jueves, 23 de noviembre de 2017

LA RAZÓN DE SER DEL ÚLTIMO HOMBRE








Del que sobrevivió a este gran desastre, he quedado yo con la espada de mi Reina, preguntándome porqué hay guerras, si la vida vale menos que el oro que protegemos que respaldó el poder de este castillo donde en mis brazos vi en los ojos la dueña de mi gloria y deber antes de morir, una furia superior a lo desconocido de la muerte, si es que en sus palabras resonó el deseo de venganza antes de hacerme entender el propósito del porqué debo seguir viviendo, no solo para relatar las leyendas de los guerreros que murieron defendiendo la corona de la más inteligente y hermosa de este lado del mundo: “en nombre del amor y lealtad de todos los hombres que han muerto peleando a mi poder, solo podré descansar en paz cuando otra vez estos territorios vuelvan a ser la honra de quienes supimos gobernar y nunca conocimos el miedo, porque debes jurarme como último hombre fiel a mis decretos que no hemos muerto en vano, que nuestra estirpe nadie podrá borrar de la historia y que aquí, alguna vez, donde solo se pasea la muerte, hubo gente feliz y a la vez invencible,  creyente de nuestros propios dioses y, respetuosos de cada uno de los que dominaron estos parajes donde solo nosotros pudimos conquistar y vencer”. Y así, al verla dejar su final aliento entre mis brazos, sin moral para llorar por ella a quien debo estos escritos y por los cuales debo pelear y negociar con otros reinados para recuperar lo que fue nuestro y, en batallas crueles, entregamos todo, desde nuestras mujeres hasta los más niños, pasando por los caballeros que al empuñar la espada, con fiera mirada, en centenas de años, supieron brindarnos la felicidad y el apogeo que ha terminado, mientras desde estas paredes llenas de sangre en espacios amplios del castillo de mi Reina, en mi rededor, cientos de hombres en pilas, yacen sin ningún ápice de arrepentimiento, es puedo testimoniar que en sus ojos contemplo el coraje de los que están decididos a todo. Porque la espada de mi reina la tengo yo y, largo es el camino donde solo hay desolación y silencio, entre penumbras de largas noches que me esperaron como conocedor de todas estas regiones, para llegar a los aliados que temieron por el exterminio total de mi raza, en un recorrido de miles de kilómetros, entre montañas, clima gélido y ríos a cruzar, para tocar las puertas de los que hubieron de vengarnos cuando otros cantaron y bailaron y le hicieron el amor a nuestras doncellas ya muertas, profanando nuestros templos y quemando los libros de nuestra sabiduría, conocimiento que conservo y debo volver a escribir para en proclama testimoniar que existimos. Yo, el último hombre, al que no pudieron aniquilar los guerreros de poblada barba y ojos de metal, de haber emprendido el largo camino de la justicia, tengo vivos los recuerdos de los segundos sangrientos de la traición y ambición de otros bárbaros que vinieron, destrozaron todo y se fueron, por el simple placer de la guerra, de matar a guerreros de célebre nobleza, sin contar con la protección de la doncella de ojos amarillos y cabello blanco que secuestrándome de la pelea, sé ahora, es la hija del vándalo que trajo la ruina al lugar que pertenezco y, con brebajes milenarios, seducido en el lecho del amor que no se puede resistir, en la recamara de los hombres de honor, entre gritos de guerra y cantos de victoria llenos de burla, ofensa y humillación, al hacer el amor, supo decirme: “si me liberas del yugo de mi padre que ha traído sangre y muerte injusta al reino que perteneces, te daré los nombres de los reinos que quieren su cabeza y ruina”. Y así, al despertar en la recamara, luego del infierno en que se convirtió la pelea de los guerreros y haber tenido antes de morir a mi Reina, supe del camino y los Reyes a quienes debía buscar para crear la unión de la venganza. Heme aquí entonces en largo camino, solitario entre los solitarios, conocedor de todas las rutas de este continente, navegante de sus mares llenos de tormentas y bestias marinas, con la fuerza de la fe de los que tienen más que un propósito o misión que cumplir, porque al llegar al primer reino y ser recibido como se me fue dicho, en otras rutas, los hombres a caballo, expertos en las guerras para las que fueron preparados en una generación de 5 años por sabios que fueron comprados para mencionados fines desde otros continentes, lo que fue un hombre, ahora somos decenas de miles, buscando a esos vándalos que beben de la sangre de los hombres que han matado peleando, porque los crímenes hechos se terminan por pagar y siempre hay alguien más fuerte y decidido como experto en el arte de la guerra, siendo así que ahora me dedico a escribir libro tras libro, la sabiduría, tradición y credo del reino mío que no murió, cumplidos los deseos de mi Reina a quien vi morir en mis brazos bajo mi juramento, si acaso la doncella de ojos amarillos y cabello blanco ahora es mi aliada, cuando ya todo ha sido saldado y en nombre de los intrépidos guerreros que no conocieron miedo alguno ante la muerte, honradas sean sus memorias desde donde me dedico a escribir y hacer el amor con la muchacha que me dio una razón para vivir, antes de habérseme concedido el honor de hundir la espada en el pecho del vándalo que trajo tragedia y desgracia a los dominios de mi Reina y, escribo, lo que no pudo ser borrado de la historia, cuando me quedé solo, como el último hombre.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL ESCRITOR Y SUS MUCHACHAS








