ESCRITOS MARGINALES



 

En otros años, podía irme por putas diariamente, la verdad es que te sacan de la carrera de las mujeres a la fuerza, de lo contrario, nunca pararíamos de hacer el amor nosotros, los hombres. ¿La razón?, el dinero que ya no alcanza para los placeres de la carne.

Al comprar mis cigarrillos mentolados a un precio muy especial, por caerle en simpatía a la dueña de esa bodega que queda en el Cercado de la ciudad, vi la hora en mi celular y percaté que estaba contra el tiempo, que caminando podría muy bien llegar a casa, pero no estaría de buen ánimo para preparar los alimentos. Decidí pues tomar un bus. Esperé en el paradero desde donde sólo contemplé adolescentes. Esto es muy recurrente en la ciudad, igual ocurre en la Plaza de Armas no sólo en la mañana, también en la tarde o la noche: pareciera que los adultos mayores no existieran en Arequipa, sólo observo adolescentes en el Cercado de la ciudad.

Llegó mi bus y subí. Las personas siempre van en silencio, el chofer del bus escucha música y algunas personas le pagan el pasaje con Yape. El costo del pasaje es de S/1 Revisé mi bolsillo, sólo me quedaba para el pasaje de retorno a mi apartamento.

Como es de costumbre, suelen subir hombres o mujeres para dar un discurso de pobreza: padres enfermos en el hospital, niños que requieren costosos medicamentos o, personas que piden ayuda a cambio de dulces o caramelos, “lo que sea su voluntad”. A veces encuentro al mismo muchacho de siempre, dice ser poeta, apenas puede hablar, siempre dice: “¡valores, principios morales, no a la corrupción, veracidad!”, repitiendo estas palabras ante la indiferencia de los pasajeros que están absortos en sus propias preocupaciones.

Otros relatan historias conmovedoras donde confiesan no ser de esta ciudad y que no quieren robar a las personas de la calle, que prefieren vender caramelos para ganarse la vida honradamente. Una vez una muchacha subió con su autoparlante, no pidió dinero, sólo nuestra atención, dijo ser famosa como cantante, cantó, dio unas palabras de agradecimiento y bajó del bus, como quien no entiende aún nada de la vida o, está en su mejor momento, libre de problemas o del saber cómo es la existencia cuando se tiene muchas responsabilidades.

Esa mañana subió un hombre de rostro desesperado, subió con una mujer impaciente. El hombre relató que por un error en su  pasado, pagó una condena en prisión y que, quería volver a empezar, pero no tenía nada para ofrecer, ni dulces, ni caramelos, estaba rogando para ser preciso algunas monedas, esta vez el “lo que sea su voluntad” como nunca antes fue muy sincero.

Preso, con varios años en la cárcel. Pidió así fuera, limosnas inferiores al costo del pasaje, lo que fuera. Al pasar por los asientos de los pasajeros, nadie le dio nada, ni S/1 ni mucho menos. Ése es el costo de 3 panes en Perú. No le dieron ni para el pan del día. Su mujer estaba apeada a la pared interna del bus, no decía nada, bajaba la cabeza. Metí la mano a mi bolsillo, esta vez sólo tenía para mi pasaje de retorno. El hombre agachó la cabeza con los ojos vidriosos por la desesperación. Bajaron sin recibir limosna de nadie. El bus se detuvo, el tráfico estaba muy atascado, pude verlo en plena calle recibir los reclamos de su mujer, ella gritaba de impotencia, voltee a verlo, sus ojos se fijaron en los míos, parecían decir: ¿a quién pido ayuda?, ¿qué hago ahora? Y entonces recibió una bofetada de su mujer que rabiosa, empezó a pegarle con furia sin que él se defendiera.

Mientras tanto los grandes lavan dinero, lavan activos, el narcotráfico o, hacen tratos con el mercado negro. Creo que no tenía alternativa, sabía que volvería con ellos, que la prisión volvería a ser su destino en unos años.

Porque cuando no hay dinero ni para comprar 3 panes, entonces eres fácil de ser atrapado por la mafia para cometer crímenes.

Ése hombre no tenía escapatoria, recuerdo sus ojos mirándome mientras su mujer le pegaba. Sus ojos dijeron todo lo que el mundo calla y prefiere no saber.

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