Y si nadie
quiere una solución para sus vidas, y si la gente está enferma y solo quiere
sufrir. Recuerdo esos paseos por los pasillos de los psiquiátricos, había gente
que dijeron cosas más interesantes a las halladas en mis lecturas. En ese momento
medité si todos repetimos las mismas palabras, si todos hemos hecho las mismas
cosas, por ejemplo, tomar de la mano a una muchacha desconocida y arrancarle un
beso, si tienes 15 años ello podría estar permitido, pero a mis casi 51 años el
amor no es tan fácil, diré que las mujeres de mi generación son más fáciles y
siguen soñando con encontrar un amor propio de telenovelas. En otros tiempos no
muy lejanos, digamos, unas décadas atrás, las cartas de amor, antes que
apareciera internet, eran declaraciones llenas de coraje, valentía y
sentimientos donde la palabra quería decirlo todo. Ahora es bobo eso, ahora lo
que miran las muchachas es si uno es millonario y puedan así, asegurarse sus
vidas, sin tener que trabajar, siendo mantenidas por un hombre adinerado,
mientras hacen de sus existencias lo que les da la gana. Digamos que es normal
en esta década que las muchachas tengan muchos novios con derecho y, que solo
los muchachos o varones que tienen mucho dinero, pueden tener todas las mujeres
que quieran sin que en esto haya problema alguno.
Diré que las
mujeres se jactaron siempre de tener una sabiduría eterna, pero hasta ahora no
la he hallado, es como si de pronto hubieran crecido estafadas, con la consigna
de hallar dentro de ellas un saber que no existe. La mayoría de mujeres se
repiten unas tras de otras en sus mismas palabras. Esto es aburrido para
quienes hemos inventado nuevas poses para hacer el amor y sabemos, el sexo no
es suficiente en una relación de pareja. Siguen existiendo mujeres infieles como
varones también. ¿Es una cárcel el matrimonio? Mira que muchas se fueron a
buscar un mejor destino a otros países y hasta ahora se siguen arrepintiendo.
¿El trabajo les soluciona algo sus vidas? Porque llegado el momento cuestionan
si el estilo de vida que llevan es el que querían. Una mañana frente al mar,
una caminata en París, estar frente a las pirámides de Egipto y, recorrer el mundo
en soledad sin haber encontrado lo prometido.
Esas poetizas
que llegan a la vejez son las que más daño les han hecho a las nuevas
generaciones, creo que les han enseñado formas de victimización desde donde los
culpables de todo seamos nosotros los varones.
¿Ya te has
casado, tenido hijos y triunfado en el mundo y sientes que eso no era todo? Si fuera
el caso de las que tuvieron más suerte. Hay otras que ahora están barriendo
calles o trabajando en fábricas. Otras se prostituyen porque un día se cansaron
de lavar ropa, que la vida fácil de abrir las piernas y tener sexo a cambio de
dinero, ahorra muchos sacrificios, esfuerzos donde tampoco se es feliz.
Mis lectores
me dirán como es que tuve cerca de 2,000 mujeres sin haber cedido a este mundo.
A tiempo fui aconsejado y advertido que las muchachas con las que hice el amor,
abortaban una vez por mes para poder seguir trabajando, una puta con hijos es
una meretriz que ya no sirve para trabajadora sexual, de todas maneras, el
preservativo solo me sirvió para evitar contagios o el no contraer las
enfermedades del amor. Sentarse a escribir sin preocupaciones es el anhelo de
muchos varones o mujeres que a mi edad, querrían escribir con plena libertad,
no tener vicios también es una bendición, solo consumo mi Coca Cola, fumo un
cigarrillo mentolado y, al hecho que también sienta por momentos el
aburrimiento, sé que todo podría ser una pesadilla, como lo es con muchas
personas, resignadas, obligadas a asumir responsabilidades de las cuales me
desentiendo por no tenerlas, solo escribir, con el tiempo necesario para hacerlo
a la hora que se me plazca y sin tener que consultar mis horarios con nadie. Como
lo escribiera en una de mis novelas: “escribir para mí es un permanente orgasmo”,
que, si tuve años duros, los tuve como todos y no los olvido, he sabido
sacarles la mierda a quienes se lo han merecido, y también largado a quienes
son personas tóxicas en mi vida, esto es lo que en mis veinte años llamé como
el derecho a tener un espacio propio, un espacio desde donde pudiera dedicarme a
lo que me apasiona y quiero siempre hacer.
Soy el hombre
que es un sueño hecho realidad, sin necesidad de buscar amor, eligiendo a la
muchacha que desee para el sexo, o simplemente sentarme a escribir sin tener
que pasar apuros propios de los que están atrapados dentro del mundo.
En ningún
momento he querido detener el tiempo, en ningún instante he dudado de mí,
apenas solo he logrado alcanzarme lo suficiente como para saber que soy dueño
de mi mente, que controlo mis pensamientos a voluntad y si deseo, me visualizo
donde quiera con quien quiera, sin ningún temor.
Cuando tomas
consciencia que no serás inmortal, no te apresuras en nada, no anhelas un lugar
dentro de la historia, rompes con los compromisos generacionales, con lo que se
nos impone desde niños en los magisterios donde nos vulneran la consciencia. Si
Dios existe o no, carece ello también de importancia, llegado el momento
comprendemos que estamos aquí sin saber por qué, y eso deja de inquietarnos,
comenzamos a ignorar los propósitos de la existencia porque sabemos que eso
solo produce perturbaciones mentales sin retorno.
