lunes, 2 de abril de 2018

LIBERALISMO, MONOGAMIA Y ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL


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Don Mauricio, dónde ha estado metiendo su miembro viril. El doctor después de auscultarme en triaje me dio la orden para pasar a consultorio. No es condiloma sifilítico, no tienen esa forma, le diré algo para que sepa, tienen forma de cresta de gallo; eso que usted tiene es una verruga, de todas maneras para que  despeje sus dudas haré que pase al consultorio. Hice la cola respectiva para pasar a ventanilla donde me pidieron mis datos del seguro social y de allí esperé a mi turno en un pasillo donde había sillas apeadas a la pared desde donde estaban los pacientes esperando ser atendidos. En realidad no sabía qué me diría la doctora que me atendería. Días después supe que esas verrugas son cauterizadas con un pinchazo para quemarlas literalmente.
Al llegar mi turno, la doctora me hizo pasar detrás de unos biombos para en caso alguna técnica al abrir la puerta, no me encontrara con el pantalón abajo. ¿Siempre usa el jean sin ropa interior? Esa pregunta la he escuchado cientos de veces por parte de muchas mujeres. ¿Y le hacen el sexo oral? Sí, le respondí. ¿Y usted les hace el sexo oral? No, eso solo lo hacen los impotentes, pero doctora, ¿no que los preservativos eran la manera más segura para evitar contagios de enfermedades de transmisión sexual? No señor paciente, los preservativos solo sirven para no embarazar a las mujeres; esas tres verrugas que le han salido en el monte de Venus no son de un contagio reciente, pueden ser de alguna muchacha con quien hizo el amor hace 10 años y que seguramente fue quemada o cauterizada y no le dijo nada, muy al hecho que usted haya usado preservativo, ¿tiene sexo contranatura? No me agrada, me excito con los flujos vaginales. ¿Me quiere decir que “se orinan” sus mujeres en pleno acto sexual?, pues sí y, a algunas les da vergüenza ello. ¿Sabe qué es el Punto G? Pues es la estimulación del clítoris y la evacuación de casi media taza de un líquido transparente que sale de la vagina y moja también la cama sin dejar color alguno en las sábanas. ¿Con qué mujeres usted se acuesta?, a las mujeres normales les cuesta alcanzar el orgasmo, muchas han resultado embarazadas sin haber nunca tenido uno. Pues las mujeres con las que tengo sexo durante las horas que les hago el amor tienen además su sexo muy caliente y bastante lubricado. ¿Hace el amor por horas? Pues lo normal en mí es de una a dos horas de sexo continuo. Qué extraño, a su edad según la historia clínica, 46 años, los varones se quejan de disfunción eréctil o eyaculación precoz, ¿sabe usted en realidad cuántos orgasmos sus mujeres alcanzan en esas dos horas de sexo? Pues por lo que sé, más de 100. ¿Sabe    qué es la anorgasmia?  Sí, cuando la mujer no tiene orgasmos. Veo que usted ha hecho el amor con ninfómanas, ¿qué edad tienen ellas? Normalmente entre 18 y 20 años. ¿Vio en sus montes de Venus verrugas? Pues no. Bueno, pues señor paciente, lo que usted tiene es un VHP. Y qué es eso doctora. Papiloma, una enfermedad venérea que afecta al 75% aproximadamente de personas en el mundo que llevan una vida sexual muy activa, normalmente es tratada en pacientes de 20 a 25 años, tanto en varones como mujeres, ¿ha oído hablar del Papanicolau?, pues se recomienda que las muchachas que empiezan a tener sexo se hagan un control una vez al año con el ginecólogo para hacer despistes del Papiloma, ahora, si la muchacha empezó tempranamente, digamos, a los 15 años, pues desde esa edad debe visitar al especialista, por eso solo informamos a los esposos sobre las inyecciones anticonceptivas ya que ellos saben de los riesgos de las infidelidades y las enfermedades de transmisión sexual y todas sus consecuencias. Las mujeres promiscuas o los hombres infieles están estigmatizados sin que lo sepan por ser probables portadores de virus como el Papiloma. ¿Es grave entonces doctora lo que tengo? Usted tiene un virus, no es necesario aplicarle antibióticos, puedo sugerirle que sea visto por un dermatólogo para que le queme esas verrugas, pero normalmente en una proporción de 3 a 10, desaparecen solas. ¿Y hay tratamiento para ese virus? No señor paciente, el virus se queda en el organismo de por vida, usted contagiará a la mujer con quien haga el amor el Papiloma así las verrugas se le hayan desaparecido. ¿Me está diciendo que ya no podré tener sexo nunca más? No, no quise decirle