martes, 8 de agosto de 2017

DE LAS MUJERES






Con autoridad te puedo testimoniar,
Mayor placer no hay,
Como mayor derrota tampoco.
Porque si te vas a enamorar,
Procura no romper relaciones con las que fueron tus amantes,
Así sean meretrices,
Es falso el amor de la mujer que ya no te admira
Como es falso el amor de la meretriz que tu dinero quiere,
Pero ante la deriva, es mejor el placer de las últimas
Cuando es necesario mandar al carajo a quien se lo merezca.
¡Ah, los celos!, cuánto saben de esto las mujeres en su arte,
Los celos son todo el mundo en conspiración,
Locura que destruye a algunos para siempre,
Por ello, procura secretamente ahorros para la hora del adiós,
Que el placer es evasión
Y así sea pagado, ellas te esperarán para sacarte todo tu dinero,
Ese es el precio del rescate, la medicina precisa para recuperar la autoestima.
No te fíes de la mujer muy bella,
Ella solo se ama así misma mientras bella sea,
Ni te fíes de la fea, está llena de amargura y envidia
Y es incapaz de dar algo que nunca recibió: atenciones.
Disfruta de todas las muchachas que puedas,
El amor no necesariamente es la primera muchacha que conozcas
Ni necesariamente el sexo te enamorará,
Sé misterioso siempre y nunca compartas con nadie tu verdad,
El silencio es de los más fuertes
Y debe ser llevado hasta la tumba
Y ni Dios debe enterarse de tus secretos,
Por ello, cuando debas llorar en el pecho de quien te diga que te ama,
Recuerda siempre: te da su seno
Solo para saber todo de ti,
Solo así sabrá cómo manipularte a ventaja
Si acaso sea necesario ello en algún momento que será inevitable.
Escucha la voz que canta a los niños de la muchacha que arrulla a los no suyos,
Y sigue tu instinto pensando que así podría arrullar a los tuyos,
Porque si bien, antes de elegirla, tuviste 300 mujeres como mínimo
Sabrás con experiencia reconocer la membrana del himen
La educación y fineza de las bien criadas,
Las que nunca te harán el felatio porque esos labios serán para besar
Las mejillas de tus hijos, ni el sexo contranatura, ni el sexo en el embarazo,
Que bien antes de pedirla, deberás haber hecho el amor 3,000 veces
Y hermético como un Titán, ser amado por la elegida
Mientras te dediques a tus afanes
En procura de la herencia de tus delfines.
Que al fin y al cabo, el origen de la mentira está en el himen,
Después, todo es perdonado, si la membrana está intacta
Mientras laboras sin desmayo, sintiendo de lejos
El arrullo de esa voz, parecida al de tu infancia,
Cuando aún hay corazón.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LO QUE DEBE TODO MUCHACHO SABER






No busques sabiduría en el hombre derrotado,
Éste querrá hundirte más
Para luego sentenciar: “Así es la vida”.
Ni por soledad o carencia de afecto
Te unas a una mujer,
Sé hombre y por tanto fuerte,
La soledad con o sin ella, será la misma.
No sigas los consejos del letrado ebrio,
Te hablará de locos sueños que nunca logró
Y querrá enseñarte los caminos que no conoce.
¡Por nada pongas el dedo en la llaga
Si no tienes la solución para todos los problemas,
El mundo está podrido, y lo seguirá estando!,
A lo mucho ocasionarás más desorden
Y tus buenas intenciones te condenarán
Por los mediocres que prefieren el conformismo
A la senda de la justicia, que para serte sincero,
Nadie la merece. Todos tarde o temprano,
Venden su alma al Diablo, y no por ello, han de estar, arrepentidos.
No creas todo lo que los libros dicen,
Cada autor tiene su propia versión de lo que ocurrió,
Y el autor se debe a los que le compren sus libros,
¡Raro es el que no quiera prestigio y fortuna con su literatura!
Antes de pedir un consejo, pregúntate:
¿Voy donde quien responderá lo que quiero oír?
Si ha de ser así, no busques consejo, pues de antemano, ya sabes qué quieres hacer.
La Patria es una Bandera cuyo ritual es respaldado por los románticos,
Pero cada metro de esa Patria tiene un dueño y,
Si no pides permiso para caminar sobre él
Puedes ir preso, si la vida no te quitaran
Ante los ojos de los que lo consideran correcto.
¿Revolución?, muchacho que te dicen:
“aquel joven que a sus 20 años no es socialista,
No tiene corazón”, yo te digo, pequeño burgués
O aspirante a burgués, la pose de rebelde te la creeré
Cuando ensañados contigo, en el manicomio te haya encontrado
Y tu verdad la recuerde, como pasó conmigo,
¡Ah, debes saber que nada es dejado al azar!,
Si naciste con apellidos de guerrero,
La guerra te encontrará ante tu asombro
Y tendrás que guerrear quieras o no.
Por ello, no escuches los consejos del hombre viejo,
Ni siquiera un Rey merece dar consejos,
Nadie puede resolver la vida de nadie
Y nadie te dirá cuán fácil es el camino
Hasta que pasen los años y enterado
Nadie pueda venirte con mentiras,
Cuando del mundo y la vida te hablen,
Si acaso te den ganas de ser Profeta aún,
Porque los infelices repiten con el débil
Lo que el fuerte con ellos hace,
¿Profeta entonces?, ¡sálvate cuanto antes!
Porque lo que más detesta la gente
Es la gloria de los distintos,
La gloria que los hace mínimos,
Esa que permanece impoluta,
Cuando todos tuvimos al  iniciar, la misma suerte.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

