domingo, 28 de abril de 2019

LA RESPUESTA






Espera, ¿puedes ser mejor que esta canción?
Puedo ser el amor que cura todo,
No lo creo, el amor no dura mucho y en vez de curarlo todo, hiere
Entonces, ¿crees poder ser mejor que el hechizo de esta canción?
¡Alto, no puedes decir que una melodía es mejor que una mujer!
No lo digo yo, lo dice ella misma
¿No es un lenguaje precioso y preciso el que ésta me da?
Porque de los placeres conozco muy bien
Y te aseguro que lo nuestro va a durar a lo mucho un tiempo mas no
Más tiempo del que necesitaremos para dejar de odiarnos,
¿Por qué crees que el amor genera odios?
Porque hace miles de años el hombre busca el amor
¿No has visto cómo es nuestra historia?, ¡observa nuestros modelos de convivencia!
¡Nada funciona bien!
Yo puedo hacer que esto funcione de mejor forma
¿Cómo, amando?, te diré que esa no es la respuesta
Un día dejaré de desearte y no es porque sea impotente
Sabes bien que la pasión entre un varón y una mujer no está destinada para siempre
Otras muchachas despertarán mis pasiones
Y para ese entonces, solo querrás destruir mi vida
Esa no es la respuesta, ¿no?
Dime solo si puedes ser superior a la melodía que ahora escucho
¿Puedes elevarme sobre todo para así estar tranquilo definitivamente?
Pero, ¿es una solicitud eso?
Es lo que pedimos todos, indistintamente si seamos varones o mujeres
Porque tú también te cansarás de mí y querrás amar a otros hombres
¿Por qué entonces prometernos amor si ambos sabemos que ésa no es la respuesta?
¿Es una canción la respuesta entonces, Mauricio?
A mí me ayuda en lo que necesito, nunca he podido escribir para una musa
Mas sí puedo escribir mientras escucho canciones como ésta
¿Y puedo escucharla contigo?
¿Quieres acercarte a mí?
¡No, solo quiero entenderte!
Inténtalo entonces, pero recuerda que siempre seré libre.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

LOS AMANTES QUE NO CREEN EN EL HILO ROJO DEL DESTINO





No, de nada valdría decirte que te amo
Ambos sabemos que lo olvidaremos en un par de horas
¿No es mejor evitar decirse adiós?
Mira, alguna vez le pedí a los astros un amor
Y el silencio de las calles me hizo sentir muy, demasiado solo
Prendo este tabaco en memoria de las muchachas que no pude rescatar
Apenas dentro de todo estaba mi lucha
Y solo podía conmigo
¿Puedes entenderme entonces si me marcho y no te busque más?
Yo podría ser la última parada
Esa estación donde los días perfectos nos tientan para quedarnos allí para siempre
¿Puedes sentir la intensidad de mi afecto?
En realidad no necesito saberlo todo de ti
El ritual se consuma con dos cuerpos entregándose
Y esto pocas personas lo han de entender
Hay tanta gente deseando pertenecer a alguien
¿Soy una respuesta donde no las hay?
Puedes ser o puedo ser lo peor para ti
¿Una razón para odiarlo todo?
He visto las caídas atroces de los que amaron sin medir las entregas
¿Nos hemos equivocado tanto cuando nada ha sido esclarecido, no?
Supongo que tal vez quiera llamarte por la noche
Cuando me sienta abatido y sin fuerza
Y lo más probable es que tampoco quieras contestar
El miedo es eso que nos obliga a borrar números de nuestro celular
El miedo a estropearlo todo y destruirse mutuamente
Apenas no hemos dicho nada y hemos sido felices
¿Qué secreto nuestro puede tener la historia?
Tus ojos son como mis ojos y no hemos llorado
Tampoco creo que lo hagamos
Hemos sido extasiados por el placer
Calaré un poco de este tabaco mientras te vea vestirte
Porque al dejar este hotel, me esperará un largo día
Y no le temeré, me has sanado como no puedas imaginarlo
Y con la certeza de no volverte a ver
Seguiré mi camino, sin que nos una nada
Porque eso es lo que hemos elegido.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco


LA GENERACIÓN QUE DEBIÓ SALVAR EL MUNDO






Sentado en la sala de estar del psiquiátrico no recordaba nada. Solo meditaba si se podía aún salvar al mundo o si uno debía optar por la paz mental. Las drogas enervantes me impedían hablar, estuve 2 semanas en estado vegetal y tardaría 3 meses en recuperar la memoria. ¿Alguna vez un Poeta estuvo tan cerca de lo que se esperó de nuestra generación de este lado del mundo?
Semanas antes alguien proyectó un holograma de La Estrella de David en el cielo nocturno de la ciudad de Arequipa esperando que alguien respondiera al llamado. USA estaba declarándole la guerra a Irak por razones vinculadas al petro-dólar y era el verano del 2003, ese año se habló mucho de la Virgen de Fátima, de su aparición y sus profecías.
Qué podía hacer un hombre de 31 años que al ver La Estrella de David en el cielo de la ciudad sabía que no había nada qué temer, que Dios existe y que la profecía de un fin del mundo tenía sentido.
Empecé a trotar de 2 a 3 horas diarias. Alguien debía hacer algo, alguien debía salvar al mundo. Esto ya no era poesía, era el compromiso de querer un mundo mejor.
Había declarado a los medios de comunicación que crecimos con la certeza que Jesús volvería a este mundo para darnos 1,000 años de paz y felicidad. Al menos esos videos los pasaban constantemente por la televisión, videos que irónicamente los volví a ver pero esta vez relacionándoles con los anunakis y los reptilianos.
Hay una edad a partir de la cual ya no pueden seguir mintiéndote, pero hay otra edad donde sabes que hay deberes que van más allá de tu propia vida, porque eso declaré, que estaba en correspondencia con Su Santidad Juan Pablo II, diciendo al periodista que me entrevistaba en vivo para la radio que, iría con él hasta Bagdad para proclamar la Paz Mundial sin importarme morir en el intento. Lo temerario de todo esto es que declaré que peregrinaría a pie hasta Roma y de allí hasta Bagdad.
Y peregriné por el desierto.
¿Era Fe?, no, no era Fe porque había visto La Estrella de David, era la certeza de que Dios existe y que sus promesas serían cumplidas, que tendríamos 1,000 años de paz y felicidad. No sentí miedo alguno.
Que si hay una comunidad judía discreta en la ciudad de Arequipa, pues no lo sé, pero ahora en mis reflexiones entiendo que fue un holograma que ellos autorizaron para que sea viera en el cielo nocturno de la ciudad. Que si todos la vieron, creo que sí, que si pocos tuvieron más bien temor a la ira de Dios, no lo sé tampoco.
Era el día de alta y apenas podía reconocer a las personas, las inyecciones que me aplicaban por las noches me dejaban una sensación de muerte siempre, porque les decía a las enfermeras: “no me pongan esas inyecciones porque cada vez que lo hacen siento que me muero”.
Al volver a la ciudad el mundo seguía siendo el mismo de siempre o al menos el mundo que conozco. Y así es mi generación, la que recibió como consigna salvar al mundo. Y así es mi testimonio.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco






HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...