eso, quiero decirle que debe sincerarse con la que sea su pareja a futuro que usted tiene el virus, no tiene  por qué alarmarse, quizás ella también lo tenga, como le reitero, es un virus propio de las personas que tiene una vida sexual intensa y activa, debe dejar su promiscuidad así sea con preservativo,, podría tener otros contagios que sí son peligrosos como gonorreas resistentes o el mismo VIH; usted ha sido muy liberal y ha estado a punto de contraer enfermedades de transmisión sexual que le pueden costar la vida; no es que vivamos en una sociedad patriarcal o se aliente a la libertad sexual femenina o se dé licencia para las relaciones abiertas, pero solo la monogamia puede evitar este tipo de contagios. ¿Y ahora, qué hago doctora? Pues ya nada puede hacer, solo esperar a que las verrugas desaparezcan como es normal en unas semanas y evitar la promiscuidad y, si se enamora, cosa que lo veo difícil ya que usted ha hecho el amor con casi 200 muchachas así sea con preservativo, al parecer es alguien que no se enamora, pero le sugiero que si es que desea seguir teniendo sexo, lo haga con alguien que tenga un Papiloma compatible al suyo para no contraer otros Papilomas que son varios y, para eso, tendrá que acudir con quien fuera su pareja al ginecólogo para que les haga un seguimiento médico junto con un dermatólogo. ¿Y cuántos Papilomas existen doctora? Más de 20 señor paciente y cada uno con diferentes características, usted tiene suerte que no le haya salido en el glande o el prepucio, el ano o en el escroto, allí sí que es difícil cauterizar o quemar las verrugas por no decir que es doloroso más aún cuando aparecen de manera numerosa, es decir, algo de 30 juntas. Sea monógamo señor paciente. ¿Y dónde encuentro a una mujer con mi mismo Papiloma sin que el virus se haga más fuerte? La doctora se rio de manera sarcástica mientras guardaba la hoja clínica sin llenarla mientras dijo: pues como veo que usted tiene facilidad para ligar con muchachas inclusive de 18 a 20 años a pesar de tener 46 años, le recomiendo que antes de entablar relaciones sexuales con alguna muchacha, se tomen exámenes en laboratorios clínicos y los lleven al dermatólogo y al ginecólogo para que les orienten, solo si es que se dé el caso que ambos coincidan en el mismo virus, de lo contrario ambas partes contraerían virus del Papiloma diferentes con síntomas diferentes. El amor es una ruleta rusa señor paciente, no siempre nos quedamos con quienes elegimos, vaya a casa, no se toque esas verrugas, deje que por sí solas desaparezcan, ya que veo que tiene una que ya ha desaparecido y ha dejado una pequeña marca como si fuera un lunar más pero de color rosado, tómelo con calma, relájese y antes de caer en la tentación de hacer el amor con una muchacha muy hermosa, piense que ella podría tener un virus diferente al suyo que siempre he dicho: los liberales no saben qué alcance tiene el liberalismo, ¿la conclusión? Ya no podrá elegir con qué muchacha hacer el amor de manera monógama, porque eso es lo único que le queda a partir de ahora: ser monógamo hasta la muerte.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco



domingo, 1 de abril de 2018

LOS QUE ALCANZARON EL NIRVANA




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El hombre tenía el rostro extremadamente fiero, eso fue lo primero que le atrajo a la pelirroja, mujer treintona, con experiencia en la vida y conocedora de las características en los varones. El café era solo para poetas, pero nadie hablaba de poesía; unas melodías a medio volumen de temas tal vez polacos o ucranianos llenaban la atmósfera de manera inverosímil, era un café raro, difícil de ubicar, un café donde nadie pretendía enamorar a las mujeres, donde solo se quería pasar un momento tranquilo de fin de semana. Era normal ver a algunos poetas con la mirada perdida sin querer hacer contacto visual con nadie, lo mismo pasaba con las muchachas. No parecía, todos querían mantener su espacio propio. Algunos grupos de muchachas hablaban entre ellas sin ánimos de ser abordadas por otras muchachas o varones, está demás decir que ello estaba sobre entendido. Había la libertad de acercarse a la rockola para escuchar los temas que de pronto a uno le agradara escuchar; la variedad de temas iban desde los mencionados hasta los temas que fueron éxitos en los noventas. Se podía fumar tabacos, algunos consumían marihuana desde sus pipas y otros se servían de sus shops, cerveza que la dueña importaba de Alemania.