lunes, 7 de agosto de 2017

MI NIÑO PREGUNTA




Y el niño pregunta
Por dónde sale el sol
En esta apretada mañana
Llena de calles polvorientas
Pasos apurados y rostros indiferentes
Y el niño pregunta
Dónde está la tierra que los padres de sus padres buscaron y que él buscará
Donde no sienta nunca más frío
Donde no sienta temor y dudas
Acaso el descampado donde gira el balón
Llenará sus ilusiones
Marcadas por el olvido
Que golpea a la puerta de su estera
Donde ve un mundo extraño en la teve
Lleno de personas de ojos claros y piel distinta a la suya
Y el niño pregunta
Si podrá entrar a esas casonas enormes
Donde será mirado con inferioridad
Sin que sea menospreciado o
Su apellido apeste por ser intruso
En un mundo que no perdona ser pobre
Y el niño pregunta
Por qué papá le pega a mamá
Por qué siempre hablan de dinero
Por qué cada día en la mesa
Presiente que ese pan que él come
Un día le costará las mismas arrugas de las manos
Que sus padres llevan
Y el niño pregunta
Por qué no puede entender esos libros
Que los niños blancos aprenden sin dificultad
Por qué él no tiene como juguete mas que una pelota de trapo
Por qué tiene que andar descalzo
Para sentir la rudeza de las piedras a su caminar
Y el niño pregunta
Por qué su hermano llegó una noche ebrio
Llorando y diciendo: yo no tengo oportunidad en este mundo
Y el niño pregunta
Qué es eso que fuma su padre cuando está angustiado
Y el niño pregunta
Por qué a sus 8 años no va a la escuela y tiene que trabajar
Para ayudar a su madre que cada día está más flaca
Y el niño pregunta
En qué momento la vida se convirtió en un castigo
Y el niño pregunta...
Y nadie tiene las respuestas que él espera
Nadie.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

NO SE VA EL AMOR




No se va el amor
Son ansiedades satisfechas
Un cuerpo que ya no hace sentir nada,
Una conversación llena de reclamos,
No, no se va el amor,
La rutina es el placebo de los que  temen a la soledad,
No es que uno quiera ser infiel
Cuando los sentimientos mueren
No se va el amor,
Se va el deseo de hacer el amor con quien antes fue la mejor,
Por eso, cuando la guerra está declarada
Los lechos se multiplican,
Otras sabidurías seducen y maravillan,
El cuerpo de una muchacha es una cartografía que tiene final.
Porque cuando comprendemos que no queremos cadenas
Donde ya no hay deseo,
Partimos, partimos ante el llamado de la amante que quiere otras caricias.
Otra cosa es el amor cuando se filosofa,
Las hay desde las cristianas hasta las budistas,
Poco puerto es una sola cama para amar una sola vez
Y la vida es breve, tan breve que
No se va el amor
El que se va es el deseo
Para que venga otro amor
Mientras nuestro olfato gastado
Se complace en otros aromas

De mujeres excitadas.


Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

ALLEGRO NOCTURNO





Dicen que la mejor canción aún no ha sido cantada
Que el amanecer de todos es una larga espera
Que vale la pena.
Ni el mejor poema ni la mejor novela
Ni la mejor pintura.
Hay algo en mi corazón que huele a humanidad
Como el amor cuando aparece
Como la sonrisa del niño que se siente feliz,
Así de estas experiencias está también hecha la vida.
¿Por qué ser mezquino y negar la dulce llegada de la noche?
¡Dejad que los días se llenen de Sol o de lluvia!
¿No van contentos de la mano los que se hacen juramentos?
Yo no he venido para escribir sobre desdichas y penas,
He venido para festejar la danza y el buen amor,
¡He venido para retratar la vida en su verdadera magnitud!
Dicen que aún nuestra sabiduría no ha aportado todo su esplendor
Que hay una ciudad en alguna parte del mundo, donde el hombre es feliz
Que el pan cuando llega a la mesa es una gran celebración
Que cuando un niño nace, muchos ríen y agradecen
¿Cómo podría ser entonces indiferente ante el sentir de los logrados?
¿No es la vida un transitar para conocer?
Qué podría decir ante las tardes silentes de paz
Ante las noches donde la calma se revela consciente de todo esto.
¿Qué teme en la locura el hombre sino el despojo de ésta?
¿Cuánto de sabiduría hay en un beso después de un largo día?
Dicen que lo mejor está por venir,
Que hay que estar atentos al compás de lo sublime en la vida
Que son inútiles las inteligencias que perseveran en aportes enfermos.
Recuerda esto estimado lector,
No habrá otro momento como éste
Ni volverá ni será igual mañana,
¿Habrá que apresurar la marcha entonces?
Ni antes, ni después, sino ahora
¿Puedes compartir este sentir mi estimado lector y lectora?
Por mi parte, abriré otro libro,
Haré al amor más veces por semana
Y esperaré más madrugadas para mi complacencia.
Sé que el mar siempre estará allí
Que los horizontes serán una constante invitación que algún día aceptaré
Hasta encontrar la emoción total
Cuando escriba mi mejor libro
Cuando haya alcanzado el mejor de mis poemas.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LA ORACIÓN PERDIDA



