sábado, 14 de marzo de 2020

DUELOS DE AMOR Y OTROS HONGOS Y BACTERIAS pag17,18,19,20,21 NOVELA





Y es así que debo retroceder unas horas en esta novela para volver a la mujer fatal que aún rumiaba sus penas de amor con el hombre que le hizo entender que ella era imprescindible en los lechos, para entrar al apartamento que compartía con su hermano, si es que debo puntualizar que eran los hermanos del poeta de 18 años que, majadero, se hizo pagar el alquiler de un mini apartamento, no con lo poco que ganaba su hermano mayor que era el obrero a quien le habían  agarrado a patadas y dejado los dos ojos morados por sus conductas desviadas en la fábrica, sino con el dinero de la dama que se las ingeniaba siempre para sacar dinero a sus viejos amantes, esos hombres canos y con poco cabello que urgidos de amor, accedían a los pedidos de ella, solo para sentir la alegría que da el sexo y sentirse vivos, así se sintieran perdidamente enamorados de ella, a quien por cierto, acostumbraron compartirla, por ser una mujer que sabía complacerles en todo tipo de detalles propios del placer y las angustias cuando no se tiene con quien conversar a pesar de tener mucho dinero y, la soledad los termina por enloquecer y hacer temer por impulsos donde pudiesen quitarse la vida, vidas trajinadas de hombres solitarios que se dedicaron a trabajar desde muy jóvenes y tuvieron pocas oportunidades para el amor o para conocer mujeres excepcionalmente bellas cuyo arte radicaba en el saber hacer un buen uso de su vagina como trasero, y tener el diálogo que les recordase por qué se debe seguir vivo, cuando el dinero no puede comprar eso que  está al alcance de los jóvenes como el poeta de 18 años, cuando se ignoraba lo valioso que es la juventud, lo bello que es un  rostro donde la gracia libre de arrugas y vivencias, convierten a las jovencitas o muchachos en el centro de atención de los que andan a la caza de placeres. Entonces lo vio allí y no le hizo pregunta alguna, no le pregunto por qué razón se había agarrado a golpes. En una reacción rápida como las que devuelven el alma al cuerpo después de una gran confusión, se acercó a su hermano para abrazarle y decirle: no es tu culpa, está bien, ya pasó, ¿te pongo tu inyección? El hombre olía a masturbación, había estado viendo unos videos porno en la computadora y su olor era a esperma mezclado con materia, pus para ser preciso. Dejó el bolso sobre el sofá para sacar del botiquín del baño la descartable que rápidamente llenó de penicilina para dejarla sobre la mesa y con unas gasas y antisépticos, limpiar ese miembro viril lleno de protuberancias mayores que el acné, llenas de pus, limpiándolas con cuidado, hasta tenerlo listo y pincharle con la jeringa. El hombre lloró y dijo que era una mierda todo, que no quería que le pasara eso al hermano  menor de ellos, pero él nunca escuchaba, estaba tan imbuido en sus aspiraciones tontas de ser poeta, en sus lecturas, en los recitales donde acudía cada fin de semana donde se embriagaba a más no poder, exponiéndose a cualquier tipo de contagio. Ella lo recordó de sus años mozos, cuando fue un hombre de mundo, de aspecto varonil irresistible para las muchachas que se le metían entre los ojos y  a las cuales les hacía el amor sin mucho cuidado, muchachas que se embarazaron de él con el único requisito de tener el apellido de ese semental que ahora tenía sífilis y ya no servía para el amor. Ya no soy el de antes, mira en lo que he venido a dar, echó a llorar desconsoladamente como un niño a pesar de tener casi 30 años, ¿qué es el amor sin salud, hermana, dime, qué es el amor sin salud? Ella no contestó, le revisó las costillas para saber si tenía rota alguna, cortó unas rodajas de tomate para ponerle en sus ojos morados y decirle, mejor descansa, hoy fue un día de mierda para todos, pero