El hombre fiero que al parecer fue al café por recomendación y que era un forastero, apretó el botón luego de haber elegido un tema: While my guitar gently weeps tocados por Paul McCartney y Eric Clapton. La pelirroja se preguntó si realmente el hombre fiero sabía dónde estaba. La libertad en el café consistía en que nadie se metía con nadie, salvo pleno consentimiento. Ella le miró a los ojos. Él tenía unos ojos grises profundos que por momentos brillaban como los de una serpiente. Debe caminar mucho, pensó la pelirroja porque el fiero llevaba de calzado unos borceguíes de uso, un jean de una aparente tercera postura, una camisa a cuadros con colores verdes y azules y, una  chaqueta en corduroy de color azul. Su olor era agradable a pesar del humo del tabaco o de la marihuana de algunos presentes.  Cruzó la mirada con la mujer pelirroja; ella tenía los ojos verdes muy claros, una chompa roja de alpaca con cuello abierto en V con botones grandes y dorados, un jean azul intenso con botas de cuero puntiagudas, olía a Chanel  5. Sus labios eran rosados y su cabello llevaba una trenza de espiga que  hacían brillar con intensidad su rojizo pelo. Su piel era muy blanca.
Estaban sentados a la barra. El hombre fiero ordenó una Coca Cola con hielo y ron añejo especial, de preferencia Havana  Club. El barman le atendió de inmediato. Contempló el rededor, los tipos de rostros de las muchachas tenían rasgos extranjeros: narices muy grandes, pantorrillas gruesas, caderas anchas, ojos claros y la piel demasiado blanca para la ciudad donde exponerlas al sol implicaría dañarles la piel con una fuerte insolación.
Más allá, en una mesa de sobre nivel, unos hombres barbados en turbantes dialogaban a gritos sin parecer a nadie fastidiarles. Sus trajes eran de seda fina con diseños psicodélicos en colores verduzcos y  propios de los que se tienen en las alucinaciones cuando se fuma hierba. Eran hombres de piel muy bruñida y de ojos azules intensos o grises; tenían las manos grandes y muy velludas. Al parecer hablaban en su idioma nativo, ¿árabe, iraní?, difícil saberlo. El mozo se les acercó y les sirvió Hummus: unos garbanzos, tahini,  limón y aceite de oliva y para beber, unos vasos con Arak. Parecía El Gran Bazaard  porque el hombre fiero percató salir a voces fuertes a unos hombres de traje negro y sombrero, con barba espesa con rulos, de piel muy clara y ojos muy celestes; hablaban hebreo.