Alguien ahora mismo busca lo mismo que tú, pero no se parece a ti.
Alguien ahora mismo se hace las mismas preguntas, pero no cree en el mismo Dios.
Alguien ha cruzado todas las puertas y está angustiado, pero no habla tu mismo idioma.
Alguien quiere amar con la vehemencia propia de los que creen en un siempre, pero no te ama a ti.
Alguien quiere cambiar al mundo y cree en sus convicciones, pero no está de acuerdo contigo, a pesar que tú también quieres cambiar al mundo.
Alguien se marcha definitivamente y quiere decirle adiós a alguien, pero su soledad es distinta a la tuya.
Alguien pelea duramente por su libertad y su grito se reitera a través de la historia, pero no es el mismo grito de los que gobiernan el mundo.
Alguien está orando por su destino en el último minuto, pero el paraíso que le espera no es el mismo que nos prometieron.
Alguien libra su batalla ahora, entre el bien y el mal, y alguien ha pateado el tablero mientras ha renunciado a su credo.
Alguien ríe intensamente y es feliz, contrariamente a lo que sientes mientras lloras.
Alguien ha llegado al final del camino y canta sin que sepamos qué, mientras que muchos esperan iniciar un camino, que nadie tampoco sabe adónde conduce.
Alguien ha visto a Dios, y muchos dicen estar cuerdos y niegan la iluminación.
Alguien ha escrito este poema, y no soy yo sino el torrente de una generación que se expresa a través de mi voz.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor


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Julio Mauricio Pacheco Polanco

CUANDO DE LA VIDA SE TRATA



Me gustan los campeones que han derrotado lo inderrotable
De ellos tengo algo qué aprender.
Me gustan las campeonas que saben qué es el amor
Con ellas soy feliz y siento a la vida en toda su intensidad.
Me gustan las historias que nunca tienen final
Y que inspiran a desafiar lo imposible
A pesar de haberlo tenido en su contra.
Me gustan los amaneceres con o sin esperanza
Porque me recuerdan los años de la fortaleza
De los segundos donde mis ojos palpitaron de los esfuerzos, de mi fe.
Me gustan los que triunfan y traen nuevas respuestas.
Me gusta el sol en toda su plenitud
Como las tardes cuando bronceé mi piel y de su fuego me adueñé.
Me gustan las noches cuando hay silencio
Y también cuando hay fiesta
Y las calles están pobladas de preguntas y personas
Y la ciudad está viva y el amor anda suelto.
Me gusta el misterio del mar y su manera simple de hacerse entender
Como también me gustan los desiertos donde escucho el eco de mis pensamientos.
Me gustan las montañas más elevadas
Porque desde ellas me veo pequeño
Y solo de esa forma puedo sentirme uno solo con el universo.
Me gusta la sonrisa de los ancianos que ya han vencido
La lágrima del niño que no tiene culpa y me enternece
Las interrogantes de los que filosofan vanamente
Y sin embargo encuentran respuestas.
Me gustan las historias de los que yerran de ciudad en ciudad
Pero sobre todo las historias
Y los ojos que ya lo han visto todo y no dejan de seguir buscando.
Me gustan los libros donde me vuelvo a encontrar
El verbo de los eruditos
El calor de las amantes
La filosofía al momento de amar.
Y me gustan las mujeres que se conocen y quieren volver a amar
Yo no he escrito poemas de amor
Pero seguramente con ellas haría el libro de los libros
Que todos los autores siempre quisieron escribir.
Me gusta la tragedia después de haber sido vencida
Y me gusta la voz de los que fueron desagraciados y ahora ríen.
Me gusta la canción donde el ser humano ha relatado lo no relatado aún.
Me gusta la gente que aún no conoce la locura
Y también me gusta la gente que está loca,
Porque me hablan de un antes y un después
En algo que yo llamo crecimiento,
Por ello, me gusta la gente que no deja de crecer.
Me gusta sentir a veces miedo
Es como estar intensamente vivo
En medio de la incertidumbre, de los caminos desconocidos
Cuando uno se pierde en los laberintos de las calles
Y ya no hay ganas de retornar a casa
¡Hay ganas de perderse, adueñarse del mundo!
Me gusta lo que ha escrito el poeta cuando ha llorado
Y cuando ha gritado de felicidad.
Me gusta el té de la tarde en silencio,
La paz que hay en mis escritos
El corazón de las muchachas que son honestas,
La gente que enfrenta cuando ya no tiene fuerza
Y he vuelto a encontrar después de muchas décadas
Y he contemplado una fuerza mayor en ellas.
Me gusta observar el cielo y sus estrellas
Sin cuestionar sus coordenadas ni el porqué la luna desde todos los ángulos de nuestro planeta
Siempre tiene un solo rostro,
Por ello, me gusta recordar las noches de caminatas solitarias
Sentado desde aquella banca
Donde añoré al amor
Y al amor tuve
Y tuve todo el tiempo del mundo para filosofar
Y llenar de esclarecimientos mis páginas
Para entenderme.
Pero por sobre todo, me gusta la gente que pelea diariamente
La que parece desfallecer y no lo hace,
Me recuerda de qué estamos hecho los humanos
Cuando de la vida se trata.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