él, él tiene lo que yo no tengo, tiene una mujer que le es fiel con 3 lindos niños varones, ¿no merece que lo vuelva homosexual?, ¿sigues pensando en él?, pero veo que es tu obsesión, apenas es un muchacho que  se hizo hombre de la noche a la mañana y que a sus  21 años tiene la vida desgraciada, tan desgraciada como las nuestras, pero tiene  hijos, ¿sabes que sus hijos son muy lindos?, uno de ellos es una promesa para el fútbol, ella le frotó del mentón y le dijo: tus hijos también son hermosos, hermosos, hermosos, refunfuñó entonces, ¡si son criados por otros hombres!, ¡sabe Dios qué les habrán hecho ya!, ¡no me dejan verlos!, ¿sabes lo que eso significa para mí?, cuando tengo días libres y paso por ellos al colegio para entregarles dulces me rechazan, se avergüenzan de mí, me niegan delante de sus compañeros de clases y dicen que soy un loco muy peligroso de quien deben apartarse, bueno fuera que todo quedara allí, sus mismos padrastros salen y los defienden como su yo fuera un monstruo, de qué me sirve tener hijos si no puedo acercarme a ellos sin temer a que llamen a la policía y les haga pasar por momentos que sé para ellos serán imperdonables, y claro, tuve muchas mujeres que solo quisieron tener un hijo varón de mí, pero ahora ninguna me llama, ninguna quiere saber de mí, ¿sabes que cuando las llamo ni siquiera contestan?, apagan el celular y es allí cuando me siento el hombre más miserable y solitario del mundo, ellas no quieren nada de mí, qué rápido se olvidaron del amor que sintieron por mí, ¡qué rápido!, pero no, él tiene una linda esposa que  se saca la mugre por sus 3 hijos y le es fiel y no lo dejará a pesar que los vecinos me comentan que está aburrida, que ya no puede más con las labores del hogar, pero lo espera, ¿sabes qué significa eso para un hombre?, ¿sabes qué significa para un obrero como yo, haber pasado por un día de mierda y al llegar a casa tener una mujer que siempre está esperando por uno?, ¡mira las llagas de mis pies!, cada día sangran más, este daño que me hicieron es imperdonable, me quitaron lo que más amaba, las mujeres, y más aún, los hijos que ellas me dieron, qué puedo esperar de la vida ahora que estoy viejo, con sífilis y sin posibilidad alguna de volver a ser amado, ¡ya no habrá mujer para mí!, ¿entiendes eso, hermana?, pero no, mira al tonto, nuestro hermano menor que cree saberlo todo de la vida y echando a perder lo más valioso que pueda tener un ser humano: su salud, deja de pensar en ello, piensas en muchas cosas a la vez, mientras esté viva, no estarás solo, te acompañaré como lo sigo haciendo hasta ahora, sabes que odio a los hombres y por ninguno de ellos te dejaría, hermano, ¿lo dices en serio?, ¿lo dices en serio hermanita?, porque yo ya no soporto más este infierno, ya no soporto el tener que verme en el espejo y saber que el amor murió para mí definitivamente, ¡el amor!, pensando en bobadas, tuviste tantas mujeres y aún sigues creyendo el amor, no te esperances en lo que la vida se encargó de enseñarte no vale la pena, ¿pero, y el sexo?, ¡tengo 30 años y estoy condenado a masturbaciones donde boto esperma con pus!, lo mío ya no es vida, es un suplicio, ¿no se merece una vida desgraciada él también? Entonces ella con un rostro diferente al que puso cuando estuvo en mi apartamento, un rostro sereno y hermoso, le dio el amén diciéndole, claro que se lo merece, él no es más que tú, por qué pues tendría que ser feliz mientras tú sufres, sabiendo ambos que eres mejor que él y toda su familia, ¿me ayudarás entonces hermana a desgraciarle la vida?, mira lo que me hizo, me agarró a golpes dentro de la fábrica, lo volviste a hacer, ¿y por qué no debería hacerlo una y otra vez?, ¡ese culo debe ser perforado!, ¡quiero su desgracia ahora y ya! Remontarse a los odios gratuitos es algo que puede servir para