La luz tenue del café con candiles ubicados donde estaban las mesas o soportes de candelabros para velas té Lysa negro en las paredes de un beige suave y de sensación relajante hacían agradable la estancia. Entre los desniveles se podía caminar sobre alfombras persas donde había elefantes de la fortuna, caravanas o tigres de bengala en colores muy vivos. La pelirroja entonces se le acercó al hombre fiero y con acento relajado y fresco puso su mano sobre la barra a los ojos del hombre: eran unas manos muy finas, de dedos largos, con las uñas muy rosadas que brillaban sin necesidad de esmalte: no llevaba anillos ni esclavas. Podemos pasar a conversar al ambiente de los forasteros de San Petersburgo. El hombre de los ojos grises y la piel morena tenía las manos rudas, de dedos gruesos y uñas grandes, su piel era oscura sin embargo estaba bien cuidada más allá de la fiereza de su rostro, las marcas dejadas por el acné le daban un halo misterioso, tampoco llevaba anillos ni esclavas. Accedió. Ambos sabían que no buscaban sexo. Mejor dicho, ese café no era un café para tener citas y luego hacer el amor. Se sentía el vivo olor a nabo cocido servidos en unos platos donde a las mesas habían muchos rusos y rusas conversando en tonos apagados y propios de su cultura. Se descalzaron ambos a la puerta de ingreso y se pusieron unos suecos de madera. El hombre fiero sacó un tabaco mentolado: pocas personas conocen este café, lo sé, tu acento español es puro, no tiene la mezcla que ocasiona el saber otros idiomas. La fonetización de ella era propia de las lingüistas que eran muy buenas con otros idiomas. Fue resistente bastante al sexo, pensó ella sobre el hombre fiero, ella llevó un vaso con vodka a sus labios. Fui un apartado hasta los 41 años. Todos los presentes fueron apartados hasta esa edad, salvo las muchachas que has visto y que no conversan con nadie, que parecen tener la mirada en el vacío, ¿ahora todo es diferente, no? Pues sí, mis padres se resistieron a que de púber me inyectaran la vacuna. Y naturalmente las verrugas desaparecieron solas. Pues sí, vaya estafa eso de los preservativos. Nos pasó a todos, ahora llegamos o pasamos los 40 años, ¿disfrutamos bastante de la vida, no es así? El hombre de rostro fiero se río mientras afirmó: yo quiero más. ¡Todos queremos más!, pero no todo es posible en la vida, nos ha quedado la excitación a flor de piel y la libertad de estar en lugares como éste. El hombre fiero pudo contemplar en una mesa aparte a  unos hombres robustos de bigotes blancos y espesos, eran muy morenos y de brazos gruesos. Sin embargo nos quedan otros placeres. ¿Conocer a la gente, escribir nuestras memorias? Yo no quiero verrugas dentro de mi prepucio. Yo tampoco quiero verrugas dentro de mi vagina. Entonces somos los que nunca tendremos hijos. No es tan malo eso, la vida no es solo sexo, tenemos la música, los viajes, la comida, ¡el bailar!, ¿sabes que no puedo besar a nadie porque tengo verrugas dentro de la garganta?, pero igual, desaparecerán, lo cual no quiera decir que pueda contagiarlas, ¿sabes?, si bien tenemos el gen de los golosos o lujuriosos, mantengo mi mente ocupada haciendo yoga, ya, ya estuve en otros credos, desde los confucionistas hasta las prácticas en ropa de los rosacruces, total, la autocomplacencia tampoco es tan mala, también practico artes marciales 6 horas diarias, eso me mantiene agotada, ¿visualizas a las mujeres que deseas y sientes placer? Sí, ¿lo haces tú también pero con hombres? Sí, me concentro bien. Y entonces, ¿qué queda? El hombre fiero luego de preguntarle ello, sacó otro tabaco para prenderlo. Ella probó el vodka otra vez y finalmente habló luego de una pausa que resultó encantadora: lo que buscaba Buda: El Nirvana. Naturalmente cuando estuvimos descompensados, nuestro lóbulo frontal se desarrolló y cruzamos el umbral, es decir, llegamos a sentir que todas las neuronas de nuestro cerebro eran como memorias que se manifestaban en pequeñas fracciones de segundos a la vez, ¿pocas personas soportan eso, no?, porque hay gente que busca esa experiencia con alucinógenos, sea el peyote o el ayahuasca; me impresiona tu rostro muy fiero, te besaron las apartadas también, muchachas vírgenes que te reconocieron y supieron que no tenías enfermedades de transmisión sexual. Así que El Nirvana. Sí, la conexión con el alma