jueves, 3 de agosto de 2017

POEMA PARA LA VOZ QUE SE ADELANTÓ DEMASIADO




He pensado otra vez en los momentos extremos
Si acaso Freud tuvo razón cuando dijo que todo se trata de sexo,
Considero que no, es más que sexo, el sexo se puede tener 10 veces al día
Y no soluciona nada.
¿Entonces qué es un momento extremo?
¿La soledad?
Los amigos pueden acudir si hay un banquete a disposición de todos,
Mucha risa, mujeres y bebidas,
No es entonces la soledad.
No es que de bebé durmiera sin un muñeco al qué abrazar,
No tengo recuerdos de haber tenido jamás un peluche
Recuerdo más bien que dibujaba
Que clavaba con martillos en maderos para construir casas
Que en mis manos había libros,
Entonces, pensé, ¿será el afecto?
Creo que no, una muchacha de 16 años nunca me va a entender
Una mujer de 45 años que no tenga mis lecturas
Ni haya superado los rituales que he superado,
Jamás me va a entender.
¿Qué son pues los momentos extremos?
Quizá sea el saber que no tenemos quién nos entienda
Cuando la palabra enunciada es mucho más profunda que un te quiero
Esa palabra que nadie la puede entender
Y hace que el silencio que le rodee a uno
Esté muy lejano de toda comprensión,
Ya lo he corroborado.
Es extraño, he dejado por vez primera mi Coca Cola de litro a la mitad en el café
Ya no hay autores que me puedan explicar
Estoy solo yo, y ésta, mi palabra.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

CUANDO EL HOMBRE SABIO HABLÓ DE LA ENFERMEDAD DE LA COMPETENCIA




¡Oh, hombre que te haces llamar sabio!
Te alejaste del mundo para ser dueño de tus pensamientos
Y a eso le llamas libre determinación para estar en el mundo,
¿Has olvidado tus años de lucha cuando estabas dentro de éste?
¡Qué pronto tus recuerdos negaron tus fracasos dentro del mundo!
¡Ah, la paz desde estas montañas es afable e ideal para todos!
Tus privilegios podrían ser explicados si acaso nos evadiste
Para de manera egoísta salvarte y desde aquí, saber de la paz,
Dime pues hombre que te haces llamar sabio
Y que hallas regocijo en tus agradables contemplaciones,
Tú que vives sin obligaciones y la incertidumbre del futuro
¿No es cierto que libre estás de preocupaciones?
Debo decirte hombre que te haces llamar sabio
Que cuando nos hablas de la libertad, todos nos preguntamos
¿Y nosotros cómo la aplicamos en nuestra realidad?
¡Qué pronto has olvidado que en las ciudades estamos todos contra todos!
Dices que puedes prescindir del dinero y nuestras necesidades
Que te basta de los frutos de tu huerto y el agua de los manantiales
Y así escribes soñando con el mundo que todos queremos,
Y no es que quiera desdecirte,
Tu vida la queremos todos,
Pero aquí en las ciudades, en contra de nuestra voluntad
Dependemos del dinero para poder sobrevivir,
¿Ya no recuerdas tus años mozos cuando competiste?
Que es bien fácil salir de la competencia para entregarse al silencio
¿Pero qué nos puedes responder a nosotros que obligaciones tenemos?
Has prescindido del amor, pero nosotros tenemos hijos
Y los temores que rechazas, en ellos los vemos reflejados.
¡Ah, la libertad de pensamiento, esa libertad de consciencia!
Honrado seas en tus decisiones, pero te has olvidado de nosotros
Tienes memoria para los recuerdos más felices
Y sea esa tu gloria, pero ¿y nosotros?
Hombre que te haces llamar sabio, qué puedes contestarnos, qué.
El hombre que se hacía llamar sabio volteó a verle a los ojos al hombre
Y en voz calma le dijo de manera rotunda:
Estoy aquí por ustedes mismos, es cierto, no pude competir
Mas no por ello me corrompí, sean las montañas mi reino
Donde more en mi libertad sin hacer daño a nadie,
¿Vienes y te quejas ante mí de tus errores?
¿Querrías saberme como tu semejante en la ciudad donde nadie es feliz?
Vuelve a tus territorios donde a otros sacaste del camino,
Que bien me justificas en mi razón cuando competí
Y no quise ser como tú,
Que ahora, atribulado y en condena, no soportas el triunfo real
De quien comprendió a tiempo el mundo donde no quise estar,
¿Envidias mi paz y libertad?
Pues si no soportas la competencia dentro del mundo
Nunca podrás complacerte en tu propia compañía,
Hacía sea desde escarpadas montañas donde los horizontes deleitan a mis ojos.
Vuelve al lugar donde todos compiten,
Aquí solo hallarás penas y culpas
Porque estos santuarios solo los merecen
Quienes no quisieron tu mundo,
Y eso era lo que más anhelabas, a pesar que en esta hora quieres ser místico
¿Es tan terrible no hallarse augusto en ningún lugar?
Dime pues hombre de las ciudades
¿No me increpas con el fin de seguir compitiendo,
Así sea en sabidurías?


Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

miércoles, 2 de agosto de 2017

DE LAS HORAS FELICES



Miré la agenda,
Buen sexo, media hora más de la hora pagada,
Cobra 300 soles
A mí me cobra 100,
Mejor que cualquier reanimador.
Seguí buscando en la agenda
200 soles,
Sexo hasta que diga basta,
Es decir 3 o 4 horas,
Todas las poses
Insaciable y precisa para mí,
Miré la agenda,
200 soles,
50 soles para mí
Mas el tiempo que yo desee a voluntad
Mejor dicho a placer,
Veo más números,
También veo mi billetera,
Apenas unos billetes para los tabacos de la quincena
Y mi KR.
Veo más números,
Hay muchachas que están borradas
Números que no contestaron en el momento que más las necesité.
Calo mi tabaco,
Es duro esperar a que llegue la quincena para cobrar,
En serio,
Es muy duro.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LO QUE SOLO EL POETA SE PUEDE DECIR A SÍ MISMO




