domingo, 27 de agosto de 2017

EL HOMBRE QUE DEJÓ DE FUMAR TABACOS





No solo había recuperado mi olfato, puedo reconocer a los que está consumiendo pasta básica de cocaína desde sus habitaciones, por donde yo transite, reconocer el olor a marihuana consumida, el mismo olor del tabaco que salía de casa y que ahora lo siento por las calles a medida que me desplazo. Es curioso, puedo sentir los olores sexuales también, precisar si en esa casa acaban de tener sexo anal o, en la otra, la pareja ha tenido sexo vaginal o si es que ella tiene cistitis o infección vaginal.
No sé cuántos días estoy ya sin fumar, la verdad intenté muchas veces dejar el cigarro, sin éxito alguno que, cuando me decidí dejarlo, no anoté la fecha ni prometí nada, es decir, si iba a definitivamente dejar el tabaco.
Lo mejor de todo es que me siento libre, puedo pasear tranquilamente por la ciudad sin sentirme discriminado por las muchachas que con la mano de manera escandalosa apartaban el aire de mi lado como si yo fuera un apestado, pensaba en ese momento si a ellas les agradaría que hiciera lo mismo cuando estuvieran con la regla y sintiera el vivo olor a sangre podrida que se les cae de su sexo con el óvulo podrido, no, no creo que les hubiera gustado, pero como fumaba tabacos, no tenía argumento alguno para defenderme, ahora sí puedo hacerlo, porque soy un hombre vivido que no solo puede reconocer e incomodarse con el olor a menstruo de esas muchachas que pensaron que nunca dejaría el tabaco, sino que además, puedo reconocer el olor a preservativo que acaban de usar luego de una sesión se sexo, el olor del sexo mismo y sus flujos vaginales, el olor de los que se han excitado así sea entre varones solamente, lo cual me daría a entender que es un grupo de gays a evitar o, el que se dé entre mujeres, lo cual vendría a ser un grupo de lesbianas a evitar también.
Al despertar por la tarde sentí ese vivo olor a gebe quemado, alguien por la zona donde vivo estaba fumando pasta básica de cocaína. Si de por sí, el alcoholismo es una enfermedad mental dentro de los diagnósticos dados por la Organización Mundial de la Salud, la drogadicción lo es también. Recordaba el asco de las personas que pasaban por mi balcón cuando sentían el aroma a mis tabacos, debo entender lo sinvergüenza que son algunas personas, porque si bien, se fumaba bastante tabaco desde mi balcón, el aroma era tan fuerte que, me era imposible darme cuenta que fumaban pasta básica de cocaína todo el tiempo. Ahora que he dejado el tabaco, comprendo que en el lugar donde vivo hay dos tipos de enfermos mentales: los alcohólicos sin cura y, los drogadictos, gente sin moral ni escrúpulos, gente destruida interiormente y que se sabe nada en medio de los escándalos donde beben por horas de horas como lacras sociales, lo que bien se llama: despojos humanos que nada bueno tienen que aportar a la sociedad.
Y bueno, sin consumo de drogas, de alcohol y tabacos, con la potencia sexual de un muchacho de 18 años, con mis robustos 100 kilos de peso y un poco más, heterosexual y lector conspicuo de libros edificantes, incorruptible y amante de la moral, he de entender que esto es así en todas partes, que mi soporte emocional o psicológico se basa en todo lo que he aprendido y visto en mis casi 46 años, porque desde que vine a vivir a esta zona, he visto a decenas de ebrios y gente de mal vivir, o bien morir o desaparecer de la zona. Tengo esa certeza, que nada es para siempre, que los que hoy ríen a costa de alguien, mañana recibirán el mismo trato o bien ellos o sus hijos y, que ante esas circunstancias, ni podrán decirles a sus hijos: no bebas, no te drogues, no seas homosexual, porque no tendrán la autoridad moral requerida como para hacerles caso, mientras yo siga disfrutando de mis muchachas veinteañeras, siguiendo la filosofía de mi padre: “son mierdas Mauricio, y eso lo saben ellos muy bien, como saben que lo serán así hasta que mueran”.
No había nada más qué acotar, por mi parte, mientras escribo, no tengo ánimos de fumar ni siento desesperación o ansiedad alguna.
Soy más que tú.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco


¿QUIÉNES SOMOS LOS MUCHACHOS QUE NOS VAMOS DE PUTAS?






Cuando algo muere para siempre, otro forma se tiene para con el amor. Ya no hay paciencia para cortejar a ninguna muchacha, sabemos que están allí, a escoger, dispuestas a complacerle a uno. ¿Volver a creer en el amor? Lo intenté varias veces, pero fue inútil, las putas siempre me parecieron más sinceras, es decir, al menos con ellas sé que si están con varios hombres, no es necesario explicarlo u ocultarlo.
Esas muchachas, tan lindas, tan bellas, pero llenas de mentiras y amantes, claro que no merecían mi preferida atención, mucho menos mis sentimientos. No, no me quedaban ganas de pelear por nadie así de entero, contra todo. ¿Pensar que me sería fiel?, eso era perder el tiempo, las muchachas veinteañeras estaban a la espera de ser seducidas por cuanto varón con el cual hicieran contacto visual, lo demás era sencillo con sonrisas coquetas, jugueteos con las manos, una sesión de sexo donde se insistía en mentir diciendo que esto ha sido un error, no debe volver a pasar, como en realidad era esperado. ¿Yo tendría que aguantar ello?, es decir, estar con una muchacha que tenía una forma promiscua de entender al amor, ¿no era más sencillo dejar las cosas en claro si se tratara solo de sexo? Otra cosa era con las treintañeras, una pérdida de tiempo si es que se deseaba entablar una relación con ellas, porque ellas querían hacer el amor con cuanto hombre se les cruzara en el camino si es que estaban solteras o en relación de pareja, es que me pregunto, ¿tanto varón tonto hay que aguantaría ello? Ni hablar de las cuarentonas, buenas como amigas, pésimas como amantes.
Es así para los que conocemos estas lides, el amor, cuando decimos que nos vamos de putas, para sacarnos esa espina donde alguna noche creíamos en algo que ya nunca más será. Cuerpos de muchachas bellas en bragas, bailando y derrochando sensualidad, con el olor de su piel emanando de sus poros, piel desnuda, senos enormes y a elegir, muslos perfectos de muchachas altas y lozanas, vientres donde es necesario apoyar la cabeza, traseros que es necesario explorar, dominar, conocer y someter, sexos donde se paga por ser feliz.
¿Y si volviera tras los pasos del amor? No, mi confianza en las mujeres era una causa perdida. De mi largo aprendizaje, no hubo ninguna que se salvara de mi dedo acusador para a esta hora, en mis silencios, honrase la memoria de alguien con quien siento, merecí quedarme para siempre.
Es temprano aún para este domingo mientras me dirijo a un café, estas calles reúnen muchas historias, los hoteles que veo más, es extraño, hace años que no veo a nadie llorar por amor, gritar, reclamar a los cuatro vientos, hacer escándalos, jugársela entero y con todo por alguien. Creo que el amor es algo que pasó de moda, un sentimiento que alguna vez fue tomado en serio y para esta generación, algo poco razonable, quizá visto con frialdad, con recelo, con sensaciones a engaños e intenciones de hacer daño. Esas desconfianzas en torno al amor nos puso a todos, frente a frente, a las muchachas, como extraños, muy distantes del matrimonio, pensando bien en el precio de ellas, en cuánto dinero nos costaba el placer de una noche, en cómo el cariño era mercancía cuando no se quería estar solo y las nostalgias ganaban las horas del insomnio y las llamadas de los amigos empezaban a sonar de manera insistente: ¡vámonos de putas!, era la voz reiterada ante sí afirmativos. Nos íbamos de putas otra vez. ¿Alguien pidió amar otra vez?, creo que esa vivencia corresponde a la era de los dinosaurios, a la de los poetas falsos y que mienten en cada poema de amor.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

