EL ESCRITOR QUE RETORNÓ PARA VOLVER A QUEDARSE
La felicidad no podía ser otra cosa, saber que
mis mujeres vendrán siempre a mi apartamento para hacer el amor, donde no hay
dramas, celos, enredos, algo que malogre aquello que entiendo es lo más bello:
el placer. Sentado ahora frente a mi ordenador desde el escritorio que está
dentro de mi habitación, bajo una tarde de tenue garua, pienso en la muchacha
de 22 años que ha retornado a la ciudad con quien me entiendo muy bien en el
lecho, supongo que de eso se trata la vida de los amantes, de variar de mujer
siempre y solo, solo cuando los orgasmos de uno no lleguen, pese a que ellas
tienen orgasmos apenas las estoy penetrando, como si el hecho que yo les haga
el amor fuese lo más excitante que les pudiera ocurrir con un varón y el sexo,
hace que sean siempre ellas las que tengan digamos unos 8 o 9 orgasmos en todo
el tiempo que tardo en alcanzar el mío, a veces sin lograrlo en un lapso de
horas donde desisto y me doy por complacido,
por saberme dueño de esos cuerpos que ellas atentas me entregan para
todas mis solicitudes. Y así, la existencia no puede ser mejor, como el retomar
mis escritos de amante latino, de escritor que fuma cigarrillos mentolados,
acompañado con jarras de café o aguas de soda minerales, para como en este
momento, con todo el tiempo propio de un hombre soltero, que no rinde
explicaciones a nadie y administra como le dé la gana sus horarios, es que
vuelvo a recordar lo que escribiera antes del inicio de esta pandemia que se
fue: escribir para mí, es un permanente orgasmo, si veo, el ser humano en nada
ha cambiado y seguimos siendo los mismos, algunos mejores personas, leales como
siempre a nuestros ideales, bajo la prueba de Dios o la Ética, donde como yo,
me salvo de todo aquello que sea condenable. Me he preparado un par de huevos
fritos en aceite vegetal y en breve calentaré mi cena, un caldo de pollo con
fideos, papas y trozos de mazorca de maíz blanco cocido, sin duda he resistido
lo suficiente como para poder decir que me siento orgulloso de mi persona, que
hubo un tiempo en la pandemia que pasó donde fui más famoso de lo que creí
alguna vez y, por cierto, no gané nada de dinero, solo fama y buen nombre,
creo, lo más importante, esta paz y esta tranquilidad que me permite volver a
escribir, luego de estos largos 2 años donde me dediqué a estudiar y entender
la historia, lo que somos como seres humanos, nuestras reacciones ante
circunstancias extremas cercanas a la muerte o, lo que es el amor para mí: el
desear hacerle el amor a todas aquellas muchachas que solo desean algo: ser
felices.
Sin que nada me apure, sin que nada me detenga,
a mis 50 años, saludable para las muchachas que anhelan hacer el amor con
sementales de fama connotada, siento agradables estas sensaciones propias de
las horas de después de hacer el amor, sin haber dejado hijos no provocado
abortos, habiendo entendido que lo mío es escribir sobre historias estupendas,
no como la poesía dejada por Dante, creo, literatura como la dejada por los
maestros de la literatura, con legados pesimistas, nunca ha sido mi propósito,
si así escribo ahora sobre el placer, el amor, la eterna juventud y las dichas
de los que somos bien amados por Dios y nos ha dado la libertad para escribir
honras a su creación, así en este momento, mucha gente aún no tenga las
nociones claras sobre lo que es la existencia, o mejor dicho: existir y ser
libre, si solo necesite de hacer el amor con mis mujeres y escribir, escribir,
como lo supe hacer desde que me aventuré en esta ardua labor que siendo
placentera para mí, me deja satisfacciones como ésta, el poder elegir sobre qué
experiencias escribir.
¡Oh, dichosa tarde de tenue lluvia!, dichosas
estas palabras donde me vuelvo a reencontrar con mi literatura, para hacer con
mis vigorosos brazos a un lado los escritos tristes, que los lectores no quieren
saber más de penas, tristezas y dolores, que he llegado de nuevo, estoy de
vuelta, y estoy aquí, para volver a quedarme, estimados lectores.
®Julio
Mauricio Pacheco Polanco
Escritor y Pensador Libre
Arequipa, Perú
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