EL ESCRITOR QUE DESTRUYÓ EL MERCADO DEL NARCOTRÁFICO (ESCRITO TESTIMONIAL)


 


Antes de leer mi testimonio, debe primero mi lector saber cuáles son los efectos de la cocaína en las personas y, su relación, con la agresividad y la violencia, si es que hasta la fecha, se pensó, todo aquel que consume cocaína, era invencible.

“El consumo de cocaína está estrechamente relacionado con incrementos en la agresividad de los individuos, un fenómeno confirmado por múltiples estudios científicos. La relación puede analizarse desde distintos niveles: neuroquímico, psicológico, social y conductual.

1. Mecanismos neuroquímicos

  • La cocaína actúa como estimulante del sistema nervioso central, bloqueando la recaptación de dopamina, serotonina y noradrenalina, lo que genera altos niveles de estos neurotransmisores en la sinapsis.
  • El aumento excesivo de dopamina provoca sensaciones de euforia y energía, mientras que la alteración de serotonina y noradrenalina afecta la regulación emocional e incrementa irritabilidad.
  • Con el uso prolongado, se producen cambios neurológicos permanentes, como alteraciones en los lóbulos frontales (sobre los cuales recaen el juicio y el control impulsivo), llevando a hipersensibilidad frente a estímulos y respuestas agresivas incluso ante situaciones neutras.

2. Manifestaciones conductuales de la agresividad

El consumo de cocaína puede provocar:

  • Irritabilidad extrema.
  • Reacciones desproporcionadas ante eventos cotidianos.
  • Conducta impulsiva y temeraria.
  • Hostilidad hacia otros, incluyendo familiares y desconocidos.
  • Mayor probabilidad de involucrarse en conflictos físicos o incidentes violentos.
  • Estas conductas pueden ocurrir tanto durante el consumo activo como durante la abstinencia (síndrome de abstinencia o “craving”).

3. Factores que modulan la agresividad inducida

  • Dosis y frecuencia: Consumo elevado y crónico aumenta la probabilidad de conductas agresivas.
  • Predisposición genética: Ciertos genes influyen en la vulnerabilidad a reacciones violentas y en la regulación emocional.
  • Entorno social: Ambientes estresantes o conflictivos refuerzan la agresividad.
  • Combinación con otras drogas: La mezcla de cocaína con alcohol u otras sustancias potencia la impulsividad y los comportamientos violentos.

4. Consecuencias sociales y legales

  • Deterioro de relaciones personales y familiares debido a conducta agresiva.
  • Problemas laborales o académicos por alteraciones de comportamiento.
  • Incremento del riesgo de involucrarse en delitos o enfrentar problemas legales derivados de la violencia.

5. Riesgos a largo plazo

  • Cambios de personalidad permanentes, incluyendo irritabilidad y agresividad crónica.
  • Trastornos psiquiátricos como paranoia, alucinaciones y trastornos psicóticos.
  • Ciclos de violencia recurrentes, afectando tanto al individuo como a su comunidad.

 

Conclusión

La cocaína aumenta la agresividad a través de mecanismos neuroquímicos que alteran la regulación emocional y el control de impulsos. Su consumo puede inducir comportamientos imprevisibles y violentos, con consecuencias graves para el individuo y su entorno. La intervención profesional combinando desintoxicación, terapia psicológica y apoyo social es esencial para mitigar estos efectos.

Referencias

  • Instituto Europeo Alfi: Cocaína y agresividad
  • Psicosaber: Agresividad por consumo de drogas
  • Elsevier: Efectos de la cocaína en el ser humano
  • Psicología y Mente: Efectos a largo plazo de la cocaína”

Fuente: Copilot IA

Una vez leída la información que se tiene sobre la cocaína, procederé a un testimonio donde, en condiciones normales, derroté al mercado del narcotráfico. Procedo con mi testimonio.

En una calle céntrica de la ciudad, donde compré un inodoro portátil para adulto mayor, al regresar a casa, debía tomar un taxi. Mido 1,84m, soy atlético de contextura y, de buen parecer. Eso hace que mucha gente se confunda conmigo y piense que soy alguien que tiene dinero, cuando en realidad eso no es así.