sábado, 26 de agosto de 2017

LO QUE NO SABÍAS SOBRE LAS SILICONAS





Entonces no pueden estar mucho tiempo sentadas, pensé, mientras tocaba esos senos que conocí cuando otras formas tenían, las formas propias de una muchacha adolescente, no los que ahora tenía, los de un par de blader’s inflados que, entre mis manos, debían ser tocados con cuidado para que no se salieran de su lugar, para que no se dañasen. Volví a pensar en las modelos que se habían hecho implantes de siliconas en el derrier, en que ya nunca más podrían estar mucho tiempo sentadas, temiendo dañarse y perder la forma por la cual habían pagado fuertes sumas de dinero, solo para sentirse más bellas.
Ya no era igual, me gustaba sentir sus 65 kilos en su metro setenta, mientras sobre ella, descansaba mis más de 100  kilos a la vez que la penetraba. Algo había cambiado, las posturas para el amor estaban supeditadas a sus senos, a que no fueran dañados sus implantes, casi para ser preciso, a que no reventasen en pleno acto sexual. Intenté en el piel a piel hacerle el amor en las posturas que más la deseada, pero era inútil, no podía estar sobre ella mientras la hacía mía a mi manera, tenía que acomodarme a unas bolsas duras que le quitaron todo lo sensual a la sesión de sexo. La preferí con sus senos de adolescente, la preferí como la conocí. Para el amor, es importante cómo se vea una muchacha, pero, para el amor, es más importante cómo se le sienta al momento de hacer el amor.
Tuve ganas de calar un tabaco. Apagué mi ansiedad cantando una canción de David Bisbal a la vez que sentía nostalgias de las primeras sesiones de sexo donde podía someterla sin temer hacerle daño, porque ella se entregaba y los manazos en su trasero o el jalar de su cabello venían acompañados de un frenesí, haciendo la sesión algo más que simple sexo, el arte del amor hecho realidad. No, no debió hacer eso, a pesar que se le veía tetona, ya no era una mujer a quien podía amar, eran unos senos que se interponían entre mis deseos y los de ella, unos senos de silicona cuyos pezones besé para quedar desencantado.
A la hora de siempre, justo cuando paso por el centro comercial, ella sabía que la reconocería estando de espaldas, con su cabello pelirrojo, su talla igual a la mía, es decir, un poco más de un metro ochenta con zapatillas, sus gafas oscuras ocultando sus ojos celestes, su misma apatía reclamada al guardar silencio a mi paso, en evidencia de saber yo que me esperaba. No era más la rubia de ojos celestes de quien creí estar enamorado hacía 10 años atrás para ser preciso. Si vas a guardar silencio, me voy a aburrir, le comenté. Es mi forma de ser… su forma de ser, su forma de ser, pensé en ello mientras me despedía, ¿para qué me esperaba si no iba a hablar?
Y la miraba a los ojos, la muchacha aún era joven, no llegaba a los treinta años, un día sería como la pelirroja, un día no tendría ánimos ni para hablar, un día el amor sería algo lejano y tan predecible, sin sorpresas ni impresiones que llenasen de entusiasmo la vida.
Al retirarme, pensaba en muchas cosas a la vez, en cómo sobreviví a este mundo como cuando le pregunté a ella, ¿qué haces aquí? Pasa señor Escritor que soy una joven independiente que ejerce el meretricio para pagar sus estudios y no quiere depender de nadie, estoy aquí como la mayoría de muchachas que has conocido, por decisión personal. Es mi trabajo.

Lo peor de todo es que todos los anuncios que hay en la web sobre muchachas nuevas en la ciudad forman parte de un WhatsApp donde nos conocen a cada uno de los que llamamos, o bien por el nombre o, las características de los tontos como yo quienes damos nuestro nombre y oficio.
Al menos llevo varios días sin fumar un tabaco. No, no me hice la vasectomía. Respondí a su pregunta cuando quiso saber por qué nunca eyaculo. La respuesta era simple y se la di: solo eyaculo cuando estoy enamorado, cuando hago el amor con la muchacha que solo a mí me pertenece. Tú no me perteneces ni yo a ti, es solo placer por placer; el orgasmo, ese solo lo siento cuando marco mi territorio con quien es mi hembra. Tú no eres nada de mí, no tendría por qué darte mi leche. ¿Y entonces por qué vienes cuando en realidad aquí vienen los hombres a desfogar? No había mucho qué meditar sobre su pregunta: pensaba que el placer eran mis ojos observando a una bella muchacha siendo poseída, pero las mentiras no duran siempre, lo he pensado desde la vez pasada mientras le hacía el amor a la otra muchacha con la que me viste salir de esta habitación: me cansé de meterla y sacarla por sus bocas o vaginas, siempre estoy erecto y no logran que eyacule, no lo logran porque no se entregan como sí se entrega una mujer enamorada. Descuida, no es personal, haces lo mejor que puedes, pero pasa que ya no te siento chévere y no debe serlo siempre conmigo o con todos, el amor acabó contigo, es decir, el deseo. Recordaba la carencia de expresión de la pelirroja mientras subía las gradas dejándola en plena calle, ya no era la mujer de hacía 10 años atrás que me inspiró a escribir una novela. Ella ya había conocido al amor en su plenitud con relaciones largas de amantes con los cuales experimentó todo, casi a la par con la muchacha con quien hice el amor. ¿Los tres estábamos equivocados? Solo sabía que de retorno a casa en el bus, no sentía ganas de fumar, mi libertad estaba intacta, quizá era el último hombre libre en la ciudad, y no lo sabía.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

viernes, 25 de agosto de 2017

SOLEDAD FRENTE AL MAR






¿Quién tiene más posibilidades de ser feliz?, quien ha vivido experiencias parecidas y sabe qué errores no debe volver a cometer o, quien en el aprendizaje, se conoció y, decidió acabar con la experiencia negativa, para hacerse más fuerte.
En este caso, ella está desde lo alto de un cerro, rondando en torno a una torre de alta tensión. Es así todos los días de su vida, reitero, todos los días es lo mismo o, así debió ser mi vida, si era el que debía estar en ese cerro, protegiendo esa torre de alta tensión, en nombre de algo que muchos llaman: amor.
Desde la placidez de mis noches, soy libre de poder llamar a quien desee, sin dar explicaciones y, si necesitara hacer el amor, para luego dirigirme a un café, ordenar un agua de soda, puedo hacerlo en total libertad, mientras contemple la ciudad junto con sus personas como si fueran un universo donde todos parecen estar atrapados, menos yo.
Quizás a cada emoción aprendí a llamarle por su nombre, así, cuando sentía ganas de expresar cariño, entendía que eso era cariño, qué es el cariño, si con cada emoción, como: ausencia, soledad, desesperación, felicidad, placer, alegría y todas, todas cuantas engloben al amor y, sirvan como conocimiento de éste para reconocer en las demás personas lo que uno ha vivido, entiendo que lo que sentí alguna vez, correspondió a alteraciones en mi bioquímica donde, siguiendo el proceso normal de reproducción, mi organismo se preparaba para el apareamiento, si es que debo ser más objetivo al momento de explicar qué ocurrió.
Ser más fuerte que la bioquímica de uno o, eso que llaman: amor. Déjenme decirles que yo fui más fuerte, tan fuerte que después del desamor, me llené de vivencias donde desde entonces soy feliz, con cada nueva muchacha que conozco, sin que necesariamente se estreche algún vínculo entre ellas y yo, si acaso disfruto de una libertad que pudo ser diferente si la hubiese embarazado y ahora, otras responsabilidades afrontara.
Pareciera que el causal de que las personas se aboquen al trabajo no es necesariamente el querer ser independientes sino, el haber embarazado a alguna muchacha y con esto, el haber contraído obligaciones por Ley para, pasar una pensión, así sea desde la cárcel, entre trabajos forzados, para el hijo  o hija que fue producto de un placer llamado: amor. Lo entiendo ahora así.
Entiendo que no sería libre, que otra visión del mundo tendría ahora, que lo que vivo es justamente lo que añoran las personas como ella, quien observa pasar sus días desde lo alto de un cerro, la soledad del mar, cuidando una torre de alta tensión, cuando en su momento, en nombre del amor, me pidió que hiciera eso por ella, que yo tuviera ese trabajo, para que pudiéramos estar juntos y poder de esa manera ser felices.
Alguien le prometió estar a su lado cuando más falta le hiciera, alguien le juró lo mismo que yo le juré, alguien le dijo que la amaba tanto como yo y, alguien también estuvo dispuesto a trabajar en la punta de un cerro por ella, para poder ser felices y estar juntos y, alguien que le hizo creer que ya no me necesitaba, que podía prescindir de mí, le dio sexo por un buen tiempo, un par de años, lo necesario como para no necesitarme, lo suficiente como para aburrirse de ella y dejarla, hasta aquella mañana en que me esperara por donde paso siempre, al medio día, para pedirme que volviéramos, ante un extrañamiento mío, cuando ella no significaba nada para mí, luego de haber disfrutado hasta ese momento de algo de 100 muchachas y, escrito 3 libros sobre sexo.
No soy de reprochar cuando algo no me interesa. Escuché sus palabras, pensé en el destino que me habría esperado a su lado, como esta noche en la que ella ronda alrededor de una torre de alta tensión, mientras desde la comodidad de mi estudio escribo este relato, pensando en el tipo por el que me dejó y que la dejó a ella y yo, enterado de cómo evitar embarazar a las muchachas, sin que sienta pena alguna o recuerdos que signifiquen algo, tengo la certeza que tuve mucha suerte, mientras pruebo de mi agua de soda y veo mi agenda para llamar a cualquier muchacha para hacer el amor, sin que tenga que enamorarme, sin que surja compromiso alguno, mientras ella ronda, ronda pensando en lo que pudo ser, tratando de hallar el error que dejó ir, en medio de su plan perfecto, para no quedarse sola, definitivamente.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