Esos atormentados poetas malditos, alojados en lujosos palacios parisinos, desconocedores de los favores de las muchachas francesas, de sus furores uterinos, más bien abocados al vino y las tristezas que les motivó escribir imprecaciones y textos resentidos o pesimistas, hasta ahora, desde su legado poético con Charles Baudelaire, el simbolista por antonomasia y propiamente marcado por un sino echado al desperdicio o, los desviados de Paul Verlaine y Arthur Rimbaud que, en vez de hacer caso a las nínfulas cuyo olor de vaginas era propio de primeras menstruaciones, con vulvas sin arrugas y vellos púbicos rubios, con carne precisa para darle golpe en nalgas nacaradas, duras y en segundos moradas de tanta furia merecida cuando se trata de ser feliz, cuando un hombre sabe cómo tratar a esas mujercitas que ansían placeres lejanos a las tardes de tedio y aburrimiento, muy bien descritas en los textos de Ítalo Calvino o Alberto Moravia, como Milan Kundera y todos los fracasos propios de esos golosos que contemplaron el paraíso en cada una de ellas sin poder saber del disfrute de los que saben dónde está la vida y qué es el amor.
Porque eso fue lo que le dije a la muchacha de esta mañana: pequeña princesa nórdica, el amor es una decisión, sabes que me enamoro y mi enamoramiento dura un día, que al día siguiente haré el amor con otra muchacha y estaré tan perdidamente enamorado de sus curvas, de sus senos blancos y turgentes y de pezones sin color, cuya piel no solo caliente arda en deseos sino, en saber del escritor que las domina a todas, el que disfruta de cada una de ustedes a pesar de llevarles casi más de 30 años y sin embargo verme favorecido por sus encantos y sumisiones, porque ahora mismo podría decidir quedarme contigo, y sé que no me arrepentiría porque tu derrier es el mejor que he conocido y sabes bien que he tratado en los lechos con muchas muchachas y que contigo de solo verte, pierdo la cabeza. Al estar sobre ella le pedí uno de mis caprichos propios de la apostasía de los que trasgreden los textos sagrados mientras con voz gruesa y dentro de ella, encima de su cuerpo de muchacha de 20 años, de piel trigueña y cabello negro tan largo que cuando la ponía inclinada en ángulo de noventa grados, con mis dos manos podía sujetarla con violencia y soltar una mano para palmotear ese divino trasero que yo dominaba. Repite conmigo, ¿qué quieres que repita, Mauricio?, solo repite conmigo. En ese entrar y salir de ella, soportando mis 100 kilos de peso, sintiendo su sexo caliente y húmedo, asustada pensó que se trataba de un conjuro sacado de esos Grimorios que se remontan al origen de los tiempos propio de encantamientos, hechizos y demás brujería que se roba el alma al momento de hacer el amor; no, no era necesario ello, meses atrás, mientras le hacía el amor, le había pedido lo prohibido: su alma y, ella, en pleno orgasmo, me la había entregado diciendo: sí Mauricio, te entrego mi alma hasta el final de los tiempos. Repite entonces lo que te diga, ¿qué quieres que diga ahora señor escritor?, entonces empezó con la cadencia de mujer complacida a repetir lo que le decía a su oído una vez que había acomodado su larga cabellera a un costado: “ Mauricio que eres mi cielo,  dame siempre tu leche cada día y, perdona mi lujuria, no me dejes de follar todos los días, líbrame de mis calenturas a cada momento, compláceme en todo momento, heme aquí como tu sierva, dispuesta a ser tuya para todas tus maldades, amén”. Debía recordar a la mujer blanca que estuvo en mi lecho, esa muchacha a quien esperé en la puerta de mi apartamento para sorpresa mía y darme cuenta que todas las muchachas que trabajan dando servicios sexuales en la ciudad se conocen, porque al bajar de su auto, sonreía de felicidad, una felicidad postergada de muchos meses desde cuando nos conocimos y no sabíamos cuándo seríamos el uno de la otra, no dijimos más nada, era una de esas muchachas A1 que estaba ataviada en una casaca de cuero elegante, un jean también negro que reventaba con unos muslos que supe, eran tan blancos como el de todas las crudas que me he tirado si acaso antes de finalizar, me entregó el número de celular personal, el que solo lo tiene para su familia, mientras me hacía un ruso pelado mirándome a los ojos, con esa maldad necesaria para que uno se enamore, prolapsada cuando la puse en cuatro sobre mi cama y con mis pies apoyados en el lecho y mis manos en sus hombros , le rompía el orto hasta sangrarle, un orto que ella le llamó: su huequito, un huequito sin color y con las estrías casi completas, hasta sentir el olor de las muchachas estreñidas, las que  no meconan y en el contranatura sienten la necesidad recién de querer ocupar el baño.
Haremos otra cosa entonces, porque te llevo 26 años de diferencia y bien podría ser tu padre, ¿qué quieres ahora Mauricio?, jugaremos  a que soy tu padre, a que mi eres mi hija consentida, a que estoy haciendo uso del derecho de pernada. Ella empezó a reír para mi dicha, para saber de la belleza de sus ojos, de su forma de mirarme, de su pericia para las que se saben buenas amantes, las que marcan territorio para robarse lo mejor de uno: el recuerdo, o en todo caso un escrito donde fuese inmortal. Le pedí entonces que pusiera resistencia, que fingiera una violación para que pudiera alcanzar el orgasmo en pleno juego: lo querría hacer Mauricio, pero cachas tan rico que si me violaras de verdad igual lo disfrutaría. Una jalada de cabellos mientras le ordenaba que se pusiera boca arriba y juntara las piernas para que en mi penetración sobre ella, mi miembro viril rosara su clítoris y la zona erógena donde se estimulan el Punto G las mujeres me encontró otra vez ante su rostro de placer, unos gestos de dolor que sé reconocer cuando ella es feliz, porque empezó a hacerme caso con su metro setenta, con su cuerpo de muchacha mortal, peligrosa, esas que son capaces de hacer perder la cabeza a cualquier hombre, las que los llevan a las bancarrotas a los grandes empresarios, las afroditas que inevitablemente los potentados han de llegar a conocer por ser unas campeonas. Y reía mientras le  repetía que era mi hija, que la Winchester que había comprado para que nadie se le acercara ante la amenaza de llenarlos de esquirlas hizo hacerle entender que ella sería solo mía, hizo que sus brazos empujaran mi gaznate para anularme mientras repetía: no Mauricio, no, por favor no, no me violes. Pero fue inútil, empezamos a reírnos y a disfrutar del uno y la otra, para perderme en su mirada, para cambiar de poses a cada momento, para de pronto sentir que ella se rendía sobre mi cuerpo esperando quedarse en ese reposo tan buscado para siempre mientras el amor era su sexo penetrado por el mío, su vientre latiendo muy pegado  a mi torso y, esos senos duros en total entrega mientras su cabellera enmarañada a voluntad se perdía entre mi rostro y mi cabeza, si mis manos la sujetaban con fuerza, reteniendo con furia esa cabeza que no sabía de anticonceptivos que hacen caer el cabello, con el olor fresco de las que se saben jóvenes y solo quieren hacer el amor sin refreno alguno todo el día.
Volví entonces a decirle, eso es el amor, una decisión, porque el amor dura un día, un día que puede ser todos los días si es que decidiera quedarme a tu lado siempre y, que en los adultos, sería reemplazado fácilmente por otra muchacha que también sería el amor a pesar que seas muy bella, porque te sabes endemoniadamente bella y lo eres, pero sé de las que se enamoran, de las que dejan revelar sus rostros y cuerpos desnudos antes de ser mías para siempre, como lo eres en este momento.
Se rio con ironía mientras los celulares no dejaban de sonar y que ella nunca contestó y en un instante de locura los apagó para que nadie nos interrumpiera.
Porque al inicio de este relato hablé de los referentes de la literatura europea, de esos escritores que afanosamente buscaron la vida, sin saber que la vida está en las muchachas que conocí y conozco, las que como le dije a ella, tienen la virtud de salvar a los suicidas, los que han perdido la fe y están en medio de un mundo donde todos estamos contra todos, mientras ella estaba sobre mí, mientras olvidaba a la mujer blanca que con sus senos frotó mi miembro viril, como las demás muchachas que me hacen entender una y otra vez dónde está el paraíso, si antes de despedirme le dijera: si Ernest Hemingway te hubiera conocido, no se habría quitado la vida, ese escritor viril por antonomasia, amante de las muchachas más bellas, boxeador por afición, cazador de leones en el África y taurómano por excelencia, ¿por qué?, qué pasó con él, ah, se quitó la vida por impotente o, mejor dicho, porque naciste tú a destiempo, muchacha que enciendes intensas pasiones, la ganadora del amor.



Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco
 

lunes, 20 de noviembre de 2017

LO QUE DECIMOS LOS MAESTROS DEL AMOR





No es cómo haces el amor, que al fin y al cabo, todos sabemos hacer el amor o, llegamos a ser unos campeones en los lechos, es lo que les dices mientras haces el amor, eso les revienta la cabeza, porque puedes reconocer dónde se excitan más cuando en ciertas partes de su cuerpo la temperatura está muy elevada y es allí donde debes saber acariciar, tocar, halagar, golpear si ves que ellas necesitan ese estímulo como unas reverendas palmadas en unas nalgas duras que se pondrán rojas y que ellas consienten para sentirse dominadas por un hombre de verdad, un hombre que tiene el miembro viril muy erecto y que ellas entienden corresponde a un grado de excitación que las hace sentir muy deseadas, muy bellas, muy sexys, porque saben que dentro de cada uno de nosotros los hombres, hay una bestia sexual, hay un semental que se pone furioso cuando está frente a frente a esas afroditas que nos hacen perder la cabeza y nos remontan a los instintos más atávicos.
Porque una cosa es que ella entre a la habitación y se quite la blusa escotada y de manera desafiante te enteres que no lleva nada debajo, que sus senos son poder, duros y propios de las muchachas que reclaman buen sexo. Porque la puedes poner contra la pared y erguidos estar dentro de ella y darte cuenta que al atrapar esos senos como quien acobija entre sus dedos lo que ellas consideran es su poder sobre nosotros y, si comienza a gemir y a mojarse más o alcanzar un orgasmo, no es que estés premeditando segundo a segundo cómo debes hacer el amor, te estás dejando llevar por el placer que ella siente y que incrementa el tuyo y te pone duro como esos truenos que atraviesan todo el cuerpo de uno y se convierte en eso que las muchachas llaman conexión, lo que antes solía llamarse química, porque si bien me lo dijera una mujer experimentada hace años: no es fácil para algunas mujeres alcanzar el orgasmo en una hora de sexo mientras sentía los flujos vaginales de ella mojarme en pleno clímax, entendí rápidamente que lo que se dice en el amor cuando se hace el amor, permite liberar de cualquier bloqueo mental que les impida sentirse mujeres en la cama, mujeres que temen no gustar por más bellas que sean, mujeres que entran en pánico cuando ven que su amante en segundos no tiene una erección o que necesita del sexo oral para poder recién penetrarlas.
Quizá fue porque le hablé de Mata Hari, la espía que hizo el amor en la segunda guerra mundial con medio ejército de ambos mandos, siendo impreciso pero certero al decirle que fueron algo de 50 millones de hombres que ella tuvo. Creo que eso le hizo entender que tenía derecho a ser feliz, a disfrutar del placer porque antes, otra mujer, en medio de militares de altos mandos, donde se jugó la vida como contraespía, llevando información que solo sabían generales que estaban en frentes de guerra que morían, soldados que en misiones especiales, tuvieron sexo antes de perder la vida, sin dejar de haber tenido la oportunidad de hacer el amor con ella. ¡No puede ser posible que haya hecho el amor con tantos millones de hombres!, fue lo que ella me dijo mientras practicábamos espontáneamente el amor a su manera y a la mía.
La felicidad es eso, no los celos, no la pertenencia, no el hecho de querer que las muchachas sean solo para uno y que lo mismo pase con uno para con ellas. Todo queda en silencio, si acaso nunca he dado un nombre de todas las muchachas que han sido mías, si acaso nunca lo haga, si acaso he sabido procurarme de las mejores en la cama y que tienen como fantasía ser sumisas, complacientes y amorosas. De esta suerte de cuarentón que le falta poco para llegar a los 50 años, testimonio que he estado con las mejores, sin distinción de raza o edad, aunque mis preferencias se basan en las veinteañeras, las más libres, las que aman como yo al amor, más no se enamoran como yo tampoco, a pesar de saber que siempre nos volveremos a encontrar algún fin de semana, sin celos, sin reclamos, a veces comentando de las muchachas que he tenido a lo largo de los días, pero siempre rindiendo pleitesía a eso que algunas feministas y machistas aún no entienden, porque tener un orgasmo conmigo o varios orgasmos, o que yo eyacule, nunca lo consideré como un triunfo mío sobre la mujer  o un triunfo de ellas sobre nosotros  los hombres. Es así el amor de los libres, los que no tenemos tiempo para perderlo en guerra de sexos, los que evitamos a mujeres que odian a los varones que como yo, supimos encontrar muchachas que disfrutan del sexo y, para nada son feminazis.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco


martes, 14 de noviembre de 2017

EL AMOR AL AMOR





Llevamos varios meses haciendo el amor y sé que nunca sabré tu nombre, te he hecho mía tantas veces y solo sé lo que me dicen tus nombres cuando me amas, ¿sabes que esto no es como el primer amor?, que ambos hemos conocido diferente tipos de personas, lo suficiente como para saber qué es el verdadero amor, y también ambos sabemos que si mañana no te encuentro, otra muchacha me amará como tú lo haces. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte en esta ciudad? Rió con tanta alegría cuando estando ella sobre mí, gritara a todo pulmón que era la más bella, mientras las demás muchachas, sentadas en el rellano que quedaba al lado de nuestra habitación guardaban silencio, una hora después las encontraría  silentes, sonrientes, reconociendo a algunas de ellas cuando tuve sexo intenso, siempre de manera diferente para con cada una, como si el amor propuesto fuera una invención que reventaba en mis apetitos y saberlas únicas, merecedoras de sensaciones que se volvían peculiares al saber que el sexo era original con esas muchachas  donde lo dicho en el acto era propio de lo que me inspiraban y, cada inspiración era diferente, creo eso haberlo escrito ya. Me quedaré unos años aquí decía mientras balanceaba su sexo sobre el mío y le pedía que juntara su pecho con el mío para sentir sus senos más cerca de lo que la sentía, dejando caer su largo cabello negro sobre mi rostro para que lo sujetara con fuerza, lo ordenara hacia un costado para ordenarle que me mirara a los ojos, siempre jadeando, con el rostro complacido y feliz, dejando que mis manos recorrieran sus muslos, abriera su derrier con fuerza mientras mis uñas se hundían en su piel. Unos años, pensé, ¿sabes que será así la frecuencia con que nos citemos?, formarás parte de mi vida por mucho tiempo entonces.
Una hora de sexo donde le pedí que se esmerase en que yo alcance el orgasmo a la vez que escuchaba esos temas de Emanuel, únicos, capaces de relajarle para su entrega, porque al sonar la alarma del cronómetro del celular, en ese mismo momento, luego de las más de 20 poses en que habíamos hecho el amor, sentada sobre mí, con mi miembro erecto y duro, pude sentir cómo venía en su orgasmo no solo mojando mi sexo, sino el edredón sobre el cual la hice mía.
Al desvestirla, la recosté sobre la cama para besar sus senos perfectos, duros, esos senos que supe proteger entre mis manos cuando erguidos entré totalmente en ella mientras me pegaba a su curvaba columna para sentirla muy pegada a mí, porque pedía más mencionando mi nombre, porque al momento de hacerme el sexo oral y yo acariciar su sexo muy caliente y muy húmedo, sabía que debía ser muy sincero, que hay veces en que es necesario decir lo que se piensa: “si te ordeno que me mires a los ojos, es porque sé que los recordaré en otros años, antes de morir, cuando lo mejor sea recurrente en ese viaje a un más allá del cual ignoramos todo y, pensaré que a tu lado fui muy feliz y ello compensó todo lo malo que tuve que pasar”.
Me puse el preservativo para penetrarla y llenarme de su sonrisa, de su risa maravillosa, de la manera profesional que tiene para hacer el amor, porque conmigo era así, no un servicio, sino una entrega. Publicaré probablemente otro libro en unas cuantas semanas, he escrito más de 4,000 páginas, entre poemas filosóficos y relatos de amor, relatos donde he escrito sobre todas ustedes,  aunque estoy indeciso, no sé qué publicar, sabes que no utilizo nombres cuando se trata de relatar los encuentros amorosos que tengo con ustedes, uso artículos y a lo sumo, mi nombre, Mauricio. Ella estaba debajo de mí, era una muchacha alta que no llegaba a los 23 años, demasiado hermosa y precisa para el amor, sumisa, complaciente y amorosa como solo sabe serlo con pocos. Publica los relatos de amor que tienes con nosotras. ¿Irás? Mi vida es tan aburrida, sí iré, necesito salir de estas habitaciones para ver el mundo de otra forma. Está bien, te haré caso, publicaré los relatos de amor y, dime, cómo te va en la universidad, cuándo acabas el semestre. En estas semanas. ¿Y dejas que te enamoren? No, Mauricio, no se lo permito a nadie. ¿Sabes que eres peligrosa?, que tienes el talento para hacer que cualquier tipo de hombre se enamore de ti y pierda la cabeza por tu amor. Lo sé, hay tres muchachos que están obsesionados conmigo, ya no quiero tener sexo con ellos. ¿Y quieres con ellos? Con ninguno, son aún muy jóvenes, de mi edad, señor escritor, no de 46 años que es la edad que tú tienes. Es que tú nunca eyaculas, puedes pasarte horas de horas haciendo el amor y no te cansas y cuando hablas o cantas, nos enloqueces, nosotras tenemos orgasmos tras orgasmos mientras que tú sigues como una máquina sin detenerte. ¿Sabes, me gustaría tanto que vieras lo que yo veo cuando veo tu cuerpo, que sientas lo que yo siento cuando te hago mía y estoy dentro de ti para que te des cuenta cuán feliz me haces?, podría decirte ahora, solo en este momento, que algo más intenso y que va más allá del sexo me haces sentir, pero eres como yo, ambos nos enamoramos y lo nuestro dura un par de días y, sabes que la próxima vez que venga, conoceré a otra muchacha con quien sea tan feliz como contigo, lo cual no quiere decir que todas sean iguales, quiere simplemente decir que son mejores que cualquier psiquiatra o alguna de esas psicólogas que aún no saben qué es la vida y que no pueden ni consigo mismas.
Faltaban solo 5 minutos para que la hora se terminara y le pedí que se esmerara, que me diera lo mejor de ella, que quería perder la razón y enloquecer con un clímax provocado por el intenso placer que ella me daba. Entonces vi el rosto de una muchacha satisfecha, complacida, vi el rostro de una veinteañera que alcanzaba un orgasmo que se les es negado a todos los citadinos, para luego, recostarse sobre mí y ver mi preservativo y esta vez no decirme que me había hecho la vasectomía si no, para observar mi líquido preseminal pensando que así era mi esperma como una mujer curiosa interesada en saber de mi simiente. Tu esperma es gris y transparente decía mientras con sus dos manos cogía mi miembro erecto. No, no es mi esperma, puedes vestirte, ambos sabemos que estaremos juntos por muchos años más, que tu harás el amor con otros hombres y yo con otras muchachas, pero ambos sabremos que entre los dos, hay algo más que un simple servicio y que cada vez que nos citamos, siempre es distinto, como te dije hace un momento, inventamos el amor en cada sesión que tenemos. Ella salió de la habitación con ganas de llorar, eso era normal para mí, mis mujeres lloran después de tener sexo conmigo, se llama felicidad, valoración, es otra forma de amor que pocas personas pueden entender, porque vi a todas las muchachas esperando en el rellano esperando a que saliera, para ver a la muchacha rubia, de piel rosada, sonriéndome como solo sonríen las que se enamoran de los hombres maduros como yo. Les dije que cuidaran a la muchacha con quien había hecho el amor. Volvería, la muchacha rubia que ya antes había sido mía no solo tenía las mejillas muy rosadas, tenía ganas de volver a hacer el amor conmigo. Volvería por ella. Era el amor al amor.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