Paré un taxi, el auto era del 2,008, modelo Volkswagen, tenía el rótulo de una línea de taxistas que ni leí, para ser preciso, a mis 54 años, nunca he sido asaltado. Debo también añadir que soy medicado con fuertes calmantes: Olanzapina, Clonazepam y Valproato de Sodio, está demás decir que tengo el temperamento muy fuerte y me recentan estos potentes calmantes para no entrar en ira impredecible. El taxista era blanco, de corpulencia similar a la mía, unos 95kg, menor que yo, diré, unos 50 años, con cabello cano, piel blanca y gafas oscuras. Me dio la tarifa, subí con el inodoro portátil, no tuve por qué desconfiar, a mis casi 55 años, nunca he sido víctima de un atraco, ni siquiera a medianoche.

Dentro del taxi, lo normal para mí es dialogar con los taxistas, ellos saben mucho de política. ¿Qué opinión le merece Keiko Fuijimori?, le pregunté. Entonces al responder, me di cuenta de inmediato que el taxista estaba bajo el efecto de la cocaína: su tono de voz era beligerante, propio del que quiere irse a los golpes, con palabras propias de quien tiene absolutamente todo bajo control. Decidí escucharle, conozco a las personas que consumen cocaína, se sienten invencibles y capaces de todo y, lo hacen, es decir, no sólo se sienten invencibles, lo son, los he visto agarrarse a golpes y llenarse de una actitud temeraria donde todos perdieron. No le presté importancia, no tenía por qué, perdí mi libertad 5 veces, estando internado en manicomios, donde mis golpes dados que sonaban como puñetazos muy fuertes en puertas de metal, de esos que te dejan las manos bien hinchadas por semanas, dados a locos de verdad que ni se inmutaban por la fuerza de mis puños, si es que se me tiene prohibido apelar a la agresión física, algo que hizo que desarrolle el uso de las palabras y el pensar rápido de manera inteligente ante eventos no esperados, siendo esa la razón del por qué decidí ignorarle al taxista que era para mí lo de menos dentro de mi experiencia ante eventos como el que pasaría sin saberlo. Decidí seguirle la corriente, hasta que de pronto, me di cuenta que me estaba llevando por una ruta que no era la que habitualmente usan los taxistas que contrato. Este taxista no era de un aplicativo, era un taxista más de los decenas de miles que hay en la ciudad. No llevo nunca dinero en mi billetera que por cierto, está que se cae a pedazos, no tengo tarjetas de crédito, lo único de valor era mi celular y el inodoro portátil que costó S/175, ¿por qué tendría que pensar sería asaltado?

Al llegar a un parque de la ciudad que no tenía relación con la ruta que sé, debía guiar el taxista, me dijo: “tomaremos El Puente Chilina”, puente donde muchos se suicidan según las noticias. Su voz era matoneada, determinada. En ese momento me di cuenta que él no estaba solo en el atraco a cometer, que 4 o 5 malvivientes estaban esperándole en El Puente Chilina del que se reportan siempre por Navidad, muchos suicidios. Me valió un carajo que estuviera el taxista malviviente bajo el efecto de la cocaína, soy el Escritor que maneja 200,000 palabras y sabe de leyes, soy el que se ha enfrentado contra La Mafia muchas veces. Inmediatamente le increpé con tono severo: ¡ésa no es la ruta, carajo, me quieres asaltar, te meto ahora preso mierda, voy a llamar a la policía ahora mismo!

No supe que la cocaína también produce efectos de hiperterror o miedos extremos, contrario a los efectos agresivos conocidos que los convierte en personas invencibles, más aún si son avezados delincuentes. Pensé en fracciones de segundos en todos los suicidios reportados en Navidad en la ciudad desde El Puente Chilina, pensé que también indudablemente él estaba armado. En otros términos, lo desmoralicé al criminal que pensaba acometer su fechoría con la gente que le esperaba en mencionado puente que cruza el río Chili de la ciudad. Esa no era la ruta. Mi instinto hizo que el taxista que pensó tenerlo todo bajo control por estar bajo el efecto de la cocaína que se pensó, era infalible, fracasara conmigo totalmente, al hecho de estar yo totalmente sano y en estado anteriormente relajado.