jueves, 24 de agosto de 2017

LOS CONSEJOS QUE NADIE ESCUCHA







Te puedes creer muy listo, pero no escarmentarás hasta el primer aborto, el segundo, el tercero, hasta las venéreas u algún contagio mayor, pero, eso viene a ser lo de menos ya que, una boca qué alimentar te quitará las ganas de tener sexo si es que el cansancio del trabajo te llene de preocupaciones y solo tengas cabeza para cumplir con tu trabajo hasta fin de mes, para no perder el empleo.
Es que me dirán que hay gente que lo tuvo todo y que tenía que triunfar sin mucho esfuerzo y, yo les diré que es cierto, pero como al igual en las universidades, para pasar de año, solo quedarán los que se comprometan a seguir severamente lo ordenado por la cátedra, hasta llegar a ese filtro donde solo han quedado los más obedientes, los que se quedaron sin personalidad, incapaces de contradecir hasta en el error adrede de su superior, de igual manera, no hay espacio para los libres aquí, porque los libres hablan de otra manera, tienen cosas muy distintas qué decir, todo un verbo y una sabiduría que es extraña para sus coterráneos. Así explico a ambos tipos de personas.
Uno llega hasta donde sus antepasados siempre llegaron, ni más, ni menos, bajo los mismos principios y azares. Si de esta manera se desarrolla el orden establecido y, el joven lector no estuviera conforme con lo que ve y vive, le diré que aplace su inocencia, que cuide mucho de sus lecturas, que no porfíe en llegar a la edad de la razón antes de tiempo, he visto a tantas personas prematuras o precoces fracasar, he visto a tanta gente lista cometer errores impensables para ellas, he visto gente tan poderosa en los manicomios o las cárceles y, he visto a las personas a las cuales se les dio no una segunda sino, una tercera oportunidad, volver a cometer los mismos errores por los cuales su vida se desgració que, me resulta difícil entender a aquella gente cuando tiene consejos para todo el mundo pero nunca para sus flaquezas.
Sé que debería ser más justo con algunas personas, pero a lo largo del día siempre hay alguien que se desquita con los demás, lo cual me hace meditar si es que es necesario amargarse al empezar el día con diálogos donde se pierde el tiempo, esas discusiones donde nadie se compromete con la mínima voluntad de conciliar hasta llegar a un acuerdo.
Recuerdo un mediodía sentado en un restaurante que quedaba al lado de la casa donde vivía que, era de un pariente, cuando no salía de mi asombro al ver rodeada la mesa que compartía con mi padre, por mendigos que metían mano a los platos donde nos servíamos el almuerzo ante mi interrogante: ¿qué sucede?, luego que el dueño del restaurante los expulsara diciendo que había que ser así con esa gentuza, que no había que tener piedad con esos desgraciados que si estaban así en esta vida, era por algo, si acaso le di la razón a ese norteño que sin que yo supiera qué razones le hizo venir desde tanta lejos con su familia a esta ciudad, para que meses después ya no lo viera ni por la zona donde vivía en ese entonces, ni por ninguna otra parte de la ciudad, alguien me dijo que sigue viajando de ciudad en ciudad, que la paz es algo que desconoce, mientras prepara platos norteños para comensales de gustos cada vez más arraigados.
Porque luego de escucharlos y enterarme que era una banda peruana que hizo música por los años ochenta, me pregunté por qué ese tema no fue un hit internacional, puesto que tenía desde la melodía, pasando por la letra, hasta los mismos integrantes idóneos para triunfar. Haber escuchado ese tema casi 30 años después me hizo pensar en los que triunfan en este sistema, es decir: ¿llegamos a conocer a los mejores de cada generación?
Y es que la gente enterada de esta forma de justicia que en el mundo está repartida, donde la gente confunde una cuarta oportunidad con un: “haré lo que se me dé la gana”, para luego quejarse de su mala suerte porque, los verdaderos consejos, los que parten de su aprendizaje y experiencia solo sirvieron para decirles: ahora sé más listo, total, ya has aprendido bastante, sabes qué errores no cometer.
Si tan solo alguien les dijera que no por conocer mucha gente, uno es muy querido o, no por mucha fiesta mucha sea la felicidad, que a veces el silencio y el respeto son la base para la sana convivencia y, que a veces poco es mucho y, mucho es nada, claro está, según cada quien que los libros no los escriben siempre los más sabios sino, los mismos de siempre, es decir, los compadrotes de toda la vida, dentro del mundo entero. 


Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

domingo, 20 de agosto de 2017

CUANDO EL AMOR TE INSPIRA




Puedes ser contra todos
Sin importar la cantidad de personas,
Pueden inclusive ser miles
Unas manos decididas a todo
Si es posible una ciudad a dominar,
Eso es amor,
La fuerza que has de conocer,
El corazón que en ti ha de latir
Cuando la leyenda de todos te llame
Para cruzar las trochas angostas
Sin sentir miedo,
Al lado de la muerte,
Solo para hacer el amor
Con la muchacha que te enseñó lo que es el amor.
¡Ah, pero de esto qué saben los poetas!,
¡Qué sabe el novelista sino crear ficciones!
Nadie pidió nunca que el muchacho tranquilo
Fuera un día más fuerte que el mundo entero,
Nadie pensó que el que era débil
Poseído por tan fuerte inspiración
Descubriera el elemento del hombre
Decidido a todo
Para saber de los besos de su amada,
Porque cuando llegue la hora del amor
Nunca serás consciente de quién has llegado a ser,
Cruzando las trochas angostas sin miedo,
Al lado de la muerte
Todas las noches,
Solo para hacer el amor,
Con la muchacha que te enseñó que era éste.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL HOMBRE QUE MEDITÓ




