Mucha gente viviendo aislada. La guerra no te avisa ni pide permiso. Poetas
gritando en las plazas sin que nadie escuche sus versos. Esa canción era muy
buena, es una lástima que fuera inspiración espontánea de un momento que nunca
más se repitió.
Miro la hora en el reloj, ¿cuál fue la hora perdida? No tiene
importancia, pienso, lo verdaderamente importante es tan fugaz, un recuerdo que
se desvanece y que la memoria perfecciona para querer creer que la felicidad es
real.
Mucha gente pidiendo en gritos silentes un abrazo. Hay una ciudad en el
mundo donde no se permite gritar. Hay otras ciudades donde el silencio es una
condena, no un rito sagrado, dulce como los jarros con leche tomados en mi pura
niñez.
He hablado tanto que he sentido ausencias y aislamientos y, fue mucha
gente presente que no escuchó nada, esto siempre ocurre: tacto, contacto, piel
a piel, pero no es real; puedes pagar por el alquiler de un alma, pero es por
horas, después, el alma se desvanece como los billetes, ¿sabes que el dinero
compra almas que te entregan orgasmos?
Rompí con todo para inventar mi propia realidad, ¿sabes que eso no
perdona el statu quo? Y por ello, me gané un lugar en el mundo en
agradecimiento al desafío absoluto. ¿Cómo alguien que es más fuerte que el
mundo puede compartir su libertad? Te doy fe, es lo único que sé dar, el resto
mío es sólo una expresión perfecta de todos los errores de la humanidad, diré,
un reflejo que acusa y no se olvida.
¿Creciste para ser feliz o, naciste sin el derecho a crecer? Llovió intensamente
esta tarde, fumé más cigarrillos mentolados que de costumbre. Una tarde amable
en silencio, estudiando para olvidarme del homo sapiens, diré que es una forma
práctica de no volver a insistir: toma de mi mano, pero déjame como estoy,
libre, no sé de otra manera de vivir, tampoco busco encajar, ¿hay espacio para
tantas soledades? No quiero ser admirado, quiero ser sostenido en mis peroratas
para saber que hay alguien que reflexionó más que yo.
Los maestros del pensamiento humano no tuvieron miles de mujeres jóvenes
como yo, no fueron amados, no perdieron la razón en el coito y, pretendieron
enseñarnos a vivir, a ser lúcidos. Los intelectuales les hacen caso y los
señalan como referentes a seguir: prodigios que no vivieron, guían a humanos
que reniegan de sus vidas, por supuesto que no les leen, es apremiante acabar
el día en los trabajos: la muchacha está con la menstruación y tiene muchos gases
en su vientre plano, pero tiene que estar todo el día detrás de una caja,
atendiendo al público, a su costado está el anuncio del premio mayor de la lotería.
Protestas en USA, siempre fue esto así. Campos de concentración donde ahora hay
latinos. Donald Trump está viejo, temo la vejez de Putin, Xi Jinping (recuerden
que Mao Tse Tung perdió la razón en su vejez), ¡temo más la vejez de Elon Musk
o de Larry Fink! Un ejemplo de vejez por antonomasia no es Ernest Hemingway,
no, él se suicidó, un verdadero ejemplo es León Tolstoi en la indigencia,
siendo Conde, y pensar que quiso ir a la guerra contra Napoleón y estuvo ahí. Vejez
vital la mía, otorgada por el mundo que me llenó de experiencias intensas,
silencios, cuando sea anciano y, en la ironía de todo, no recuerde nada de lo
vivido.
Las muchachas de la vida alegre son comunistas: no hay sexo, placer,
almas compradas por horas para ser feliz: “te preferimos entre todos porque
eras revolucionario”, fue como se despidió la muchacha veinteañera que me
complacía como todas ellas en mis extremas exigencias para el placer. No, no,
por tener esos orgasmos, jamás apostaría por ideologías que quieren destruir mi
país. Deliberé por lo que creí, era lo mejor: ¡me faltan muchas vidas llenas de
malicia para aprender de la política! ¡Qué gen es éste de ser tan crédulo!,
gracia de ser bienvenido en entornos donde nadie se ama.
Mucha gente vive aislada, y son humanos. ¿Alguien se acuerda de ellos? Sólo
sé dar fe, pero elegí el camino solitario: ¡no soporto tantas mentiras!
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