explicar parte de la historia de muchas personas, familias enteras o biografías ocultas de personas célebres que pasaron a la historia solo por el afán de derrotar a alguien, ¿ego?, quien sepa precisarlo, que escriba un libro sobre ello, lo cierto era que le odió desde que pisó la fábrica hacia un año y empezó a laborar como todos los obreros que recién empiezan su trabajo, dialogando con afabilidad, una afabilidad propia de un hombre de 20 años que está esperando a su tercer hijo varón y es sumamente feliz, algo que no fue perdonado por el agresor a quien vio de inmediato como el ejemplo claro de los hombres que son capaces de esforzarse hasta el extremo por sus hijos y esposa, ¿decir que uno es feliz no es exponerse ante un mundo donde pocas personas pueden serlo? Hermana, lo tenía asimilado, pensé que podía vivir con esto, que mi resignación debía ser asumida con madurez, pero de pronto ella empezó a aparecer con las viandas de comida, los niños de piel rosada, rebosantes de salud, diciéndole: ¡papá, te amamos, eres el mejor papá de mundo!, ¿entonces, yo que creía que por fin había alcanzado mi paz, por qué debía ver a un muchacho de 20 años ser tratado con tanto amor?, ¡el amor que debió ser para mí!, ¿entiendes eso, hermana? ¿Cuántos días de licencia médica te dieron? 3, mientras tanto él seguirá laborando, ¿sabes?, he pensado en cómo destruirle su vida. Se hará como  tú lo digas, mientras tanto descansa, ven, iremos a la cama, debemos dormir, ya  es tarde, en el camino he  recibido un par de llamadas de esos viejos panzones magnates que  necesitan de mi amor, debo sacarles dinero para que te trate un buen médico y para pasarle la pensión a nuestro hermano menor que se cree poeta. Me gustaría ser como tú, es decir, fuerte, invencible, a veces pienso que no ha nacido el hombre que te haga sufrir. Ella lo miró a los ojos, le cambió de rodajas de tomate y de la mano lo llevó a la cama donde ambos dormían juntos. Se quedaron con la ropa que llevaban puesta, ella apagó la luz y entonces recordó el día en que esa mujer rubia de ojos claros apareció en la vida de su hermano para apartarlo de todas sus mujeres y sumirlo en la peor de las soledades, hasta macharse y dejarle una sífilis que no podía ser curada, una enfermedad del amor crónica que debía ser atendida por ella todas las noches con inyectables de penicilina, luego de regresar a la casa, con el olor a sexo de hombres cincuentones, hombres que estaban enamorados perdidamente de ella y que solo servían para sacarles dinero, dinero que era ahorrado con severidad por ella en el banco, para esos años cuando dejara de ser una mujer hermosa, una mujer que despertara pasiones que llevara a la quiebra a esos cincuentones que trabajan duro pensando en todo momento en ella, solo para recibir de sus atenciones, para tener orgasmos precoces y conversar horas de horas sobre temas que ella sabía escuchar, fingiendo un interés que era correspondido con la generosidad sin límite de ellos. Siempre pensó que su hermano debía dejar ese trabajo de obrero, pero cuando lo hizo, tuvo que internarlo en un sanatorio mental porque empezó a mutilarse los brazos, haciéndose cortes que eran producto de una severa depresión por la falta de amor de una mujer de verdad, por su abuso con el porno por tener un miembro viril que ya no servía para nada, porque el psiquiatra le advirtió que no debía pasar mucho tiempo solo, que debía tener una ocupación en donde mantuviera la mente ocupada, lejos de las mujeres que al verlas, le provocaban crisis y arranques suicidas por su inutilidad como hombre, de por vida. Desde entonces ella decidió dormir a su lado, no como su mujer, sino como la debió quedarse a su lado, así sea solo para darle calor corporal por las noches y no despertara como un hombre desesperado, condenado a la soledad.


Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

DUELOS DE AMOR Y OTROS HONGOS Y BACTERIAS, pag 12,13,14,15,16, NOVELA





Fue un sueño muy pesado y agradable, esos sueños reparadores que nos dejan una buena sensación al momento de despertarnos, pero él lo sintió diferente, como si fuera un recuerdo de esos que se adelantan a las premoniciones, a lo que está en el devenir y se termina por evocar en esos años cuando se piensa en quién fue uno en sus años mozos. Vio la lamparilla de luz blanca que estaba en el techo alumbrando su habitación, el color gastado de las paredes en un verde claro y relajante, su ordenador, los libros en los estantes, hojas impresas de un poemario que pensó debía ya ser publicado y, una foto de un  amor de esos cuando aún no se sabe qué es el amor y solo puede corresponder a la vida de un joven soltero que vive y pasa penas de los que  dejaron la casa de sus familiares para saber qué es la libertad y la soledad, y solo en ese momento se dio cuenta que era soltero, que no tenía pareja a quien aguantar, ni hijos para alimentar ni por quienes tener que trabajar, solo una atmósfera agradable que quiso nunca se acabara, por eso, recostado en su cama, cubierto por el edredón, dejó de lado los consejos de sus hermanos mayores sobre ese mal hábito de pasar mucho tiempo  recostado en la cama, que la cama era solo para dormir y que el día empezaba a las 5 de la mañana con todos sus deberes y, si no los hubiera, las caminatas a esa hora cuando el cielo  se abre en la ciudad o los trotes serían necesarios, pero jamás la cama debería ser el refugio de quienes aún no entienden que no deben dejarse ganar por la comodidad de un colchón que echa a perder a las personas entre los retos para crecer como metas a concretar en los proyectos de vida que deben ser repasados cada fin de año. Era feliz mientras puso algo de música desde su ordenador para darse cuenta que no toda su vida tendría tanto tiempo para él, fue un momento de lucidez de esos donde la vida se manifiesta para hablarnos con claridad y recordarnos no solo que se está vivo sino que hay que saber tener cuidado con ésta, que en cualquier momento la fatalidad nos podría arrebatar esa dulce soledad o la libertad de los que ignoran los peligros que asechan a cada momento a todos y de los que nadie se libra por  más corona que se tuviera. Y pensó en la muchacha de la foto, era un mujer que se recorrió el mundo entero buscando el amor y quien le llorara la última vez que pasó por la ciudad, en esos viajes de continente a continente, tratando de descifrar en los rostros latinos felices, por qué en el viejo mundo la gente era tan distante, tan silente, seria y seca y, por qué  los latinos siempre teníamos una razón para sonreír a pesar de que todo pareciera marchar mal o, marchara totalmente mal. Es que ella le lloró porque le decía que lo tenía todo para ser feliz: dinero, viajes a las mejores ciudades del mundo, amistades que la apreciaban de verdad y que siempre estaban ahí cuando las necesitaba, ¡amor!, lo que los jóvenes buscan afanosamente para querer saber qué es la vida, ¡amor y belleza!, pero no, no era feliz, nada para ella resultaba suficiente para su enfado y contrariedad, sin poder entender qué le sucedía, a pesar de considerarse una buena persona. Le confesó entre otras cosas que estaba cansada de tener que ser una buena persona para ganarse los afectos de quienes la miraban y trataban así, es que dentro del universo de gente que formaba parte de su círculo de amistades, el concepto sobre ella era unánime: era linda, amable, confiable y por sobre todo, una muy buena persona, de muy nobles sentimientos de quien siempre se podía esperar lo mejor. En ese momento pensó en lo duro que cuesta lograr ser aceptado por las personas para tener gestos cálidos por parte de quienes le recibían con los mejores afectos, porque cuando lloró desconsoladamente en su brazos fue en el momento de su verdad, de su madre, de los maltratos que ella tardó mucho en entender, de su rigidez en su educación, los esfuerzos y sacrificios que su madre hizo por ella, ¿pero es que  ésa no es nuestra condición?, le repetía llorando sin parar, ¿el sexo no es nuestra condición humana?, ya que fue duro para su madre el aceptarla como lesbiana o bisexual, a veces muy lesbiana, otras muy femenina y, otras muy bisexual, llena de fantasías que no tenían control en su piel, su cuerpo, sus deseos de ser sumisa desde todas sus