EL MUCHACHO QUE DESCUBRIÓ TEMPRANAMENTE LA VIDA



 

Piportil en ampolleta de 100mg, 25 años, la universidad, pasos apurados con libros en la mano, eran los titanes del pensamiento, me sentía el rey del mundo, hallaba un universo de muchachos universitarios con otras lecturas, otros intereses, su propósito era acabar cuanto antes los 5 años de estudio, no importaba cómo, en la familia alguien les conseguiría trabajo como arquitectos.

Las muchachas y sólo los besos, 30,000 jóvenes que parecían no tener un norte claro. No me interesó nunca la biografía del Che Guevara. Metallica hacia contados años dio un concierto en Moscú, los militares soviéticos no pudieron controlar al monstruo humano ni con helicópteros, Scorpions cantó Vientos de Cambio cuando cayó el muro de Berlín, años después, Gorbachov daría final a la Unión Soviética, los muchachos nos preguntamos si eso era el comunismo, los ideales de Lenin, Stalin, Mao. A mis 25 años me interesaba más el Lobo Estepario de Herman Hesse y los discursos de los poetas de la izquierda en Perú: Antonio Cisneros en La República de los Poetas en la Sala Mariano Melgar del Paraninfo de la Universidad Nacional San Agustín: recuerdos del final de una era donde se soñó un mundo diferente bajo consignas generacionales desde el fracaso de Jean-Paul Sartre y su negación a ir más allá de ser un militante a un dirigente, desde la guerra de Vietnam o los llamados urgentes de Fidel Castro. Mucha historia hasta ese 1997: trabajos de peón en el área de ingenierías a 4,100msnm, estudios dejados una y otra vez en Ingenierías, Psicología, un volver a Mollendo y saber de las drogas: hasta los más fuertes de mi generación consumían cocaína; fumar marihuana era tener status, el cabello largo y las casacas de cuero, con botas de cuero y cadenas eran la expresión de los más rebeldes, sin saber por qué, no era pose leer libros que abrían otros horizontes: en las fábricas, los operarios no articulaban bien el habla, no sabían comunicarse, los noventas y la aparición de los diarios chicha y la jerga: en realidad nunca entendía a nadie nada, mis palabras eran propias de quien sólo sabía usar el lenguaje que estaba en los libros. Tears For Fears nos cantaba Shout, diciendo que nos iban a romper el corazón, estamos vivos para contarlo, pero eso ya no tiene importancia. El refugio fueron los libros y el escribir, el amor verdadero tendría que esperar, los precoces despertaron al sexo y se casaron tempranamente: no había trabajo en Perú, la clase media desaparecía. USA era el destino de ilegales peruanos que convivían en una sola cuadra donde quedaba la fábrica donde eran obreros, España lo sería para los que se rindieran en Lima, en Arequipa, en Mollendo, en donde fuera en Perú; trabajos mal pagados, no alcanzaba para vivir, ¿quién solucionaba la crisis económica en Perú?; no fui el único que abandonó muchas veces la universidad, no fui el único que dejó los trabajos, era una constante generacional. Volver a la Escuela de Literatura y soñar con ser escritor, ingresar con ese libro hecho a mano titulado El Viejo Libro del Cuero de Mamut que tardaría 24 años en ser publicado, era otro mundo, otra realidad, ser escritor, nadie vivía de la literatura, tampoco pensábamos en ello, la revista que publiqué cuyo slogan era: “préstala antes que se agote” lo decía todo: queríamos ser escritores porque teníamos mucho qué decir. Julio Ramón Ribeyro llegó a Arequipa, había compartido cátedra con Abimael Guzmán Reynoso, Julio Ramón nunca dio el discurso, lo habíamos leído tanto, simplemente no dijo nunca nada aquí en Arequipa. Era un lujo tener zapatillas Nike hechas en Corea, los pantalones Wrangler estaban de moda, las poleras Levi Straus eran para pocos, uno tenía que decidir: ¿libros o buena ropa?, llegado el momento no había dinero ni para los libros: las bibliotecas eran la respuesta. Una generación donde consumíamos suplementos alimenticios y anabólicos, esteroides, los gimnasios se pusieron de moda, todos queríamos tener la contextura atlética de Arnold Schwarzenegger, sonaba en las radios dale a tu cuerpo alegría Macarena, una noche con el amigo de esa generación, besé a dos norteamericanas sin saber sus nombres, apenas en 5 minutos de haberlas conocido, después mi amigo temió por el SIDA, reitero que eran años sólo de besos, besaba a todas las muchachas que podía, desde peruanas hasta extranjeras, nadie pensaba en virus, al menos no yo, creo que batía el récord de besar más rápido a muchachas desconocidas. Piportil sería retirado de los laboratorios farmacológicos a razón de haber excedido el poder de esta ampolleta: entraba al patio principal de una Facultad que nada quería saber con la crisis que hubo en Perú y hacía gritar a los muchachos de las escuelas de sociales: ¡Revolución!, en realidad nunca supimos de qué revolución hablábamos, éramos sólo jóvenes que nos estábamos revelando contra un mundo que no nos ofrecía futuro. La revista que escribí, me brindó notoriedad en esa generación, llegando a ser comentada en los principales diarios de Arequipa y, no es que estuviera pendiente de ello, mis amigas me comentaban ello mientras era el Poeta antisistema de los noventas en la ciudad.

Me senté frente al psiquiatra, le pedí un cigarrillo, minutos antes había exigido que me atendiera ante su secretaria, le gritaba que era de vida o muerte: no podemos atender gratis a los pacientes me repetía constantemente. El psiquiatra se dio cuenta que hablaba en serio, pasé a su consultorio. Fumamos nuestros cigarrillos en silencio: ¡no abandones la universidad, no lo hagas!, trataba de hacerme entender él. Había otra vez llegado a mi límite. ¿No es el übermensh el que supera los límites humanos? Me escuchó todo lo que debía decir en ese momento donde estaba decidido a quitarme la vida. No te entiendo Mauricio, tú lees demasiado, estás en ventaja por sobre todos los demás, ¿por qué no aplicas lo que sabes? Finalmente me entregó unas cajas con otros medicamentos: Melleril. Toma, me dijo finalmente, tienes demasiadas experiencias negativas a tan poca edad, me gustaría que no fuera así pero tu carácter hace enfrentarte con  situaciones que van más allá de lo que puedes afrontar, pero la vida es así con todas las personas, un día te darás cuenta de ello, vé a casa y descansa, no es tu culpa, sólo descubriste desde temprana edad la vida y no le tuviste miedo a esta, no tiene nada de malo soñar, nada, nada de malo, Mauricio.


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