divina del universo, la renuncia a los placeres sin mucho esfuerzo y el desapego al dolor y las bajas pasiones, es la meta para tener todo bajo control cuando se tiene un conocimiento pleno de uno mismo. Siento el olor excitado de tu sexo. Yo también siento lo mismo de ti, pero ambos no queremos rebrotes, ¿no es así?, porque sabes que te pueden amputar el miembro viril o a mí me puede dar cáncer cervical uterino. ¿Hemos entonces llegado al final? No, el proceso acabó, ahora nuestros sentidos se pueden desarrollar por otros caminos. No quiero drogas. Ah, eso depende de la libertad de gusto de otras personas, yo te hablo de la conexión de almas en el sexo sin contacto, la fusión de almas que no se dijo en el sexo tántrico, porque lo logras con las mujeres que desees, me lo acabas de comentar. Sí, es cierto. ¿Y también es cierto que sentiste el clímax pero en largos y agradables minutos y no contados segundos? En el sexo es importante la concentración para  alcanzar el orgasmo, pero tú como todos los presentes lo alcanzamos concentrándonos sin necesidad del contacto sexual; muchas personas buscan eso, el Nirvana, le llaman sabiduría. Hizo una pausa, terminó su vaso con vodka y mientras se levantaba del asiento donde estábamos a la mesa me sonrió. Era una mujer demasiado hermosa. ¿Salimos a recorrer esta ciudad? Y qué hay en la ciudad que nos pueda atraer. El conocer a los inocentes mezclándose con los perdidos y perdidas, escuchar historias es también otra forma de vivir, nosotros ya vivimos el exceso dentro de habitaciones o lugares públicos, donde se nos dio la gana, ellos, las demás personas, ni siquiera conocen el Libre Albedrío, es momento de escuchar a los demás. No me pareció mala la idea, así que salimos del café. En ese momento pensé: no existe una sola forma para ser felices.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco







LOS QUE ALCANZARON EL NIRVANA

El hombre tenía el rostro extremadamente fiero, eso fue lo primero que le atrajo a la pelirroja, mujer treintona, con experiencia en la vida y conocedora de las características en los varones. El café era solo para poetas, pero nadie hablaba de poesía; unas melodías a medio volumen de temas tal vez polacos o ucranianos llenaban la atmósfera de manera inverosímil, era un café raro, difícil de ubicar, un café donde nadie pretendía enamorar a las mujeres, donde solo se quería pasar un momento tranquilo de fin de semana. Era normal ver a algunos poetas con la mirada perdida sin querer hacer contacto visual con nadie, lo mismo pasaba con las muchachas. No parecía, todos querían mantener su espacio propio. Algunos grupos de muchachas hablaban entre ellas sin ánimos de ser abordadas por otras muchachas o varones, está demás decir que ello estaba sobre entendido. Había la libertad de acercarse a la rockola para escuchar los temas que de pronto a uno le agradara escuchar; la variedad de temas iban desde los mencionados hasta los temas que fueron éxitos en los noventas. Se podía fumar tabacos, algunos consumían marihuana desde sus pipas y otros se servían de sus shops, cerveza que la dueña importaba de Alemania.
El hombre fiero que al parecer fue al café por recomendación y que era un forastero, apretó el botón luego de haber elegido un tema: While my guitar gently weeps tocados por Paul McCartney y Eric Clapton. La pelirroja se preguntó si realmente el hombre fiero sabía dónde estaba. La libertad en el café consistía en que nadie se metía con nadie, salvo pleno consentimiento. Ella le miró a los ojos. Él tenía unos ojos grises profundos que por momentos brillaban como los de una serpiente. Debe caminar mucho, pensó la pelirroja porque el fiero llevaba de calzado unos borceguíes de uso, un jean de una aparente tercera postura, una camisa a cuadros con colores verdes y azules y, una  chaqueta en corduroy de color azul. Su olor era agradable a pesar del humo del tabaco o de la marihuana de algunos presentes.  Cruzó la mirada con la mujer pelirroja; ella tenía los ojos verdes muy claros, una chompa roja de alpaca con cuello abierto en V con botones grandes y dorados, un jean azul intenso con botas de cuero puntiagudas en cuero negro; olía a Chanel  5. Sus labios eran rosados y su cabello llevaba una trenza de espiga que hacía hacían brillar con intensidad su rojizo pelo. Su piel era muy blanca.