lunes, 13 de noviembre de 2017

TRANQUILO COMO OPERADO





Y bueno, algunos aún siguen escribiendo, otros más bien se dedicaron a hacer dinero y envejecer, sin tener mucho tiempo para hacer el amor, más preocupados en las deudas con el banco, con sus empresas, porque no a todos les fue bien, sin embargo, los más afortunados, aún siguen solteros, estériles y sin que aún se les pare, otros se perdieron más bien entre noches densas de lujuria hasta perder la razón con su pareja, que para otros tantos más, los días son  un infierno entre mensualidades obligadas a pasar muy lejos de la mujer que les dio un hijo y que se acuesta con muchos hombres mientras estos pobres hombres se preguntan si el placer sirve solo para estropearles la vida, esa libertad que estaba llena de tanta ignorancia, porque vi a un tipo que quería cambiar al mundo vestido de payaso, animando fiestas, gastando chistes que ya no hacían reír a nadie, para una noche de concierto, estar enamorando a otras muchachas, luego de rendirse en su afán de ser un buen tipo mientras bebía hasta embriagarse, sin pensar en los hijos que tiene para mantener. Está bien, me dirás que la muchacha que no creía en Dios y que pertenecía a esa generación donde se creía en la revolución, terminó con su ONG católica, muy decente, muy lejana de sus años de loca, cuando hacía el amor con todos los muchachos que pudo, que dirás que tuvo suerte y en ello te doy razón, porque otras se fueron al extranjero y terminaron embarazadas para algún tipo que las abandonó mientras recuerdan a todos los muchachos a los que rechazaron cuando aún podían darse esas licencias, porque no todas se quedaron con el chico de sus sueños, unas tuvieron que conformarse con el primer tonto que no cumplió con sus expectativas, esas expectativas de las que estaban seguras, tan seguras como la vida en color rosa, como lo es la juventud, porque otros se separaron por no aguantar a sus mujeres y se fueron bien lejos, donde nadie pudiera encontrarles, para cometer los mismos errores que jurarón no volver a cometer, porque el gordito que quería ser mujeriego, ahora está podrido en dinero y, no me preguntes cómo lo hizo, pero ya va por el 15avo hijo en una de sus muchas mujeres, mientras se dedica a trabajar y es feliz. Y como dije, algunos perseveran en seguir escribiendo, pero yo no entiendo sobre qué escriben o para quién escriben ya que las generaciones son bien cambiantes, mira que la que era la más guapa, un día de pronto se enamoró de la muchacha que le quitó su novio y dicen que estos son tiempos modernos, que los psicólogos aceptan que no tienen la razón o, que los psiquiatras buscan a otros psiquiatras para que les traten, mientras que los que se fueron a las minas para hacer carrera tienen que soportar el roce diario de hombres y no tan bien hombres que, a pesar de tener ya un tercer compromiso les da por gustar de sus compañeros de trabajo, pero no me puedes decir que eso es novedad, no estoy escribiendo nada nuevo, como la muchacha que tenía el rostro de ángel y nunca ibas a pensar que abortaría, porque eso es de todos los días, quién sabe cómo es la economía algunas veces, ya que quieras o no, este mundo te da permiso para vivir cuando tienes dinero, y sí, el dinero te da todo lo que puedas elegir, desde una señorita decente hasta el mejor abogado para sacarte de los problemas en que te metes cada vez que te emborrachas, porque mientras escribo estas líneas, alguien jala unas cuantas líneas de cocaína para argumentar que los fármacos son solo para perdedores y, mira que algunos quisieron hacer música, y ya son abuelos y siguen con el cabello largo, lleno de canas y, sus mismos polos metaleros, con un rostro ahora arrugado pero sonriente, porque pensabas que el heavy metal era para personas peleadas con el mundo, cosa que ahora sé, no es así, porque los que se tomaron en serio eso de ser profesionales exitosos, nunca pensaron la cantidad de personas con las cuales tendrían que lidiar para tener todo lo que tienen, y si me vas a hablar de la universidad, vamos a hablar de lo mismo: nada ha cambiado, tal vez solo empeorado, pero eso se dice siempre en cada nueva generación, como las treintonas que se quedaron para defender el feminismo ya que ningún hombre que sea un buen  partido se fija en ellas y, llegarán a los 40 años y no habrá más tiempo para odiar a los hombres, solo tiempo para tener sexo duro, rudo, salvaje, con un muchachito inexperto que tenga buena simiente, esa inocencia necesaria para enseñar lo que es el amor, entre horas inacabables de sexo y demás fantasías abominables para las que alguna vez gritaron en las plazas: “mi cuerpo me pertenece”. Solo me queda calar un tabaco y probar un poco de mi té helado a la vez que escribo lo que he visto y vivido, si es que soy el último que queda en estado plácido, relatando lo que otros solo tienen que callar, antes que acabe la noche, desde esos bares donde las conversaciones son muy aburridas para los onanistas, o las discotecas: lugares donde muchachitas groseramente maquilladas se empeñan en atraer la atención del hijo de un ricachón que terminará teniendo sexo con ellas en una de esas  noches donde no recuerde nada, porque 9 meses después sabrá que es papá, porque aparecerán en las puertas de su casa justo con el bebé en los brazos, entre amenazas de ser desheredado o internado en un psiquiátrico, porque de alguna manera debe escarmentar para que no vuelva a meter la pata si es que todo esto tiene relación con el título del escrito: “tranquilo como operado”, porque le han hecho la vasectomía para que la fortuna de su familia no vaya a dar a más advenedizas cazafortunas que ahora forman parte de la familia.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