No son todas las veces, presente y ausente
-escrito estuvo Poet donde en soledad estuve-
¿Alguien negará este sueño que nos es común?
No son todas las veces que dije No
-la Bandera flamea en nombre de la libertad-
Un cuaderno de poemas cuando las horas son graves
Cuando no hay más respuestas y te sabes solo
No está el cuerpo de la muchacha a quien amar
Ni el día del sol vencedor cuando sonreí
O el abrazo que nunca llegó para hacerme feliz
-fiero el rostro, lo soportó todo, hasta el olvido-
Ridículos los miserables que porfiaron mi derrota
-¿no es mi canto más vital a cada paso en contra?-
Yo que estoy acostumbrado a estar solo y contra todos
¿Por qué debería fijarme si tengo soldados a mi lado?
¡Ah, conozco el camino donde el corazón de todos duele!
¡Conozco el verbo que une a los hombres!
Mas a esta hora cuando ya es noche
Vuelvo a reiterar, el cuerpo de la muchacha no está
Apenas un tabaco y un vaso con cola negra
Con mis ojos contemplando el mar donde empecé
-he visto prematuramente el rostro de un hombre a mis 45 años en el espejo-
Hubiera preferido los placeres a escribir este cantar amargo
-no es que quiera decir te amo, hace tiempo que dejé de creer en ello-
-no es que me sienta vulnerable,
Las horas son tolerables con el cuerpo de las muchachas-
Por eso, no  son los versos cuando se está más allá de la muerte
¡Entiende muchacho lector, las Valquirias no existen!
No habrá una rosa en tu tumba cuando no estés
Y no estaré todo el tiempo para cuidar la honra de tu epitafio
Como seguramente pasará conmigo,
No es que no crea en la historia.
Hay algo que debes recordar siempre muchacho lector:
Podrás ser perdonado en todo,
Pero la grandeza hiere,
No soportan a los más fuertes,
Pero qué más da, hasta los invencibles no tenemos mujer
-no está el cuerpo de la muchacha a mi lado-
Debo convencerme que las Valquirias no existen yo también.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

martes, 1 de agosto de 2017

LA MUCHACHA DE LOS OJOS DE DIAMANTE




No te enamores de mí,
Tus pupilas brillarían como dos luceros
A pesar de haber perdido la paz,
No te enamores de mí
Dicen que los que aman
Cuando sienten desde lo más profundo
Al amor
Terminan por cantar canciones sublimes
Y si te toco
No solo enloquecerás,
Tu canción será gritada desde tus ovarios
Para extrañeza de las estatuas que abrirán sus ojos para verte.
No te enamores de mí
Porque entonces ningún horizonte será suficiente
No habrá plegaría frente al mar
Que te libre del olor de mi piel
De cuando estrellaste tus ojos ante los míos
Y la sabiduría llegó a ti de golpe
En el momento en que me convertí en la respuesta que buscabas.
No, no te enamores de mí,
Yo nunca te sería fiel
Y me verías en cada hombre por donde fueras
Y conocerías la locura de los celos
Cuando una mano esté sobre otra
Y creas que es mi mano
Así sea a miles de kilómetros
Porque no dejarás de sentirme
Así esté en la antípoda de este mundo.
¡No entres en este universo que lleva mi nombre!
¡Ninguna ha retornado sin antes haberme maldito hasta la desesperación!
No te enamores de mí, muchacha que ignoras qué es el amor
No eres quien deba detener mi camino,
Tu vientre no es el destinado para el Delfín,
Quédate con el plateado de los ojos de tanto llorar
Pocas personas han tenido ojos de diamante en este mundo
Y te entiendo, porque pocas personas han conocido al amor
Si acaso cuando te vean
Sepan que estás bajo un gran hechizo
Con el don que te he obsequiado
A pesar de no haberte hecho mía.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

lunes, 31 de julio de 2017

POEMA PARA LA MUCHACHA QUE BUSCA LA FELICIDAD




Ahora te hablaré muchacha sobre los libros
Y el Libre Albedrío,
Porque si buscas autores que te hablen del absurdo
De luchas perdidas
De tristezas o fracasos en el mundo,
Esos libros los vas a encontrar,
Pero si quieres llenar tu mente de escritos
Donde vence la felicidad
Y el Poeta te repite una y otra vez
Que la vida vale la pena,
Que el amor es sublime cuando no te daña,
Si acaso tras mis certezas
Y los testimonios de los que no se suicidaron
Porque la atracción hacia ustedes
Les dio una razón para seguir viviendo,
Y que en mis experiencias reiterativas
Al leerme, muchacha,
Llenes tu mente de lo que escribo
Tratando de sentir lo que yo siento cuando amo,
Debes comprender que soy consciente que al leerme
Mi voz suena en tu mente
Y no cesa ni hasta el cansancio
Como un eco agradable y excitante a la vez,
Con esas ansiedades de querer vivir lo mismo,
Porque como te escribí al principio,
Si quieres leer un libro
Que te hable sobre el absurdo el tedio
O de soledades inaguantables
O te den instrucciones para saltar al vacío,
Puedes encontrar a muchos de esos autores,
Y tu mente se llenará de esas experiencias negativas
Y pensarás en las derrotas de esos infelices escritores,
Por eso hablé del Libre Albedrío,
Cuando uno elige qué pensar para tener una mente sana,
Si es que acaso al escribir “felicidad”,
Mi voz resuene en tu mente
Y despierte en ti ese deseo, esa palabra que la traigo yo
A tus pensamientos.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