Aprendí que no siempre los mejores ganan, que los mediocres viven una mentira que ellos mismos no se la creen, que no siempre las luchas nobles son escuchadas, que los líderes terminan en los psiquiátricos y, los Dictadores en la cárcel, que nadie escapa a una Ley donde todos sabemos, los dirigentes que representan a los gremios, se dejarán comprar ante la primera oferta por parte de los que ejercen el poder, porque creen que el mundo es así, porque vieron que sus mentores hicieron lo mismo, porque llegado el momento saben, todos han de darles las espaldas ya que nadie puede contentar a nadie y, nadie debe contentar a nadie, porque nunca nos pondremos de acuerdo en nada, dentro de este sistema y, ni los unos, ni los otros tienen razón; los corruptos han de ir presos llegado su momento y, los ambiciosos que en base a traiciones y oportunismos han de saber de la soledad tarde o temprano, para meditar sobre las formas correctas de proceder que se debe hacer para ser personas de bien, pero, no existen ni personas de bien, ni nadie sabe cuál es la ética que nos señale los caminos correctos para ser personas de bien si es que las hubieran, si es que escribo en nombre de los que deben hacer grandes sus apellidos, los que tengan una historia digna de ser leída y, que deje un mensaje diferente a todo lo que nos rodea, cuando cansados de ver lo mismo día a día, encontré dos formas de silencio: la de los sabios que callan para entregarse a sus bellos pensamientos y, la de los que callan porque no saben nada y, avergonzados temen expresar sus pensamientos porque solo tuvieron tiempo para hacer dinero, de mala manera, robando, estafando y mintiendo, humillando a otras personas que harán lo mismo con el más débil, sin que acaso pueda dar fe que haya encontrado alguien bueno, si es que trato de recordar en términos de justicia, alguien que tenga aún corazón y pueda hablar en nombre de los que están creciendo, los que aún no han dado el discurso que represente a su generación, como lo hice en su momento y vi, mi voz multiplicada, en detrimento de lo que quise decir, usada para otros fines, por otros intereses y, acuñada con otros nombres, como está mal escrito en la historia y, como en vida expongo ahora lo que hice e intenté una y otra vez, no por vanidad ni búsqueda de fama: las citas con la historia a mi entender, son una concatenación de hechos con apellidos y ciudades e historias, desde donde se tiene que demostrar muchas cualidades, no para vanagloriarse, sino para dar fe que el ser humano es más fuerte que todo lo que se le imponga para su derrota, cuando ésta es conspirada por no soportar escuchar esos gritos y voces fuertes que perseveran en decir las verdades con las cuales los hombres conviven, destruidos moralmente, silentes al llegar a la noche, incapaces de querer hacer algo por los demás, prestos siempre de inmediato a destruir a todo aquel que sobresalga o sea diferente, diferente en nombre de la virtud, de la resistencia, de los ideales con los cuales ahora me siento a escribir lo que he meditado durante largos casi 46 años, desde donde empiezo mis verdaderos escritos, desde donde debe imponerse lo que ha estado llamado hace centurias imponerse y no se impuso, por flaquezas, debilidades o falta de temperamento para enunciar lo esperado, como llego yo ahora, en el momento debido, para volver a puntillar: soy la justicia, mas no del hombre simple, al cual conocí y no me atrevo a defender, ni mucho menos al letrado y erudito, a quien también conocí y, desde sus vilezas, condeno también por su carencia de sinceridad, por su comodidad y cobardía para no llamar las cosas por su nombre, si es que debo volver a lo que escribí al principio que, nos enseñaron todo de una manera errada y, nos hicieron creer que esa era la manera correcta de hacer la historia, para la impotencia de los que creyeron en un mundo distinto y en el momento de la realidad, cuando se llega a conocer bien cómo funciona este sistema y qué importante relación tiene con nuestros sueños, contribuya a la pérdida de la fe en el ser humano, a la pérdida de la fe en sí mismos y a hacer más grande este sistema, donde todo se basa en la mentira y la estafa, en las felonías y los crímenes impunes, desde interpretaciones de leyes alejadas de la verdadera justicia, hasta los laureles otorgados a quienes ni sabiendo escribir o, los que acusaron de corruptos al mundo entero dentro de la historia como Diógenes, lo hicieran luego de haber perdido el imperio de sus estafas, si acaso es listo y truhan el pillo, educado en ese arte y, protegido por la historia, para que sea recordado como un paradigma en lo que más adolece este mundo: la honestidad, las manos libres de dinero sucio, las manos que sujeten los libros verdaderos que nunca llegaron a nuestras manos, esos libros que ofenden a los lectores mediocres de este sistema, los llamados a llegar a la generación que deba salvar este mundo, sin que eluda mi responsabilidad desde mis escritos, hasta donde sea mi conocimiento, en nombre del deber.
Porque debes saber esto joven lector, el libro es malo, pésimo, absurdo, inservible, cuando no se le entiende al autor o, cuando dice cosas que rápidamente nos damos cuenta, no son sinceras o, son malintencionadas. Todo libro es un discurso de párrafo a párrafo, escrito con el pulso tenso desde las muñecas, en dura brega por decir lo que las mayorías callan, si acaso, cierres desde estás primeras páginas el texto, por sentirse sucio, vil, indigno, no merecedor de la fuerza de las palabras con las que mis palabras te ofendan y recuerden que eres un pésimo representante del ser humano, alguien en quien no se puede confiar, alguien que no merece el mundo que se soñó desde siempre y, al dejar de leerme, recuerdes todas tus mentiras, todos tus crímenes, todas tus traiciones y, todo el mal con el cual has hecho fortuna o destruido a muchas personas. Si por el contrario, sigues en la lectura, será porque estoy frente a frente a un joven justo, alguien que tiene la visión de los verdaderos líderes, de los que no se callan, de los que no se corrompen y saben o sabrán en su momento, del precio alto de lo que significa mantenerse fiel a los principios que nos enseñaron a todos y que los perdieron, por unos miserables billetes que ahora les llenan de odio, de existencias vacías desde donde se saben nada, solo hábiles para seguir delinquiendo y destruyendo el paso de los que perseveran en la ética de los que merezcan la libertad, el ser ciudadanos y responsables de la historia, de las generaciones que merecen una vida digna, donde sus derechos sean oídos en la medida que sean personas justas, honradas en su conducta, valientes en su proceder y, tan solitarias como la senda de los que van por derroteros que he encontrado y sé, nadie ha seguido o, nadie ha podido continuar, desde sus fracasos o derrotas compensadas con monedas, donde se les es intolerable soportarse a sí mismos, porque si bien, aprendieron entre ellos a convivir mintiéndose sus falsos logros o, sus sabidurías torpes sobre lo que pretenden enseñar sin saber, a fuerza de comprar con sus fortunas mal habidas, reconocimientos que  nadie cree pero que todos aceptan, porque creen que así debe ser siempre, porque así sus maestros les enseñaron que procede el mundo, porque en eso consiste su limitada sabiduría y así, enseñan a sus hijos, los forman, con certezas propias para un sistema donde lo corrupto exige tales formas de ser, nunca fue suficiente para la soledad de sus pensamientos, cuando parados frente a frente a sus espejos, sepan que todo es falso, desde lo que calla el sacerdote, hasta lo que dice el Presidente, pasando por el pobre que se deja comprar por unas monedas sin importarle los delitos a cometer, hasta el letrado que se sabe podrido de espíritu y necesita de lambiscones que le repitan que no está equivocado, que el sistema procede así, que es un hijo de puta, es decir, una gran persona.
Llego en un momento donde los libros mienten o son escritos a voluntad perversa, con intensiones premeditadas; llego en un momento donde los viles se ensañan con los justos; llego en un momento donde lo corrupto es denunciado diariamente; llego en un momento donde el ser humano se está degenerando; llego en un momento donde hay naciones ricas que no saben qué hacer con su riqueza mientras buena parte del mundo se muere de hambre y, llego en un momento en el que los que se mueren de hambre hacen cualquier cosa con tal de tener el vientre lleno, mujeres fáciles que se venden que traerán hijos a este mundo, con la convicción que así es la vida, que esto que escribo está errado, que quizá piensen, no haya conocido el hambre, la carencia de lujos, la soledad total dentro del mundo, el rumiar anonadado con fuertes sedantes desde los psiquiátricos sin casi poder pensar, el deseo de justicia, el conocimiento de los que sintieron frío en las calles, el arrebatamiento de los proyectos que fueron ganados pero que no tienen espacio dentro de un sistema donde no es dable ser honesto, honrado, incorruptible, librepensador, heterosexual, con la libre determinación de elegir su destino, desarrollar sus talentos como personalidad, si acaso, esto no es dable, porque llego en un momento donde unos a otros se destruyen, se hacen la vida intolerable, donde los más fuertes atropellan a los que dependen de ellos y, donde nadie quiere elevarse o levantarse contra ellos, porque es más fuerte el hambre o las ganas de hacer el amor, que tener decencia u orgullo, amor propio, principios desde donde se entienda a la ética y, llego en un momento donde el mundo se delibera segundo a segundo en una gran guerra mundial y donde nada parece que cambiará, porque pareciera que llego en un mal momento, si no siempre así ha sido la historia del hombre: momentos donde comprendemos, no hay respuestas que solucionen eso que escribieron hace décadas llamada: condición humana. Y no las hay, ni de parte de la ciencia ni de los que predican religiones y dioses, porque la ciencia y los que representan a sus dioses, también mienten, si acaso el conocimiento no ha sido divulgado en su totalidad, porque el hombre no está preparado para controlar toda la información que bien podría desencadenar en atentados si es que fuese información de ingenierías y, que en consecuencia, algún desadaptado construya bombas nucleares y se le ocurra destruir al mundo o, alguien informado en Derecho, empiece a delinquir amasando fortunas cuantiosas, sin que la Ley le pueda penalizar, porque conoce cómo hacer uso de ésta a su favor hasta robando y siendo protegido por ésta.
Porque llego en un momento que es un lugar común, una tradición dentro de la historia del hombre, cuando entiendo, todo el que puede, hace lo que le da la gana, sin importarle el daño que infrinja en quienes sean sus víctimas, sin sentir arrepentimiento alguno, disfrutando del daño infringido, acusando de locura en esa conducta, en un sistema donde contradictoriamente el victimario sale impune y, la víctima en un psiquiátrico, conociendo la tragedia de los desprotegidos, de los que han de ser extraños en su tierra por siempre, por ser usados como chivos expiatorios en un sistema donde los verdaderos enfermos abusan, atropellando los derechos de los demás, sin que nada les ocurra, hasta la hora donde se vean frente a frente y, entre ellos se empiecen a agredir moral como psicológica y físicamente.
Es raro por tanto encontrar alguien en quién creer, porque el ser humano carece de respuestas para sí mismo, el ser humano no sabe cómo solucionar su vida; los terapeutas no saben cómo guiar sus vidas y, sin embargo deben tratar a personas que les piden consejo cuando se les necesita. Odiar, el odio es algo tan presente que hace a las personas ir de lugar en lugar, buscando paz, buscando aceptación, un espacio propio desde donde la vida sea digna, donde los derechos de la persona sean respetados, desde donde los inocentes no sean corrompidos, desde donde los delitos no queden impunes, desde donde se respete el fuero interior y se de atención a lo que se diga en los medios de comunicación, a la música que escuchamos, a la información con la cual pensamos o, nos da ideas para pensar, ese derecho a saber quién es realmente uno, si son pocas las personas que al encontrarse dentro de este mundo, en su voz se reconoció lo callado, lo olvidado, lo que provoque angustia y miedos, lo que raye en el anhelo de vivir decentemente. Pero ni dejan trabajar, ni dejan estudiar en las universidades, ni dejan amar a los que se enamoran por primera vez, ni dejan formar hogares a las personas, ni se protege debidamente a los niños, ni se respeta nada, ni la mujer ajena, los hijos o hijas de otras personas y, hasta los propios. No me diga estimado lector que eso se llama: condición humana, porque es más bien un crimen, un crimen que arrastra el mundo entero y que todos quieren evadir, si es que no les han compensado con la resignación, algo de dinero, una cama para hacer el amor y, un espacio reducido que ha de durar unas cuantas breves generaciones, hasta ser parias, personas como escribí, llenas de odio, que odian por costumbre, como si fuera una necesidad donde el mal sentido es acometido en otras personas inocentes que harán lo mismo, porque ésa es la sabiduría del ser humano, lo cual rechazo, lo cual condeno, muy al hecho de ser un ser humano que hace la resistencia, a ser como los demás, sin pretensiones de ser un santo.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