¿Una
respuesta para los problemas de las demás personas? ¿Eso es lo que debe
proponer un escritor? Estoy muy viejo como para meterme en las vidas ajenas y
entender que eso no soluciona nada, solo contrae problemas innecesarios, así
acepte que alguna vez quise salvar el mundo, o al país, o hubiese rechazado la
propuesta corrupta de ser el nuevo presidente de Perú, que si me pasó de todo,
puedo decir que sí y decir también que las personas tarde o temprano, llegan a
afirmar lo mismo.
Recuerdo las
horas inacabables en el mundo de las fábricas, mientras me preguntaba si así
sería mi existencia hasta que fuera un hombre viejo, sin fuerzas para nada e
inútil para una sociedad donde educan a las personas para trabajar para el bien
de otras personas. Es decir, pasarse horas de días largos en las fábricas y no tener
tiempo para ver niños crecer o estar cansado para hacer el amor, no, no podía
eso cambiar por lo que ahora hago, si en mi familia, se preocuparon por
asegurar hasta la quinta generación, normalmente el que pertenece a esa última
generación termina por convertirse en el escritor de la familia, soy yo ese
escritor que se dedicó a estudiar sin desmayo, a disfrutar de los placeres de
la carne, a tocar fondo una y otra vez, para desarrollar el intelecto, para
haber vencido el miedo a la soledad y querer, ansiar ser amado por una mujer. Prefiero
escribir y saber que lo peor siempre termina por pasar, que hasta los fines del
mundo suelen ser breves, que no soy inmortal, que por fin tengo en claro que
cuando muera mi paz será mayor a la que ahora disfruto. ¡Qué insensatez esa de
querer ser inmortal!, si nadie aprendió a ser feliz en este mundo, o nadie
entiende mi felicidad, para qué tener vida eterna entonces.
Y he retomado
un camino donde en noches pasadas se me reclamara: ¿no eras el escritor que
escribía todas las noches?, ¿no eras el que relataba historias felices? Pues bien,
al hecho de haber sido censurado, he vuelto a escribir sin necesidad de hacerme
publicidad desde las redes sociales, publicidad con derecho gratuito como ha
sido con todos los escritores de mi generación, sigo escribiendo mientras
siento que dentro de mí fluye algo muy parecido a la felicidad, la satisfacción
o el sentir que esto tiene sentido, así sea solo para mí, cosa que no es
necesario explicar ni detallar. Si todos tienen destinos diferentes, no lo
niego, al menos hay alguien que se dedica a hacer lo que quiere, este es mi
testimonio, en medio de esos reconocimientos donde la gente saben, nadie merece
los pergaminos otorgados por un mundo, donde siempre estaremos todos de acuerdo
en algo, el mundo no es justo con nadie, que ni los reyes se han librado de las
tragedias, si deba puntualizar, hacer las paces con la vida es haber salido de
la tragedia y recuperado un norte que se me fue arrebatado y he logrado
recuperar, que, ¿a esto se le llame sabiduría?, prefiero llamar sabiduría al
coraje de no haber cedido al miedo a estar solo y haberme casado con alguna
muchacha que ahora solo sabría hacerme infeliz, en un momento donde los
matrimonios comunitarios abundaron, cuando los varones tuvieron miedo a
quedarse solos y, hasta las menos agraciadas o con muy mala reputación,
lograron su objetico, casarse. ¿Estoy lleno de tanto mundo que preferí quedarme
solo a estar ahora aguantando a una mujer que me haría desdichado? Tener casi
51 años creo que me da esa autoridad.
De mis
amistades sé que siempre hablan de lo mismo y a veces, el silencio es lo más
dulce que la vida nos puede entregar. ¿Te agobia o quejas de la rutina? Pues te
diré lector que hemos retornado a la rutina, esa misma que ustedes afirmaron en
su momento de mayor claridad o lucidez: los tiempos cuando éramos felices y no
lo sabíamos, pues sí, hemos vuelto a esos tiempos felices, a esa rutina desde donde parece que
nada cambia, cuando sabemos, el mundo cambia constantemente y aprendemos, es
necesario guardar dinero para no enloquecer llenos de testosterona, para
hacerles el amor a las prostitutas que nunca mueren ni con pandemias y, están
dispuestas a hacer el amor, porque necesitan dinero para su vicios u horas de
placer cuando nada es coherente en medio de días, donde lo que verdaderamente
importa es cerrar los ojos y en plenos orgasmos ser felices.
Cerraré estos
escritos de estas horas de la mañana para salir a la puerta de mi apartamento para
tomar sol y saber que el tiempo me pertenece, que nadie me molesta, que soy
plenamente dueño de mi vida, que estoy libre de dar explicaciones a la gente
que se acerca a conversar conmigo, porque mi fama es así: cada vez que me
presento, demoro horas en decir quién soy, y es mejor no hablar de mí, porque
no todos tuvieron tanta suerte en este mundo.
Derechos Reservados
para
Julio
Mauricio Pacheco Polanco
Escritor y
Pensador Libre
Arequipa,
Perú

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