LA MUJER QUE ME HIZO ENTENDER A LA ETERNIDAD




Quiero quedarme así por toda la eternidad, ambos desnudos, piel a piel, yo sobre ti, sobre tu hermoso cuerpo, muchacha. Me había de pronto detenido al momento de estar haciéndole el amor, había tomado consciencia lo bella que era ella, mientras trataba de no romper el tercer preservativo en su hermoso trasero. Era una muchacha de cabello claro de solo 24 años, de piel muy blanca y vientre propio de madonnas. No sé en qué momento perdí la razón, si fue cuando observé lo fascinante de su rostro sonriente y feliz mientras me hacía el amor, con el esmero y dedicación de quien se ha dado cuenta que lo está haciendo por vez primera, con todos los riesgos que esto implica, cuando se es ya adulto y se creía conocer los males de amor para partir en busca de un mundo, donde la ilusión fuese recuperada. Porque después de haberla puesto con mis gruesos brazos sobre mí, dejando su sexo encima del mío, con las piernas cruzadas en mi entorno, dejando su rostro a la altura del mío, entre risas y aromas propios de ella, supe que mejor que el alcohol o las drogas, que el mismo premio Nobel, eran las mujeres, que todo se resume en ellas, que por alguna razón fui bendecido por Dios, para poder disfrutar de las mejores muchachas que fueron carentes en mi primera juventud, cuando a falta de tener sexo con ellas y, solo pudiese besarlas y a lo mucho, jugar con sus senos, entre días inacabables donde disfrutaba de la lectura diaria de cuanto libro llegase a mi mano, no sabía del poder del amor, cuando se tiene en frente de uno a una tigresa, una mujer que es capaz de despertar los sentimientos instintivos más intensos, hasta llegar a perder totalmente la razón y concluir que lo más bello que hay en este mundo, es una muchacha desnuda que quiere amarnos.
Porque eso fue lo que sentí, al momento de penetrarla con locura, sin piedad, sin ningún reparo en hacerle daño o pensar que se enamorase y ello le condujese por territorios sin salvación. Porque me detuve, junté mi con fuerza mi cuerpo con su espalda, como si mis 100kg de peso cayeran rendidos sobre ella, esos hombros que había besado con desesperación, me entregaron un reposo que me hizo pensar en la posibilidad de quedarme así, pegado junto a ella, por toda la eternidad. Y no solo lo pensé, lo dije a la vez, de manera espontánea, porque algo más dulce no conocí jamás, creo que otras personas le llaman amor, porque si bien es cierto, estaba dentro de ella, al tenerla rodeada por mis brazos donde mis manos se trenzaban con las suyas, descubrí el misterio de la eternidad, no esa que otros autores la han intentado describir sin mucho éxito.
Para mí la eternidad era estar en esa postura con ella, para siempre.
Si debo ser más gráfico, la muchacha tiene un derrier demasiado hermoso, mejor que la muchacha que fue mía ayer y a quien creí nadie podría reemplazar, hasta que hice el amor con esta otra muchacha que me reveló lo que los monjes tibetanos aún no entienden, o si acaso en las pagodas otros cultos extraños y raros, alejados de la  verdadera sabiduría, entiendan al universo sin la mujer, no sé, mi abstracción no va más allá si es que acaso la vida pueda ser llevadera sin una mujer, o sin todas las mujeres que quieran hacer el amor conmigo. Porque se perdía en mis ojos y por momentos ella no lo creía, mientras grababa en mi memoria ese rostro que alborozado había descubierto lo que nunca antes conoció: el amor.
¿3 horas?, sí, lo normal es que dure 3 horas en el lecho, por eso no eyaculo, no lo tomes como algo personal, ya tendremos días enteros para dedicarnos a explorar nuestros cuerpos y saber de las fieras que hemos despertado y que quieren solo que hagamos tú y yo, el amor.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

LA PÁGINA EN BLANCO




La página en blanco es un día perdido,
Horas donde no hubo labios frescos mordiendo los míos,
Una Luna inmensa al lado de un libro,
La vela consumiéndose mientras crepita el leño
Masticando la llama sonoras vibraciones
Donde descansa el fuego y mis ojos son su espejo.
La página en blanco es una larga calle
Donde alguien se ha descubierto sin rumbo,
Eligiendo entre el insano deseo de amar
O los cuerpos de las muchachas que nunca reclaman nada.
Una página en blanco es un celular que está apagado,
Una carta que hace años no se abre porque pertenece al olvido
O una foto donde no me reconozco,
Podría ser también un parque donde las personas no se hablan
Y son muchas como el silencio, como es el tedio
Cuando nadie entiende a nadie
Y no sabemos si es la palabra, o un autismo no diagnosticado.
La página en blanco es el fracaso de los que quisieron ser Poetas
Y se ocultan entre las sombras, sin tener nada para vivir.
Calo ahora mi tabaco, es un lunes que se marcha,
Una cita pendiente, nadie a quien querer amar
Y muchos cuerpos a los cuales amar.
La ciudad es eso, solo facturas y contratos,
Otro uso más práctico no se puede dar a las páginas en blanco,
-me dicen que la cena está servida-
Un lechón con bastante ají y papas doradas,
La noche tiene una Luna irrepetible
Y tu página sigue en blanco, en blanco.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LA VOZ TORVA DEL SOLITARIO INVENCIBLE



