RESUELLO CON INSISTENCIA INVOLUNTARIA



 

Sí, sé, fue algo que no dije. Creo que así se explican muchas personas antes de presentarse ante sí mismas, cuando suceden favorablemente las oportunidades perdidas. Sí, pudo ser algo serio de qué arrepentirse.

He visto a tanto teórico aprender de los demás y hacerse llamar sabios. No puedes recorrer por el alma de todas las personas para luego percatarte que la sabiduría es un instinto que nos evita momentos graves ya conocidos.

Sucede que nunca acabamos, que meditamos a veces sobre ese último segundo en el estar y despreciamos vengativamente ello. Y no acabamos, obstinados, porfiamos en que el siempre será novedoso: ¡gratas noticias para saber de lo bueno del mundo!: una muchacha que aún no se haya entregado al amor, puede ser una mujer, puede ser alguien que simplemente decidió pertenecerse siempre a sí misma. No es extraño esto, es más normal que lo común. Las entregas son completas, es como estar en los brazos de alguien que nos hace colgar ante un abismo, es natural que se sienta miedo. Cuando ames de verdad, sabrás de qué escribo.

Ella estaba furiosa mientras la encontré en mi retorno a casa, sé que pudo ser mía, pero no quise, mejor dicho, no quise su pelea con la vida, en realidad, por más hermosa y joven que sea una mujer, no le damos cabida en nuestra vida: sólo en las películas salvamos la vida a las muchachas bellas que han perdido su norte, o cuando se ignora qué es el amor y, eso, eso es un pecado que se paga caro, bueno, un pecado que todos hemos cometido, pero, no es malo amar de manera tan tierna, mas la pregunta es: ¿hemos enloquecido alguna vez con la muchacha indicada?

Caminar por la ciudad y contemplar a todas las mujeres, sin distinción de edad y saber que uno puede hacerle el amor a todas ellas, inclusive en plena vía pública, sin pudor alguno, saber que se tiene ese poder y, renunciar a ello, revela la magnitud del alma cuando se pierde ante uno, cuando la mujer es solo deseo y perdición desbocada para ellas. Un buen maestro sabe del alcance de sus conocimientos y entiende que adueñarse del alma de las mujeres son noches donde ellas han de buscarlo a uno, en lechos, donde los amantes sean nombrados con el nombre de uno.

Enciendo un cigarrillo, con la misma sensación que se siente cuando uno lee un texto y quiere que el escritor ahonde más sobre lo escrito. En ese conectarse con otros seres, hay algo morboso que habla de derrotas donde las personas se han hallado. El cigarrillo es agradable y parecieran las personas detenidas a mi andar, como si con mi mirada hubiese hipnotizado y petrificado el rededor, sucede que quiero que todo se detenga, que el tiempo no suceda, hay tanto para contemplar desde donde estoy, pero el cigarrillo se acabó como los placeres, como lo que es un gusto y para muchos es una dura condena: la que no debió ser, el orgasmo, el magnetismo animal que vence a los más lúcidos, los trajes de a diario con jornadas odiadas mientras la frialdad en el rostro expresa algo incompleto definitivamente: no quise esto para mí.

He avanzado hasta el profundo ayer de quienes contemplé, aquí hubo vida hace mucho tiempo, pero ahora hay nada, sólo personas de paso apurado, con razones que empujaron maldiciones en los días de la confrontación ante la existencia, los límites, el lamento, lo que uno no quiso vivir, otras metas donde no habrán cabida más. Unos antes y otros después, ¿hasta cuándo la suerte será mía?, me pregunto mientras he dejado ir a una hermosa mujer que desde su legítima furia, no quería el destino de sus pasos, ¿para quiénes escribí entonces? Y encuentro a otra y otras y son muy bellas, pero sé de las perfectas y, sé también de la noche en que dejaron de ser perfectas: los años que son más veloces que el entendimiento: “si hubiera sabido que sería así, no lo habría hecho”, porque cuando es tarde y no de cualquier día, sino de cuando ya pasó todo sin marcha hacia atrás, recuerdo a los teóricos, a los que fungen de sabios por haber aprendido de los demás, si hasta ahora nadie entendió el saber de los libros, labor fatigosa mientras por otro lado siempre marcha la vida, sin avisarnos nunca, mejor dicho, sin pedirnos permiso de nada.

El bus me dejó en casa. Tomé de mi Cool Fresh, subí a los altos a recostarme en mi cama, para guardar silencio, quieto del espasmo de tanta vida, saqué el teclado para escuchar mi alma para no pensar tanto y, fue entonces que descubrí que todos somos el centro de este mundo, sin que nadie quiera reconocerlo.

 


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