Estaban sentado a la barra. El hombre fiero ordenó una Coca Cola con hielo y ron añejo especial, de preferencia Havana  Club. El barman le atendió de inmediato. Contempló el rededor, los tipos de rostros de las muchachas tenían rasgos extranjeros: narices muy grandes, pantorrillas gruesas, caderas prominentes, ojos claros y la piel demasiado blanca para la ciudad donde exponerlas al sol implicaría dañarles la piel con una fuerte insolación.
Más allá, en una mesa de sobre nivel, unos hombres barbados en turbantes dialogaban a gritos sin parecer a nadie fastidiarles. Sus trajes eran de seda fina con diseños psicodélicos en colores verduzcos y diseños propios de los que se tienen en las alucinaciones cuando se fuma hierba. Eran hombres de piel muy bruñida y de ojos azules intensos o grises; tenían las manos grandes y muy velludas. Al parecer hablaban en su idioma nativo, ¿árabe, iraní?, difícil saberlo. El mozo se les acercó y les sirvió Hummus: unos garbanzos, tahini,  limón y aceite de oliva y para beber, unos vasos con Arak. Parecía El Gran Bazaard  porque el hombre fiero percató salir a voces fuertes a unos hombres de traje negro y sombrero con barba espesa con rulos, de piel muy clara y ojos muy celestes; hablaban hebreo.
La luz tenue del café con candiles ubicados donde estaban las mesas o soportes de candelabros para velas té Lysa negro en las paredes de un beige suave y de sensación relajante. Entre los desniveles se podía caminar sobre alfombras persas donde había elefantes de la fortuna, caravanas o tigres de bengala en colores muy vivos. La pelirroja entonces se le acercó al hombre fiero y con acento relajado y fresco puso su mano sobre la barra a los ojos del hombre: eran unas manos muy finas, de dedos largos, con las uñas muy rosadas que brillaban sin necesidad de esmalte: no llevaba anillos ni esclavas. Podemos pasar a conversar al ambiente de los forasteros de San Petersburgo. El hombre de los ojos grises y la piel morena tenía las manos rudas, de dedos gruesos y uñas grandes, su piel era oscura sin embargo estaban bien cuidadas, tampoco llevaba anillos ni esclavas. Accedió. Ambos sabían que no buscaban sexo. Mejor dicho, ese café no era un café para tener citas y luego hacer el amor. Se sentía el vivo olor a nabo cocido servidos en unos platos donde a las mesas habían muchos rusos y rusas conversando en tonos cansados. Se descalzaron ambos a la puerta de ingreso y se pusieron unos suecos de madera. El hombre fiero sacó un tabaco mentolado: pocas personas conocen este café, lo sé, tu acento español es puro, no tiene la mezcla que ocasiona el saber otros idiomas. La fonetización de ella era propia de las lingüistas. Resististe bastante al sexo, ella llevó un vaso con vodka a sus labios. Fui un apartado hasta los 41 años. Todos los presentes fuimos apartados hasta esa edad, salvo las muchachas que has visto y que no conversan con nadie, que parecen tener la mirada en el vacío, ¿ahora todo es diferente, no? Pues sí, mis padres se resistieron a que de púber me inyectaran la vacuna. Y naturalmente las verrugas desaparecieron solas. Pues sí, vaya estafa eso de los preservativos. Nos pasó a todos, ahora pasamos de los 40 años, ¿disfrutamos bastante de la vida, no es así? El hombre de rostro fiero se río mientras afirmó: yo quiero más. ¡Todos queremos más!, pero no todo es posible en la vida, nos ha quedado la excitación a flor de piel y la libertad de estar en lugares como éste. El hombre fiero pudo contemplar a unos hombres robustos de bigotes blancos y espesos, eran muy morenos y de brazos gruesos. Sin embargo nos quedan otros placeres. ¿Conocer a la gente, escribir nuestras