viernes, 3 de mayo de 2019

HISTORIAS DE EBRIOS Y MUSAS






Pero es que siempre vienes donde mí para escribir de algo, si al menos escribieras cosas buenas, ¿no puedes irte de putas si es que lo que quieres es escribir sobre sexo?, ¿qué es lo que quieres demostrar a los demás?, ¿no sabes que me destruyes con cada escrito tuyo?, ¿a quién le debe importar qué te digo cuando amo o cuando discutimos?, ¡me confundes con una puta! El tipo estaba ebrio y drogado y ella tenía razón, la necesitaba para escribir algo, porque ya no sabía sobre qué más escribir, había llegado a su cima y dentro de su mundo autodestructivo, la arrastraba a ella hacia infiernos de los cuales él en su vesania no quería salir.
Qué límites le ponemos a lo que escribimos, ¿cuesta mucho entender que ella también tiene sentimientos y que tiene derecho a su intimidad? El tipo regresó derrotado de la casa de ella y se fue en busca de sus amigos para seguir bebiendo y drogándose, para hablar de política, la guerra del pacífico o sobre ella, una vez más ella. Los tontos de sus amigos le metían ideas en su cabeza y él enloquecía más y decía a viva voz en paso zigzagueante, ¡ya vuelvo!, ¡le diré sus verdades, ella debe saber quién es el que manda, yo soy un hombre, ya me va a oír!
Se paró en seco apoyándose en un muro y empezó a orinar sin  poder recordar qué hacía allí, qué era lo que tenía que hacer. Un amigo suyo lo alcanzó y le dijo, estás muy ebrio, déjalo para otra vez. Su brazo lo sacudió e intentó darle un golpe pero el tipo cayó en el piso. Era el escritor que quería ir donde la muchacha que lo amaba y no podía hacerle entender que los hombres que aman no prefieren a sus amigos sino a ella.
El tipo estaba con la bragueta abierta tirado en el piso mientras de sus labios salía una baba espesa y maloliente. Sus amigos se acercaron y sin decir nada se fueron a seguir bebiendo. En realidad le faltaba mucho para entender qué es el amor, porque al despertar, los pies de las demás personas lo hacían a un lado, ¡borracho, hágase a un lado!, ¡cada vez el mundo está peor, esta gente está enferma! Y abrió sus ojos y el sol le dio en el rostro, no recordaba nada de lo de sus amigos ni de los reclamos ante ella, la mujer que lo amaba. Se paró, cerró la bragueta de su pantalón y se dio cuenta que no tenía ni celular ni billetera. Su cabeza era algo muy difícil para él, el mareo no se le iba y le dolía todo el cuerpo. Intentó parar un taxi pero nadie le hizo caso. Había un camino que conocía bien, era el de ella.
Y hacia ella fue.
Al tocar la puerta ante las miradas escandalizadas de las vecinas y los comentarios en voz baja de ellas hacia él, se dio cuenta que lo había perdido todo, desde la dignidad o el amor propio y, se estaba quedando sin historias y, él era un escritor que no pasaba de su tercer libro, dicho sea de paso, sin aporte, lleno de experiencias callejeras que a nadie importaba.
¡Soy yo!, empezó a gritar nombrándola una y otra vez, pero nadie salía. Alguien llamó a Serenazgo y el miedo le hizo sentir el orín deslizándose de entre sus piernas debajo del pantalón. Lo empujaron contra la pared y al ver que no tenía documentos decidieron llevarlo a la Comisaría. ¿Alguien lo conoce?, preguntó el policía. Las vecinas se hicieron las desentendidas mientras pasaba el carro basurero y entraron a su casa sin decir nada.
Ella salió de su casa y lo vio con lástima, con esa tristeza de lo que ha acabado y no merece la pena. Yo lo conozco, dijo por fin. Él al verla empezó a llorar y pedirle perdón, pero no sabía de qué, no recordaba nada. ¿Es algo de usted?, preguntó el sereno. Déjelo conmigo, me hago responsable por él.
Lo metió a la ducha, lo bañó y le alcanzó algo de ropa de su hermano y lo dejó dormir hasta que se le pasara la resaca. Al despertar vio a todos los familiares de ella contemplándole con enojo. He sacado medidas de protección y una orden para que no te acerques 50 metros a la redonda. Debes irte, ya estás presentable para la ciudad. Sus puños apretados lo decían todo mientras se echaba a los hombros de su madre. El padre de ella alzó la voz y gritó: ¡lárgate mierda!, has tenido suerte esta vez.
El escritor salió tambaleándose por sentirse un nadie más que un ebrio. Vio la ciudad y a las personas ir y venir. Era un largo camino que le esperaba de retorno a su casa, un camino que no concluyó. Tocó la puerta de un amigo suyo.
Volvió a beber.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco



EL ESCRITOR DE LAS 100,000 PALABRAS NO DICHAS






Quién es ese hombre que ha escrito sobre todo
Miles de páginas sin que en ellas quede señal de duda sobre el conocimiento de la mujer
Qué hombre es ese que se ha quedado callado y da pausas al momento de escribir
¿No era su intelecto una especie de iluminación donde lo esclarecía todo con facilidad?
Porque se sentaba a escribir por las noches y dejaba que sus dedos dominaran las teclas
Años de pasión en lo mismo, desde la insistencia y la obstinación
¿No fue revelado en lo que pocos hombres conocieron o no conocerán?
Habló tanto de rituales y negó siempre a las musas
¿No le decían sus mujeres que en ellas encontraba sabiduría?
Ah, el placer y todas sus maneras con las mujeres
¿No sabe que la atracción dura poco?, ¿no es esa la razón de sus exigencias
Al momento de elegir y no querer repetir de muchachas?
Días, semanas, meses y largos y espléndidos años con muchachas sumisas
¿No arrebató así de ellas todo hasta convertirse en el preferido?
Es que el placer es eso, evadirse y entrar en una eternidad donde se es feliz
Mas algo era carente en ellas, sabias en los movimientos del amor
Expertas y dispuestas a aguantar sus requerimientos
Porque él hablaba y hablaba al momento de poseerlas
Y el placer no era completo, porque ellas solo escuchaban
¿Era sumisión intelectual?, si ellas lo saben todo en el boca a boca
O era el errar de este Escritor que complacido hasta en el rigor de romper reglas
Encontró solo el silencio de noches vacías donde ellas no contestaban
Qué le podían decir las muchachas del placer que negaban la sabiduría de los libros
Que creían que satisfaciendo al Escritor todo se resolvía
Era el Escritor de las 100,000 palabras que forzosamente debían  ser escritas en sus noches
Era el Escritor que cuando amó no pudo escribir nada
Entonces, ¿cómo el talento podría escribir lo que es novedoso?
Supo entonces que solo había una manera:
Conociéndola, hasta escribir el libro esperado, el que nadie leyó aún.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

PARA VOLVER A LA FILOSOFÍA






No puedes mencionar más palabras cuando del amor ya lo conoces todo
Y de pronto aparece una muchacha de ojos negros
Y te hace entender que hay cosas que no conoces
-debes contestarle, está sufriendo de celos y sé qué es eso-
-ella se inquietó y lo llamó para hacerle entender que se preocupaba-
En otra ciudad alguien está peleando contra la vida misma
¿Renuncias a todo cuando se sabe que solo hay algo a lo cual no se puede renunciar?
¿Quién soporta no estar al lado de quien se ama?
-pensé en muchas cosas-
-recordé mis sesiones de sexo donde el placer es al segundo-
¿Por qué dañar lo que entiendo quiero sea diferente?
¿Y entonces qué?, cómo decirle que afuera la gente disfruta con el dolor ajeno
-el muchacho experimenta lo que yo conocí y eso no se lo deseo a nadie-
Bebo de mi KR Limón y me dejo llevar en total libertad como me agrada para escribir
-¿no parecía una muchacha propia de prados donde el sol brilla siempre?-
Ah, ternura agradable que no hallé en las meretrices
5 horas de sexo continuo con las mejores en la cama
Y una hora donde se pudo por fin hablar con una muchacha que piensa
Qué me puede atraer entonces ahora de una muchacha
Su inteligencia-su cuerpo, sus labios, sus ojos negros-o sus palabras
Sus manos y sus dedos-así debe ser el mar cuando se manifiesta como mujer-
Debí bajar por mis cigarros pero sentí pudor
La mirada de otras personas me podrían ver vulnerable
-pero si he salido de muchos hoteles a plena luz del día con muchas mujeres-
Al verla, sentía placeres que nadie podría entender
¿Se puede estar tan cerca de alguien?
-relataba y relataba y yo solo me perdía en sus ojos negros-
¿Me salté de golpe muchas vivencias?
El poeta cuando habló de boleros de marocas se dio cuenta que nadie le entendía
Las marocas son las putas y él dijo: aquí todos se saltaron una generación
-yo he recordado a la muchacha de 13 años y no pensé que alguien fuera superior-
Si he de ser claro, he escrito sobre la Filosofía
Si es que aún los jóvenes no entienden que solo ésta se da
Entre un varón y una mujer
-lo demás siempre será incomprensible o rechazable para mí-

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco



HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...