No elegimos las circunstancias donde debemos ser hombres, los sueños de los niños son tan distintos cuando se ignora cómo es el mundo, es tan fácil ir de la mano de papá por las calles y creer que siempre todo irá bien, que ese mar del lugar donde nací, siempre será un fiel amigo al cual se puede recurrir cuando otras preguntas en su momento me hicieran entender que no escribía por ceder a la tentación de ser un escritor que fuese reconocido, alguien que recorriese el mundo y fuese recibido con honores en cuanta ciudad llegase, para conceder entrevistas y estar siempre rodeado de las mujeres más bellas. No jamás pensé en ello. Una tarde de invierno, frente a ese mar mencionado, antes de cumplir 18 años, me supe como siempre, como hasta ahora, sin un igual, sin nadie que me respondiera por qué la vida toma ciertos rumbos donde no tenemos capacidad de elección, donde libramos luchas muy lejanas a la paz normal de las personas que en mi entorno, comprendí, tuvieron un destino menos complicado del mío, porque así lo pensé muchos años después, luego de haber cumplido dos meses de internamiento en un psiquiátrico, a mis 27 años, cuando me formulase la pregunta: ¿esto es la vida?, ¿éste es el precio por luchar por mis derechos humanos? No tendría respuestas los siguientes internamientos psiquiátricos donde para poder ser libre, tuve que aceptar un diagnóstico que a partir de ese momento, me cerraría las puertas más importantes, las que son necesarias cuando se toman las decisiones que marcan un antes y un después en el destino que uno persigue y del cual uno desea adueñarse.
Me he reído tanto de esos intelectuales que se han llenado tanto la boca con frases ingeniosas y discursos revolucionarios, influyendo de manera confusa en tanto joven lector que les han leído, porque quizá nadie ha hablado más claro, más fuerte, nadie, tal vez, ha sido lo suficientemente sincero, como para recordarnos por qué luchamos, por qué callamos, por qué sentimos siempre que la vida no nos pertenece.
Si peleamos por tener un amigo, si peleamos por tener el amor de una muchacha, si peleamos por tener un lugar dentro de este mundo, si peleamos ante las decepciones y traiciones constantes, si peleamos ante la soledad total en el mundo, si llegado el momento, en el avanzar, encontramos la bandera abandonada de los que dieron todos sus alientos en contra de su voluntad, esos hombres que superaron todos los rituales y que no se rindieron a lo adverso y mantuvieron incólume sus principios, batallando constantemente para no ser cambiados por el mundo, si dentro de todas estas peleas, acaso solo reine el silencio otorgado solo para los que merecen paz, esas soledades como recompensa que deben ser aceptadas, como en este momento en que me he sentado a escribir y relatar la historia de los desiguales, los que sabemos del murmullo de esas olas a las cuales extrañamos, cuando en otros días, se vuelva a estar frente a ese mar para entregar los sentimientos que nadie entendió y que han de ser palabras encarnadas en hechos, libros, poemas, encrucijadas y experiencias extremas, donde se sabe, solo el mar podrá entender, al menos, alguien más fuerte no conozco hasta ahora, alguien con quien me pueda entender, cuando en momentos como este, pienso en quién podría escucharme, quién podría soportar las expresiones más vitales, sin ningún resquicio de envidia, sino con la honra propia de los que agradecen la compañía de esos hombres de voz torva e invencible, esos solitarios que han llegado a su orilla, con su bandera intacta, la bandera del destino, la bandera que somos todos nosotros y que pocos pueden llevar, en cada generación.


Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

LA MUCHACHA RUBIA DE OJOS CELESTES




Mira que al releer uno de mis libros recordé que significaste algo,
Pero fue hace tanto tiempo,
Yo me he convertido en un hombre interesante
Y con mucho éxito con las veinteañeras
Y la última vez que nos vimos
Te dije que ya no eras una quinceañera como para esperarte media hora
Como en su momento sí lo hacía, sin molestarme.
¿Te amé?
He olvidado eso, ello me conlleva a perseverar en mis escritos,
Debo seguir escribiendo para recordar lo que viví
Porque en su momento te vi como la mejor
Pero hay tanta diferencia entre un hombre de 45 años
Que sabe que nuestra plenitud la alcanzamos a los 55 años
Y gozo de tan buena salud y tanta potencia sexual
Y mira que estoy con las mejores
Y no me enamoro, a pesar que ellas se someten a todo.
Recuerdo la última vez que te tuve desnuda en mi habitación,
El cómo te mostrabas así al abrir las cortinas
Para marcar un territorio donde temiste perder.
Yo que vengo de familia de longevos
Donde los varones dejaron decenas de hijos
Para el orgullo de las sementeras que solo querían ello: un hijo.
Y pasarán las décadas y seguramente relea este escrito
Y siga riéndome de esos autores que pretendieron hablar sobre el amor.
A mi edad, es suficiente con que aprendan a hacer el amor conmigo,
Ya no hay mujer que pueda alcanzarme cuando voy a mil por hora
Mientras hago el amor y filosofo o canto a todo pulmón
O simplemente espero con ansiedad y felicidad a las que he de conocer.
Mira que alguna vez no tuve con quien conversar en plena desesperación
Y una amable mujer se disculpó conmigo cuando le dije que me sentí muy solo
Que solo quería conversar, que no podía más
Para que ella me entendiera disculpándose diciéndome
Que gustosa me habría conversado pero que esperaba desde su banca
A su amante,
Amante, esa palabra que no entendía.
Y los leo a todos mientras mi mente está llena de muchachas
Y no entiendo ya los ruegos de amor,
Para mí el amor a primera vista es solos segundos
Que preceden al amor, al placer, a no importarme a que no las vuelva a ver
Porque sé que hay cientos de muchachas más
Y yo, soy libre, como a muchos hombres comprometidos les gustaría ser
Mientras preservativo tras preservativo
Ya dos horas de sexo con dos muchachas no me basta.
Leí esa novela donde escribí sobre ti y otras muchachas más
Y me pregunté: ¿dónde se fue el amor?
No, eso no era amor.
¡Ahora lo sé!