viernes, 18 de agosto de 2017

POEMA A LAS VENUS NINFÓMANAS



No te quejes si a esta hora no hay hombre para amarte
Un hombre que pueda hacerte el amor en más de 100 poses
Y que te eleve a los cielos con más de 100 orgasmos en una sesión
De sexo continuo, donde te hagan sentir una mujer deseada, muy bella.
No, no te quejes si ahora hay soledad en tu lecho
O los hombrecitos que has conocido duraron menos de 15 minutos
Sin que sepas qué es el amor.
Dicen que Dios da habas a quien no tiene dientes,
Yo soy el que derrota a las Venus Ninfómanas,
El que les hace decir basta luego de unas horas,
Cuando tienen que usar geles para que sus partes no les duelan,
Y sin embargo estoy aquí, sin dinero,
Escribiendo este poema en vez de estar amando,
Quizá como tú lo ansías con locura a esta hora.
No te quejes si dices que no hay hombres con corazón,
A mí me costó dos semanas de estar en estado vegetal
En un psiquiátrico alguna vez cuando quise salvar al mundo,
Cuando creía en el Papa o cuando vi en el cielo, La Estrella de David
Y se me manifestó la certeza de la existencia de Dios,
Porque si vas a decir que no hay hombres con corazón,
Déjame decirte que la excepción soy yo,
Un Poeta que quiso hacer algo en un mundo
Donde nadie hace nada por nadie desprendidamente,
Así que si en la noche de los llantos y maldiciones inacabables
Nos maldices, recuérdame en el psiquiátrico como un demente,
Con los ojos abiertos, pero sin pensamientos, sin consciencia.
Muchacha que te llenas la boca al momento de decir que
No hay hombres sensibles en esta sociedad
Que no hay hombres buenos, déjame decirte que yo grité Libertad
Cuando alguien debió hacerlo y nadie lo hizo,
Para saber de la única visita de mi padre en los manicomios
Cuando pensaba en los centenares de amigos y amigas que tuve
Y que nunca más volví a ver.
Mujer insaciable que pides hombres que no beban ni se droguen,
Que sean amantes incansables y sepan valorarte como tal
Soy la incomodidad en medio de todos,
Por ser una excepción que vive y acusa con su sola presencia,
¿Pides un hombre que te reviente los sentidos?
¿Alguien que no se aferre a ti ni dependa de ti?
Yo soy el extremo que te calla ahora y te callará siempre,
Que bien reitero dicen:
Dios es curioso, da habas a quien no tiene dientes,
Que en mi caso es no tener dinero,
Ni pienso tenerlo de manera corrupta,
Si con ello te estoy diciendo cuál es el precio de este mundo
Para ser feliz.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

SEXO A GRITOS



Desde entonces no me quedaron más ganas de amar. No pensé nunca que el amor fuera algo tan complicado, como estar erecto todo el día y tener una mujer con la cual uno se había acostumbrado a hacer el amor 8 o 9 veces al día, para luego ya en otra ciudad, con horarios imposibles para mí, tener que gritarle en plenos centros comerciales que quería hacerle el amor, sin importarme la gente que guardaba silencio, muchachas que no sabían cómo reaccionar, hombres que expectantes contemplaban mis reclamos mientras le pedía enfurecidamente a ella hacer el amor, que hacía dos días que no lo hacíamos, que estaba a punto de explotar, si acaso no explotaba así cada vez que nos encontrábamos y lo único que quería era hacerle el amor, ordenándole subir a gritos fuertes a los buses, bajo un silencio quizá poco comprendido por los pasajeros que silentes apenas se movían de sus asientos.
Pero eso fue hace mucho tiempo. Desde entonces decidí no volver a tener pareja, al conocerme, al saberme cuando mis testículos muy rojos, incrementados en su tamaño necesitaban de horas de sexo continuo para poder estar en paz.
Al entrar estaban todas las muchachas en la sala, sentadas, contemplando sus celulares. Recordé a algunas sin poder identificar sus nombres, ya había hecho el amor con  casi todas. Siempre he dicho que el amor a primera vista en mi caso es cruzar mi mirada con una muchacha y desearla de inmediato, es decir, sentir la erección y las ganas de hacerla mía. No, eso jamás lo entendería una mujer que no está acostumbrada a esos tratos donde solo digo un hola, para segundos después, estemos haciendo el amor en un lecho donde yo soy feliz.
No soy de esperar por una u otra, como cuando sentado en el sofá, ella me conversase ante mi desconcierto por la negativa de las presentes a estar conmigo con excusas tontas relacionadas por falta de tiempo, por tener que hacer otras cosas. Algo sucedía y no lo entendí. Hasta que apareció una mujer que me recordó a otra muchacha de otros años, cuando era inocente y creía que el amor era algo sublime, sagrado, digno de culminar en el altar.
En otros años sería advertido por amigas muy allegadas sobre cómo reconocer la membrana del himen de una muchacha virgen o, si era también virgen anal. Ahora no, ahora, luego de mis largos días de lecturas obligadas y soledades donde solo puedo abocarme a escribir, leer y filosofar, entre tertulias con amigos que me aburren, me quedé fascinado al ver esos senos enormes, de talla 40, de cuyo peso ella después me dijera, le afectara a su columna, que no era tan cierto eso de que sin tetas no hay paraíso, porque era la mujer más tetona que había conocido, una mujer que nunca había estado embarazada y que no estaba conforme con esos asombrosos senos que estrellaba contra mi rostro mientras me cabalgaba para sentir yo, ese placer de ser acariciado en un vaivén interesante donde sus senos golpeaban mi rostro en su balanceo mientras era mía ella.
De las 6 muchachas presentes, 5 habían sido mías, a una la había rechazado por no sentir atracción lo cual quizá motivara esa reacción donde las sentí frías, lejanas, poco diplomáticas como cuando nos sonreíamos siempre antes de hacer el amor.
Se había comentado mucho el hecho que durase demasiado en la cama y que nunca quisiese eyacular. No es que no les gustase hacer el amor conmigo, quizás eso era lo que más detestaban, porque siempre que quería eyacular, a pesar de usar preservativo, sentía cómo ellas de manera simultánea se venían hasta sentir la acidez de sus flujos inhibiendo mis orgasmos y, esto era unas 5 o 6 veces en la hora de sexo que tenía con cada una de ellas. No, para nada les gustaba ese trabajo, para nada les gustaba sentir conmigo placer, porque quizá lo pagaba, porque detestaban conocerme justamente allí y no en un café o, en la universidad o una discoteca. Detestaban conocerme en esa casa donde todas las que yo elegí fueron mías y sabían, yo nunca me enamoro de nadie, que las había conocido vestidas en bragas o vestidos para el amor, que el sexo con ellas siempre sería eso, sexo sin pertenencias, contradicciones de la vida cuando encontraban un amante insaciable que no quería volver a tener pareja nunca más.
Recordé de esas horas donde le pedía sexo a gritos en frente de cientos de personas y buses que pasaban por los centros comerciales. Me dijeron que era ninfómana, que a pesar de ello, se enamoró en algún  momento de la relación porque yo soy más insaciable o, porque empezó a darse cuenta que a más sexo continuo conmigo, más apetito tenía, más deseos de amar hay en mí. Al despedirme de la mujer con quien había hecho el amor, feliz de haber sido satisfecho, reaccioné como siempre, lleno de elogios y algarabía, delante de las 5 muchachas que fueron mías y que enfurecidas miraban al piso sin saber qué más hacer. A todas las hice feliz y, todas ese día me habían dicho no, pero como siempre escribo, hay pocos hombres en este mundo y, yo soy uno de esos pocos hombres y, mujeres, estén donde estén, millones y a escoger, con la intriga de querer saber por qué nunca me enamoro, por qué soy incapaz de quedarme con una sola.
No, como lo escribí al principio, no había pensado alguna vez que el amor fuera tan complicado, mucho menos reparado en estar erecto todo el tiempo, con una sonrisa delatable, por el disfrute, por la salud de hacer el amor como pocos pueden hacerlo, como todos quisieran, a mis cerca de 46 años.
Calé mi tabaco mientras esperaba mi carro. Supongo que así es la vida de los varones libres. Es así mi vida. Pero no siempre fue de esta manera, los años de carencia sexual no pudieron con todo el peso del suicidio, las drogas o el alcohol de los perdedores. El desamor no me encontró a la deriva entre los brazos de cualquiera. Sí, tenían mucha razón cuando a mis espaldas dijeron: derrota al superhombre, porque al voltear, recordé otra vez que la libertad es un privilegio cuyos caminos en  mi caso cobraron connotaciones de leyenda, como bien lo entendiera cuando expresé a viva voz: me gusta la vida y he llegado a esta sin cortes, ni tatuajes, mucho menos aretes ni collares ni crucifijos. Solitario empedernido, sin tranza con la corrupción y, lo más extraño aún: creyendo como lo hice desde mi adolescencia, en esos principios, cuando me descubrí Escritor.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

