NO VUELVAN A HACER PLANES POR MÍ, SIN CONSULTARME ANTES
Al verla a los ojos, comprendí que ella estaba en peligro, que había ido a esperarme a la hora que compro el pan, haciendo hora, hasta que apareciera yo, para notar en su mirada ese pedido urgente de ser salvada. La reconocí de inmediato. Estaba muy vulnerable. La tarde anterior había cruzado esa delicada línea que roza con el suicidio o el internamiento psiquiátrico, los tatuajes , el pelo de colores que representa mucho, las drogas o el alcohol. Nada podía hacer por ella. En fracciones de segundo dudé si tenía 18 años o 17. Su mirada fue insistente y muy declaratoria. A mi entender, ella estaba para cualquiera y, en donde vivo, mi fama es de ser un soltero empedernido , alguien que sólo podría ser atrapado por una muchacha digamos de, 18 años. Sus ojos estaban derrotados, pero no por amor, era yo su última esperanza, reitero, la reconocí, inclusive llevaba la misma ropa de la tarde anterior, esa tarde, ese momento donde la vulnerabilidad es mayor, cuando algo ha pasa...