UN SUEÑO EXTRAÑO
La vi como quien ama al amor de su vida y es feliz. La situación era
cotidiana, estábamos en el jardín de nuestra casa, ella tenía el cabello
castaño y la piel clara como la leche, me miraba con amor, con los ojos de
quien está con el hombre de su vida, con quien se entendía muy bien, con quien
había tenido hijos y no había nada de qué preocuparse
Nadie tenía por qué cuestionarse si el mundo valía o no la pena, era el
mundo de las personas normales, de los que disfrutaban de la vida y, esperaban
envejecer juntos hasta que los nietos crecieran
No era necesario decirse a cada momento: ¿me amas? No sé si ustedes
hayan vivido eso. Ella era mi mujer, yo su hombre
Hasta que de pronto, recibimos la mala noticia y todo cambió. Me quedé
consternado por lo ocurrido, era una tragedia. El mundo se me quebró, por
primera vez en mi vida quise estar solo, no podía soportar el dolor y, lloré,
lloré desconsoladamente. Ella no supo qué hacer hasta que pasado un momento se
me acercó y me dijo: “aún puedes hacer para remediar lo ocurrido”, “siempre hay
segundas oportunidades que demandan sacrificios enormes, pero para ello, debes
renunciar a la vida que llevas conmigo y a los hijos que tenemos”
Sus ojos eran bellos, estaban llenos de amor hacia mí. ¿Recuerdas cómo
nos conocimos? Sí, le respondí. Fue un encuentro inesperado, ¿no? Sí, fue ese
tipo de encuentros que cambian la existencia a las personas. El daño ya está hecho,
pero aún hay un remedio, pero debes estar dispuesto a renunciar a todo lo feliz
que eres, ¿estás dispuesto a ello?
No dejaba de llorar, ¿aún hay algo que se pueda hacer? Ella respondió
que sí. Mauricio, lo tienes todo, llevas una vida sin problemas y estás
realizado, diré que eres alguien feliz, ¿dejarías todo ello para salvar a tus
seres queridos? ¿Hay manera de hacerlo? Sí, afirmó ella, hay una manera, pero
tendrás el peor de los destinos, serás un muchacho sensible que por los golpes
de la vida, se convertirá en escritor, poeta, la mala suerte será tu compañera,
nada te saldrá bien y, las experiencias más crueles serán tuyas; observa todo
lo que tienes conmigo, ¿harías ese sacrificio por tus seres queridos? La miré
con los ojos llenos de lágrimas, le pregunté si valdría la pena, ella me vio a
los ojos y me dijo algo que hasta ahora recuerdo: “sí, tendrás tu alma, porque
el resto, serán decepciones tras decepciones, te van a hacer rabiar y llorar
amargamente, conocerás la traición y la soledad, ninguna mujer querrá amarte y,
no me conocerás ni tendrás hijos, maldecirás el día que naciste muchas veces. No
importa, acabo de perder mi alma y quiero recuperarla. Entonces volverás al
pasado y no estaré allí en el lugar que nos conocimos y, empezará tu calvario,
pero salvarás a tus seres queridos, al precio de renunciar la vida que
llevamos. ¿Y recuperaré mi alma? Sí, pero no te lo agradecerán, serás pobre,
muy pobre y, querrás ser escritor, escribirás hasta el hartazgo miles y miles
de páginas, casi doscientos libros extensos y, el reconocimiento no llegará a
ti, una mala estrella te hará sombra y te alejará de la vida normal que ahora
llevas.
Esa tarde al despertar, vi a mi padre sentado en la puerta del
apartamento, intentaba levantarse solo y no podía, estaba yo en el segundo piso
del apartamento que mi hermano construyó para mí, porque por mis propios medios
no había logrado nada, bajé las gradas y ayudé a mi padre a ponerse en pie: era
un hombre acabado por la vida que sólo me usaba como su muchacho, un hombre que
no guardaba culpa de todo lo que hizo. Le di la mano. Lo había perdido todo: el
amor de ella, los hijos que tuvimos, la vida feliz, para tener a cambio un
destino trágico e insólito
Entramos al apartamento y me quedé pensando en la decisión que había
tomado: cambiar mi vida para recuperar mi alma. Mi padre estaba conmigo, estaba
vivo, había descubierto que no existe la muerte ni las enfermedades, pero
también supe que las personas no tienen alma
Había salvado mi alma, mis seres queridos nunca sabrían lo que hice
Me senté frente a mi ordenador para escribir, mi padre una vez más de
manera egoísta me interrumpió, en realidad nunca le importó lo que hiciera yo,
nunca veló por mi futuro ni por los años de la vejez
Miré hacia el pasado en la verdadera vida que perdí y, sentí la voz de
ella que volvía desde otro mundo donde fui enteramente feliz: “salvaste tu alma,
¿sabes que pocas personas tienen alma en este mundo?”
Prendí un cigarrillo mentolado, me pregunté quién me atendería cuando
tuviera la edad de mi padre, porque eso a él no le importaba
Fue el precio que pagué para conservar mi alma, renunciar a todo, antes
de ser malo, como el resto de personas, se me había concedido el derecho a una
segunda oportunidad
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