LA CONSCIENCIA Y LA LEY




Porque no me vas a decir que no vi con mis propios ojos cuando el oficial de policía daba la orden de captura para detener a los mineros informales desde su despacho. Estaba en ese momento en la sala de detenciones leyendo las advertencias para los que estaban en la sala de meditación o carceleta. Se prohibía rotundamente usar celulares, leer libros o revistas, usar objetos punzocortantes y fumar tabacos. Tenían que meditar, tomar consciencia de lo que habían hecho.
La consciencia corresponde al contexto donde se vive. Las personas ajustadas son aquellas que teniendo conocimiento de la Ley, se ponen a derecho, así lo entiendo ahora, con el fin de respetar las normas de convivencia, sujetándose a lo que estipule la Ley para la normal convivencia. La consciencia es eso: sujetarse a la Ley. Otros le llaman tener criterio de consciencia.
Pasé a visitar a un amigo del cual no daré mayores razones. Eran dos ambientes, donde al pasar por el primero, saludé educadamente con un buenas tardes señores. Ellos tenían miedo, estaban aterrados por las horas que les esperaban. Su silencio era ese, el de meditar, el de saber que en este país, donde se señala a la corrupción como uno de los males más lacerantes de nuestra sociedad, siempre es condenada tarde o temprano.
Es La Ley, me dijo años antes un ex compañero del colegio que ahora es Capitán de Puerto, oficial de la Marina de Guerra del Perú, La Ley se impone a la buena o a la mala. Recordaba sus palabras justo en ese momento. El pasillo era propio de los psiquiátricos que conocí cuando fui internado por finales del siglo XX. Yo era un rebelde con causa, el sistema: un organismo enorme difícil de controlar. Esos hombres asustados, los que habían delinquido, los que creían que pueden hacer lo que se les venga en gana en esta sociedad guardaban silencio. Un hombre me pidió prestado mi  celular luego de haberlo hecho por un lapicero. Recordé lo leído en la leyenda de ingreso. Pensé: están presos y aún así creen que pueden hacer lo que se les venga en gana. Me molesté y salí enfurecido. Pudo haber llamado desde mi celular al jefe de su banda. No, no le importaba si me involucraba con esa llamada, si yo siendo inocente, pudiese ser inculpado por sus crímenes. Merecían estar donde estaban. Lo del lapicero rápidamente me di cuenta que fue con fines de usarlo como arma blanca. No, no entendían que para que el orden  establecido funcione dentro del estado de derecho, en el cual, las personas tengamos las garantías de poder vivir con seguridad, ellos debían ponerse a derecho, ajustarse a la Ley.
Que por qué visité a ese conocido, porque estuvo a mi lado cuando a mis 31 años, me enfrenté contra el Arzobispado de la ciudad, reclamándoles su indiferencia ante una posible tercera guerra mundial, como se interpretaba en ese entonces según las Profecías de la Virgen de Fátima. Años después, estuvo también a mi lado cuando un grupo de cerca de 80 nacionalistas quisieron tomar la Plaza de Armas de la ciudad de Arequipa y, valiéndome de las cámaras de televisión de todo el país que filmaban lo que ocurría, los enfrenté diciéndoles que ésa no es la manera de hacer justicia en este país. Dos días antes habían muerto varios policías cuando el hermano del ex Presidente, Ollanta Humala, había intentado tomar la Comisaría de Andahuaylas. Ambos ahora están presos, así lo comentaba con este amigo que fue leal cuando creí oportuno defender una Democracia que sigue teniendo errores inmensos en este país, donde día a día se denuncian a los corruptos que van desde narcotraficantes hasta políticos que creen que pueden vivir de nuestros impuestos.
Todos caen tarde o temprano. Ni los mejores abogados pueden burlarse de una Ley que podría por un tiempo blindar a personajes que tienen mucho poder, como cuando empezáramos a hablar de Alejandro Toledo, Alberto Fujimori, ex Presidentes, uno que no se pone a derecho pese a la prisión preventiva que está sobré él mientras vive en USA y, el otro, un Dictador que aún no devuelve los miles de millones de dólares que nos robó y que no puede disfrutarlos desde la prisión donde está.
No, la revolución es un zafarrancho de personas que hacen un fárrago de ideas que solo concluyeron en crímenes imperdonables que afectó a nuestro país en los ochentas y noventas, por eso está preso su presidente Gonzalo, como se hacía  llamar, el Abimael Guzmán.¿ Que cuál es la vía para que en este país la justicia se sienta? A ciencia cierta, nadie lo sabe. Pensé en ese momento en el poder de Alan García Pérez que se libró de la justicia sin que hasta ahora pueda explicar su patrimonio, en el poder del carisma pese a la perversión interior, esas cualidades viles para convencer pese a que uno sabe que trata con alguien a quien no le importas nada, que solo quiere llegar otra vez al poder para seguir robando como todos presumimos.
Al salir al salón de los despachos, el oficial daba la orden de captura contra los mineros informales, su voz era tajante y segura. Sé que todas las noches hay operativos en toda la ciudad porque se está a la captura de los macrocomercializadores de drogas. Un bus enorme de la Policía cruzaba la calle, pensé que allí cabrían por lo menos unos 60 efectivos especiales de la policía. Arequipa es una de las ciudades más seguras de Perú y, también la más contestataria. Hay un pasado que se honra y respeta, más allá de la Leyenda Negra de la Guerra del Pacífico. Pero pese a todo, todos sabemos que quienes nos gobiernan nos están robando y, son más listos e inteligentes que nosotros.
Como lo fue Montesinos, el asesor siniestro del Dictador Fujimori, como lo son esos hombres que vi en la sala de meditación o carceleta, como es la Ley cuando te dice: basta, así se haya tenido que esperar muchos años de blindaje por parte de Fiscales y Jueces que luego de su destitución, jamás lograron impedir que los que nos traicionaron, estén ahora presos, o, les espere la cárcel.
¿Qué es entonces la consciencia? Quizá lo que carece Keiko Fujimori como su padre al alegar que son inocentes, pese a que el primero insiste en pedir indulto humanitario y, la segunda, niega cualquier vínculo con la corrupción, mientras que los expedientes que la condenan empiezan a aparecer por les medios de comunicación.
Hay un límite para el cinismo o la mentira. O como bien lo dijera mi compañero de clases: nadie escapa de la Ley, con o sin consciencia de los delitos cometidos, ésta se impone a la buena, o a la mala, así estemos contra todo, así el mar peruano que vigilo esté alquilado a otros países para que pesquen dentro de nuestras 200 millas. Mauricio, solo estamos esperando un pequeño error, nada más,  un pequeños error de esos tipos que se creen muy listos, porque nadie es perfecto y nadie, nadie tiene poder para siempre.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

