió en las generaciones que les tocó vivir, muy al hecho de haber sido solo espectadores y con un poco de suerte, protagonistas en hechos importantes donde alguien debió ser un líder, si es que todo quede siempre dentro de lo anecdótico y lo que el poeta escriba si es que es sincero, sea el clamor de los que estando desde ambos lados del éxito al fracaso, al leer al escritor, concuerden en que todo estuvo lleno de falsedades, si es que la palabra escrita es puntual, concreta y objetiva, cuando hablamos de metas, sueños y del cómo se pasó la vida.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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