SI MIS EXS ME TOCARAN LA PUERTA DE MI CASA Y ME DIJERAN QUE NO TIENEN DONDE DORMIR



 

No sé a quién se le ocurrió llamar: proceso, al acto de sanar. Recuerdo la conversación de dos psicólogas en un café, ellas hablaban de sus parejas, que iban a terminar con ellos porque sólo tenían quejas y más quejas por problemas no relacionados con la relación que llevaban. Sólo me llama para soltarme toda su basura. Así decía una de ellas. La otra psicóloga le respondía que lo mismo le pasaba con su pareja. Pensé que eran las indicadas para solucionar problemas de pareja o ayudar a quien necesitara terapia psicológica.

Había ordenado mi Cool Fresh y la bebía helada, con cubos de hielo, mientras desde el amplio balcón, contemplaba el numeroso grupo de turistas que llegó a la ciudad, en ese momento recordé a una pareja que hacía minutos, encontré en la Plaza de Armas, eran italianos, treintones, discutían a viva voz. ¿No son viajes de placer los que se hacen por turismo?

Las psicólogas tomaban sus tazas de chocolate mientras probaban de deliciosas tortas. No sabían qué hacer. Entre ellas se estaban haciendo la terapia.

Debo precisar que me estoy remontando 3 años atrás, cuando el feminismo melló fuerte en Perú, cuando las mujeres se proclamaron superiores a nosotros los varones si es que, en la pandemia, sólo a ellas y a los niños no les afectaba el virus y, desde los medios de comunicación, se burlaban de aquellos varones que en el pasado cazaban mamuts y ahora, no sabían qué hacer y, buscaban refugio en sus exs parejas.

Luego de tomar mi Cool Fresh, salí a dar un paseo por el Cercado de la ciudad. Vi un estrado desde donde una muchacha animaba un espectáculo. Me acerqué al estrado y me presenté: soy escritor, ¿me permite declamar uno de mis poemas? La animadora me concedió el micrófono. Declamé el poema con mi portentosa voz ayudada por el micrófono, haciendo resonar los cuatro portales de la plaza. Los extranjeros me observaron con odio, nunca supe la razón, no di ningún discurso de odio ni fui racista. Le di las gracias a la animadora y me retiré a sentarme en una banca para fumar un cigarrillo mentolado. El sol era fuerte y abrazador. Fumé con placer mi cigarrillo y decidí retornar a mi apartamento para preparar mis alimentos. No dependía de ninguna mujer, no era mi caso como el de otros hombres que llamaban constantemente a sus exs para buscar refugio. No, ese no era ni fue nunca mi caso.

En ese momento de la historia, sólo hallé rostros de jóvenes llenos de tatuajes, cuerpos de muchachos y muchachas malogrados por cientos de tatuajes, uñas pintadas de negro y aretes en todo el rostro, esos cortes de cabello y los pantalones que nunca usé: hombres usando pantalones de mujer o, al menos, así eran los modelos que estuvieron de moda en Arequipa.

Pasé por el boulevard donde estaba el café en el que estuve, donde vi desde los exteriores, no estaban sentadas al balcón las dos psicólogas.

Le llamaron: proceso.

Una cuadra más arriba ellas estaban frente a frente, mirándose fijamente a los ojos, de pronto se besaron. En ese momento recordé una frase que leí en el Facebook: “si no me fue bien con los hombres, probaré con las mujeres, al menos con ellas me irá bien”. Entendí en ese momento a qué se referían con esa frase las muchachas de cabello azul, morado, rosado y de cortes muy humillantes. En realidad, Arequipa y su juventud estuvo hecha mierda.

En esos entonces, ninguna mujer me quiso hablar, hablo de unos 4 años más o menos, sólo por haber puesto desde el inicio de la pandemia, en mi foto de portada, el título de “ultraviril por antonomasia”.