posturas para el sexo, sea con mujeres o bien maduras o de su edad, o varones experimentados y tolerantes o jóvenes aventureros que cruzaban fronteras con ella sin temer perder el alma en esas sesiones de sexo donde ella reclamaba más para sus apetitos, porque no faltaba nunca algún varón o mujer que estuviera presto o presta para unirse a sus deseos en los lechos, si es que se montaba en orgías donde 4 o 6 o más personas se unieran para darle rienda suelta a lo que el cuerpo pidiera, ¿eso era malo?, le preguntaba llorando, ¿era malo?, porque desde allí no se entendía, no del hecho que le pesara ser mujer partiendo desde los abortos, la menstruación o la maternidad, era demasiado inescrupulosa en ese sentido como para que reparar en ello, lo dejaba como un aplazamiento que el tiempo resolvería cuando se cansara de sus amores que la hacían explorar hombres y mujeres, donde la curiosidad fuese satisfecha, entre fiestas e historias ricas de todo tipo de gentes que la convirtieron en lo que ella quiso ser, pero que no le hacía feliz. Vio con detenimiento la foto, estaban abrazados en un parque céntrico de la ciudad y parecía un amor de verdad, un amor de esos escritos en las novelas románticas que arrancan lágrimas a las muchachas soñadoras que no quieren perderse ningún detalle de todas las historias de amor escritas y no escritas, para que su historia, su historia de amor fuera original, diferente, como la leyenda que aspira toda muchacha cuando tiene qué relatar a sus amigas de ruta, de matrimonio, de embarazo o de madres o tías o abuelas, cuando se dieron rápidamente cuenta que los textos de filosofía no encerraban nada de sabiduría, pese a que los leían para tener tema de conversación con los amigos intelectuales, si acaso dominaban también los temas de economía y hasta los de deportes, para poder jactarse que podían aspirar a un amor tan imposible pero lleno de vivencias tan fuertes que estaría de boca en boca, como una historia urbana referente, si es que el amor verdadero debería ser así, con esos requisitos, para no haber sido una mujer que pasó por este mundo, sin haber tenido su propia historia de amor. ¿Una canción, un poemario, un cuento, una novela, un ensayo, algo sobre el amor?, la locura llevada al extremo antes de elegir la simiente de quien se convirtiera la mayoría de veces en el culpable de sus desafortunadas vidas, pero al fin y al cabo, el villano que se llevó sus corazones, el tipo malo, el error de sus vidas, entre todos los pretendientes aceptables y convenientes, dignos tipos aburridos para búsquedas que solo podían ser una sola en sus vidas. Vaya, prendió un cigarro mientras pensaba en todo ello y en sus poemas, escritos que le parecían muy buenos como solo le pueden parecer buenos a quien aún carente de mundo, cree que a sus 18 años sabe más de sexo o de la vida que cualquiera y que los consejos de sus hermanos estaban desfasados porque que el mundo donde él se desarrollaba era muy diferente a las viejas épocas de ellos que ya habían fracasado en todo. El cigarro, su hermana le repetía hasta el cansancio que no quería que él fume, que esa era una adicción que no tenía retorno, poco caso a un consejo que llegaba tarde cuando se terminó por considerar un poeta de ideas raras, tan raras como su discurso lleno de palabras que no se podían entender y bien podrían ser analizadas por un psiquiatra para darle un diagnóstico, nada, era un poeta y todos los poetas consumen café y cigarrillos, pero no quiso moverse de su cama, no quería seguir allí, como si quisiera que ese momento se perpetuara para toda su vida, en su éxtasis revelador, su  conciencia de joven soltero, libre y dueño de su tiempo, sin  molestias tediosas sobre su soledad o hastíos propios de crisis existenciales donde no se sabe qué hacer. Pensó rápidamente sobre qué fue su sueño y cuánto tiempo había pasado durmiendo, y le ganó la noche desde la ventana sin recordar qué había soñado y por qué justamente en ese instante no deseaba hacer más nada que seguir debajo de su  edredón, recostado en su cama, mientras seguía escuchando temas que sabía bien, no tendría tiempo de escucharlos en otros años cuando fuera un hombre serio, responsable, un hombre que solo podría fumar 3 cigarrillos al día, si acaso así sería su soledad y libertad, su evocación a ese instante donde se descubrió, como nos pasa a todos al momento de tomar conciencia por si solo de lo buena que es la vida sin problemas.