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

¿DE QUÉ ESCRIBE UN ESCRITOR?




Las experiencia vitales, llenas de mundo, donde el autor, le da vida a la palabra, para desde sus escritos, legar un aprendizaje donde la resistencia y, el amor a la vida, más allá de todos los rituales donde se jugó la vida, son el testimonio que se refleja en su obra, cuando se sabe un luchador, alguien que cree en la integridad, alguien que no pierde su religión, el Poeta que lleva la bandera y, es más fuerte que cualquier salmón.

domingo, 30 de julio de 2017

EL HIMEN




Afortunado aquel que tuvo muchas mujeres sin embarazarlas
Y de ellas disfrutó y supo cómo llevarlas al orgasmo,
Afortunado el buen amante que conoció el Punto G
Y con sus ojos vio el líquido que salió de la vagina de la mujer.
Afortunado el hombre que dominó el clítoris de la mujer
Y la vio en espasmos mientras su sexo vibraba
Si es que supo que pocas mujeres se dejan tocarlo.
Afortunado aquel que prolapsó los 32 pliegues anales de la muchacha
Para ver su miembro viril en sangre
Si acaso supo ver las diferencias entre partes contranaturas
Donde las muchachas vividas y no vividas
Ante sus ojos en pleno acto sexual, le mostraron diferentes anos,
Unos bien cerrados y con sus pliegues intactos
Y otros muy dilatados, con mucha experiencia en el amor.
Afortunado el hombre que sabe cuándo una mujer ajusta su pelvis
Para no caer en el cuento de vaginas estrechas
Que complican las posturas para el amor
O ante los novatos, que creen que el sexo de la mujer se cierra por temor.
Afortunado el hombre que lleva al orgasmo vaginal a sus mujeres
Y reconoce cuándo éstas lo están sintiendo, si es que acaso no lo revelan
Para que sus amantes nunca sepan cuándo alcanzan el clímax.
Afortunado el muchacho que vio orinarse de placer a sus mujeres
En pleno acto sexual, hasta comprender que es otra forma de orgasmo en ellas.
Más es más afortunado el hombre experimentado
Cuando la muchacha que se le entrega
Deja que le habrá sus labios vaginales
Para en sinceridad éste vea la membrana del himen
Que está a la vista y un pequeño agujero tiene
Por donde sale su menstruación.
Por eso muchacho que disfrutas de las mujeres,
En el largo aprendizaje del amor,
De todo esto hay evidencia para los experimentados
Cuando en los lechos, ningún secreto de las muchachas nos es ajeno,
Inclusive cuando tengas que elegir,
Si tienes ese privilegio.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco 

viernes, 28 de julio de 2017

LA MUCHACHA, EL APEGO Y EL AMOR





Cómo te digo muchacha que no soy el amor que buscas
Que puedo hacerte muy feliz
Y llenarte de los placeres superlativos que tanto buscas
Pero que no serás sin embargo mi única mujer
Por más que al momento de amarte
Sientas que soy plenamente tuyo.
Cómo te digo muchacha que debes buscar en otras hogueras
Ese deseo que he despertado en ti
Y que encuentro reiteradas veces en los cuerpos de decenas de muchachas
Que saben, a mí no deben aferrarse
Porque yo no me apego a ellas de igual manera.
No soy ningún Don Juan ni tampoco un canalla que juega al amor,
Mis citas solo las tengo con las muchachas que aman al amor
Y que tendrán que pasar muchos años
Para que recién esté interesado en querer conocer
A la mujer que sea mi socia cuando vea en ella
Lo que deba aprender y enseñar
Si es que solo la vea como la que sea la madre de mis hijos a tener.
En nada soy celoso ni absorbente con las que me brindan placer
Si acaso soy su maestro en esos lechos donde la felicidad encontramos,
Mas no puedo amarte, porque no te sería fiel
Así me perdonases una y mil veces y ningún reclamo alguno me  tuvieses.
Sé que en tu hogar hay muchos sueños e ilusiones donde soy el mejor
Y sé que estoy en tus pensamientos hasta en cada aliento que das
Y el fuego de tus entrañas ansía por conocer mi manera de amar,
Pero estoy más allá de los demás hombres cuando digo: te amo
Y amo sin esperar volver a encontrar a la muchacha a la que he amado,
Porque sin duda, otra muchacha volverá a amarme
Y volveré a decirle de igual forma: te amo
Y tú no vas a entender ese te amo cuando seas mía y no me vuelvas a ver más.
Mi corazón es mío y, por el mundo va, cantando canciones felices mientras ama,
Porque si duda, llegará el día en que habrá alguien cuya sabiduría sea superior a la mía
Y entre todos tal vez me elija, o tal vez yo la elija
Si es que antes no haya terminado por enamorarme del todo de la soledad
Y esta forma de amar,
Porque yo no me apego a ninguna de las muchachas con quienes sé del placer
Y tú, solo te aferrarías a mí,
Sin lograr entender nunca cuánto me costó conquistar esta libertad
Que no es común a todos los hombres
Y es el magnetismo que de mí te enloquece
Sin que yo haya hecho nada, para seducirte.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

HAIKUS Y EL AZUL DEL MISTERIO

  HAIKUS Y EL AZUL DEL       MISTERIO   JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO     01 de agosto de 2026   Arequipa, Perú      ...