REBELDE ANTE EL STATU QUO SIN HABERLO PEDIDO
Opté por ser yo y, hallé un mundo lleno de palabras no pronunciadas y me
pregunté por qué. Los libros también hablaron en silencio, decían muchas cosas,
pero sólo eran memoria silente de lo que alguna vez fue. No sabía que los reescribían una y otra vez,
que la memoria no era respetada, vulnerándose historias que debieron ser fieles
al momento en que alguien las escribió, no sé si pensando en un mundo mejor, o
reclamando por éste.
Internet llegó a Perú a finales de los noventas. Fue una novedad donde
los muchachos vieron una nueva oportunidad para el amor. Aún no había sido
publicado, pero vi algo que le dio más razones para seguir escribiendo: mi obra
en plataformas de internet y, llegaba a buena parte del mundo, con erratas y
lecturas que debía comprender para alzar la voz con más fuerza.
No elegí enfrentarme al Statu Quo constantemente, la rebeldía en la
juventud corresponde a sueños rotos en los que se creyó con vehemencia, energía
que correspondía al despertar a la vida. Refugiado en las bibliotecas,
gradualmente entendía que los escritores también tuvieron más que sueños rotos,
destinos llenos de pérdidas insuperables, quizá la labor de escribir era
peregrinar hacia la paz del alma, esa morada donde saldamos cuentas con esa
existencia que nadie pudo resolver. Y los leía para saber hasta dónde podía
llegar el ser humano, de qué tamaño fueron sus interrogantes, cuán profundos
son algunos años, cuando todo se ha dado por perdido, hasta que supe
interpretar el patrón de la historia, las encrucijadas de los que entendieron,
debían no sólo gobernar, sino además, contribuir el desarrollo humano, dentro
de una evolución constante donde lo único que no cesa es el cambio. Esa madurez
mental de los escritores o las memorias de los que fueron muy fuertes en su
momento, me dio una visión clara de lo importante de estar vivo y ser coherente
con el carácter que pone a cada quien en diferentes posiciones.
El Statu Quo nos espera a todos sin que lo sepamos, sus hijos más
predilectos son aquellos que están destinados a enfrentárseles, el bien y el
mal está trazado en la historia: los símbolos humanos son retratos de momentos
donde los brazos fuertes son a veces detenidos por pequeños hombres que
recuerdan el origen de los ideales que hasta los colosos del mundo tuvieron.
En el sueño del que escribe, sea desde pasillos de psiquiátricos,
interrogándose qué ocurrió antes de las proclamas que pocos pueden dar en
soledad descomunal, ese sueño, ese febril impulso de asomarse hasta donde
empieza todo, las meditaciones sobre lo que somos como homo sapiens, las luchas
que se revelaron en la noche cuando el mundo confirmó lo que pensaba de
nosotros, lo que significó ser Poeta cuando nadie quiere serlo o, los
enfrentamientos contra todo cuando alguien se ha elevado muy por encima de
quienes quisieron lo mismo sin lograrlo, la épica antes de la angustia y el
grito feroz que tiembla a la ciudad, lo que debió ser escrito, lo que debió ser
dicho a vivo pulmón, lo que no debió ser callado. Larga condena para los que
brillaron desde que se dieron a conocer ante el sabotaje de los carentes de
dones, los que sólo tenían dinero con el que nunca pudieron comprar la claridad
de visión, el talento o la fiebre de pasiones que desasemejan en el llano de
los que buscaron la gloria sin entender que ésta es cruel para los que osaron
ser más grandes que el resto para supervivir.
Cerradas las páginas de los libros de encuadernación de piel imitación
cerdo, con sellos delicados y páginas de biblias, extensos escritos para los
que se dedicaron a soñar en medio de pesadillas mortales, endulzaron las
esperanzas para los que morían en labores que detuvieron metas antes de saber
qué es la condición humana. A quienes dejé en el camino, a quienes dejaron de
crecer y ahora son el discurso de cuando se tuvo 17 o 25 años, justo antes de
saber que el muro que advierte del final del camino, se les manifestó muy
pronto, sin saber qué hacer.
Fue ante la Dictadura, ante el Arzobispado, ante George Bush Jr., ante
tantas cercanías a lo inmortal, inclusive con el destino del lado de uno,
viendo La Estrella de David o, la potencia de haber creído ver a Dios.
Fueron años de ostracismo, soledad no elegida, el amor descubierto a los
41 años.
Fue la resistencia, mientras las horas eran toda la locura no registrada
en los anales de la historia de la psique humana.
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