memorias? Yo no quiero verrugas dentro de mi prepucio. Yo tampoco quiero verrugas dentro de mi vagina. Entonces somos los que nunca tendremos hijos. No es tan malo eso, la vida no es solo sexo, tenemos la música, los viajes, la comida, ¡el bailar!, ¿sabes que no puedo besar a nadie porque tengo verrugas dentro de la garganta?, pero igual, desaparecerán, lo cual no quiera decir que pueda contagiarlas, ¿sabes?, si bien tenemos el gen de los golosos o lujuriosos, mantengo mi mente ocupada haciendo yoga, ya, ya estuve en otros credos, desde los confucionistas hasta las prácticas en ropa de los rosacruces, total, la autocomplacencia tampoco es tan mala, también practico artes marciales 6 horas diarias, eso me mantiene agotada, ¿visualizas a las mujeres que deseas y sientes placer? Sí, ¿lo haces tú también pero con hombres? Sí, me concentro bien. Y entonces, ¿qué queda? El hombre fiero luego de preguntarle ello, sacó otro tabaco para prenderlo. Ella probó el vodka otra vez y finalmente habló luego de una pausa que resultó encantadora: lo que buscaba Buda: El Nirvana. Naturalmente cuando estuvimos descompensados, nuestro lóbulo frontal se desarrolló y cruzamos el umbral, es decir, llegamos a sentir que todas las neuronas de nuestro cerebro eran como memorias que se manifestaban en pequeñas fracciones de segundos a la vez, ¿pocas personas soportan eso?, porque hay gente que busca esa experiencia con alucinógenos, sea el peyote o el ayahuasca; me impresiona tu rostro muy fiero, te besaron las apartadas también, muchachas vírgenes que te reconocieron y supieron que no tenías enfermedades de transmisión sexual. Así que El Nirvana. Sí, la conexión con el alma divina del universo, la renuncia a los placeres sin mucho esfuerzo y el desapego al dolor y las bajas pasiones, es la meta para tener todo bajo control cuando se tiene un conocimiento pleno de uno mismo. Siento el olor excitado de tu sexo. Yo también siento lo mismo de ti, pero ambos no queremos rebrotes, ¿no es así?, porque sabes que te pueden amputar el miembro viril o a mí me puede dar cáncer cervical uterino. ¿Hemos entonces llegado al final? No, el proceso acabó, ahora nuestros sentidos se pueden desarrollar por otros caminos. No quiero drogas. Ah, eso depende de la libertad de gusto de otras personas, yo te hablo de la conexión de almas en el sexo sin contacto, la fusión de almas que no se dijo en el sexo tántrico, porque lo logras con las mujeres que desees, me lo acabas de comentar. Sí, es cierto. ¿Y también es cierto que sentiste el clímax pero en largos y agradables minutos y no contados segundos? En el sexo es importante la concentración para alcanzar alcanzar el orgasmo, pero tú como todos los presentes lo alcanzamos concentrándonos sin necesidad del contacto sexual; muchas personas buscan eso, el Nirvana, le llaman sabiduría. Hizo una pausa, terminó su vaso con vodka y mientras se levantaba del asiento donde estábamos a la mesa me sonrió. Era una mujer demasiado hermosa. ¿Salimos a recorrer esta ciudad? Y qué hay en la ciudad que nos pueda atraer. El conocer a los inocentes mezclándose con los perdidos y perdidas, escuchar historias es también otra forma de vivir, nosotros ya vivimos el exceso dentro de habitaciones o lugares públicos, donde se nos dio la gana, ellos, las demás personas, ni siquiera conocen el Libre Albedrío, es momento de escuchar a los demás. No me pareció mala la idea, así que salimos del café. En ese momento pensé: no existe una sola forma para ser felices.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
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HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...