¿QUÉ ES POESÍA?, OTRA CANCIÓN DE AMOR






Poesía no es inspiración y sentirse poseso de un verbo
Que cuando habla, expresa lo nunca antes dicho,
Poesía es decir lo que se siente
Cuando se tiene a la muchacha amada
En el lecho donde debió ser la vida para siempre,
Haciendo el amor, como lo hacen los buenos amantes.
Poesía no son las palabras que Dios nos entrega
O lo que la Musa deposita en nuestros labios
O dejar fluir el teclado, para decir cosas lindas,
No, poesía es expresar lo que uno siente
Alcanzar la vivencia y el sentimiento
Y ser lúcido como se es pocas veces
Cuando lo que se dice, corresponde a la vida sentida.
No es poema un conjunto de palabras
Ni mucho menos, la búsqueda de éstas,
No es poema, una imagen difícil
Ni mucho menos, una cadencia melodiosa
Que es agradable a nuestros oídos.
Poesía es escribir lo que vale la pena
Cuando sabemos que todo lo demás estorba,
Poesía es saber decir te quiero, saber decir te amo
Sin necesidad de citar a otros poetas,
Es alcanzar la vivencia y entenderla con los 5 sentidos
Es saberse auténtico en lo nunca antes dicho
Mientras se hace el amor y solo existen dos cuerpos,
Una muchacha que alcanza el orgasmo y, yo
Un hombre feliz que sabe dónde está  la vida
Después de soportar los largos días suicidas.
Porque si sabes decir te amo
Porque si sabes decir te quiero
Y sabes que todo lo demás, ellas nunca más lo volverán a oír
Y cuando pase el tiempo, en el hallazgo de la soledad
Y todo lo que se dejó ir
Lo dicho quedará por siempre
De memoria en memoria
Hasta que sea un poema oral,
Lleno de frases más perfectas,
Hasta convertirse en un Cantar.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL HOMBRE QUE DERROTÓ AL SUICIDIO






No me digas que en el momento extremo lo diste todo por perdido
Yo soy el que dominó el territorio donde todo es extremo
Y de pie estoy, esperando las canas totales
Entre un millón de hombres que debí conquistar
Para poder escribir este poema,
Porque te podrán hacer terapias de electrochoques
Internarte injustamente en psiquiátricos por varios años
O dejarte en estado vegetal,
Pasar años sentado en las gradas de una Catedral
Sin afecto de mujer alguna, sin amigos con quién conversar
Sentir la soledad en el mundo sin un sol en el bolsillo,
Estar más bien lleno de deseos de justicia
Y comprender que el Poeta debe luchar no solo con versos
Sino desde dentro del mundo, creyendo siempre en El Bien,
Así el mundo carezca de éste
Así a uno lo tilden de loco por seguir creyendo en un mejor mundo.
De las traiciones podría escribir un extenso libro,
De la perfidia de la mujer ya he escrito algunos tantos
De mis decepciones he escrito más bien con serenidad
Hasta comprender que nada debo esperar de las personas,
La Ética es algo raro que nos hace diferentes
Y solo sirve para incomodar al resto del mundo que se dice decente
Mientras los ignorantes les dan su respeto sin saber cómo amasaron sus fortunas.
¡Ah, la vida de los miserables está llena de lujos y amarguras!
Porque rompí mi promesa de adolescente a los 27 años
Cuando me gané el derecho a pelear por mi vida
A entender mi derecho a ser feliz
Así sea solo con marocas, así sea con tabacos y té
Y muchas tardes en silencio, perseverando en lo que otros perdieron,
Porque si bien, los más fuertes, mantenemos en el frente la línea
Donde los corruptos están más allá
Me queda el sabor a La Patria hecha mía,
A la Libertad honrada y al Mundo en su intento de ser salvado.
Porque así escribo y he cantado
Y así despierto diariamente con o sin sol
Enterado de la realidad y de los que se quedaron sin alma,
Ya que no estaré solo los años que me he propuesto
Mi aporte es éste, invencible como es esperado por los verdaderos hombres
Para decirte que desde los desiertos hasta las montañas
Desde el mismo mar hasta la soledad de las horas
Creo en lo que pocos han encontrado
Porque estoy hablando de la vida,
Lo que es tu deber hallar, contra todo,
Es tu derecho.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco


jueves, 9 de noviembre de 2017

ESE EMBARAZO MISTERIOSO AÚN CON INYECCIONES ANTICONCEPTIVAS







No, ya le he dicho que no pienso hacerme la vasectomía. Buscaba su tarjeta para dármela mientras terminaba de estacionar su automóvil en la playa de estacionamiento. Mira que ya son 3 hijos y eso implica que debo trabajar más duro que antes, ella no quiere ligarse las trompas, yo no quiero operarme.  Pero y qué, ¿no se cuidaban entonces? ¡Cuidarnos!, 2 hijos, Mauricio, 2 hijos, primero fueron las píldoras, pero nació el segundo niño, consultamos entonces con el ginecólogo y nos recetó inyecciones hormonales anticonceptivas, naturalmente exigí el método más seguro, así que ella se inyectaba cada mes según como lo indicara el doctor y, mira que así estuvimos muy bien durante unos años, en realidad yo no puedo vivir sin sexo estimado Escritor, creo que nadie y, yo ya soy un hombre casado que perdió la costumbre de usar preservativos, siendo así que gradualmente se fue inyectando mi mujer cada 3 meses y todo iba bien, mi trabajo, los niños creciendo, la economía estable, por fin la casa propia y, los ahorros para el estudio de mis dos hijos. Es que tú no eres casado Mauricio, en los matrimonios el sexo es importante, no sé, una discusión y luego todo se soluciona teniendo sexo, un mal día en el trabajo y la evasión con el sexo, pero sobretodo, lo que muchos llaman: lujuria, porque el apetito sexual es muy fuerte, no sabes cómo se cuentan las horas hasta que sea la noche para que los niños sean mandados a dormir y así, poder hacer el amor toda la noche hasta decir basta para, empezar bien el día, no solo por lo que el sexo mismo representa: más vigor, más energía, buen estado de ánimo, moral para enfrentar los problemas cotidianos en el trabajo y, sobre todo, salud mental, esa seguridad que solo te otorga una vida sexual satisfactoria desde la que te puedes permitir enfrentar el día a día con mucho optimismo, el entusiasmo que se requiere para ponerle más ganas a todo lo que uno hace, porque eso no es solo con nosotros los varones, Mauricio, también es con nuestras mujeres, en este caso, mi esposa, ya que su apetito sexual es tan intenso como el mío, tanto como los beneficios que antes de te he mencionado y hace llevadera la vida; se me hace difícil entender a los solterones, esos hombres libres que tienen sexo casual con muchachas a las cuales se les paga para desfogar, como criollamente le decimos a nuestras necesidades sexuales. Ya, no me hables de ello, porque yo puedo tener sexo de 3 a 4 veces a la semana con muchachas veinteañeras y no la paso muy bien, es cierto, alguna vez conviví y entiendo lo que es la lujuria, era cosa de hacer el amor unas 8 a 10 veces al día y, es cierto, la vida era otra cosa, todo felicidad, todo perfecto, nunca antes el mundo fue mucho mejor que la vida de soltero que llevo ahora, donde debo acomodarme a tener sexo solo unas 3 veces por semana, pero lo que no me explico es cómo siendo las inyecciones hormonales tan efectivas para evitar embarazos no deseados, tu esposa ahora esté esperando otro bebé. ¡Años, Mauricio, años con esa bendita inyección!, y para qué, para ahora tener que reestructurar nuestras vidas, y digo nuestras vidas porque ahora son mis dos hijos, mi mujer y, el bebé que está por nacer, no, ni de a vainas, yo no me opero, no me hago la vasectomía. Y entonces, qué harás. Pues lo que todos hacemos, luego del parto haré que le liguen las trompas, cosa ya dialogada con el médico que trata a mi mujer y que ella no sabe, ¡es que son 3 niños!, de pensarlo siento que el mundo es tan enorme como lo es en realidad. Ya, no es fácil, nadie tiene el trabajo asegurado, además, pasan los años y uno como que va siendo relegado por profesionales más competentes dentro del mercado laboral y las posibilidades de sustento económico son menores para mantener a una familia, pero me desconciertas estimado, ¿me dices que las inyecciones anticonceptivas te fallaron? No, no fueron las inyecciones, las inyecciones son buenas, las habíamos usado muchos años, yo ya estaba de lo más tranquilo luego de hacer el amor todas las noches con mi mujer, hasta que una de las brujas de sus amigas le habló de la Rifampicina y ahora estoy jodido. ¿Qué fármaco es ese?, le dije a mi amigo mientras bajábamos del auto antes de despedirnos. Es un antibiótico que resta eficacia a las inyecciones, ella estaba tomándolo desde hacía un buen tiempo mientras que hacíamos el amor con más ganas, con más intensidad, tú sabes, fantasías sexuales donde se permitía todo lo que un hombre y una mujer pueden hacer juntos, yo estaba de lo más feliz, todo me iba muy bien tanto en el trabajo como con los amigos y el hogar, hasta que me vino con la sorpresa que estaba embarazada a pesar de estar protegidos por la inyección que ella muy regularmente se hacía inyectar en mi compañía por el doctor y la técnica especializada en este tipo de tratamientos, no, no me cabía en la cabeza, hasta que encontré de casualidad una cajita con esas pastillas entre sus cosas en una crisis de esas que te hacen poner la casa de cabeza hasta hallar la respuesta a lo sucedido. Cuando hallé la cajita con su posología y vi sus contraindicaciones, en ese momento recordé el día que nos casamos, cuando nos dimos el sí en  el altar y al besarnos, ella me susurró al oído: “tendremos tres hijos cariño”, cosa que después lo aclaramos luego del segundo hijo y, que creí, se dio por terminado el asunto en los que por años, tuvimos sexo feliz hasta este día en que debo romperme la cabeza, porque todo estaba resuelto, todo estaba marchando bien sin que esperara esto. Vaya, estimado, que me dejas sin palabras, porque si bien como soltero me las ingenio para sobrellevar la semana con 3 sesiones de sexo con muchachas liberales, cuando esté casado, qué me va a garantizar que la que sea mi esposa no haga eso. ¡Mauricio, no se trata de sexo, se trata de un nuevo niño!, pero qué me vas a entender si eres soltero, no un padre de familia que ahora debe sacar cara por otro niño más.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LO QUE RESTA DEL DÍA











