Ella no sabe que también caminé con una muchacha igual de bella, de su misma edad, por las
calles de la ciudad, cantando canciones, abrazados como solo se pueden abrazar
los que se quieren de verdad y se tienen
mucha fe y sienten que los únicos que existen en el universo son ellos
y, por fin todo tiene sentido, porque hay alguien que entiende y se identifica
en las palabras de uno y el día que empezó temprano con todas las ansiedades,
se terminó por convertir en la noche donde la luna reinó para encontrarles
besándose como anhelan volver a sentir los adultos mayores, esas mujeres que
guardan secretos llenas de alegría, porque su historia de amor existió de la
manera más perfecta, cuando sin darse cuenta, fueron fuertes y nada más importó,
entre risas, frases que nacen del corazón o tardes donde se evocó lo que se
quedó para siempre en la memoria y en la ciudad que existió y ya no es nunca
más la misma. Porque si mi lector y lectora percata, lo que los grandes
pensadores, dentro de todas su preocupaciones, anhelaron detrás de la
matemática y toda lógica, demostrar dónde estuvieron vivos, cuando en realidad
ésta es una experiencia muy común que la velocidad de la dicha la convierte en olvido
y vuelve a ser recordada cuando el Escritor las menciona en sus palabras como
lo hago ahora, para por sobre todas las luchas humanas, sin comparaciones entre
héroes o personas muy solitarias e incomprendidas, el conocimiento es el mismo,
si acaso es una cobardía quitar mérito a lo que un hombre común y corriente
relate, cuando sabe que sus palabras fluidas se las ha tragado el mundo, a
pesar de tener los mismo pensamientos de un filósofo.
De allí las coincidencias en la
palabra o el poder entender a otra persona cuando dentro de todas sus
reacciones nos conmuevan, nos hagan sentir penas o alegrías, si es que para
todos ha de llegar los días de la felicidad, esos días cuando le sonríes a una
mujer que es muy bella y la dejas sonreír, porque ella sabe que tú disfrutas de
su belleza, sin tener que llevarla a la cama, porque hay recuerdos para los
vividos en los que valoramos más la belleza que un revolcón en la cama, cuando
sabemos que podrían surgir sentimientos, si es que el varón en cuestión se
conoce muy bien y sabe que no la volverá a ver con los mismos ojos otra vez,
esos ojos de la interrogación y la curiosidad, de la admiración y el deseo
suspendido, después del misterio arrebatado, cuando en los otros días se la vea
como a una más entre las tantas mujeres que hay en el mundo, si es que se tiene
a la mano mujeres para el sexo y, mujeres para ser admiradas y no tocadas, mas
que solo en sueños, esas sensaciones propias de todos cuando sentimos
recostados que ellas están al lado de uno y uno quiere que el momento no se
acabe, porque en el sexo real, la magia se esfuma y el amor debe ser otra cosa,
quizá lo que he escrito: una mujer bella que sonríe y que queremos que siempre nos
sonría sin que la poseamos, porque hemos poseído ya a tantas y sabemos, es
mucho mejor la ilusión, a unos cuantos orgasmos donde todo termina por
acabarse.
¿Se le puede llamar a esto
amistad?, es decir, la amistad entre un varón y una mujer o, lo que en la
soledad de los privilegiados sea motivo de estos escritos, acompañados de
canciones que hablan de amor y se resisten a ir más allá del misterio donde
debo declarar, esto nos pasa a todos y en nuestro afán de recuperar la pureza
perdida de los que somos mundanos, queramos volver a sentir la ternura de
cuando fuimos adolescentes y supimos sentir lo mismo desde donde todo siempre
ha empezado: una mirada sonriente correspondida de una mujer a la cual
querríamos contemplar toda la vida, esa vida que son segundos donde retenemos
su imagen y en nuestros silencios nos repetimos: ¡qué mujer para más dulce!, si
es que la dulzura es la mejor expresión de la belleza, vuelvo a decirlo, en,
una mujer.
Y así he hablado del ritual de
las sonrisas compartidas, cuando hemos recuperado la ternura.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:
Publicar un comentario