Julio Mauricio Pacheco Polanco
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Julio Mauricio Pacheco Polanco


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viernes, 13 de marzo de 2020

EL DÍA EN QUE EMPEZAMOS A PAGAR POR RESPIRAR










El ciudadano llegó al banco de aire donde inmediatamente le quitaron su mascarilla buconasal para colocarle una mascarilla con un soporte de 5 minutos de oxigeno filtrado, libre de ozono y bacterias y, sobre todo, del virus que asoló a todo el planeta y malogró para siempre la atmósfera. Pudo percatarse que las provisiones de barras con hierro, complejo B, vitaminas A y C, magnesio, calcio, entre otros nutrientes necesarios para su alimentación, estaban en stock, que no volvería a ocurrir lo del día pasado, en que el pánico por un desabastecimiento de barras de alimentos, ocasionara una compra compulsiva por parte de los pobladores de una ciudad donde se tenía que pagar por respirar, si acaso era así en cualquier lugar del mundo, salvo que la ciudad donde él radicaba, era la que contaba con el banco de mejor garantía a nivel mundial y, en caso el crédito de las tarjetas para comprarlo fallara, el mercado negro de oxígeno para respirar le daría a su alcance oxígeno, para digamos, hasta 48 horas. Lo normal era ir al agente de banco de la zona donde vivía y comprar su cuota de oxígeno de 24 horas, que incluía ansiolíticos y vacunas de nueva generación respirables que venían incluidas dentro del tanque de la mascarilla que era llenado en el banco; además había que agregar que el visor de la mascarilla marcaba la temperatura corporal, el nivel de triglicéridos, ácido úrico,  la glucosa, la presión arterial, el ritmo respiratorio y cardiaco, la creatinina y la cantidad de hemoglobina en la sangre, como también, la cantidad de glóbulos para el sistema inmunológico como un detector de enfermedades no conocidas sean del que llevaba la mascarilla como de las personas con quienes tenía el trato de rigor, siempre a un metro de distancia, espacio vital regulado por la Ley de sanidad, para evitar cualquier enfermedad, virus o bacteria, que no solo le enfermaría, sino que lo podría convertir en un portador de algún agente patógeno no conocido para el que aún los laboratorios no tenían cura. ¿Para las 24 horas? El hombre que llevaba la mascarilla suplente con filtro le miró a los ojos al banquero de oxígeno, estaba acostumbrado al sarcasmo de éstos cuando siempre hacían esa pregunta a todos los prestatarios del banco, era un eufemismo usado en vez de: ¿por cuántas horas más puede vivir?
Se supone que para el siglo XXI se había estimado colonizar Marte y que las condiciones de vida serían mucho mejores para las personas, si acaso también se estimó que habríamos alcanzado la inmortalidad, cosa que no fue así. Una mañana de pronto un científico descubrió un virus extraído de los montes del Himalaya que se remontaba a una era antes de la humana y, desde entonces en menos de un trimestre, el mundo cambió, desde la economía hasta los modelos de civilización. En suma, todos llevaban máscaras buconasales que se retroalimentaban así mismas, eliminando dentro de los filtros de éstas, 1 litro de agua vaporizada concentrada que servía para el consumo de las personas y que el banco de oxígeno sabía capitalizarlos en los mercados de consumo previo proceso catalizador que aprovechaba al 56%, los minerales, vitaminas y proteínas expiradas por el prestador, lo cual le daba créditos acumulables para tener también barras de grasas y fósforo como otros nutrientes que les permitían tener un organismo compensado, sano y útil para los descendientes de los ultra ricos, quienes desde bunkers especiales, podían llevar esa vida tan normal como la que se llevó por inicios del siglo XXI. En realidad se vivía para ellos y, se les daba a cambio, oxígeno desde bancos, cada 24 horas. El sistema funcionaba así. Todo era útil, desde los gramos de excretas limpiados en los bancos donde se hacían lavados rectales hasta los que extraían con sondas de la vejiga los orines en mililitros, usados con fines farmacéuticos para desde laboratorios donde los procesaban, servían para cultivos de nuevos inhibidores de virus resistentes ante una atmósfera que no podía ser respirada.
Lo miró fijamente al banquero y le respondió, sí, para 24 horas, mientras volvió a colocarse la máscara buconasal para dirigirse a su apartamento donde vivía en soledad, incomunicado de las demás personas, teniendo como único contacto con el mundo el internet, desde donde podía ver videos de cómo fue el mundo antes de la pandemia que asoló al planeta y les dejó sin oxígeno para respirar, en ciudades aisladas, donde se pagaba de esta forma a los bancos, para poder respirar, porque además, nadie quería morir, a pesar de todo.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
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Julio Mauricio Pacheco Polanco


HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...