miércoles, 16 de agosto de 2017

DE LOS QUE APRIETAN Y LAS PATINADORAS




No, si por el camino están, son mujeres muy bellas, pero claro, uno se pregunta, cómo es que mujeres tan bellas estén metidas en eso, son las peperas, las que se suben en los vehículos de carga pesada, cuando hacemos rutas de largo trayecto y, las encontramos allí, en plena carretera, solitas, porque uno pensará que se las puede tirar y, claro que eso puede suceder, pero su modalidad no es la de darte algo en la comida o, en la bebida, mucho menos en un cigarro, no, nada de eso, te las llevas a la cama en cualquiera de esos hoteles, ¿sabe Poeta que ellos saben todo de nosotros desde El Penal?, que son las mujeres de los que aprietan, los que te encañonan, esos que otros llaman: bandoleros, los que te cierran el paso y saben cuánto de mercadería llevas, su monto, y las contadas veces que podrán hacer esos atracos mientras llevamos cargas valorizadas en 60 a 100,000 dólares. Normalmente actúan en grupos de a 4 y, al robarnos todo lo que llevamos o quitarnos el vehículo de carga pesada, saben a quién venderles lo que transportamos que, normalmente es para las minas, porque esto de trabajar con tráileres son horas y horas de manejo, es que los que aprietan lo saben todo, desde qué comités de transportes salen, qué llevan y, quiénes somos los que manejamos.
Ah, ¿eh?, pues yo vivo de eso, y hasta me sirve para mi uso, cruzo Lima para contratar la muchachada a la cual le pago en crudo, es decir, en billetes, por partes, para luego, pagarles en líquido, es decir, en cerveza y, unos platos de mariscos o ceviches. Así he trasladado varias veces mis muebles cada vez que he tenido que cambiarme de casa, porque usted puede pensar que como brindo mis servicios para los mineros, pues debo ganar muy bien, cosa que no es cierto, porque me preguntó por los mineros que van a esos night club´s donde hay muy bellas jovencitas, pues no, no ganan tanto como para gastar el doble de lo que gana un ingeniero contratado para la mina, digamos, en una sola noche, esos que gastan duro son los mineros informales; donde sí se saca fuerte es en las utilidades, ya sabe, se trabaja 20 días por 10 de descanso, más viáticos, dos duros, es decir, dos billetes de a 100 soles, que es algo, pero un hombre que trabaja en piso, es decir, que hace labores simples, en líquido, gana algo de 1,200 soles, cosa poca sabiendo que el básico es de 850 soles, considerando que se va a trabajar a alturas superiores de los 4,000 m.s.n.m.
Y sí, pero yo no subo a esas bellas muchachas que hay en plena carretera, aparentemente indefensas, precisas para hacer el amor, muy coquetas, muy sexys, sexo fácil, ¿eh?, no, ni se imagina usted cómo nos pepean, porque ellas trabajan solas, son las mujeres de los que aprietan, de los que están en cana o la cárcel y cumplen como ellos cumplieron cuando atracaban en plena ruta. Así hace dinero la delincuencia. Están un tiempo en prisión, cada apretador con unos 400,000 dólares sumados de todo lo que robó, dinero suficiente para comprarse a un buen abogado que para los casos existen, mientras ellas esperan pepear a los choferes que las suben a sus camiones pensando en tener buen sexo luego de largas horas de manejo.
Es que las besas, te las tiras y, no sabes en qué momento te pepearon, porque se echan en gotas, fuertes sedantes en los pezones y luego ya fuiste, te dejan botado por la carretera y ellas mismas con sus compinches, se van en el tráiler y uno que reacciona y no sabe cómo carajos ocurrió todo eso. No Sr. Escritor, yo no llevo a nadie en mi camión cuando voy en plena ruta, quizá eso le explique el por qué cuando usted se quiso ir de casa, ningún camionero lo llevó al Cusco, o mejor dicho, se asustaron y no le dirigieron la  palabra cuando entró al restaurante y pidió que alguien lo llevase, recibiendo miradas de miedo a ser asaltados por usted, no lo tome a mal, que en esas cosas, los que aprietan son bien parecidos como lo son las patinadores, es decir, sus mujeres, porque hasta para ser delincuente en Perú, hay que ser pintón, no, yo no me fío de nadie. ¿Ah, creo que le están llamando?, sí, le contesté, debía recoger los medicamentos para mi padre de la farmacia del hospital, me despedí amablemente, el sol era fuerte en la ciudad, sin embargo muchas cosas ocurren en otras partes del país en este mismo momento cuando andamos con una sonrisa bonachona en el rostro, pero sin confiar en nadie.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

viernes, 11 de agosto de 2017

LA HORA INEVITABLE DE CONOCERME





Tú me leerás en otros años
Cuando la muerte esté cercana
Cuando los poemas tengan sentido
Cuando el misterio exija ser resuelto
Cuando la palabra Dios sea una necesidad
O cuando la soledad sean unos ojos que se despiden.
Tú me leerás luego de haberlo hecho todo
Desde fortuna hasta viajes
Y me leerás para querer saber si te equivocaste
Si todo tuvo una razón de ser
Y te acercarás a mis escritos
Solo para saber si no estuviste errado.
Alguien, dirás, alguien
Deberá respaldar todo lo que hiciste en vida y,
Alguien deberá explicarte ahora
Qué sentido tiene la vida
Qué es la filosofía
Las tardes donde no se tiene con quién conversar
El amor de las muchachas del cual tanto escribo
Esa libertad a la cual no te acostumbras
 A pesar que queda tan poco tiempo, tan poco tiempo.
Y cuando me leas
Con tus manos llenas de dinero
Me pedirás la fórmula para hacer tu poema
Ese poema que te explique y sea tu epitafio,
Porque tú me leerás antes de saber que todo merece una respuesta,
Después de tantos viajes
Y noches de amor con cientos de muchachas
U otros atardeceres desde los dos hemisferios
Y me preguntarás dónde queda el mundo que soñé
Donde parece no existir la muerte.
Tú me leerás antes de despedirte
Solo para tener la certeza que me conociste
Que nada de la vida te fue ajeno
Y dirás antes de  morir: ¡conocí al Poeta!
Me leerás y sentirás que algo has perdido para siempre
Pensarás sobre el tiempo y las terquedades del hombre
Sobre los sueños y el destino, el mundo y la suerte
Y querrás preguntarme: ¿por qué?
Mientras me visualices calando mi tabaco
Sentado en la orilla, de mi mar inmenso
Donde me hice hombre, para siempre.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco


jueves, 10 de agosto de 2017

LO QUE NADIE DIJO SOBRE LA REALIDAD UNIVERSITARIA






No, nunca un profesional aceptará lo que a continuación he de relatar. Es tan fácil reconocer al profesional solo por escucharlo hablar. De antemano se le reconoce y uno ya sabe cómo ha sido formado, cómo es su Alma Máter, si miente o acepta lo corrupto, porque el profesional está convencido que así es el sistema, o al menos, así terminó su carrera profesional, muy seguro que por donde vaya, deberá hacer o desenvolverse tal cual, como lo hizo en su universidad de la cual salió con un título profesional.
El catedrático entraba todas las mañanas para contar sobre sus problemas familiares, era un curso de carrera, pero él persistía en relatarle a sus alumnos sus problemas con su esposa, que ya no la soportaba, toda una terapia grupal desde la que él se confesaba sin que nadie le prestara demasiada importancia, total, la cuestión a esas alturas ya no era aprender, sino, aprobar el curso y, si era de esa manera, pues bienvenidas eran las catarsis de un catedrático que al final del curso llamó a cada uno de sus alumnos para preguntarles: ¿qué nota quieren que los pongan? Porque no faltó algún atrevido que preguntó si podía ponerle un 18, a lo que muy amablemente el catedrático dijo que sí, ante una lluvia de 18´s que sirvieron para aprobar a todos los alumnos del salón en ese curso de carrera donde nadie se incomodó por no haber aprendido nada.
Así fueron formados, así su Alma Máter les enseñó a ser profesionales. ¿De qué otra manera podían entender al mundo, la realidad, el trabajo a desempeñar?
Como lo escribiera en el principio, es tan fácil reconocer al profesional por su manera de hablar, por la conducta predecible que tiene, con tan  solo mencionar cuál es su Alma Máter.
Es que le caí en simpatía. Me hablaba del catedrático más respetado de la Escuela. Me dijo que iba a hacer una pregunta en clases y quien la respondiera, aprobaría el curso, obviamente nadie sabía la respuesta, porque los alumnos se habían quedado con las lecturas de los primeros semestres, los siguientes se remitían a solo memorizar las preguntas resueltas de los exámenes que circulaban por los patios, antes que el catedrático entrara a clases, para evaluarlos. Claro que nadie se oponía a ello. Aprobar un curso donde a esas alturas, ya no había tontos que se quemaran las pestañas estudiando materias que bien en el segundo año, rápidamente se dieron cuenta que acabar la carrera profesional era más simple de lo que habían imaginado.
Respondió la pregunta en plena clase al catedrático y fue aprobado sin rendir el examen con un 20 y, por supuesto, nadie dijo nada, porque todos sabían cuáles eran las respuestas que venían en el examen.
Ya sabes cómo es esto Mauricio, conoces bien cómo funciona esta Facultad, en menos de dos años puedes tener el título profesional,  fue lo que me dijo un compañero de clases.
Pero como dije al principio, ningún profesional va a aceptar lo que acabo de escribir. Si se dá esto en la mayoría de universidades, donde con pagar la pensión es suficiente para ser profesional o, si el alumno hace a la universidad, solo sé que los cargos importantes siempre fueron dados por recomendaciones de influyentes, puesto que siempre los gerentes contestaban a la pregunta: ¿cuántos años estuviste en la universidad? Pues 5, 3 en primero, y 2 en segundo, lo que debí aprender para trabajar, lo aprendí aquí.
¿El que estudia triunfa? No creo que Mark Zuckerberg o Steve Jobs pensaran lo mismo. Claro que estudiaron, pero no lo impuesto por una cátedra que hablaba sobre los problemas de sus mujeres, una cátedra que recibía trabajos escaneados de Wikipedia o tranzas con mafias en las que en dos años pude haber sido profesional.
Así que estimado lector, antes de ser entrevistado para un puesto de trabajo, al preguntarte por tu Alma Máter, no solo quieren saber qué sabes, sino, bajo qué principios éticos has sido formado,

