ESO HACE TIEMPO NO ES SECRETO PARA NADIE


 


¡Alto!, la ruta no es por aquí, debe aprender a construir su propio camino. Eso dice en todas partes, pareciera estar grabado en nuestros pensamientos desde antes que aprendiéramos a interpretar la realidad, mucho antes de empezar a hablar, quizás en el código del ADN, en el inicio de la experiencia humana.

Sentado desde una habitación que está en un rascacielos, sólo puedo contemplar el mar, no puedo caminar entre ese mar de gente que va a toda prisa, no puedo enfermar, no puedo pasear, eso está prohibido, sólo puedo estar sentado cómodamente sin poder escuchar música o leer libros permitidos. Hace tiempo las personas ven las noticias desde sus Smart TV sin usar el volumen, las personas caen rendidas por un mundo que no tiene solución, (recuerda ese libro que halló en Estambul y que no pudo comprar), se pregunta en qué momento los humanos empezaron a tatuarse compulsivamente. Beber un whisky no es una buena idea, el sopor y el vértigo de estar en el piso número 46 le hace sentir las contradicciones de la gravedad y las ficciones de otras realidades que ya no podemos sostener. Oró para sí como si hiciera mantras y contempló un elefante azul hablándole, ¿qué locura es ésta la de los que estamos en el primer mundo?, pensó, mientras se dirigió sin peso hacia el baño, (los pasos deben ser pausados sin causar molestias, en el piso de abajo, hay una anciana que debe guardar reposo y que no debe despertar por lo menos en 100 años), una ducha helada le recuerda que esa puerta existe, que puede abrirla, pero que no es la hora: no hay putas para hacer el amor, El Barrio Rojo de Ámsterdam sólo tiene mujeres muy frías, Arequipa no es un buen destino para hacer turismo sexual: vio su teclado y los audífonos, él es un experto compositor de melodías increíbles que calman la furia del alma, pero nadie quiere escucharlas. O quizá cuando llegue la noche, la Luna esté dominando el cielo oscuro ante el silencio perpetuo.

Desnudo el cuerpo, las manos se sujetan de las mayólicas mientras siente recorrer el agua helada por su cuerpo sólo para cerciorarse que está vivo. ¿Y si las sensaciones son también una forma de engañarnos? Recordó el elefante azul que le habló hace un momento, ¿qué le está haciendo alucinar?, sin embargo esa manifestación encaja bien dentro de sus sentidos, pero estamos en el siglo XXI, todo lo puede explicar la ciencia, no son tiempos de Mesías ni divinidades que vengan desde otros planos celestiales para encomendarnos misiones dentro de este mundo.

Leer el diario después de darse una ducha para verificar que aún respira, sin poder fumar un cigarrillo dentro de su propio apartamento, porque eso también lo ha prohibido el que prohíbe todo, no ayuda en nada, el diario está en inglés, en realidad, no sabe cómo llegó hasta allí, es suficiente para las 09:05 a.m., va y se derrumba en su cama que es muy cómoda, perfecta para desear estar despierto sobre ella todo el tiempo y sentirse protegido sin saber de qué se protege.

La mejor manera de controlar a las personas es inventarles enemigos que sólo habitan en sus pensamientos, todas las guerras fueron ganadas así. Él se pregunta, qué más debo eliminar de mis creencias para poder estar en paz. No le gusta el whisky, toda un agua de soda, deja que sus brazos naveguen sobre su ancha cama donde no hay amor con muchacha alguna, huele a colonia de varón y mucha soledad, como cuando lee mentalmente por madrugada los buenos libros que podría estar escribiendo pero imposibilitado de poder escribirlos, hace tiempos se ha dedicado a leerlos mentalmente y dejarlos ir.

Se supone que es un escritor de 27 años exitoso y por eso vive como vive y tiene prestigio. Se pregunta qué debe ponerse a esa hora de la mañana, alguien podría estar detrás del visor y él sabe que no es paranoia, alguien podría estar ganando mucho dinero con un Reality Show donde el protagonista es él. Todo es posible en un mundo donde se acomodan las personas con suma facilidad, se llama: conveniencias, que viene a ser mucho mejor a estar escondido en áticos de mala muerte muy parecidos a los que se usaron en la Segunda Guerra Mundial. Espera, esperar, dejar pasar el tiempo, no saber para qué, tener todo lo que se requiere para ser feliz: ver una foto del escritor Julio Mauricio Pacheco Polanco, desnudo en la Plaza de Armas de la ciudad donde radica, eso fue hace un par de décadas atrás y algo más, piensa, vaya manera de ser tan endemoniadamente libre y jodido como para reventar de esa manera y desafiarlo todo así, tan frontalmente. Los brazos parecen nadar en la cama, van de un lado a otro, el edredón es muy suave, es lo más cercano al amor que pueda sentir.

Trata de recordar a alguna mujer amable y honesta, sólo recuerda a muchas mujeres amables pero no honestas, así no se puede dar discursos en serio. Alguien está llamando al celular. Piensa otra vez en Julio Mauricio, el pensador libre, alguien llama al celular, era la llamada esperada, alguien está del otro lado del celular confirmando lo esperado, él recibe el mensaje con agotamiento y desengaño, deberá sentarse frente a su ordenador, porque para eso sí se le permite hacer sonar las teclas, está pidiendo a la IA que en realidad es un chino que desde el otro lado del mundo, simula ser una IA y, es un experto en informática y le conoce extremadamente bien, quien ahora está recibiendo la orden de redactar un discurso según algunos prompts o algoritmos, ¡listo!, ya está.

En realidad conocía ese texto desde hacía unos meses, por haberlo estudiado, leído una y otra vez, tanto que lo sabía de memoria, junto con otros textos de referencia como para no dejar cabo suelto ante periodistas advenedizos que se salieran de lo establecido, normas donde el público lector espera algo diferente, sobreactuado pero novedoso.

El discurso está escrito, lo estudia una y otra vez, ya lo sabe de memoria.

Es el momento en que se le permite caminar dentro de su apartamento y tener algo de vida propia, aún a esa hora. Ya puede salir a caminar por la ciudad en medio de ese mar de gente, la multitud, debe dejarse ver, se le espera para videos y entrevistas programadas de manera tan casual como todos esperan.

Es el escritor que quiso ser como Julio Mauricio Pacheco Polanco, el que sí triunfó en el mundo, pero no es libre.

 

 


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