Lo que resta del día sirve para tal vez leer mis primeros poemas
Cuando empecé el largo camino de lo original.
Las horas restantes deben ser cómodas y sin culpa
Para sentir la noche tranquila, escuchando un buen rock de los ochentas
Con el volumen propio de los que nada tememos.
Una buena hora para escribir por ejemplo, es ésta,
O tal vez memorizar con mucha ética: “no estaré para siempre aquí”,
Creo que así escribo siempre, pensando en ello.
Las sorpresas las tomo con cuidado, los malentendidos son gratuitos
Y llegan a cada momento sin pedirlos.
Escribir por ejemplo, ya que hablo sobre escribir
Es asumir mi responsabilidad ante quien me lea,
Así, cuando escribo: pasión, sé que no estoy mintiendo
Como lo sabe mi lector o lectora.
Hay una constante en cada artista
Que si se le diera la oportunidad de vivir 1,000 años
Nunca se dejaría de reconocer su voz,
A lo mucho se celebraría su sabiduría y tiempo no desperdiciado.
Pero ya que no viviré 1,000 años,
Mayor es la razón para cada palabra dejada en el papel,
Esas búsquedas que como te pasa a ti
Terminan en el cuerpo de una muchacha a la cual se le hizo bien el amor.
Yo puedo relatar de las veces que las hago reír en plenos orgasmos
O esos rostros cuyos ojos pensaron por vez primera
Lo que otro autor aún no escribió
He inspirado, entre sudor y ágiles movimientos
La primicia fue de ellas, antes que fueran en mis poemas.
Lo que queda del día puede servir para muchas cosas
Claro está si es que eres un hombre libre de culpa,
Porque si recién empiezas y no avizoras el camino donde debas estar
Debes enterarte que en la vida los hombres somos rituales que se consuman día a día.
¿Vencer en cada ritual?
Te diré que el ritual no fue hecho para vencer, sino para conocer,
Así nos hacemos sabios, así nos acercamos más a nosotros mismos,
Porque en lo que queda del día
Sin duda es merecido si llega con una muchacha ansiosa de saber sexual
A una película o un libro, o una aburrida conversación con amigos desde un café.
Procura joven lector llegar a estas horas,
Pueden ser las peores e insalvables,
Quizás entiendas que no todos merecemos la noche,
Quizá si seas sabio y prudente, comprendas que la noche no nos merece en
Sus calles aburridas donde nada habrá de nuevo en 5 generaciones
Solo más comercio, gente con canas y subida de peso,
Pasos apresurados para llegar a casa donde hay niños y no tan niños en el hogar
O muchos frentes desde donde tengas que luchar
Sea con las amantes o las deudas al banco,
Con más de 10 pastillas para la salud
Y un sueño que no podrás alcanzar, por más cansado que estés.
Lo que resta del día es solo un 1% de dedicación y esmero,
El resto es solo suerte
Y anda, vé a verla si no la encuentras
En lo que queda del día.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL CAMINO QUE RECORREMOS







La tarde solo puede significar una muchacha con la cual se hace el amor,
Una puesta de sol luego de una ducha tibia según la estación
Si es posible en invierno, frente al mar
Cuya única sabiduría sea la poesía entre ella, su cuerpo, y yo.
Todo intento de salvar al mundo en nuestras pláticas debe
Y reitero, debe remitirse al acto sexual,
Otra forma de participar aquí, en medio de la ciudad o donde fuera
Carece de sentido para los prácticos, para los que hemos recorrido largos caminos.
Entonces encendería con sumo placer un tabaco mientras pruebo de mi té helado
Para repasar las noticias sobre su cuerpo
Las novedades que me hacen sentir vivo, como cuando beso el secreto de su piel
Que me ha honrado conocer, para saber de su locura
De lo que ningún hombre antes supo.
Entonces escribiría entre coito y coito algún haiku o quizá,
Quizá dibujase su rostro en mi cuaderno de apuntes
Para saber en qué momento estuve vivo cuando fue a su lado
Porque sé que no todas las tardes son iguales,
Sé que hay tardes donde solo hay tabacos y té helados
Y la compañía de cientos de recuerdos, más nada, más nada,
Como lo son las horas cuando el tiempo es algo denso, pesado, enfermo,
Algo que se quiere evitar a toda costa, a pesar de estar erecto y entender
Que en esas tardes, ellas no estarán
Y así de esa forma podría explicar lo imposible de todos,
No de no tener a quien decir Te Amo, porque eso ya no lo decimos,
Sino decir: Te Quiero con mis labios recorriendo su piel tersa
Una piel peregrina y sin dueño, como lo son también mis labios
De largo recorrido, con la ansiedad de quedarme hundido en ellas
Hasta destruir las agujas del reloj y entender una vez más
Que es lo único que importa,
No que ella se quede a mi lado para siempre,
Yo no querría lo mismo para conmigo.
Pienso que es mejor así, entre preservativos, veinteañeras que vienen y se van
Y poemas bien escritos, en nombre de lo más sagrado y que todos buscan
Y que hallé en una tarde de desesperación, cuando la hora difícil me entregó a los brazos de ellas
Mi excusa para no ser un muchacho suicida,
Un hombre que no se tatuó.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...