TODAS LAS VECES QUE NO FUERON
Decir quédate es toda una vida, cuántas veces no se dijo esa palabra,
cuántas veces dejó de cambiar el mundo sólo por no haber solicitado lo que
siente el corazón, ¡oh, sí, el corazón!, el corazón que grita desde el
descubrimiento del alma esa palabra que lo cambia todo o, debió cambiarlo todo,
como si en la memoria engañosa, alguien creyera escucharla al hecho de no
haberse sido dicha. ¿Dijiste con todo el coraje del mundo: quédate?
No estoy hablando de un volver a tener sexo, el alma es sagrada cuando
despierta a la vida, lo intenso, lo que salva, lo que nos arroja al mundo y en
el vértigo, el miedo se hace fascinante, una aventura que no queremos
perdernos.
La muchacha dijo una vez que el corazón también se equivoca. A mis casi
55 años veo que la gente añora las equivocaciones del corazón, tanta sensatez
sólo conduce a horarios establecidos, cigarrillos no compartidos, silencios
donde los ojos se evaden con libros donde hay grandes enseñanzas, pero no ese
quédate.
En mis retiros voluntarios para escribir como lo hace quien sintió la
existencia con plenitud, evoco sin añorar, los errores que otros ahora
quisieron tener. Ya no importa quién es el que está en el espejo, o si el
brillo de los ojos es más distante a lo lejos. En la noche, alguien que fue muy
amado, en el amanecer: el olor a los orgasmos de ellas en el instinto de poner
el primer pie sobre el piso, el comprender al Sol, la nostalgia que revienta
sin cansancio alguno, después de la cita con la Luna, o con un cielo denso y
mudo: un diálogo personal, un escrito, la permanencia, el estar aquí
atemporalmente, siempre desde lejos hasta donde es más distante de lo desconocido,
como las presencias que espantan y atraen, la seducción de lo que no se puede
comprender y finalmente un: quédate.
A toda marcha es con todos, danzas cuyos giros no controlamos y nos
embriagan sin darnos cuenta, sin tener control, ¿qué propone el azar para
conmigo?, se pregunta la muchacha antes de morir en el descubrimiento del amor,
¡oh, tragedia, dicha y la leyenda!, relatos famosos que descansan en suaves
almohadas de piedra, así de fuerte es un quédate, compensando siempre al
destino y sus imposibilidades, la fortuna que arrebata y vuelve a entregar,
pero nunca más el verdadero quédate, no el dicho por toda una eternidad de
placer, sino, el que es sagrado, único vínculo entre lo humano y lo divino, así
se sea nihilista entre todas las derrotas y lo que no podemos responder.
Nunca es a tiempo, sólo en las tardes cuando se puede pensar los
recuerdos, cuando las paredes de la casa pudieron haber tenido otros olores, en
otra parte, muy lejos del ahora, en lo que no es y no se sabe cómo pudo ser,
apenas caminos de almas que exigen para sí mismas todo el desprendimiento en el
negarse a uno mismo para ser en otro ser, para ser las palabras que no son
nuestras, hasta dejar de existir y perder la noción de quién es uno.
Un sueño o sueños recurrentes, rostros que significan pero no son los
mismos: la muchacha en el tiempo antes de desvanecerse en la reflexión de los
ojos que se abren con violencia ante tal pesadilla de algo tan hermoso como el
primer beso, los dedos cobrando inteligencia para las artes primerizas, torpes
y errantes, sólo un sueño para los eruditos del amor, ¡bah!, dicen las canas y
uno se rasura, éste no era yo hace el pasado que está en mi mirada, la manera
de interpretarlo todo, aguda lucidez cuando el umbral hacia donde no se dijo,
quédate, reconoce otra vida, lo que es diferente como una misma rutina, pero de
otra forma, nada garantizado, no hay finales felices escritos ni en los libros,
ni en nuestras palabras entrecortadas que evaden lo sabido, certidumbres donde
debilitados hemos sido humanos por segundos, para recibir la ducha helada, las
erecciones matutinas que no logran ser saciadas en las demandas de muchachas
que nadie logra satisfacer: quédate un poco más o, quédate para siempre, en mi
lado está tu lado, he pensado la vida de esta manera, no es lo que quiero, si
por el contrario mi lado fuera el que tú desearas.
Quédate, porque lo hemos sentido, apenas una vulnerabilidad: me he
quedado con todas, ése es mi lado, no en el lado de ella, no lo que yo quise.
Comentarios