EL SUEÑO QUE RESUCITÓ
Nunca me vi
como un político
Siempre me vi
como un escritor
Desde que
percaté, nadie podría responder mis preguntas
Si es que
destrozaba máquinas de escribir desde los 17 años
Si el
escribir diario se me hizo un hábito
Hasta que de
pronto
La maldad y
la muerte asoló a la humanidad
Y me negué a
escribir
Para no
traicionar mis escritos
Si es que
sienta en la atmósfera que puedo volver a escribir
Si siempre
dije: “no he venido a este mundo a cantar sobre penas y dolores”
Y así, como
cuando tuve 17 años
Y me recluía
en las bibliotecas
Todos los
días de la semana
Para abrir
esos libros donde me encontraba
Con los
Titanes del Pensamiento
Y me daba
cuenta que no estaba solo en la brega
Que muchos lo
intentaron siglos antes que yo
Desde escritos
que suenan como flagelos contra el cielo
¿Qué infamia
tan condenable quiso arrebatar mi vocación de escritor?
Del silencio
nada queda
Es el mundo
quien se presta para lo corrupto
Me aparto de
las condenas y acusaciones
De eso se
encargan las personas
En paz y
tranquilidad
Promuevo el
bien y la virtud
Sin miedo a
la soledad total en el Cosmos
Como homo
sapiens que entiende
Somos los
únicos que podemos interrogar al Cosmos
A pesar de
estar limitados en nuestros sentidos
Si esa sea
nuestra mayor razón
Para negar
otros planos de vida
Como me
dijera el viejo psicólogo loco:
“Ya debes
pasar a otro plano de vida”
-vaya manera
de ser psicólogo-
-bloqueado
está de mis contactos de mi celular-
A sí que, lo
que no podamos ver ni entender
¡No existe!
No existe
hasta que la ciencia lo explique
Hasta que el
ser humano lo entienda
¡Nadie tiene
pues derecho a juzgarme si he visto muchos fines del mundo y la total
indiferencia de los dioses!
Que para
apostillar
Cuando vi al
anciano en plena avenida principal de la ciudad, mendigando, alcé la voz e
increpé: ¡te veo y me pregunto, dónde está dios en este momento!
Es tan fácil creer en dios con el estómago lleno
¡Sarta de hipócritas!
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