Dijeron muchas personas que yo había muerto, ante el asombro de quienes me hallaban caminando por las calles y lo hacían saber.

Tuve cientos de exs dentro de las miles de muchachas que fueron mías, ninguna tenía un buen diálogo, las dejaba porque bebían mucho, cosa que no hago yo, o porque estaban saliendo de relaciones tóxicas, sin darse cuenta que ellas eran el problema.

Mentían demasiado y sólo hablaban de enfermedades y la muerte. No quise esas compañías, terminábamos sin ningún problema, en esos entonces, los varones estaban ansiosos de sexo con quien fuera y, ellas, empoderadas, sabían que, en menos de horas, podrían rehacer sus vidas.

Cuando ya no pude más, pedí ayuda a algunas amigas, sólo quería conversar, liberar todo aquello que ellas llamaron: basura o, al menos, escuchar la voz femenina de una mujer que quisiera entenderme.

Me respondían: debes resolver tu proceso solo y, me cortaban el habla bloqueándome del Facebook.

No tuve más opción que entrar en los chats de Perú, España y Amistad. Fue un grave error. Allí las mujeres sacaron lo peor de sí mismas, parecían arpías que deseaban la muerte a todos. Nunca pensé que las mujeres podrían estar tan llenas de odio o maldad.

Me quedaba sólo la música y la literatura. Me refugié en mis escritos, en el silencio y, en la música que, como compañía, aliviara mi soledad extrema.

Hasta que desde las redes sociales pusieron ayer 22 de junio: “si tu ex te tocara la puerta de noche y te dijera que no tiene dónde dormir, qué harías”. Las empoderadas, las que se desnudaron para  TikTok, las que salen besándose en los reels, las que en plena guerra a nosotros los varones, se dedicaron a criar perros y gatos de los cuales se cansaban en un par de meses y los abandonaban en plena vía pública, las mismas que nos dijeron que eran superiores a nosotros los varones en plena pandemia, las que no querían saber nada de nuestra “basura”, ahora, públicamente, pedían auxilio, ayuda, para seguramente llorar por días enteros y soltar toda su basura de su propio “proceso”, las mismas que se burlaron de nosotros los varones por reírse desde los medios de comunicación, diciendo que antes perseguíamos a mamuts y ahora perseguíamos a las exs para hallar refugio emocional, ahora eran ellas las que públicamente pedían eso de nosotros los varones.

Leí los comentarios, todos decían lo mismo: vé con tus padres, aquí no eres bienvenida, vé con tus familiares, a un hotel, alquílate un cuarto, no hay nada entre tú y yo.

Pasé de largo el post del Facebook, eran las ironías de la vida, cuando en un momento de la historia, las mujeres destruyeron el espíritu gregario, de la familia y apostaron por la muerte. Ahora eran ellas las que rogaban refugio para superar ese “proceso” donde estuvieron ausentes cuando más las necesitamos.

Nunca son buenas las guerras, la pandemia acabó, sólo evidenció qué llena los corazones de algunas mujeres, si me cansé de ver reels donde ellas se besaban o, donde hay rusas que te prometen el oro y el moro para que te cases con ellas, siendo albinas, de ojos claros y piel muy nacarada, de cuerpos esbeltos y sin la malicia propia de las latinas.

Ayer cuando leí el post me di cuenta de algo definitivo: el empoderamiento de las mujeres había llegado a su final. Todo volvía a como fue antes, preguntándome entonces, ¿tanta mierda de revolución para que todo vuelva a ser como antes?

La respuesta se podía respirar sin temor a morir con el virus de la pandemia.

Naturalmente haría lo mismo: cerraría bien la puerta de mi apartamento. Lo que muere para siempre, muere sin posibilidad alguna de volverse a sentir, porque en el momento más necesitado, la muerte nos desearon, fume mi cigarrillo, mientras me pregunté, quién está detrás de la guerra de Israel e Irán, ¿quién?

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