El taxista se asustó de mis palabras de advertencia, porque estaba más decidido yo que él para estar resuelto y meterlo preso, aún estando dentro del taxi. Disminuido en su moral, el efecto de la cocaína giró hacia su opuesto: terror intenso, miedo y pánico, algo que hasta yo desconocía, produce esta fuerte droga. ¡Detén el taxi ahora carajo o te meto preso mierda! El taxista se detuvo en plena pista frente a un parque donde no hay efectivos policiales ni serenazgo, salí con el inodoro portátil mientras veía cómo el facineroso se echaba a la fuga.

No me inmuté, esperé que pasara otro taxi y, sin saberlo, lo que ocurrió hoy, hace unas horas, esclareció algo que se ignoraba, que un hombre sano, con más moral que alguien que está bajo el efecto de drogas que potencian la agresividad y los convierte en peligrosos sujetos de conductas impredecibles, había sido reducido por mi postura firme y mi reacción en fracciones de segundo.

Nadie antes había derrotado a un delincuente avezado que, estando bajo el efecto de la cocaína, sintiera el efecto contrario de esta droga: el terror a estar preso. Se había topado con alguien a quien en su juventud había recibido terapias de electrochoques, quien recibió crueles tratamientos psiquiátricos y con fama de ser un escritor rebelde, contestatario y nihilista, propio de una voz sólo equiparable a la de un regimiento de 100 soldados, he dicho soldados, no hombres normales.

Echado a la fuga, esperé a que pasara otro taxi por esa zona alejada, sabía que pude haber sido otro supuesto suicida por temporadas navideñas en la ciudad que se había lanzado por El Puente Chilina, cuando la verdad tuvo siempre otro trasfondo, si así figuraría en las redes sociales, cuando en realidad, iba a ser víctima de un atraco por parte de criminales.

Había derrotado a toda una red de criminales que consumen cocaína para estar más avezados y, sin saberlo, destruido el mercado del narcotráfico, porque al tomar el taxi de retorno a casa, luego de haberle comentado al taxista que me trajo lo ocurrido, me senté a escribir y escuchar música como si nada hubiera ocurrido, si precise, en este momento, los delincuentes más avezados de la ciudad y del mundo, sepan ahora que, la cocaína no los hace invencibles, siendo por tanto su uso, algo desfasado y sin efecto alguno, para reducir a las personas que como yo, en fracciones de segundos, sabemos usar las 200,000 palabras que sé como escritor y, en el ejercicio de La Ley, sabe cómo enfrentar estas circunstancias, que terminaron por demostrar, el mercado del narcotráfico que mueve miles de millones de dólares en el mundo, conmigo ha fracasado, si es que ahora esté tomando mi Cool Fresh y fumando mi cigarrillo mentolado, testimoniando lo ocurrido.

“La cocaína puede desencadenar sensaciones intensas de miedo, paranoia y terror debido a su impacto agresivo sobre el sistema nervioso central y la alteración de neurotransmisores que regulan las emociones.

Impacto psicológico inmediato
El consumo de cocaína genera una intensa estimulación del sistema nervioso central que inicialmente provoca euforia y aumento de energía, pero rápidamente puede derivar en síntomas negativos como ansiedad severa, paranoia y crisis de pánico. Durante estas crisis, las personas pueden experimentar un miedo intenso, sensación de ser perseguidas o vigiladas, y episodios de terror que afectan profundamente su percepción de la realidad 

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Causas neuroquímicas del miedo intenso
La cocaína bloquea la recaptación de neurotransmisores como la dopamina y la norepinefrina, lo que genera un desequilibrio químico en el cerebro. Esto puede sobreestimular áreas relacionadas con la alerta y el control emocional, provocando hiperactividad neuronal, temores irracionales y rompimiento del contacto con la realidad

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 . Este efecto puede combinarse con crisis de pánico que se sienten como terrores internos muy intensos.

En resumen, el miedo intenso y el terror son efectos frecuentes y peligrosos asociados al consumo de cocaína, reflejo de su fuerte impacto neuropsiquiátrico. Conocer estos riesgos ayuda a tomar decisiones informadas y a evitar graves consecuencias para la salud mental y física.

Fuente: Copilot IA


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