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco 

DE LOS QUE SEGUIMOS DE PIE




Tiempo, tranquilidad y dinero
Nada más se requiere para ser feliz.
El paraíso son las muchachas con quienes saber qué es la vida
El no haber embarazado a ninguna
El saber que siempre estarán allí.
¡Qué difícil es mantenerse al margen de todo esto!
El sistema te puede dar ventajas para ser feliz
Los negocios tapaderos
El lavado de dinero
El negociar con los narcotraficantes
El tranzar con la mafia,
El crear razones sociales para comprar facturas
Y blanquear dinero,
¿Es sencillo, no?
¡Tantos contra lo cual se enfrenta uno!
¿A precio de qué?
De querer permanecer impoluto, puro
Íntegro.
No, no es tan fácil,
Porque podría ser egoísta,
Pensar solo en mí,
En los placeres que quieren darme las muchachas,
Pero mi respuesta sigue siendo No,
Para enfrentar días donde me sienta a punto de explotar
Luego de saber que el placer lo cura todo.
No me puedes decir que no tuve ni tengo futuro,
Otra cosa es que crea en lo que escribo
Que no sea un Poeta que cante: “perdiendo mi religión”.
No me puedes decir que no me entregué de lleno
O como lo hago hasta ahora.
Y cada día que se va
Es un día perdido,
Un día menos para el placer,
La vida de los sementales es extraña,
Los vigorosos solo queremos sexo,
Nada más,
Otra cosa es que me niegue a formar parte de este sistema,
Otra cosa es que conozca bien al ser humano
Que no quiera hacer política,
Es otra forma de libertad,
Otra forma de luchar, hora a hora.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco



6 DÍAS PARA MORIR, 6 DÍAS PARA VIVIR




Era lo único que le daba sentido a mi vida. Esperar seis días largos para poder ser feliz. Los días son tan largos. En otros días grité hasta más no poder luchando por mis derechos humanos, pero eso fue silenciado con un diagnóstico donde se me quitó credibilidad o, mejor dicho, todas las ganas de querer cambiar a este mundo.
Lo único que le da sentido a mi vida es hacer el amor. Los días son tan largos sin las muchachas, las horas tan suicidas. Solo el placer me salva. Hay tanta gente que se pasa largos días sin tener con quién conversar, sentadas frente a su ordenador, algunas escribiendo, creyendo ilusamente que vivirán de la literatura, autopublicando sus propios libros, llenando páginas con sabiduría inservible. Hay tanta gente desde sus oficinas, guardando un silencio donde se evita a los demás compañeros de trabajo para no tener problemas laborales. Hay tanta gente que está en las fábricas abocadas a un trabajo mecánico donde solo se está pensando en los gastos que se vienen, los créditos, las hipotecas, la salud perdida, obligaciones donde ya no hay tiempo para pensar en otras cosas que no sean sacar adelante sus familias, sus hijos, los gastos contraídos.
Entendí que tengo todo el tiempo del mundo, que tengo toda la tranquilidad del mundo, que no padezco de los problemas normales de las personas normales, que puedo abocarme a escribir y leer diariamente sin ningún apremio. Pero solamente puedo hacer eso. Para ser feliz, se requiere lo antes mencionado, mas dinero. Nada me costaría tranzar con el sistema y tener dinero fácil para poder hacer el amor todos los días, las veces que me demanda mi apetito sexual, pero no cuento con el dinero que se requiere ni para pedir la mano de la muchacha que está enamorada de mí, por no tener un futuro qué ofrecerle, ni mucho menos, gozar de esas muchachas que me esperan ansiosamente para complacerme en todo lo que yo les solicite al momento de hacer el amor.
No es fácil vivir en un sistema donde uno se niega a tranzar con la corrupción y donde encima, uno tiene un diagnóstico desde el cual se te cierran las puertas para laborar en cualquier lugar. Que por qué dejé mi bandera a otros, porque aprendí a tiempo que solo fui alguien usado para representar la voz de los que no se atrevieron ni atreverán nunca a reclamar por sus derechos.
Y son seis largos días, seis largos días donde medito las propuestas de matrimonio rechazadas donde me niego a ser un mantenido por mujeres que algún día me echarán en cara que no tengo dinero, que el sexo que les brinde ya no les interesa, que no tengo agua ni para el té. Son largos los días para remeditar a la muchacha rusa que creyó que por ser Escritor, podía ella casarse conmigo y disfrutar de la vida de los intelectuales.
Las horas siguen pasando y, lo único que me salva es mi literatura, que si bien, está llena de ideas, no es entendida por parte de mis lectores. Apenas más de 20,000 visitas en más de dos meses cuyo alcance es superado por un simple video desde el Facebook donde otras personas logran mayor alcance.
Me pregunto si me estoy equivocando, si acaso estoy perdiendo el tiempo, si esto de seguir batallando desde el silencio de mis escritos, me permita sobrellevar estos 6 días que restan hasta que pueda cobrar el dinero que necesito para hacer el amor con esas veinteañeras que me esperan.
Y sin embargo hay tanta gente en el mundo que se siente sola. Tantas mujeres desatendidas por sus esposos, tantas mujeres que quieren disfrutar del placer en medio de días que se van para siempre. No tiene  sentido esto. Todos estamos solos, todos guardamos silencio.
Son seis días para morir, seis días para vivir, así, cada mes de estos últimos años.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco 

martes, 8 de agosto de 2017

POEMA PARA EL NIÑO QUE NACIÓ




¿Has pensado en las horas donde él no tendrá con quién conversar?
¿Has reparado que creerá en las personas
Hasta antes de saber de los desengaños?
Sí, cada uno de nosotros es diferente,
¿Pero eso te da derecho a traerlo a este mundo?
¿Por qué decides por ti misma?
¿Tan felices son las mujeres que por ello, traen hijos a este mundo?
¿Sabes que deberá hacer mucha fortuna para que las muchachas se fijen en él?
No importa si nazca con ojos claros o sea alto y guapo,
La soledad siempre estará presente
Y el mundo dispuesto a destruirlo  a cada momento.
Entonces dime si no es egoísmo dar vida a quien ha de sufrir,
¿No puedes con la presión social?
¿Temes quedarte sola?
Te diré que un hijo no debe ser quien te cuide hasta la vejez
Te diré que si crees estar volviéndote lesbiana,
Teniendo un hijo, callarás todos los rumores.
Un niño antes de nacer, nunca tuvo un destino asegurado,
Un vientre lleno no necesariamente significa felicidad,
Porque llegado el momento, él marcará muchos números desde su celular
Y ninguna muchacha le contestará.
¿Te parece bien ello?
¿Crees que para ser una mujer completa debes ser madre?
¿En qué momento descubriste la vida que nadie conoció?
La vida es muy hermosa, lo sé, lo sabemos todos,
Pero esa sensación  es momentánea,
Otras calles donde nadie le haga caso,
Donde tenga que pelear lo que tú nunca pudiste vencer
Le enfrentará contra Dios y las mujeres, contra los hombres,
Dime pues género opuesto a mí,
¿Son muy felices como para traer hijos a este mundo?
Porque el mundo está mal, y la maldad triunfa sobre el bien siempre,
¿Cambiar al mundo?
Te responderé que existen los psiquiátricos y las cárceles.
Te dejo pensando mientras almorzaré
Porque hay otras noches donde los niños ignoran
El mundo será una mierda con ellos
Y nada podrás hacer ante ello.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco





EL HOMO SAPIENS

  ©Julio Mauricio Pacheco Polanco Todos los Derechos Reservados 2602034443907 SafeCreative Escritor y Pensador Libre Arequipa, Perú 02 de fe...